Pumpkin Magic 1

Pumpkin Magic 1

Fic de Annalas. Traducido por MizukyChan

Capítulo 1

Era un tempestuoso miércoles de octubre, cuando la vio. Tom Kaulitz estudiante universitario, caminaba a casa saliendo del campus, tan concentrado en sus pies, que casi la pasa de lado, por estar inmerso en sus pensamientos.

Ahí, en el piso, descansaba una calabaza. No estaba podrida, ni aplastada, ni mucho menos tallada; no era demasiado pequeña, ni demasiado grande, demasiado cuadrada o con alguna forma extraña; era impecablemente redonda y del porte perfecto, para un estudiante como Tom. Y lo mejor de todo, era gratis.

Sin siquiera molestarse en pausar su Ipod, se agachó y recogió la calabaza; revisando la parte trasera por última vez, para asegurarse de que no estaba pudriéndose. Una vez convencido de su perfección, la alzó por completo en sus brazos y retomó su caminó a casa.

Tras abrir la puerta, Tom la depositó sobre la mesa, sin volver a pensar en ella, mientras se preparaba algo de comer. Fue después de cenar, que volvió a prestarle atención a la calabaza, el perfecto espécimen de Curcurbita maxima que adornaba su mesita de noche.

Después de poner una toalla en el suelo de su departamento para evitar un desastre, dejó la hortaliza sobre ella con mucho cuidado; sólo entonces, fue a la cocina en busca de algo para cortarla. Con el cuchillo más grande y afilado que encontró, regresó a su calabaza para comenzar.

¿Qué clase de forma debería dibujar? Cogiendo un lápiz, cerró los ojos e inmediatamente un rostro se le vino a la cabeza. Velozmente, la dibujó sobre la calabaza y de algún modo, sabía exactamente dónde hacer los cortes.

Satisfecho, se volvió a sentar, observando los ojos triangulares, la boca torcida y las cejas empinadas. Se veía perfectamente malvada, perfectamente aterradora y era maravillosa. Sonriendo, Tom recogió el cuchillo y comenzó.

El trenzado dejó el interior de la hortaliza en un bol, donde pronto añadió las cáscaras externas. Más de una hora después, había terminado, su calabaza estaba completa. Se sentó tranquilo, para observar su trabajo, notando casi de inmediato, que no era el tallado que había dibujado originalmente. En lugar de ojos triangulares, habían unos de humano, seguido por una nariz humana, una pequeña boca… un rostro que había visto frecuentemente durante el último par de años.

—Bill —dijo, suspirando con añoranza. Mirando el rostro del chico al que nunca le había hablado, sólo observado.

Bill Trumper había estado en la mayoría de sus clases, durante el pasado año. Lo que Tom sabía, era que Bill había sido transferido y tenían la misma especialidad. También sabía que el pelinegro tenía muchos amigos, porque nunca estaba solo; además era inteligente, porque siempre tenía mejores notas que él en los exámenes. Sabía que Bill usaba maquillaje para resaltar su apariencia y que también vivía fuera del campus.

Eso era todo lo que sabía sobre él. En el último año, Tom había intercambiado unas veinte palabras con él y todas ellas, tenían relación con las clases, de eso estaba seguro. Nunca le había dicho una palabra a Bill o había hecho algún movimiento, para sugerir que le gustaría conocerlo mejor.

Cansado, después de un largo día de clases, Tom puso una velita dentro de su calabaza y la regresó a la mesita. Con rapidez limpió todo el desastre, botando los interiores de la calabaza en el tarro de la basura y llevó la toalla a la lavadora. Después de otra mirada al reloj, se cambió y se preparó para acostarse, apagó las luces, dejando todo en la oscuridad.

&

Tom fue despertado por un brillo anaranjado que iluminaba su cara. Gruñendo, se volteó, listo para volver a dormirse. Sin embargo, justo antes de hacerlo, se le ocurrió preguntarse qué exactamente ocasionaba ese brillo anaranjado. Volviéndose al otro lado, inmediatamente encontró su respuesta.

La calabaza estaba iluminada, aunque la vela no estaba encendida. El rostro de Bill lo miraba fijamente, pero no en la posición en la que lo había tallado. Los labios se movían, formando letras, formando sonidos, formando palabras. Un susurro lo alcanzó, envolviéndolo desde el centro, como una telaraña en la luz de luna, electrificándolo.

—Tom, Tom.

«Esto tiene que ser un sueño»

Pensó el chico, frotando sus ojos lentamente, antes de volver a mirar a la calabaza.

