Ten un poco de fe 11

Fic de Shibuyainn. Traducido por Elle R

Capítulo 11

Tom tuvo que tomar dos autobuses para llegar al hospital. El día casi había terminado, y aunque hubiera llegado antes, se había demorado por unos detalles legales en el colegio.

Después de que se habían llevado a Bill para curarlo y esperar a que despertara, una firme pero amable mano agarró el hombro de Tom y éste se encontró mirando directamente a la vieja cara arrugada del director del colegio.

—Los policías están aquí para tener una pequeña charla contigo. Por favor, ven conmigo de regreso al colegio. Ellos ya están teniendo una pequeña charla con tu buen amigo Dereck —dijo él.

Tom lo siguió en silencio, sus entrañas estaban entumecidas por el miedo y la inquietud. Agarró la pequeña muñeca fuertemente en la mano y caminó tras el director, arriba de la colina, dónde su estómago se estremeció cuando vio un par de coches patrulla estacionados afuera, sus luces parpadeaban esporádicamente.

Estaba hasta el cuello ahora. Si sólo hubiera protegido a Bill antes, si sólo se hubiera abstenido de decirle a Dereck sobre la oruga, si sólo hubiera actuado más como un ser humano y menos como un imbécil… Si, si, si… Demasiados si

Ahora ya era demasiado tarde para cambiar nada. Podría haber escogido todos esos diferentes caminos y aun así, parecía que siempre jodía la situación como el que más. Ahora, Bill se estaba muriendo en una ambulancia y todo era culpa suya, porque no había respondido a ninguno de los si que se habían presentado a lo largo de los últimos días. Tom bajó su cabeza, triste y enojado consigo mismo por dejar que las cosas se le fueran tan drásticamente de las manos.

Llegaron a la entrada del colegio justo cuando las puertas se abrieron de golpe y tres policías salieron, seguidos por un hundido y viéndose más joven Dereck.

—Todo está bien —Una de los policías mujer habló, mientras sostenía fuertemente uno de los brazos esposados de Dereck. —Éste acaba de decirnos todo. Toda la historia. Acerca de la forma en que estaba abusando de la víctima y cómo éste chico de aquí apareció para detenerlo. Nos lo llevamos a comisaría en estos momentos, aunque tendremos que interrogar al otro —Ella cabeceó en dirección a Tom.

— ¿Cuántas veces te lo tengo que decir? ¡Tom no hizo nada! Él sólo estaba metiendo su cara en problemas que no eran suyos. Como si yo fuera a necesitar la ayuda de un niño como él de todos modos… —estalló Dereck furioso, lanzando una fulminante mirada teatral en dirección a Tom.

—Sí, sí, está bien, tenemos la descripción, chico —La policía refunfuño, chasqueando su chicle groseramente y tirando del brazo de Dereck hacia el coche patrulla.

— ¡Espera! —gritó Tom en el último segundo, cuando Dereck bajaba la cabeza para entrar al interior del coche. Tom no había olvidado su promesa…

Tendiéndole la muñeca, Tom la empujó en el pecho de Dereck y el adolescente más mayor la cogió, fascinado por la pequeña réplica humana.

—Se… se te cayó esto… —dijo Tom poco convincente, cuando ambos sabían que eso era completamente falso, pero Tom no podía ser exactamente tan franco como desearía con el enjambre de policías y profesores que les rodeaba.

Dereck parecía estar luchando con las profundas emociones de su interior, porque rehusó decir nada. Se limitó a asentir brevemente, evitando la curiosa y simpática mirada de Tom, y dejó que sus ojos se fijaran de nuevo en el juguete andrajoso. Lo sostuvo con suavidad, acariciando un par de los lacios cabellos y amorosamente ajustando los botones del vestido de la muñeca.

—G-gracias… —Él finalmente dijo en un susurro ahogado, sin alejar sus pupilas de la muñeca. Resopló suavemente, y sin más despedidas, subió al coche, después de que Tom hubiera notado una lagrimita que se deslizó por la mejilla de Dereck, diminuta y casi irrelevante. La lágrima fue tan delicada, tan pequeña, que obviamente pertenecía a una persona que no lloraba casi nunca y tal vez había olvidado como era.

