Ten un poco de fe. FIN

Ten un poco de fe. FIN

Fic de Shibuyainn. Traducido por Elle R

Epílogo

Tom había recibido una llamada urgente hacía apenas unos minutos. Había sido una llamada de Bill, diciéndole que era urgente y que tenía que reunirse con él de inmediato. La ansiedad se anudaba en el interior de Tom mientras corría lo más rápido que pudo de su casa. Bill había dicho que quería reunirse con él en el campo. El porqué, sólo podía imaginarlo.

Habían estado juntos por un tiempo, casi medio año. Tom llevaba tiempo usando los raros comportamientos de Bill y estaba comenzando a ver el mundo con una nueva visión, a través de la perspectiva distorsionada de Bill. Tom pasaba ahora casi tres cuartas partes de su vida en la casa de Bill, mientras que la otra cuarta parte la pasaba en el colegio, y durante períodos cortos en su propia casa.

Cada noche iba a dormir a casa de Bill; a su padre no le importaba y tampoco a Simone. Muy por el contrario, parecía encantada con la compañía extra y había tratado a Tom como su propio hijo desde el principio.

Tom también sospechaba que ella sabía de la relación de ellos, aunque nunca dijo nada. A veces, cuando él y Bill se acurrucaban en el sofá, viendo una película, ella les daba pequeñas miradas secretas que decían que entendía y lo aprobaba.

Tom pasaba cada vez menos tiempo en casa.

Sin embargo ahora, sus músculos de catorce años palpitaban dentro de cuerpo, tratando de hacer que corra más rápido hasta que por fin, sin aliento, llegó a su destino. Quitándose la gorra para limpiar la humedad en la única parte de su frente no cubierta por la bandana, volvió a ponerse la gorra, maldiciendo el calor del verano. Una semana más antes de que pudiera disfrutarlo plenamente pues el colegio terminaría pronto.

Allí estaba Bill, en medio del campo en todo su esplendor. Llevaba unos pantalones de bolitas blancas y negras, sus tirantes demasiado grandes, y una negra camiseta rasgada unida con broches que destellaban deslumbrantes bajo la luz del sol. Su pelo estaba de puntas erráticamente, una parte sobre un ojo y su delineador como siempre en su sitio. Bill nunca se había visto más hermoso.

Tom se acercó lentamente, sus anchos pantalones fácilmente separaban los altos tallos de hierba, dejando un obvio sendero detrás de él.

—¿Cuál es la emergencia? —preguntó él mientras se acercaba acortando la distancia. Bill estaba sonriendo brillantemente y levantó en su mano un frasco extrañamente familiar. Tom supo lo que contenía de inmediato, sobre todo porque recordaba que le había tomado un poco más de tres horas rellenarlo.

—¡Es el momento! —chilló Bill entusiasmado, gesticulando a Tom que se diera prisa.

Rodando los ojos, Tom levantó sus pantalones y corrió los últimos metros hasta detenerse al lado de Bill y mirar hacia abajo cariñosamente al bicho que vivía en el frasco.

En este momento, era difícil decidir a quién amaba más entre la criatura y Bill, aunque, naturalmente, Bill siempre estaba primero en su corazón.

—¿Quieres hacerlo? —preguntó Bill feliz, saltando en su sitio y lleno de una alegría positiva.

—Nah, es tuyo. Hazlo tú —respondió Tom, sonriendo cuando Bill chilló como una niña, moviendo nerviosamente sus manos y empezando a girar la tapa del frasco. Se desprendió fácilmente y Bill levantó solemnemente el frasco en el aire por un segundo, prolongando el suspenso.

Entonces, con broche de oro, sacó la tapa, deleitado, mientras una colorida mariposa elegantemente se levantaba de los confines de su casa de cristal. Agitó las alas color amarillo brillante en varias ocasiones, y se elevó perezosamente en el aire, dando vueltas al par de chicos que la veían encantados.

—¡Eres libre, ahora vuela lejos! —gritó Bill, corriendo detrás de la mariposa que cogió una corriente de viento y subió hacia el cielo.

—¡Bill, te ves tan tonto! —Tom le llamó, pero se estaba riendo y persiguiendo a Bill quien saltaba infantilmente tras su mascota desencadenada, gritando: —¡Eres libre! ¡Vuela lejos! —como un maníaco enloquecido.

Tom derribo a Bill y ambos cayeron en el césped, riendo y dando vueltas, consiguiendo manchas del pasto y ensuciándose la ropa, pero totalmente sin preocuparse en la dicha de la situación.

Tom finalmente se dio la vuelta encima de Bill, quien estaba suspirando debajo de él, y él respiró con dificultad en el rostro de Bill, mientras que el adolescente un poco más joven soltaba una risita y le daba un codazo en las costillas.

Sonriendo con satisfacción, Tom mojó su dedo pulgar con la lengua y gentilmente lo presionó a lo largo de la mejilla de Bill, limpiando una mancha de mugre que estaba pintada en la cara de Bill. Bill sonrió y se inclinó, frunciendo sus labios ligeramente, invitándole a un beso.

Tom accedió inmediatamente, inclinándose y rozando la boca de Bill provocativamente, antes de darle un delicado y largo beso. Se quedaron allí juntos, tocando sus bocas y los labios del otro, disfrutando de la luz solar de la tarde.

—Te amo… —murmuró Tom contra la mejilla de Bill, su cálido aliento lavando el rostro ruborizado de Bill.

—¿Qué has dicho? —preguntó Bill, a pesar de que había oído bien.

—Yo… te amo…

Bill suspiró satisfecho, frotando su nariz contra la mejilla de Tom, ronroneando positivamente.

—Nunca te lo había escuchado decir antes…

—Me gusta decírtelo —murmuró Tom contra la piel de Bill, presionando besos a lo largo de las mejillas y el cuello de Bill, y añadiendo un “te amo” después de cada uno.

—Me encanta sentirlo en mi piel… —murmuró Bill, gimiendo un poco.

Tom susurró en el cuello de Bill, a lo largo de su mandíbula, alrededor de su oreja y finalmente, apoyando sus labios sobre los de Bill, susurró las palabras correctas en su boca. Bill suspiró feliz y sacó su lengua, rozando el pirsin de Tom juguetonamente.

—¿Así que esto me hace una mariposa ahora? —susurró Bill, abrazándolo estrechamente y enterrando su cara en el hombro de Tom.

—Tú siempre serás mi oruga —susurró Tom a su vez y se quedó quieto, en los brazos del otro, mientras que la mariposa volaba encima de ellos, mirando a la pareja y sonriendo.

F I N

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