—Tom ayúdame. Ayúdame, Tom.

Soltando un largo suspiro, se levantó a tropezones y pasó una mano por sus trenzas, mientras se acercaba a la mesa. Dado que era temprano por la mañana, mordería. Quizás esto era sólo un sueño, pero tal vez no lo era. Pero lo que sea que fuera, mientras más pronto lo arreglara, más pronto volvería a dormir.

—¿Qué quieres? —preguntó en un gruñido, agachándose para quedar al nivel de los ojos de la calabaza.

—Ayúdame, ayúdame, Tom —suplicó en la misma voz susurrante, esa incesante voz susurrante, que gradualmente se volvía más y más fuerte, como si cobrara fuerzas—. Tienes que ayudarme, Tom.

—¿Cómo? ¿Qué es lo que quieres? —demandó con otro gruñido.

—¡Ayúdame!

Tom despertó con un salto, el gris del amanecer, brillaba por su ventana. Un sueño, había sido un sueño. Un tonto sueño con una tonta calabaza. Rodándose los ojos a sí mismo, se levantó y fue a prepararse para las clases.

&

La lluvia mojaba las veredas, mientras caminaba a la universidad, se puso contento de haber salvado a su calabaza del mal clima. Entrando a su primera clase “Pluralismo Cultural en los Estado Unidos”, rápidamente sacó su computador, alegre de que en esta clase no tuviera que poner atención.

El salón comenzó a llenarse y el trenzado se dio cuenta de que esa no era su clase, no reconocía a ninguno de los alumnos de allí, ni tampoco al profesor. Arrugando el ceño, miró su computador, específicamente a la fecha. Era lunes.

«Extraño» Pensó, cerrando su computador y dejando el salón, antes de que esa clase comenzara. Ayer había sido lunes. ¿Cómo podría ser lunes nuevamente?

«En fin» Se dijo. Aún tenía una hora antes de su clase, suponiendo que era lunes. ¿Pero cómo podría ser lunes? ¡Ayer había sido lunes!

Un poco más convencido, se fue a la que debía ser su clase. Como de costumbre, Bill se sentó en el asiento de en frente, tomando notas estudiosamente. Tom también tomó apuntes durante toda la clase, aunque había sido el mismo tema del día anterior. El día que aparentemente no existió, ya que lo estaba viviendo ahora.

Se mordió el labio, pensando en el extraño sueño que había tenido la noche anterior. «Bueno, no pudo haber sido Bill» Pensó, dándole una nueva mirada al pelinegro. Todavía estaba tomando notas, su largo cabello negro, colgaba por los costados de su rostro.

Después de cincuenta minutos de clase, Tom regresó a casa por un breve respiro, antes de su siguiente lección. Como no tenía internet en su departamento, planeaba comer allí y luego volver al campus, por el resto del día. Tom sabía que generalmente, Bill estaba en el salón de computación; ese era el lugar que ellos compartían, pero nunca hablaban.

Tom le dio una mirada a la calabaza otra vez, riéndose de sí mismo por el extraño sueño que había tenido. Y aun así… ¿acaso esos ojos no habían suplicado su ayuda? ¿Acaso el rostro se había movido, cuando lo estaba tallando?

Sintiéndose incómodo de repente, el trenzado volcó su atención a calentar una lata de sopa en el microondas. Girando, encendió la velita que estaba dentro de la calabaza, dejando que la luz llenara la calabaza, casi parecía que los rasgos faciales se movieran.

Decidió que eso había sido, que eso lo explicaba, así que regresó a su comida. La luz de la vela, le había hecho creer que la cara se movía.

—Tom, tienes que ayudarme. Tienes que evitar que suceda. Por favor.

Tom giró al oír la voz, encontrando la velita apagada. Comenzando a preocuparse en realidad, el trenzado no se atrevió a tentar su suerte; puso la sopa en un termo y dejó el departamento. Sus llaves se cayeron, cuando cerró la puerta.

Recogiéndolas, rápidamente se dirigió corriendo a las escaleras, huyendo del departamento y de la calabaza con forma de Bill, de la calabaza parlante.

Cuando llegó a la facultad, se había calmado un poco. Probablemente él había apagado la velita, cuando se volteó tan de prisa. Tal vez la escuchó hablar, porque se estaba volviendo loco o porque estaba viendo demasiadas películas de terror.

Bill se sentó en la sala de computación, justo como Tom pensó que haría. Estaba felizmente conversando con Emily, quien aparentemente había tomado un descanso de su novio, tomando un café.