Tom vio la puerta cerrarse y el motor del vehículo volver a la vida, llevando a sus ocupantes lejos a un destino sin importancia. Otra policía se había quedado y ella le sonrió a Tom de manera amistosa.

Tenía que hacerle preguntas; era sencillamente parte del trabajo. Pero fueron afortunadamente breves, y Tom monótonamente repitió todo lo que Dereck había dicho con la menor cantidad de palabras posibles.

Sí, había visto la intimidación y había tratado de ayudar. Sí, él y Dereck eran amigos. Sí, él y Bill también eran amigos. No, él no sabía que la personalidad violenta de Dereck había sido tan extrema.

Tom apretó los dientes por las mentiras y la información ocultada. El tiempo pasaba y él quería ver si Bill estaba bien. Estúpido y raro Bill que tenía que ir tras su maldita oruga. Estúpido y loco Bill que haría cualquier cosa por alguien si tenía la fe correcta. Estúpido, estúpido y solidario Bill…

No sabía por qué tuvo que conocerlo. Bill probablemente ahora lo odiaba y si se presentaba en su cama del hospital, tal vez Tom sería la causa de algo peor, como un ataque al corazón… Debería irse a casa, realmente debería, y olvidarse de todo este lío.

Eso no impidió que sus piernas caminaran todo el camino hasta la parada del autobús y luego por las escaleras del hospital. Preguntó en recepción por “Bill Kaulitz” y, con un bostezo y un suspiro, la joven recepcionista le indicó el camino a la derecha, regresando inmediatamente a su revista basura.

Tom trató de no correr por los pasillos, consciente de que había otros pacientes y familiares ocupando el espacio, aunque empujar al viejo hombre en andador a un lado para llegar a Bill lo antes posible parecía casi correcto en ese momento.

El ascensor estaba tardando demasiado: tomó las escaleras.

Subiéndolas de dos en dos, saltó como un mono hasta llegar al piso correcto y, sin aliento, se detuvo un breve instante para orientarse antes de llegar a la puerta. Apretó su cara contra el cristal de la ventana, jadeando levemente, frunciendo el ceño.

No era demasiado tarde; aún podía dar marcha atrás. Podría volver a casa, de vuelta a la vida normal que había vivido antes que toda esta mierda con Bill hubiera pasado. Todavía tenía un montón de amigos y, ahora que Dereck estaba fuera del escenario, probablemente él sería el nuevo rey del colegio. Todos sabían que Tom era la mano derecha de Dereck y no habría ninguna duda sobre su posición en la jerarquía de la vida social del colegio. También podría regresar con su disfuncional padre pero eso era siempre un factor presente en su vida. Además, cinco años más, y finalmente podría mudarse y ser su propio hombre. No era tan difícil.

Si se iba ahora, sin embargo, también estaría desperdiciando la única cosa en su vida que parecía tener verdaderamente sentido aun con su extravagante locura. No era un hecho, era una sensación. Bill, con su leve y tímido rubor, y su comportamiento enseñando todos sus dientes. Siempre había tenido un aspecto de… de… claridad a través de sus palabras. Nada de lo que decía tenía ninguna lógica, y aun así, mediante su vaga confusión, encajaban entre sí muy bien.

Y si Bill estaba tan loco, entonces, ¿qué hay sobre la grulla de plástico?

¿Y qué acerca de la muñeca?

Esa muñeca salvó la vida de Bill. Dereck había parecido a punto de salir huyendo del bosque, a encogerse del miedo en un hoyo de conejo, pero la muñeca había llegado y lo capturó de alguna manera. No era la primera vez que Tom había considerado lo bizarro de eso. Dereck, el gran matón del colegio, domado por el juguete de una niña.

Esta ridícula situación fue suficiente para que una breve risa proviniera de Tom, pero su risa cesó pronto y Tom se encontró sintiéndose harto de sí mismo. Estaba empezando a ponerse histérico. Se golpeó la cabeza contra el cristal un par de veces, esperando, todavía no había decidido qué hacer. Se quedó allí, con la frente contra el cristal y una mano sobre el picaporte.

