El fin justifica los medios 26

Notas: Lupus in Fabula

Fic de AndeinerSeitenureinneWeile. Traducido por Elle-R

Capítulo 26. Habla del lobo, y él vendrá

Toda sensación de calma se había ido, y sólo la batalla permanecía por delante. Hoy sería el fin de los legados, las vidas y una guerra, no es que los hombres supiesen esto…

Un fuerte viento se había levantado cuando Tom ordenó a los hombres que sigan adelante y cumplan con su destino. Arena se elevó por el aire y picó en los ojos, los cielos eran oscuros, y cada paso que los hombres daban era uno más hacia su perdición. El enemigo los había rodeado y no había ningún sitio al que correr.

Bill puso una mano en la espalda de Tom, acariciando la piel con un gesto de ternura mientras estaban parados en el centro del templo. Había una fuerte probabilidad de que esta sea la última vez que los amantes se sostengan cerca el uno del otro. La respiración de Bill estaba atrapada en su pecho y se aferró rápido al costado de Tom, no queriendo dejar ir jamás al hombre que había arreglado su vida después de todo el caos por el que había pasado.

El profeta puso un casto beso en los labios del rastudo, esperando que la acción le dé fuerza a Tom para enfrentar cualquier destino que esté previsto para él.

Los amantes clavaron sus ojos en los del otro por una última y definitiva vez, y luego se dirigieron a la batalla.

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Necesitaban refuerzos tan desesperadamente que era inconcebible que fueran a durar una hora más sin ellos. Cinco hombres de la tropa de Tom ya estaban muertos, y eso no dejó muchos más en pie.

—¡¿Dónde diablos está Andreas?! —Tom gritó furioso mientras rajaba el cráneo de un hombre y lo veía caer.

—No lo he visto. —Georg le respondió por encima de las violentas sacudidas del choque de las espadas. —¡Si él no viene pronto, estaremos todos muertos!

Tom se agachó cuando un nuevo oponente se le acercó con una daga. Fácilmente cortó la garganta del hombre y le dio una patada empujándolo al barro. —¿Y Bill qué, sabes dónde está?

—No, Tom. Mantente concentrado en la batalla, no te dejes distraer —dijo Georg mientras bloqueaba una espada que se aproximaba. Hubo un gruñido cuando el castaño golpeó al hombre. —Él puede cuidarse solo.

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Los hombres rodeaban a Bill mirándolo fijamente, boquiabiertos. Bill había dejado caer su espada y empezado a hacer una especie de danza, lenta y sensual para distraer a los hombres y atraerlos. Parecía casi femenino en sus gestos, no es que a los hombres les importarse cuál era su sexo de todos modos, ya que se estaban acercando a él con lascivia. Una vez que estuvieron en una zona cercana, Bill alcanzó su espada justo cuando ellos cayeron de rodillas en éxtasis, estaban demasiado distraídos por la excitación. Bill levantó su arma en alto y cortó sus cabezas en un rápido movimiento. Sangre manchó todo su cuerpo, mezclándose con su propio sudor que ya resbalaba por su cuerpo. Los cuerpos se desplomaron en la arena con un fuerte ruido, todavía sacudiéndose mientras su sangre se drenaba.

Bill se secó el sudor de la frente y se enderezó en una postura ofensiva. Cuando se incorporó, se dio cuenta de algo peculiar que no parecía pertenecer a esta batalla, o a este mundo…

Un musculoso perro de pelo corto, casi del tamaño de un león estaba mirándolo fijamente. El perro gruñó, enseñando sus dientes de forma amenazante y furiosa. El pelaje marrón alrededor de su cara era azotado por el viento y enrojecido por el calor del aroma de la sangre. Desafió a Bill con la mirada e inclinó su cabeza hacia el profeta aceptándolo. Bill hizo una reverencia a cambio, y observó con respeto a la deidad pasando a su lado y adentrándose en la agonía de la batalla.

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—¿Tom, estás bien? —gritó Gustav.

—Es sólo un rasguño, todo está bien —el líder respondió. Un pequeño hilillo de sangre –ni siquiera una cantidad considerable– sólo un pequeño corte apareció en la parte posterior de su rodilla. Cuando su oponente había caído muerto, su espada logró cortar la superficie de la piel del rastudo. Tom cortó la pierna del hombre en represalia mientras agonizaba, y los gritos del hombre fortalecieron su herida.

—¡Cuidado, detrás de ti!

Justo cuando Tom se giraba para ver cuál era el alboroto, una cara conocida lo derribó al suelo. Antes de que pudiera decir nada, sintió la fuerte perforación de los dientes caninos clavándose en su hombro, desgarrando brutalmente la piel y provocando que una sensación de hormigueo pase por el brazo de Tom.

Tom gritó del dolor.

Espeso líquido rojo fluyó de la herida y la espada de Tom cayó de su mano. Su brazo estaba completamente adormecido, si bien el dolor en su hombro era intenso. Tom parpadeó rápidamente en shock, y el perro se apartó de él.

La batalla pareció detenerse a su alrededor, de repente corriendo a cámara lenta. El perro fue reemplazado por un hombre robusto y poderoso, que llevaba un casco y empuñaba una lanza.

Ares había entrado en escena.

Los ojos del dios eran fuego helado, oscuro con la traición y encendido con la justicia. Él se agachó junto a Tom y le apretó el hombro con fuerza, lo que provocó que Tom grite.

—Deberías ser matado por tu injusticia. —Ares escupió al rastudo. —Después de todo lo que te he enseñado y te he inculcado, ¡cómo te atreves a desafiar mis reglas!

El agarre de la mano del dios se hizo más fuerte, y Tom jadeó de dolor.

—Lo único que me impide matarte en este preciso momento es mi hijo. De alguna manera el gran plan del destino quiso que enmiendes un gran mal, el cual ya hiciste con el profeta, Bill. —El dios de la guerra gruñó amargamente. —Serás recompensado por salvarlo, pero castigado por desobedecerme.

—Mi hijo, Eros, ha extendido su mano sobre ti y te hizo intocable. Su señor te ha protegido de la muerte que te mereces. Tienes la oportunidad de vivir, y tu nombre será recordado, aunque no por las razones que creías. —El dios dijo con enojo.

—Pero cualquier esperanza que tenías de pasar a la historia como un guerrero invicto está muerta. Tú bando perderá esta guerra en este día, y huiréis cobardemente. —Ares dijo con engreimiento, su rostro se curvó en una mueca de desprecio. —A causa de tu desatención por las reglas de la guerra, nunca ganarás una batalla de nuevo en tu vida.

—Todos los vínculos entre nosotros están rotos, y aborrezco que una vez te llamé mi alumno. La intimidad de nuestra relación se ha ido, y ya no puedes buscar consejo o refugio en mí. —El dios dijo mientras se paraba y se giraba para irse. —Te lo advierto, cabréame de nuevo, y ni siquiera el poder de mi hijo podrá protegerte de mi ira. Esta es tu única oportunidad, no recibirás otra.

Continuará…

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