
Fic de Annalas. Traducido por MizukyChan
Capítulo 2
Tom se sentó en la sala de espera del hospital, preguntándose si Bill lograría salir de esta. Ya lo había interrogado la policía, puesto que fue él, quien encontró al pelinegro, pero no se podría hacer nada en concreto hasta que Bill despertara.
—¿Señor Kaulitz? —entró una enfermera con un reporte en sus manos. El trenzado inmediatamente se puso de pie, trastabillando para llegar a ella.
—Sí, aquí estoy —agregó rápidamente. Ella simplemente asintió, con la expresión impávida y fría como una piedra, eso nunca era una buena señal.
—El señor Trumper ha sufrido múltiples heridas por la caída —explicó secamente la mujer—. Debería estar bien, pero no ha despertado todavía. Puede pasar a verlo, si desea.
El trenzado asintió y la siguió por el corredor, agradecido de que la habitación no estuviera tan lejos. La enfermera lo dejó en la puerta, dejando que Tom entrara y cerrando la puerta después.
Bill yacía sobre la cama, quieto y lastimado, con un brazo en un cabestrillo. Su largo y oscuro cabello a sus costados, como un velo, acentuando la palidez de su piel. Apenas se veía mejor de cómo había estado en la quebrada. ¿Quién podría hacerle algo así? ¿Y cómo lo sabía la calabaza?
Tom se quedó de pie allí, sin atreverse a tocarlo, ni siquiera le habló, estaba dormido después de todo. Pero el sólo hecho de estar de pie allí, era una locura ¿cierto?
Al final, Tom terminó retirándose, de vuelta a casa, a su calabaza en su pequeño departamento. No tenía nada que decirle a Bill, como era costumbre cuando se trataba del bello chico pelinegro.
Una vez dentro, cerró la puerta, poniéndole llave. Inmediatamente encendió la velita dentro de la calabaza y se sentó, mirándola fijamente. Lo que fuera esa calabaza, conocía a Bill y había repetido un día, eso ya era imposible.
—¿Qué eres tú? —demandó saber, al ver que la calabaza no hablaba.
—Un alma perdida, un alma atrapada —respondió, moviendo la boca para formar palabras. Simplemente así, la calabaza estaba viva, la calabaza era…
—¿Bill? —preguntó el trenzado confusamente, de pronto sintiéndose torpe por hablar con ella.
—Tom —respondió como si fuera obvio—. Me salvaste la vida.
Los ojos del trenzado se abrieron grandemente, al darse cuenta de las implicancias. Este era Bill… y sin embargo, había encontrado el cuerpo de Bill en la quebrada. Lo que significaba, que esta era el alma de Bill.
—¿Acaso no deberías estar en… tu cuerpo? —indagó Tom, mirando desconcertadamente a la calabaza.
Bill alzó a vista para verlo, con el ceño ligeramente fruncido.
—Sí, pero parece que hay un… pequeño problema —El susurro se había vuelto más fuerte, como si le fuera más fácil hablar. Pero aun así… seguía siendo una hortaliza. Una calabaza parlante, que afirmaba ser Bill, suficientemente fácil de entender. Pues no.
Tom tomó un profundo respiro, tratando de tragar todo. Su calabaza, aparentemente hospedaba el alma de su amor platónico, cuyo cuerpo yacía a miles de millas de distancia, en el hospital del condado.
—¿Quién te hizo esto? —preguntó, tratando de ir al grano.
—Prefiero no decirlo —Vino la críptica respuesta del otro. El trenzado arrugó el ceño.
—Acabo de encontrar tu cuerpo en un acantilado, apenas con vida ¿y tú prefieres “no decir” quien te puso allí? —replicó—. ¿Es en serio?
—Tú no me conoces —agregó el otro, enojado—. Deja de fingir que somos amigos.
Con esa frase, la vela se apagó, dejando a Tom en la oscuridad.
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—Es sólo que es muy difícil de creer que en verdad tu alma está atrapada en una calabaza —continuó el trenzado. La luz de la velita brillaba en su cara, desde la hortaliza.
Bill había regresado, cuando el trenzado volvió a prender velita, afortunadamente, de mucho mejor humor que la última vez. Al menos, Tom creyó que estaba de mejor humor. El pelinegro aún no le había dicho nada, sólo lo observaba desde la calabaza. Tom, como siempre que Bill estaba cerca, no tenía idea cómo iniciar una conversación, así que el silencio reinó.
El pelinegro no le respondió a Tom, en lugar de eso, paseó su mirada por todo el departamento de dos plantas, observándolo por completo. El estudiante trenzado se movió torpemente mientras miraba al vegetal, sin estar seguro de qué más decir.
Exasperado, sacó su tarea y comenzó a trabajar en ella. Bill lo observaba por encima, cuidadosamente. A la mitad de ella, escuchó que finalmente, la calabaza habló.