Finalmente, antes de que pudiera cambiar de opinión, entró por la puerta, adentrándose en el blanco pasillo. Su mente se sentía como plomo, pensó, tratando de hacer su camino a través de la sustancia con gran dificultad. Avanzó implacablemente sin embargo, rezando para que sus piernas tuvieran la fuerza suficiente para llegar a la habitación de Bill.

Había memorizado el número de la habitación; pero no hubo la necesidad de utilizarlo, pronto vio a alguien sentado en una silla frente a la habitación, llorando en un Kleenex y Tom sintió que su corazón caía dentro de su estómago, toda su resolución se desmoronó.

Desafortunadamente, antes de que tuviera tiempo de darse la vuelta y salir inadvertido, la mujer levantó la vista y sonrió, haciendo señas a Tom para que se acercara. Lleno de temor, Tom reconoció la sonrisa y se sentó en la silla vacía junto a Simone, deseando tener el poder de hacerse invisible.

—Hola, Tom, es bueno verte, cariño. Bill ha estado en la sala de operaciones desde que llegó aquí. Dijeron que tenía una ligera fractura craneal, aunque no creen que haya ningún daño cerebral. Muchos médicos se equivocan, no voy a creerlo hasta que mi Billie esté de vuelta en mis brazos… —dijo ella entre lágrimas.

Tom se sorprendió de lo tranquila que sonaba, teniendo en cuenta que estaba llorando intensamente segundos antes.

—Estoy muy contenta de que vinieras, Tom. Creo que Bill hubiera estado muy feliz de verte. Yo… yo creo que eres el único amigo verdadero que ha tenido…

Tom levantó la vista, el afecto en los ojos de Simone lo abrumó de la emoción. Su sonrisa acuosa parecía demasiado buena para él, se sentía tan indigno. Su corazón se apretó dolorosamente y miró hacia otro lado. La culpa que sopesaba era tan fuerte, se apoyó contra la silla en caso de que cediera por el peso.

—No creo que muchos chicos sean como él, porque él es… un poco especial. Nunca quiso decirme, pero una madre siempre sabe. Siempre llegaba a casa con nuevos hematomas y cortes, pero nunca me dijo que pasaba. Siempre decía que se cayó o… alguna otra excusa, pero yo sabía lo que estaba pasando. Siempre me sentí como una madre horrible, pero, ¿cómo iba a hacer algo si mi único hijo nunca admitiría ante mí lo que estaba pasando? Hablé con él largo y tendido sobre ello, pero él siempre estaba tan optimista, tan feliz… Si no fuera por las lesiones, no creo que alguna vez lo hubiera sospechado… —Fue interrumpida por un sollozo y hundió la cara en su kleenex, antes de calmarse y continuar.

—Estaba muy contento… —dijo Tom firmemente, para llenar el silencio. No podía mirarla, no cuando sabía que ella estaba sonriéndole con un cariño que no merecía.

—Sí. A veces me pregunto cómo conseguí ser tan afortunada, ser bendecida con un muchacho tan hermoso. Hablaba mucho de ti sabes, es agradable poder ponerle finalmente una cara al nombre. No puedo agradecerte lo suficiente por estar ahí para él, Tom, por aceptarlo como es. Es tan inocente… ha pasado por muchas cosas… no sé si… si no hubiera sido por ti…

Otro sollozo obstaculizó su discurso y se secó sus ojos húmedos, hipando.

— ¿Hablaba de mí? —preguntó Tom, por fin levantando la mirada, dolor estaba grabado en su rostro.

—Oh, sí. Todo el tiempo. Cuando llegaba a casa del colegio, siempre decía lo guay que era Tom. Estaba tan emocionado cuando te habías comprometido a hacer el proyecto con él, no podía dejar de hablar de ello.

A pesar de su sonrisa, y su voz suave y amable, algo en sus palabras chocó con sus recuerdos, destacando un detalle oculto en la mente de Tom e hizo una pausa, tratando de entender.

— ¿Cuánto… cuánto tiempo exactamente ha estado hablando de mí?

Ella se rio un poco, un dulce tintineo musical.

