Fic de Shibuyainn. Traducido por Elle R
Capítulo 10
Tom corrió tan rápido como pudo, temiendo lo que iba a encontrar una vez que atravesara las puertas del colegio y bajara por la colina hasta el bosque. Lo hizo de todas formas, corriendo hasta que sus costados dolieron pero luchando contra la creciente molestia.
La colina empezaba con una pendiente hacia abajo, y Tom casi dio un salto mortal hasta el fondo, a pesar de que probablemente no le habría importado, ya que habría sido más rápido. Corrió hacia el bosque, maldiciendo sus pantalones anchos, que se caían hacia abajo. Su gorra ya se había ido volando con la aceleración, aunque por una vez a Tom difícilmente le importaba una mierda.
Tenía que llegar a Bill antes de que Dereck le hiciera algo…
Los árboles comenzaron a aparecer, al principio como pequeños arbustos, aunque rápidamente ganaron altura y los troncos y las ramas crecieron. Podía escuchar unas voces, una muy aguda y chillona, la otra áspera y baja. Sonaba como si la primera estuviera sufriendo: estaba gritando y chillando ruidosamente.
Tom oró en silencio una mantra al azar. Dios por favor. Y empezó a preguntarse qué tanto Dereck le pegaría antes de que pudiera conseguir que el chico más mayor se marchara.
Antes de que Tom terminara de calcular el tiempo que tendría que pasar en el hospital y la expresión en el rostro de su padre, dos personas aparecieron en la distancia, e incluso con la ropa monótona, la primera era inconfundiblemente Bill.
— ¡Dámela! ¡No es tuya es mía! ¡Mi oruga! ¡Devuélvemela!
Hubo risas y Tom pudo ver a Dereck a unos metros de distancia, colgando el frasco justo encima de la cabeza de Bill, mientras éste saltaba inútilmente.
— ¡Ven y consíguela!
— ¡Sabes que no puedo! ¿Por qué haces esto? ¡Nunca te hizo nada!
— ¡No es más que un bicho! ¡Y tú eres un jodido marica! —Dereck escupió y empujó a Bill por el esternón, enviando temporalmente el cuerpo delgado de Bill agitándose hacia atrás, aunque Bill no iba a renunciar tan fácilmente. Regresó con toda su fuerza, y alzó el puño, fallando completamente.
Dereck lo esquivó casi perezosamente y empujó a Bill de nuevo, esta vez por la parte baja de la espalda. Bill cayó a cuatro patas, encogiéndose cuando su cara golpeó el duro suelo. Dereck se le acercó mientras Bill luchaba por levantarse y ponerse en pie.
— ¡No! —gritó Tom, finalmente alcanzándolos, sudando, sus rastas volaban detrás de él, apenas contenidas por la coleta, sus costados estaban adoloridos.
— ¡Tom! —chilló Bill, con su rostro desolado iluminándose de inmediato, una sonrisa brillaba a través de la suciedad y la mugre untada en su boca y mejillas. — ¡Viniste!
— ¡Cállate genio, no vino por ti! —replicó Dereck suavemente, presionando su pie sobre la espalda de Bill y obligando al adolescente más joven a colapsar nuevamente contra la tierra. Sonrió, y Tom se quedó sorprendido al ver tanto odio emerger de un sólo para de ojos.
— ¡Cállate tú! ¡Tom vino por mí, lo sé! ¡Tom! ¡Dile! ¡Dile que me devuelva mi oruga!
Dereck se rio más fuerte que nunca.
—Eres tan idiota. Fue su idea robar el maldito bicho, en primer lugar, tonto. ¿Cuándo vas a entenderlo? ¡No tienes amigos!
— ¿Tom? —Bill gimoteó, sus ojos suplicantes, algo parecía morirse en ellos.
— ¿Qué? —aulló Tom, dirigiéndose a Bill —No, Bill, no era mi intención, lo juro…
—Tío, ¿de qué mierda estás hablando? Tú fuiste el que me habló de esto —Sacudió ligeramente el frasco con la pequeña criatura adentro que se golpeaba de un lado al lado contra el cristal. —Lo hiciste muy bien, tío. Debería haber sabido que el único amigo que Bill alguna vez conseguiría sería de su propia especie…
—Dereck, dame la oruga —gruñó Tom.