Como siempre, Tom se sentó en la otra mesa, sacando su tarea de Alemán. Demasiado pronto, sus ojos se desviaron hacia Bill, observando como el otro chico interactuaba con Emily; la forma en que sonreía, la forma en que reía, el brillo de sus ojos…

Recordando las palabras de la calabaza, Tom dudó, queriendo más que nunca, acercarse y decir “hola”. Una palabra tan simple, y aun así, no pudo hacerlo, no pudo dar el paso.

El resto del día pasó, como había pasado el anterior, con excepción de la calabaza. Tom llegó a su departamento, encontrándola sobre la mesa, convencido de que no había sido nada más que su imaginación. Encendiendo la velita del interior, una vez más, comenzó a preparar una pequeña cena sólo para él.

—Ahora es demasiado tarde —vino un susurro. El trenzado giró, para encontrar el rostro de la calabaza más vivo que nunca, mirándole oscuramente y con intensidad.

—¿Por qué es demasiado tarde? —demandó saber, ignorando el hecho de que estaba hablando con una hortaliza.

—En la quebrada. Tienes que ayudarme, Tom. —Y con eso, la vela se apagó, dejando a la calabaza, muy quieta.

—¿Quebrada? ¿Cuál quebrada? —Tom arrugó el ceño, justo cuando el microondas hizo bip, señalando que su cena estaba lista. Había perdido el apetito, sin embargo, una sensación de urgencia tomó su lugar. Tenía que encontrar a Bill, tenía que probarle a la voz, que estaba equivocada.

Quince minutos después, estaba en el salón de computación, mirando por todas partes. No podía encontrar a Bill en ningún lugar.

—Hey Emily —Saludó tímidamente—. ¿Sabes dónde está Bill?

—¿Eh? —preguntó ella, levantando la vista de su fanfiction—. Oh, él se fue a su casa, hace una eternidad.

—Oh, está bien —respondió torpemente. ¿Qué podría hacer ahora? ¿Cuál quebrada?—. Hey Emily. ¿Conoces alguna quebrada cerca de aquí?

—Poe Ditch es la más cercana que encontrarás —comentó la chica, dándole un sorbo a su eterno café—. Nos vemos por ahí.

El trenzado conocía una cortada, apenas la veía, así que se retiró. Salió del campus, con la única idea de llegar a calle Poe, donde la quebrada estaba ubicada. No se podía sacudir la sensación de urgencia y de malestar que sentía. Y sin embargo… ¿cómo podría tener la razón una calabaza parlante? ¿Cómo podía ser real, en primer lugar?

Tom llegó a la quebrada en tiempo record. El día había vuelto a ponerse gris y ventoso, pero los caminos estaban resbaladizos por la llovizna de la mañana. Una gran baranda de metal, estaba al borde de la quebrada como protección; los barrancos eran muy inclinados hacia abajo. Cualquier vehículo que se desbarrancara por la quebrada, quedaría totalmente destruido.

Tomando un profundo respiro, suspiró al ver que el barranco estaba vacío. ¿Qué había estado pensando, de todas formas? Sacudiendo la cabeza, volvió a caminar por el borde, sólo para asegurarse que no se había equivocado.

¡Allí! ¿Qué era eso? Arrugando el ceño, se inclinó sobre la baranda, mirando aquello que había llamado su atención. Lucía como una chaqueta… una chaqueta de cuero negro. ¡Justo como la que Bill había estado usando esa mañana!

Velozmente, Tom saltó la baranda y lentamente hizo su camino hasta la chaqueta. Comenzó a estirarse para alcanzarla, cuando el resto de Bill apareció ante su vista; la mayor parte de su cuerpo estaba cubierto de agua, el caudal estaba elevado y espumoso por la lluvia.

—Bill —lo llamó, casi perdiendo el balance, al tratar de llegar hasta él.

Lo primero que hizo fue arrastrar el cuerpo del pelinegro, fuera del agua, antes de que el caudal llegara a su rostro y boca. Lo siguiente que hizo, fue llamar al 911. Revisó su pulso y ahí estaba; débil, pero constante.

—Vas a estar bien —susurró al chico que le gustaba—. Por lo menos, eso espero.

& Continuará &

Entonces la calabaza con forma de Bill tenía razón. ¿Qué hará Bill ahora que Tom lo rescató? ¿Seguirá apareciendo el rostro de Bill en la calabaza? No se pierda la continuación. Besos y recuerda comentar el fic. Gracias por visitar el sitio.

1 comentario en “Pumpkin Magic 1”

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