—Lo siento, quizás Bill quería mantenerlo en secreto. —ella le guiñó un ojo. —Ha sido un tiempo, probablemente alrededor de un par de meses… Todavía recuerdo la primera que vino a casa todo contento porque te había conocido y no podía parar de hablar de ello. Dijo que hablaste con él en la cafetería y alegraste su día. Probablemente fue cuando los dos empezaron ser amigos…

Su voz se fue apagando en los recuerdos de la alegre infancia de Bill, dejando a Tom sintiendo muchas más nauseas que antes. Simone estaba tan dichosa e estúpidamente ignorante. Tanto que ella no sabía…

Pero lo que le chocó a Tom era que Bill había estado hablando de él a su madre por un par de meses, sin embargo, ellos sólo habían comenzado a trabajar en el proyecto hacía tres semanas. Eso quería decir que Bill había venerado a Tom mucho antes de que Tom siquiera realmente lo conociera.

Esa vez en la cafetería, Tom en efecto había hablado con Bill por primera vez, aunque el grado de censura que Bill había aplicado a la historia era desconcertante. Tom había llamado marica a Bill ese día y había sido el inicio de una serie de intimidación y palizas. Antes del proyecto en equipo, esa era la única conexión que Tom había tenido con Bill, y sin embargo, este chico llegaba a casa todos los días y lo elogiaba ante su madre…

La enormidad de las acciones de Bill era demasiada, no ahora, no cuando Tom ya estaba emocionalmente inestable. Todo lo que había hecho, todo el sufrimiento que le había causado y Bill sólo había visto en él una luz prometedora. Tom no podía entenderlo… Justo cuando pensaba que todo tenía sentido, y luego este golpe era lanzado contra él, cuando su armadura no estaba, y él estaba vulnerable y desnudo.

Se puso de pie. Tenía que salir de allí. Le era sofocante.

— ¿Te vas? —preguntó Simone, sus ojos aún continuaban llorosos.

—Sí, mi… mi padre probablemente esté preocupado. Sólo quería ver si Bill estaba bien y…

Tom se fue callando torpemente, sin saber si su excusa sería suficiente para liberarlo. Pero Simone entendía.

—Sí, se está haciendo muy tarde. Deberías volver mañana, Bill estará fuera de cirugía y si está despierto, sé que le encantará verte.

Tom lo dudaba bastante.

—Sí, está bien, bueno, adiós —Se dio la vuelta cuando una suave mano le detuvo al caer sobre su hombro.

Simone se levantó, y elegante como un cisne, jaló a Tom en un amoroso abrazo, que sólo podía ser dado por una madre. Tom no sabía qué hacer. Por segunda vez, esta mujer que apenas lo conocía lo abrazaba como a un hijo y lo único que él podía hacer era quedarse ahí parado inerte, soportando el cariño.

—Muchas gracias por estar ahí para Bill. No sabes lo mucho que esto significa para mí… o para él… —susurró ella en voz baja, con la voz temblorosa por la emoción.

Su corazón quería romperse, sus ojos querían hacerse agua. Le tomó todo el poder de recuperación atrapado en su cuerpo de trece años, abstenerse de romperse por completo y llorar como un bebé. Le había hecho tanto a su hijo, le pegó, le llamó con apodos y sin embargo ella creía que él era un ángel enviado del cielo para traer alegría a su único hijo.

Se sentía muy mal.

No obstante, antes de que se diera cuenta, sus manos se aferraron a sus brazos, y tembló mientras la abrazaba, por fin dejando que las lágrimas cayeran. Después de todo, incluso algo tan simple como un único abrazo reconfortante era suficiente para calmar su cansada alma.

Se sentía tan bien tener el cuidado de un adulto, y él había estado restringido de ese placer durante toda su vida. Se dejó llevar por la emoción, llorando mientras ella lo arrullaba y lo mecía, cómo sólo una madre puede hacer.

Ella lo sostuvo así hasta que estuvo listo para marcharse, que fue un tiempo considerablemente más tarde. Se sintió mal al ver la mancha húmeda en su hombro dónde había vaciado el contenido de sus ojos, pero a ella no pareció importarle.

