El fin justifica los medios 27

Notas: Hodie Mihi, Cras Tibi

Fic de AndeinerSeitenureinneWeile. Traducido por Elle-R

Capítulo 27. Hoy por mi, mañana por ti

El dios desapareció tan rápido como llegó, y la batalla reanudó su velocidad con intensos truenos. Tom seguía inmóvil, la sangre de su herida en el hombro se vertía lentamente y manchaba la arena a su alrededor. Se había caído de su poderoso pedestal, y en medio de los cuerpos soñando permanentemente que lo rodeaban, Tom se veía igual que otro nombre olvidado puesto a descansar en el suelo.

Las nubes oscuras rodaron por los cielos, y la lluvia cayó con fuerza al suelo. Tom cerró los ojos y sintió las gotas golpetear en su rostro, borrando la sangre y la suciedad que lo teñía, limpiándolo. Se oyó un rugido triunfal entre los guerreros.

—¡Tom! ¡Tienes que levantarte! —La voz de Georg hizo sacudir al líder. —Andreas ha llegado con Jost detrás de él. No estás en condiciones de pelear, tu brazo está demasiado lesionado, pero tenemos que movernos…

—Se terminó —dijo Tom finalmente, y Georg negó con la cabeza. —Hoy perderemos esta batalla, y no hay esperanza para nosotros. Debemos correr.

—Tom, no podemos abandonar la causa —dijo Georg, tomado completamente por sorpresa por la falta de iniciativa y obstinación de su amigo. Tom se había enfrentado a otras lesiones en su trayectoria; su voluntad había sido lo suficientemente fuerte como seguir luchando a pesar de un esguince en el tobillo, músculos acalambrados, cortes en la superficie de su piel… Tom era más fuerte que cualquier mal común o lesión. Él podía superar esto.

—No, tenías razón, Georg. He ofendido a los dioses, Ares me hizo esto, y nunca lucharé de nuevo —dijo Tom mientras intentaba incorporarse. —¿Dónde está Bill?

—Él todavía está luchando enérgicamente —Georg puso una mano firme en la espalda de Tom y le ayudó a ponerse en pie.

—Llámalo —ordenó Tom en voz baja. —Tenemos que sacarlo de aquí, él no puede perecer en esta batalla. Él es demasiado importante como para perderlo, y ahora que ha luchado contra su propia gente en mi nombre, está obligado a ser sacrificado.

—Tú y Bill marcharéis entonces, Gustav y yo nos quedaremos para…

—¡No! Moriréis también cuando acabe el día —dijo Tom, negando con la cabeza. No podría soportar perder tanto la batalla y a su mejor amigo en el mismo día. Sería demasiado trágico.

—Tom, ¿tengo que recordarte que los Elateanos van detrás de ti? Nosotros los contendremos de la mejor manera posible y así darte tiempo de escapar —dijo Georg con firmeza. —Lleva a Andreas contigo, sabes que él nunca se separará de Bill.

—Hoy puede ser la última vez que te veo, mi amigo —murmuró Tom con tristeza, y acogió a Georg en un cálido abrazo. —Que los dioses te bendigan.

Georg asintió y Tom se apoyó en él cansado.

&

Bill cortó su caminó a través del campo de batalla, rajando cada miembro a la vista, su corazón latió frenético en su pecho en el instante en que vio a Georg cargando a su amante empapado en sangre. Antes de que Bill pudiese correr hacia ellos, sintió el calor familiar de Andreas abrazándolo, y sin previo aviso, los labios del rubio adhiriéndose a los suyos.

El profeta centró toda su energía en el beso, probando el sabor de los labios del otro chico y conectando con él en el más humano de los niveles.

—Temí no llegar a tiempo y que te hubieras ido… —Andreas murmuró apasionadamente cuando se separó de Bill. —Incluso los hombres que he traído conmigo están muy debilitados.

—Andreas, debemos… —Bill miró hacia donde Georg sostenía a Tom. —Tom, él está herido.

El rubio puso a un lado sus opiniones sobre Tom, sabiendo por el ritual que a pesar de la sangre maldita del hombre, los dioses lo habían elegido para Bill. —Entonces vayamos con él.

&

Los ojos de Tom comenzaron a cerrarse cuando Georg explicaba lo inútil de la batalla. Ellos perderían y no había nada más que hacer sino huir. Andreas corrió a buscar dos caballos.

Bill rápidamente subió a uno de los caballos, una belleza de piel blanca con una melena marrón brillante, y se situó detrás de Tom. Andreas montó junto a ellos, el sonido de su caballo relinchando frenético como instándoles a huir.

Tom se aferró al cuello del caballo, en peligro de caer inconsciente, y sin embargo aferrándose a su entorno por el hilo más pequeño. En su aturdimiento vio a Georg adentrándose de nuevo en la batalla, perdiéndose en el caos de su entorno, y Tom ya no pudo verlo más. Una flecha voló por el aire, dándole a un hombre en la mejilla, y aunque Tom no le vio, sabía que Gustav había hecho el disparo.

Bill tomó las riendas del caballo, dándole un golpe con los talones y conduciéndolo adelante hacia el amplio desierto.

La causa estaba perdida, y ahora la única manera de convertirse en leyenda era renunciar al poder y pasar a la clandestinidad.

F I N

Queda el epílogo.

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