— ¿Por qué habría de hacerlo? Esto es mucho más divertido —replicó Dereck, sosteniendo el frasco frente a los ojos de Bill, balaceándolo un poco. Pero Bill parecía demasiado desesperado para incluso tratar de recuperarlo y simplemente observó a la pobre criatura en el interior, mientras que las pequeñas lágrimas perladas se filtraban de sus párpados.
— ¡Sal de encima de él! —Tom finalmente gritó y se abalanzó hacia adelante, empujando a Dereck tan fuerte como pudo. Los adolescentes más mayores tropezaron hacia atrás, el frasco casi deslizándose de sus dedos.
— ¿Ah, sí? —Dereck hizo una pausa, ya no sonreía. — ¿Qué pasa? Pensé que estábamos en esto juntos, Tom.
Su tono era ligero y sarcástico, aunque la amenaza estaba oculta bajo la superficie. Tom no lo echaría de menos pero hacía tiempo que había aprendido a tener cuidado.
— ¡Ya basta! ¡Ahora dame la maldita oruga!
Dereck se rio nuevamente, excepto que el regocijo que contenía antes se había disipado por completo. Era un sonido frío y vacío.
— ¿Vas a pelear por ella, Tom? —Bufó, con los ojos brillantes. —Podría darte una paliza.
Tom se mantuvo en su sitio, aunque su corazón estaba golpeando fuertemente en su caja torácica. Él había hecho todo ese embrollo y él lo iba a arreglar, incluso si se rompía todos sus huesos.
—Dámela.
Dereck se detuvo un momento para leer el rostro de Tom, sus pupilas casi como una serpiente. De repente, sonrió y le tendió el frasco, su otra mano levantada en señal de rendición.
—Está bien, toma —dijo él simplemente, extendiéndole el frasco.
Tom vaciló brevemente. No había pensado que sería tan fácil. Quería interrogarlo más, pero Dereck estaba ahora sacudiendo el frasco apresuradamente en dirección a Tom.
—Venga, sólo tómala. No la quiero más.
Dereck seguía sonriendo con esa mirada maliciosa, pero Tom decidió que no le importaba. Levantó una mano y sus dedos rozaron el cristal. Si no hubiera tenido su mente puesta en la recuperación de su antiguo proyecto, tal vez habría visto el puño que se alzó de repente, golpeando fuertemente un lado de su cabeza.
Sus dedos empujaron fuertemente el frasco y éste salió volando mientras su cuerpo se tambaleaba torpemente. La sangre brotaba de su boca y escupió, sosteniendo su mejilla. Su rostro ardía, y toda su cabeza palpitaba mientras la sangre llenaba su boca, ahogándolo.
Un aullido enojado desgarró el aire y Tom sintió un movimiento detrás de él. Se dio a vuelta, su visión brillante ante sus ojos, a causa del golpe. Cuando su mirada logró concentrarse, podía ver que el lugar donde Bill se había quedado en el suelo estaba vacío y una figura estaba arañando el rostro de Dereck. El frasco estaba a unos metros de distancia, hecho añicos en la tierra, la oruga, sin duda, enterrada debajo de las hojas.
El tiempo pareció disminuir a medida que Tom daba un paso hacia adelante y vio a Dereck apretando los frágiles hombros de Bill, mandando a su agresor lejos de su cuerpo. Bill fue arrojado hacia atrás, no pudiendo competir en contra de esa persona que era el doble de su tamaño y anchura. Cayó, su cuerpo arqueándose y golpeando el suelo, el ruido vibrante sacudió el interior de Tom, seguido de un profundo silencio.
Bill no se levantaba.
El silencio se prolongó, y aun así, Bill se quedó en el suelo, inmóvil. Tom esperaba que Bill se levantara, limpiara sus pantalones y lo mirara con una de sus sonrisas enseñando todos los dientes, sin embargo, ahí continuaba echado, quieto como una tabla de madera.
—Bill —llamó él.
Aun así, nada.