— ¿Vas a estar bien para ir a casa? Podría darte un aventón.

—No, está bien, cuando Bill despierte, querrá a alguien allí y debe ser usted —dijo Tom, recuperando poco a poco el uso de su voz.

Enseguida se secó los ojos en su brazo, la vergüenza crecía en él rápidamente por su repentina demostración de vulnerabilidad, pero Simone tomó su camino de vuelta y regresó a su asiento.

—Está bien, entonces —dijo ella, sin dejar de sonreír. Se dio cuenta de que tenía las mejillas húmedas de nuevo, de lágrimas más frescas, aunque estas eran de felicidad. Eso supuso una gran diferencia. Era un símbolo de que todo iba a estar bien.

—Nos vemos mañana. —dijo Tom, y se alejó, sintiéndose mucho mejor, a pesar de que sabía que lo que roía su corazón sólo se iría realmente cuando supiera que Bill estaba sano y salvo.

&

A la mañana siguiente, Tom no volvió al hospital. En su lugar, se dirigió hacia el familiar campo donde él y Bill habían pasado tanto tiempo hablando, riendo y aprendiendo el uno del otro. Se paseó por los altos tallos de césped, sin rumbo, sus rastas oscilaban libres a lo largo de su espalda, desatadas y salvajes ese día. Tenía un coletero en uno de sus bolsillos, pero aquí, en el entorno libre, quería estar desprendido lo más posible del mundo civilizado.

Sentía que Bill lo habría aprobado.

Todavía era temprano, el sol trepaba a su cénit y los pájaros silbaban alegremente como un digno coro más allá de todo lo que Mozart habría podido componer alguna vez.

Tom cerró los ojos y aspiro el fresco aire. Se imaginó el rostro de Bill, sin maquillaje y delineador, sólo Bill puramente, con sus jeans agujereados, y la camiseta de la calavera amarilla tan llamativa de la que estaba tan orgulloso. Su amplia sonrisa estaba allí, así como sus grandes ojos inocentes y las mejillas sonrosadas. Se imaginó las líneas de la cara de Bill y sus brazos, tanto como su memoria permitió, trazándolos en su mente y tratando de envalentonarse cuanto más pensaba en ellos.

Cuando por fin abrió los ojos, la imagen se quedó allí en sus retinas y era casi como si Bill se encontrara allí con él, igual a como Tom había imaginado. Pronto, la memoria se desvaneció sin embargo, y Tom se quedó solo una vez más, en la tranquila zona verde de la Madre Naturaleza, acompañado únicamente por las aves, las abejas y los bichos.

Poniéndose de rodillas, se arrodilló en la tierra y empezó a cavar alrededor.

&

Bill se había despertado para encontrarse en una cama limpia y blanca, y en una bata de hospital. Al abrir sus ojos legañosos, trató de incorporarse, antes de ser consumido por una ola de vértigo. Levantó las manos para mantener el equilibrio de su cabeza y sintió una suave gasa, donde los médicos le habían vendado la herida. ¿Qué…?

Los acontecimientos regresaron a él, uno tras otro, haciendo que su ya dolorosa cabeza palpitara.

Palpitara de la felicidad.

¡Tom había ido a su rescate! ¡Tom había aparecido en el último momento y había empujado a Dereck a un lado! ¡A Tom realmente le importaba!

Para Bill, esa era la victoria de las victorias, la medalla después de una carrera bien corrida.

Hasta que Bill recordó los eventos completos de la situación.

Tom también había sido quien le dijo a Dereck acerca de la oruga, quien había conspirado en su contra.

La tristeza consumió a Bill tan rápido como la felicidad que antes había albergado y ya no sintió al levantarse en la cama.

Sorprendentemente no era la traición lo que le dolía a Bill; era el rechazo. Bill había pensado que tal vez… sólo tal vez… las cosas podrían ir para mejor. Había puesto sus esperanzas, conseguido emocionarse, había pensado que tal vez podrían ser amigos… Bueno, tal vez no amigos, pero quizás conocidos. Las cosas habían ido tan bien.