—¿En verdad piensas eso? —habló el chico, mientras sus ojos leían el documento—. Yo diría que va en contra de la cláusula de comercio.
Tom alzó la vista para verlo, honestamente sorprendido de que Bill le estuviera hablando nuevamente. El rostro de la calabaza lucía interesado, como si pensara en el caso en el que Tom estaba trabajando para su clase, la clase de ambos.
—No diría que va contra ella directamente —murmuró el trenzado tímidamente, volviendo a mirar su trabajo—. Pero no creo que puedan usarla para nada, es como si pusieran naranjas, en la lista de ingredientes para un pastel de manzanas.
—Buena analogía —respondió Bill, haciendo un sonido similar a una risa—. Probablemente usarán la clausula de comercio como una excusa para hacerlo.
—Ya sabes que hay veinte estados demandando por eso, ¿cierto? —indagó el trenzado, mirando a Bill.
Quizás sí estaba hablando con el alma de Bill, quizás se estaba volviendo loco. Y aun así, esta era la primera vez que realmente hablaba con el pelinegro. Tal vez debería continuar con esta conversación, seguir hablando… ¡Esta podría ser su oportunidad!
Pero pensándolo bien… ¿de qué le servía si Bill estaba muerto? De cualquier forma, el moreno estaba a tres millas de distancia en el hospital, aún por despertar, eso era lo que Tom sabía. ¿Si realmente esta era el alma del chico, se acordaría de esta conversación con el trenzado? ¿Qué pasará si Tom se encuentra con él y lo saluda, una vez que regrese a la facultad? Si Bill no se acordara, sólo pensaría que Tom era extraño, matando las posibilidades de que ambos pudieran tener una linda amistad.
—Entonces… um —balbuceó, una vez que terminaron de discutir sobre la tarea—. ¿Quieres… salir conmigo alguna vez? Quiero decir, cuando tú ya… mm estés mejor.
¿Qué estaba diciendo? Estaba arruinando incluso las posibilidades de ser amigos y tampoco era que pudieran ir muy lejos, de todas formas.
—Tom —respondió, de pronto su voz sonó baja y anhelosa—. ¿En verdad crees que me pondré mejor? Mi alma está atrapada en una calabaza, por lo que sé, estoy igual que muerto.
Tom lentamente levantó la vista, para encontrarse con los ojos de Bill, cerrados. La realidad de la situación lo golpeó duramente; el alma del pelinegro ni siquiera estaba en su cuerpo, estaba en una calabaza en la mesa frente a él. ¿Qué le impedía al alma de Bill de regresar a su cuerpo?
—Estarás bien —prometió el trenzado—. Tienes que estar bien. Y si no… ¿crees que puedas vivir en mi calabaza por siempre?
—Sí, hasta que me pudra. —Se quejó el otro quedamente—. Aún no estoy listo para morir.
—Mira, tú no vas a morir —afirmó Tom, preguntándose si estaba tratando de convencer a Bill o a sí mismo.
—Sí, seguro. —La hortaliza suspiró—. ¿No deberías prepararte para dormir o algo? No pareces el tipo de chico que se queda hasta después de la media noche.
De hecho, Tom no era de aquellos chicos que se quedaba despierto hasta después de las doce, a menos que tuviera que hacer algún proyecto, lo cual no sucedía en esos momentos. También podía darse cuenta de que Bill necesitaba un momento a solas, así que dejó la habitación y fue al baño a ducharse y prepararse para dormir.
Dejó el baño veinte minutos más tarde, encontrando que la velita de la calabaza tenía muy poca llama y Bill tenía el ceño fruncido.
—Hey —lo llamó lentamente—. Me voy a la cama, así que… buenas noches. —Y con eso, se acercó para soplar la vela.
—¡No! —Protestó el moreno, mirándole directamente a los ojos—. No, no me dejes en la oscuridad… por favor.
—Pero me iré a dormir… y de todas formas, la vela está a punto de extinguirse —razonó Tom, mordiéndose el labio.
—Por favor. —Rogó el pelinegro, mirándolo a los ojos.
Lentamente, el trenzado asintió. Fue hasta su escritorio y escarbó en él, en busca de otra velita; luego la encendió y la puso con mucho cuidado en el centro de la calabaza, retirando la otra con su mano.
—Pero no vayas a quemar el departamento, ¿ok? —Pidió Tom, mientras reemplazaba la vela y regresaba a su cama.
—Gracias —susurró el pelinegro, cuando el trenzado se dormía.
& Continuará &
Bill es un poco pesado con Tom, pero quién no estaría así si estuviera atrapado dentro de una calabaza. Los invito a seguir leyendo para saber ¿qué pasará con el alma de Bill? ¿Logrará regresar a su cuerpo? ¿Podrá Tom ayudarlo en algo? ¿O estará condenado a vivir en la calabaza hasta que se pudra y muera en verdad?
