Pumpkin Magic 3

Pumpkin Magic 3

Fic de Annalas. Traducido por MizukyChan

Capítulo 3

Cuando Tom despertó, la llama estaba a punto de extinguirse, casi agotada en su propia cera. Buscando otra velita, la reemplazó en silencio. Definitivamente, él no era una persona amante de las mañanas, eso podías tenerlo por seguro.

Se bañó y se vistió para llegar a la otra habitación, donde comenzó a empacar sus cosas para la facultad.

—Gracias por reemplazar la velita. —La voz cortó sus pensamientos, haciendo que Tom levantara la cabeza, para ver a Bill.

—Oh, hola. —Lo saludó—. Pensé que estabas dormido.

—Mi alma no duerme. —La calabaza suspiró—. ¿Ya te vas a clases?

—Sí. —El trenzado asintió, cerrando la mochila y cogiendo sus llaves—. Mira, tengo que apagar la vela cuando no esté en el departamento, porque es amenaza de incendio…

—Entiendo —susurró el pelinegro en forma silenciosa—. Diviértete en Sociología.

Tom asintió quedamente y sopló la velita hasta apagarla. Parecía grosero no decir adiós, reflexionó más tarde, pero ya era demasiado tarde.

¿A dónde iba el alma de Bill cuando apagaba la vela? ¿Regresaba a su cuerpo? ¿O simplemente flotaba por ahí, en el espacio? ¿Existía su alma fuera de su cuerpo y de la calabaza?

«Detente Tom, para» Se regañó mentalmente «Tienes una especialidad en Sociología, no en Filosofía»

Sin embargo, no importaba cuantas veces se repitiera eso, seguía haciéndose las mismas preguntas. De hecho, se lo preguntó durante toda la clase del día (Gracias a Dios era martes y no la repetición del lunes)

A la hora de volver a clases, después de su jornada, se había vuelto un manojo de nervios por la preocupación, preguntándose si Bill volvería algún día. Rápidamente, encendió la vela, esperando y rogando que el pelinegro aún estuviera ahí.

—¿Qué tan lejos está tu departamento de la universidad? —preguntó de inmediato el pelinegro—. ¿O fue la clase así de larga?

Tom se relajó cuando la familiar voz rompió el silencio y soltó un suave suspiro de alivio. Dejó en el piso su mochila y desabrochó su chaqueta, dejándola a un lado, antes de responderle a la calabaza.

—Quince minutos más o menos. Pero la profesora nos dejó más tiempo el día de hoy, para una sesión de estudio —respondió mirando su mueble de alimentos, buscando algo para comer y, al parecer, sería sopa otra vez. Se estaba cansando de tanta sopa.

—Tienes razón —comentó el moreno suavemente—. Hay examen el jueves… nunca tuve la posibilidad de estudiar.

—Estoy seguro de que te perdonarán por un par de días. Estás en el hospital después de todo… bueno, técnicamente —contestó, volteándose rápidamente para mirar a la calabaza.

Tom tenía libre el resto del día y sus únicos planes para la tarde, eran buscar algún lugar para utilizar internet y ponerse al día con sus tareas, debía terminar un proyecto para el viernes, después de todo. Pero por otra parte, verdaderamente quería visitar a Bill en el hospital… o por lo menos, el cuerpo de Bill. Tal vez si llevaba la calabaza con él, su alma podría saltar en él y así ya no volvería a estar atrapada.

—A este paso, ni siquiera sé si podré terminar la escuela. —Se quejó el pelinegro—. Yo, um… creo que estoy mal herido, por eso de que no estoy dentro de mi cuerpo y eso…

Tom no había pensado en ello. ¿Qué tan lastimado estaba Bill, si ni siquiera su alma podía estar en su cuerpo?

—Bill —El trenzado susurró suavemente, arrodillándose en el piso frente a la calabaza—. Te vas a poner bien. Tienes que… ¿De lo contrario, cómo te voy a llevar a tomar un café?

Trató de agregarle un tono bromista al final, porque su corazón se rompió con el tono empleado por el otro. Recordó como Bill solía sonreír y reír y sabía que quería volver a ver esa sonrisa en su rostro, escuchar esa risa…

—Sí, claro —vino la voz triste—. ¿Y quién dijo que querría salir por un café?

Tom alzó los hombros, sintiéndose extrañamente rechazado, aunque el tono de Bill también parecía ser bromista. ¿Por qué querría Bill, salir con él a tomar un café?

—Entonces iré al hospital a verte. —El trenzado prefirió cambiar el tema y levantándose del piso, fue a prepararse algo de almuerzo. Aunque pensándolo bien, también podría comer en la cafetería del hospital.

—¿Y por qué te molestas? —Vino la sardónica respuesta—. Estoy aquí, no allá.

—Bueno, tal vez si te llevo conmigo, podrías saltar de vuelta a tu cuerpo. —Sugirió el trenzado, comiendo con rapidez y poniéndose otra vez su chaqueta.

—¿En verdad lo crees? —indagó el otro con la voz pequeña, logrando que Tom se preguntara qué pasaba por su cabeza realmente. Él sí esperaba que esto fuera a funcionar.

—Vamos —murmuró, cogiendo en sus brazos a la calabaza.

&

Sorpresivamente, Tom tuvo muy pocos problemas para llevar a la calabaza a la habitación de Bill. Gentilmente la depositó junto a la ventana, antes de regresar y cerrar la puerta, para luego mirar al pelinegro.

Era sólo un cuerpo, ¿cierto? ¿O su alma residía allí cuando la vela no estaba encendida?