Pero no, Tom no quería a Bill, él nunca había querido a Bill…

Todo este tiempo, Bill se había engañado a sí mismo pensando que cada contacto, cada mirada podría ser un aspecto clave que podría conseguir que Tom y él estuvieran juntos. Había aprendido, por propia experiencia, que dejar que las cosas sigan su curso era la mejor manera, pero las cosas realmente se le habían ido de las manos esta vez. Había arruinado todo y ahora Tom despreciaba, no… odiaba a Bill. Bill quería golpear su cráneo contra algo a pesar de la ya palpitante sensación que golpeaba su cerebro.

Se frotó los ojos, que sintió desnudos sin su delineador. Se sentía asqueroso y sucio, y quería ducharse, pero el dolor de cabeza lo mantenía recostado así como su depresión.

Era extraño sentirse tan rendido. Bill no podía recordar la última vez que realmente había dejado que la tristeza se hiciera cargo. Encontrar el lado positivo no había sido sólo su filosofía, sino también su forma de vida, su religión. Con el tiempo, sin embargo, Tom se había convertido en su lado positivo, y ahora que Tom no estaba, no parecía haber ningún lado bueno. Sus nubes no tenían más lados positivos, se habían convertido en opacas masas grises, esperando la lluvia.

Haciendo una mueca del dolor, Bill se acurrucó bajo las sabanas, de espaldas a la puerta, el dolor de su cabeza comenzaba a retroceder. Oyó que la puerta hacía clic y rechinaba al abrirse, a pesar de que no sentía la necesidad de ver quién era. Después de estar tan lleno de alegría durante tanto tiempo, era casi un alivio dejar que este sombrío sentimiento lo consumiera.

No quería hablar con nadie. Sólo quería hablar con Tom, para oír su voz hablándole, incluso si sólo era para llamarle marica nuevamente. Sentir el toque de Tom, aunque fuera solamente para patear el pequeño cuerpo de Bill. Casi extrañaba la relación de amor-odio que había albergado antes, a diferencia de esta nueva pérdida ausente que se aferraba dolorosamente a él.

— ¿Bill?

Bill sonrió. Casi podía oír su nombre en los labios de Tom, en su mente, de la manera en que le llamaba después de que casi hubieran sido amigos. Eso lo mató un poco.

—Bill, ¿estás despierto?

Bill se sacudió ligeramente, y se dio la vuelta.

No había sido su imaginación, Tom estaba de pie en la puerta, viéndose incómodo, con una bolsa de plástico en una mano, mientras que la otra agarraba el dobladillo de su ancha camiseta negra. No llevaba ninguna gorra ese día, solo una banda elástica ridículamente grande sosteniendo sus rastas en una cola de caballo. Hizo que Bill se sintiera un poco menos consciente de su falta de maquillaje. Ambos vulnerables y expuestos, sin ninguna imagen para esconderse. Eran sólo Bill y Tom puramente en ese momento.

—Has venido —chilló Bill, todavía incrédulo, mientras se sentaba ignorando el regreso de su dolor de cabeza.

—Sí… lo hice… —Tom le sonrió torpemente, moviendo nervioso el pirsin de su labio.

—Nadie se ha presentado aquí por mí.

Tom bajó la cabeza avergonzado. Le había tomado todo su coraje hacer acto de presencia, temiendo más que nada la reacción de Bill. De alguna manera, incluso si Bill le había saludado con una sonrisa, sus caninos seguían haciéndole parecer inconfundiblemente felino. Lo único que importaba ahora era lo mucho que había echado de menos esa sonrisa.

Le extendió la bolsa a Bill en silencio, sintiendo toda su cara calentarse. Era simplemente una cosa estúpida para darle, pero era la única forma que conocía para expresar como se sentía, sin tener que soportar todo el proceso tortuoso de tropezar con las palabras equivocadas hasta encontrar las adecuadas. Esperaba que Bill entendiera, aunque si alguien lo entendería, sería Bill.

Bill cogió la bolsa y deslizó el plástico, curioso, con sus ojos desplazándose entre su regalo y la cara roja de Tom. Sacó un frasco de vidrio de la bolsa y chilló de la emoción cuando sus ojos se posaron sobre la recostada oruga amarilla, que descansaba en el interior de las paredes de cristal, dormitando sobre un montón de hojas y pasto.