Tom no quería ir y ver los ojos muertos mirándolo. Quería quedarse allí y esperar por siempre, a que Bill se levantara y le dijera que estaba bien, su tonto optimismo siempre presente. Si Tom se acercó allí, era porque algo estaba mal y no podía estar equivocado, porque Bill estaba bien. Bill siempre estaba bien. Bill estaba…
— ¡Bill! —gritó Tom y finalmente corrió hasta allí, el encanto de su cuerpo frío estaba roto. Se arrodilló rápidamente y giró a Bill, temeroso de lo que vería.
Los ojos de Bill estaban cerrados y un líquido rojo se escurría a lo largo del puente de su nariz y por su mejilla izquierda. Un profundo corte mezclado con su cabello y su cuerpo descansaba sin fuerzas en los brazos de Tom, abatido por el peso de la gravedad.
El aliento de Tom quedó atrapado en su garganta y todo su esófago se sentía contraído y seco. Esto no podía estar pasando… No a Bill, a cualquier otra persona pero no a Bill…
—No, Bill, por favor despierta, por favor, por favor, por favor, despierta…
Bill rehusó responder a la petición de Tom, sus ojos permanecieron tercamente cerrados.
—¡No estés muerto! —le gritó Tom. —¡Por favor, no estés muerto! No puedes estar muerto… —Lo último salió sigilosamente como un suspiro y Tom retuvo estrechamente el cuerpo de Bill contra el suyo.
Un solo pensamiento lógico se sobrepuso aun por encima de su dolor, dándole suficiente sentido común para mirar hacia arriba. Dereck estaba a cierta distancia, con los ojos muy abiertos, todo su cuerpo temblaba.
—¡Dereck! —gritó Tom. —¡Dereck, tienes que ir a buscar ayuda! ¡Necesita un médico! ¡Por favor, llama a una ambulancia o algo!
Dereck no se movió, parecía clavado en el suelo, sin alejar su mirada de la sangre en el rostro de Bill.
—N-no, yo no… Él no está… Yo no…
— ¡Dereck, necesito una maldita ambulancia ahora mismo!
—Oh, no, oh, no… Oh, Dios… Lo maté… Yo lo m-maté…
— ¡Joder, no me hagas esto ahora!
Dereck estaba sosteniendo sus manos frente a él, horrorizado, temblando como una hoja.
—Sangre… tanta… s-sangre…
Tom no podía creerlo. Dereck estaba ahora gimoteando, alejándose poco a poco, el miedo cubría su rostro al ver la sangre de Bill. De todas las cosas de las qué tener miedo…
¿Cómo era que Bill siempre decía? Ten fe… Confía en el destino…
Tom metió la mano en su bolsillo y rozó algo suave y acolchado. Lo extrajo con dificultad, aun sosteniendo al inconsciente Bill en su otro brazo y se sorprendió al ver el botón negro del ojo de la muñeca que Bill le había dado en el campo hacía mucho tiempo atrás. El mismo día en que le había enseñado acerca de tener fe.
— ¿De dónde sacaste eso?
Tom levantó la vista, no porque Dereck hubiera hablado, sino por el cambio en su voz. Era aguda y casi como la de un niño, algo casi ridículo viniendo de un chico que estaba cerca de los seis pies de alto y usaba ropa demasiado grande para él.
— ¿Esto? —preguntó Tom desconcertado, levantando la muñeca.
Dereck la contemplaba paralizado mientras Tom la sostenía en alto. Tenía los ojos vidriosos y llenos de tristeza. Parecía haber perdido temporalmente la capacidad de hablar. Tom alternaba miradas entre la muñeca en su puño y el anhelo en los ojos de Dereck. No sabía si iba a funcionar, pero tenía que intentarlo por Bill…
— ¿La quieres, Dereck? ¿Quieres la muñeca? —preguntó él desesperado, con la voz extremadamente alta, debido a su condición; nervioso y asustado.
Dereck asintió, más de un modo como un niño, algo que contrastaba drásticamente con su habitual actitud de chico malo. Parecía tan perdido, embellecido mediante sus ojos muy abiertos, los altos árboles del bosque y el ambiente en medio de la nada.