Tom se sentó a los pies de la cama, estirando la mano para retirar un mechón de cabello negro, del rostro del chico, algo que nunca se habría atrevido a hacer, si Bill hubiera estado despierto. Volviendo a mirar a la calabaza, bajó la mano, simplemente estudiando al pelinegro.

La puerta se abrió y una enfermera entró en la habitación, empujando un carrito.

—¡Hola! —La chica lo saludó animadamente—. Supongo que eres su amigo.

—S… sí —tartamudeó el trenzado, levantándose de la cama, yendo a la silla. No se sentía cómodo sentado allí, de una forma tan íntima, cuando apenas era amigo de Bill.

—Que ternura. —Sonrió la enfermera, ladeando la cabeza levemente—. Es tan maravilloso ver que alguien viene de visita, ya sabes, especialmente jóvenes de tu edad. Oh, y trajiste una calabaza. ¡Qué lindo!

«Especialmente alumnos universitarios» Tradujo Tom en su cabeza. Todo el mundo sabía que los chicos universitarios no iban a los hospitales, a menos que ellos mismos estuvieran enfermos. Después de todo, ¿quién tiene tiempo, entre todas las clases, para visitar a un amigo?

—¿Cómo está? —preguntó el trenzado, cambiando de tema—. ¿Está muy, está mal herido?

La enfermera se acercó a la cama y cogió la ficha médica, escaneándola rápidamente. Frunció el ceño ligeramente, mientras leía.

—Bueno, se podrá reponer por completo —comenzó a explicar—. Tiene un brazo quebrado, un esguince en el tobillo, varias laceraciones y una pequeña contusión. Es el trauma en su cabeza el que debe preocuparnos. En este punto, es simplemente cosa de esperar a que despierte.

Tom asintió, quedándose en silencio mientras ella hacía su labor, cambiando las muchas bolsas a las que Bill estaba conectado. Se veía tan frágil acostado en esa cama, con la intravenosa en su brazo. Su cuerpo estaba lleno de moretones; un suave cabestrillo en su brazo y los vendajes en su tobillo, lo hacían lucir más un cadáver por su pálida complexión, que un chico herido. Esa visión hizo doler el corazón del trenzado, al pensar en su cuerpo dañado y en su alma atrapada.

Después de que la enfermera se retiró, Tom encendió la velita de la calabaza, agradeciendo que la pequeña flama de la vela, no activara las alarmas de incendio. Se volvió a poner de pie, casi esperando que Bill no apareciera, para que el cuerpo del pelinegro despertara en su lugar.

—No funcionó, ¿cierto? —Gimió Bill, pasando la mirada más allá de Tom, hasta su cuerpo recostado en la cama. Tom suspiró y negó con la cabeza.

—¿Puedes regresar a tu cuerpo ahora? —preguntó—. ¿Lo has intentado?

Bill se quedó en silencio por varios minutos, mirando su cuerpo, antes de hablar.

—Es inútil… estoy muerto.

—¡No, no lo estás! —Insistió Tom, su corazón se apretó por el tono de voz de Bill—. Acabo de hablar con una enfermera. Todo lo que tienes que hacer es despertar… estarás bien si sólo despiertas.

—No puedo Tom —respondió el pelinegro, suspirando suavemente—. Simplemente… no puedo.

Tomando un respiro tembloroso, Tom se volvió a sentar en la silla, con Bill y su cuerpo frente a sus ojos. Se le habían acabado las ideas. No sabía qué hacer para ayudar a Bill, para regresarlo a su cuerpo.

—No sé qué hacer para ayudarte —susurró finalmente. Bill se quedó en silencio por varios minutos.

—¿Por qué te molestas en ayudarme? —cuestionó el pelinegro después de un rato, mirando a Tom cuidadosamente.

La pregunta descolocó al trenzado. ¿Por qué se molestaba? ¿No era obvio? ¡Se había enamorado de Bill desde el principio! Pero pensándolo bien, Bill no sabía nada de eso…

—Me molesto en ayudarte, porque me importas —respondió finalmente, mirando al cuerpo del chico. No pudo mirar a Bill al decir esas palabras… o más bien, a su alma—. Y además… eres muy guapo.

Se sonrojó un poco con la última frase, bajando la mirada. Wow, vaya forma de confesar que le gustaba Bill. Por supuesto que ya lo había invitado a tomar un café dos veces… ¿Qué más necesitaba Bill?

—¿Soy guapo? —El pelinegro se maravilló. Tom asintió, negándose a responder de otra forma. La calabaza se mantuvo en silencio, rumiando esta nueva información—. ¿Es por eso que me invitaste a tomar café? —indagó el chico, volviendo a mirar al trenzado.

Lentamente, el estudiante universitario alzó la vista, para encontrarse con los de la calabaza.

—Te invité a tomar café, porque quiero conocerte mejor —corrigió. Pero, ¿era en verdad una corrección? ¿O simplemente un agregado, en su caso?—. Mmm y la… la oferta, aún está abierta, si quieres.

El inesperado sonido de una risa lo sorprendió. Miró como el rostro de la calabaza se iluminaba, con la velita aumentando su llama.

—Lo siento, es que la imagen de ti sentándote en una cafetería con una calabaza… —Bill rió y Tom sonrió ante ello, pero luego bajó la mirada a su regazo.

—Tal vez cuando te mejores —agregó en un murmullo. Bill suspiró en su lugar.

—No creo que lo haga.

& Continuará &

Aaww, Tom sonrojado por declarar a Bill que lo encontraba guapo. Por lo menos ahora el pelinegro ya no está tan pesado con Tom, pero ¿Habrá forma de regresar a su cuerpo antes de que acabe el fic? ¿O terminará siendo la calabaza de Tom hasta Halloween y luego morirá? No se pierdan el final.

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