—Sé… sé que es estúpido… Sólo pensé que… bueno… ya que la otra está… ya sabes… Es estúpido… —Tom torpemente justificó, sin mirar a la oruga, ni a Bill, al mismo tiempo sintiéndose muy tonto.

—Es hermosa… —susurró Bill, mirando feliz a la pequeña criatura. Estaba sonriendo de oreja a oreja y Tom no pudo evitar sonreír tímidamente; la alegría de Bill era contagiosa.

Un pequeño silencio cayó entre ellos.

—Estoy muy contento de que vinieras a visitarme —dijo Bill, rompiendo el silencio, su voz cada vez más suave. —Yo… pensé que no lo harías. Pensé que estabas enojado conmigo.

—¡¿Qué?! —gritó Tom, incrédulo. — ¿Enojado contigo? ¿Por qué debería estar enojado contigo?

—Bueno, tal vez tú pensaste que yo estaba molesto o algo así… Por eso que… ya sabes…

—Cometí un error —afirmó Tom inmediatamente. —No debería haber hecho eso. Fue estúpido y tonto. Dereck es un imbécil, y siempre lo ha sido y tú eres el que debe estar enojado, Bill. No te entiendo a veces…

Bill sonrió. —Nunca lo haces. Siempre tengo que explicártelo todo. Tonto Tom.

— ¡Cállate Billie!

— ¡Cállate tú, Tomi!

Ambos chicos sonrieron.

—Finalmente entiendo algo, sin embargo.

— ¿En serio?

—Sí…

Tom se detuvo, reflexionando sobre sus pensamientos.

— ¿Toda esa mierda de la que me hablaste sobre la fe y el destino? No es tan loco, supongo… Es curioso, ¿recuerdas esa muñeca que me diste? ¿En el campo?

—Por supuesto.

—Bueno, eh, en el bosque, cuando tú estabas… um… en el suelo… Se la mostré a Dereck y se puso todo divertido. Estaba actuado realmente extraño pero cuando la vio, poco a poco se tranquilizó y luego estaba normal. Y más tarde, cuando se la di, se puso a llorar. Fue jodidamente raro… Nunca lo había visto llorar antes…

Bill suspiró, mirando a la oruga recostada que empezó a escabullirse debajo de una hoja, aunque no estaba verdaderamente viéndola.

—Dereck ha pasado por mucho…

— ¿Cómo qué?

Bill estudió la oruga por un poco más de tiempo antes de ver fijamente los ojos a Tom.

—Su hermana murió de cáncer cuando tenía 6 años.

— ¿¿Qué??

—Sí… —Bill asintió. —Él realmente la amaba, pero ella estaba muy débil y… murió. Y creo que un poco… ya sabes… se culpa a sí mismo por ello, incluso si no pudo hacer nada.

—Mierda… —contestó Tom, sorprendido. —Yo… mierda…

Se quedaron en silencio, ambos perdidos en sus propios pensamientos, Tom tratando de procesar la nueva información.

— ¿Cómo sabes eso?

—Porque… —Bill se detuvo. —porque éramos mejores amigos hace mucho tiempo. Nosotros siempre jugábamos en el bosque del colegio y venía su hermana porque ella era tan sólo un año menor que yo. Desde que ella murió, él cambió mucho y sencillamente dejamos de salir juntos. Consiguió nuevos amigos… y yo no lo hice.

—No puedo creerlo… —murmuró Tom, todavía profundamente perturbado. — ¿Ustedes fueron amigos y te trababa así? ¡Qué maldito bastardo…!

—No fue tan malo. Cuando conoces las razones, hace que se menos duro. Dereck estaba loco y yo era la única persona que podía estar enfadada porque sabía el por qué. Y en el fondo, creo que él también sabía el por qué.

—Aun así, eso no le da derecho de joder a todas las personas de su alrededor.

—Yo no lo lamento por lo que hizo.

Tom hizo un incrédulo y exasperado sonido en su garganta, parecido al que hacia los días de campo cuando Bill decía algo que no entendía, que era básicamente todo el tiempo.