— ¡Tráeme una ambulancia, Dereck! ¡Te voy a dar la muñeca si me consigues una ambulancia!
Algo pareció encajar en la mente de Dereck. En un instante, estaba de regreso, en su mente de adolescente de 15 años, mirando el cuerpo de Bill, sumando dos más dos.
—Una ambulancia… correcto. Voy a estar de vuelta —dijo él brevemente, y Tom vio por fin que daba la vuelta colina arriba a toda velocidad, dejando a Tom a solas con Bill.
Tom agarró la muñeca con una mano mientras sostenía la cabeza de Bill en su regazo con la otra.
Esto era su culpa, ya había perdido a su madre y a su padre; si perdía a otra persona a causa de su propia estupidez…
No sabía que iba a hacer…
No pudo detener las lágrimas que caían en esta ocasión, goteando libres de sus ojos y mezclándose con la sangre de Bill. No tenía nada que esconder; estaba demasiado desesperado, también taciturno. Lloró el nombre de Bill entre sollozos, la sangre aún goteaba débilmente de su boca, con la esperanza de que tal vez al escuchar su nombre una y otra vez, Bill regresaría.
—Bill… Qué te he hecho… Qué he hecho…
Se balanceó hacia atrás y adelante mientras los sollozos sacudían todo su cuerpo, agitando su alma como si fuera un juguete de mascar en la boca de un perro.
—Lo siento tanto, Bill…. Lo siento tanto…
Había sido tan estúpido. Había estado tan ciego, tan feliz con Bill. ¿Cómo las cosas se habían jodido tanto? Bill con su ingenuo exterior y su mirada brillante… Su raro estilo era cuestionable, pero también lo era cada trozo que pertenecía a él. Eso es lo que le hacía una persona tan intrigante. Eso es lo que le hacía quién era.
No era raro, ni un friki, era sólo diferente y único. No, era mejor que todos los otros perdedores que no tenían nada más que hacer que conformarse con lo que todo el mundo esperaba de ellos. Era su propia persona y no buscaba agradar a nadie más que a sí mismo.
¿Cómo no pudo ver eso antes? ¿Cómo podían todos estar tan ciegos? Aquí estaba esta bella persona, una rosa entre las espinas, y no había nadie para admirarlo.
Y ahora puede que sea demasiado tarde.
Las sirenas zumbaban en el fondo y las luces rojas bañaron el bosque de un color carmesí similar a la sangre que cubría el rostro de Bill y las manos de Tom.
Tom apoyó la muñeca en el pecho de Bill, sollozando y ahuecando la mejilla de Bill, deseando poder dar algo de vida a la persona que yacía entre sus brazos a pesar de que sabía que no serviría de nada. Sus dedos rozaron algo en el cuello de Bill y su estómago saltó. ¡Era un pulso! Era un ritmo lento y constante, pero un pulso no obstante.
¡Bill estaba vivo!
Todavía había una oportunidad… Tom no podía recordar un momento en el que había rezado tanto en su vida. Ni cuando su padre había pegado a su madre en la cara por primera vez… Ni cuando ella había gritado y golpeado la puerta al cerrarse detrás de ella, abandonado la casa con la mitad de sus posesiones… Ni cuando él había permanecido despierto toda la noche, llorando mientras trataba de bloquear los inconfundibles sonidos de su padre cogiéndose a una puta…
Sólo tenía que tener fe…
La gente empezó a descender por la colina, dos de ellos con camisas blancas, llevando una camilla y gritando un montón de mierda sin importancia.
Tuvieron que sacar a la fuerza a Bill de los brazos de Tom, él no quería dejarlo ir, pero con un poco de persuasión, colocaron suavemente a Bill sobre la camilla mientras Tom estaba cerca, mirando sin poder hacer nada. La muñeca descansaba en su mano otra vez y la apretó firmemente en un puño, la única conexión con Bill que le quedaba.
Con todo el ruido y la conmoción en marcha, nadie pensó en la oruga que yacía debajo de las hojas que Tom había reunido para ella, descansando en paz para toda la eternidad.
Continuará…

Nooo, la oruguita 🙁
u.u pero con toda la tristeza, ha valido la pena, verdad?