— ¿Estás siendo jodidamente serio? ¿Qué demonios has podido conseguir de esto? ¿Qué suerte te ha traído esta vez?

—Bueno —dijo Bill lentamente, su habitual rubor regresando con toda su fuerza—, si él no estuviera, entonces no habrías estado tú tampoco, y tal vez nunca te hubiera conocido…

—Eso es… oh… —Tom no sabía que decir a eso, Bill estaba ahora concentrado resueltamente en el lento arrastre de la oruga, toda su cara estaba del color como la nariz de Rudolph. Tom se quedó allí halagado y pasmado mientras trataba de retener el profundo significado de las palabras que Bill acababa de soltar sin previo aviso. También era consciente de que no eran exactamente las palabras que los amigos se dicen el uno al otro… y se dio cuenta de que no le importaba.

—Tú mamá me dijo que has estado hablando de mí —dijo Tom, tratando de mantener su voz lo más neutral posible.

Bill levantó la cabeza, inminente pánico se reflejaba en sus ojos.

— ¿Lo hizo? ¿Qué d-dijo? —le preguntó Bill en un apuro, sus ojos muy abiertos y asustados.

Tom estaba disfrutando profundamente de la vista, viendo el color rojo en las mejillas de Bill filtrándose al resto de su cuerpo, yendo por su cuello…

—Ella dijo que no podías parar de decir lo genial que soy, lo mucho que te gusto… como me encuentras irresistible…

Esto, por supuesto, era mentira; ella nunca había dicho algo tan exagerado, y Bill pareció captarlo, mientras una sonrisa maliciosa asomaba por la comisura de sus labios.

— ¿En serio? Huhhhh… Bueno, ¿ella te dijo sobre el Tom-santuario que hice por ti en el fondo de mi armario donde yo te venero todas las noches?

—Sí, ella me contó todo acerca de eso. También me contó que has estado soñando conmigo todo el tiempo… Diciendo mi nombre en sueños… Supongo que realmente soy irresistible, ¿eh?

Bill sonrió ligeramente.

— ¿Ella te dijo lo mucho que me gustas? —preguntó él, su voz suave como el terciopelo.

—Lo dijo —murmuró Tom en voz baja. — ¿Quieres saber lo que le dije?

— ¿Qué dijiste?

—Dije que tú también me gustas mucho.

Bill ni siquiera tuvo tiempo de sonrojarse esa vez antes de que Tom se inclinara lentamente y sus labios se tocaran con tanta ternura, que era como una brisa acariciante. Fue breve y dulce, mejor que cualquier cosa que Bill hubiera probado nunca, incluyendo las famosas galletas de chocolate de su madre. Los labios de Tom acariciaron suavemente los de Bill, presionándolos dócilmente como las plumas de un pájaro. Tom no podía recordar haber besado a alguien de una manera tan hermosa; las chicas con las que había estado antes siempre lo habían querido descuidado, casto y sin amor. Pero un beso de amor era mucho mejor; mucho más satisfactorio.

Bill dejó que sus ojos revolotearan aun estando cerrados, sus pestañas provocaban cosquillas en las mejillas de Tom, y Tom acarició la nariz de Bill con la suya propia antes de apartarse, deseando no haberlo hecho.

Por una vez, Bill se quedó mudo.

Ellos sólo miraron el rostro del otro, preguntándose si otros se sentían tan felices como ellos, disfrutando de la alegría. Cada uno por fin habiendo encontrado el amor que habían estado buscando, Tom sólo descubriéndolo ahora, y Bill sabiendo dónde había estado todo el tiempo, pero sin poder tenerlo.

— ¿Estás seguro, Tom? —preguntó Bill de la nada, viniéndole una repentina ansiedad. Finalmente había capturado el cariño de Tom… perderlo sería… más allá de apocalíptico. —Quiero decir, ¿es esto realmente lo que quieres? Debido a que no tienes que hacerlo si te sientes mal o algo…

—Bill.

—¿Sí, Tom?

—Por el amor de Dios, sólo ten un poco de fe.

Continuará…

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