
Bill ha estado en el harem un año y un mes
Fic de Sarahyellow. Traducido por MizukyChan
Capítulo 35. Parte 2
Tom entró al cuarto de las piscinas de baño, y vio a Bill en el agua, dándole la espalda. Se estaba bañando, pasando sus manos jabonosas por sus brazos y se quedó allí, en silencio para admirarlo. No había visto a Bill en tres días, en los cuales se encontró a sí mismo desesperado por la compañía del chico. El rastudo vio a Bill sumergirse en el agua, hundiéndose bajo la superficie por unos cuantos segundos, antes de re-emerger.
Había planeado venir a ver a Bill las tardes previas, pero le llegó una carta de Deena, donde se quejaba de estar sola y abandonada, solicitando una visita. Así que Tom había ido, intentando pasar un rato con su primera concubina, antes de ir con la tercera. Pero lo último no pasó. Apenas llegó, Deena dejó en claro lo que quería y se vio obligado a quedarse.
Bill se llevó las manos al pelo, estrujando su cabello negro, y limpiando los restos de sus ojos. Se detuvo al oír una voz desde atrás, la cual hizo eco en la habitación cavernosa.
—Te he estado buscando por todas partes.
Girando, Bill vio al rastudo de pie en la habitación—. ¿Oh? —respondió. Con un corto braceo hacia la orilla, cogió una de las delgadas toallas, la envolvió en su cintura y salió de las profundidades—. ¿Le preguntaste a alguien? Mahtob y Deena saben que estoy aquí. Micah está afuera.
Tom asintió—. Lo vi —observó como el esclavo pelinegro se sentaba en una de las sillas. Estaba hundiendo su peineta en algún líquido y pasándolo por su cabello—. Debí suponer que eras muy tímido para bañarte en compañía de las demás —comentó el mayor. Algo sobre su pequeño parecía… fuera de lugar.
—Sí, bueno. Como puedes ver estoy solo. Las chicas a esta hora se alejan; es mía —poniéndose de pie, el pelinegro caminó hasta la puerta, tomando su bata mientras lo hacía. Tom se quedó viendo su espalda, hasta que le llamó—. ¿Vienes? —Sonriendo, el príncipe lo siguió, cruzando las puertas y hacia su habitación.
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Sentado ante su tocador, Bill escuchó al rastudo entrar a su cuarto, acomodándose en una silla. Tom no dijo nada, pero cuando levantó su cabello mojado, Bill pudo ver a través del espejo que el otro hombre lo observaba. Aplicó sombra oscura alrededor de sus ojos.
—¿Para qué te estás arreglando?
Bill se alejó y parpadeó para comprobar su trabajo. Caminando hacia su armario abierto, examinó un conjunto de ropa—. Una fiesta —contestó, mientras se debatía entre dos prendas, escogiendo finalmente una túnica negra—. Esta mujer, Umhind, cree ser muy elegante. Y se ha vuelto común asistir a sus “reuniones”.
En realidad, Bill no era de aquellos que disfrutaban esas situaciones sociales. La misma Umhind había mostrado que ella era una mariposa de sociedad algo inusual, ganándose la amistad de la princesa, desde hacía un par de meses. Las fiestas que ella realizaba, eran pequeñas y elegantes; y podías asistir sólo con invitación. Bill había sido invitado. Pero a decir verdad, la concubina pelinegra no tenía ganas de ir, pero Manar –quien aún no le hablaba– lo había regañado muchísimo después de haberse saltado la última fiesta. Bill había soportado suficiente mierda de Salim y sus hombres, como para agregarle a eso, las molestias de las mujeres.
Así que asistiría. Sosteniendo el resto de su atuendo, lo depositó sobre la cama. Estaba evitando mirar a Tom y le dio la espalda. Una ligera y orgullosa sonrisa adornó sus labios, al encoger los hombros y dejar que la bata cayera al piso. Dejándola descender lentamente, para que el otro hombre se deleitara, pero lo suficientemente rápido, como para que no se viera obvio. Se puso los ajustados pantalones y la camisa que había escogido. Una fugaz mirada, le confirmó que Tom había disfrutado la vista. Levantó las cejas, cuando sus ojos se encontraron y giró para posarse frente al espejo.
—Una fiesta, ¿eh? —indagó el mayor. Se levantó y se ubicó detrás del chico, posando sus manos en las pequeñas caderas—. ¿Puedo ir?
Bill le dio una sonrisa ladina por el espejo—. No. No estás invitado —alejándose, regresó al armario y sacó una chaqueta con adornos negros, que iba a juego con su atuendo. Se había vuelto amante del color negro. Abrió el compartimento secreto y dejó el cofre sobre el tocador. Escogió una cadena de zafiros y levantó la pieza, para colgarla en los adornos de sus hombros. Azotando una larga tela de satín, que yacía abandonada sobre la mesa, la cogió y la ató alrededor de su cintura.
Tom nuevamente, se movió para acercarse y susurró en el oído de Bill—. ¿Qué pasa contigo esta noche? Estás actuando… no lo sé —Manos buscaron, otra vez, la cintura del menor y las siguientes palabras fueron murmuradas en su cuello—. Es sexy.
Cerrando los ojos al sentir los labios en su piel, Bill giró en el agarre del mayor—. ¿Crees que soy sexy? —preguntó, con la voz cargada de seducción.
—Sé que lo eres —respondió Tom, dedos cogiendo el cinturón para acercarlo más—. Siempre te ves tan bien. Es frustrante.
Suspirando ante el leve beso depositado en su mandíbula, Bill llevó sus manos a los hombros del rastudo—. Bueno… —dijo suavemente, cambiando el tono a uno frívolo—. Tengo lugares en los que estar —giró sus manos y gentilmente alejó al príncipe. Varios pasos más allá, se puso los zapatos—. Tal vez deberías desquitar tu frustración con Deena.
Y aunque no contenían ninguna clase de amenaza, sus palabras trajeron un inesperado silencio a la habitación. Bill prácticamente pudo sentir que el príncipe se congelaba detrás de él. Y el menor se quedó allí, mirando hacia otra parte, esperando a ver qué pasaría.
—¿Qué? —La voz de Tom fue suave, llena de sorpresa y confusión.
Girando, la concubina lo miró sin ninguna expresión.
—¿Bill?
El pelinegro desvió sus ojos. Dijo justo lo que quiso decir.
—Me tengo que ir, Tom —se movió para dejar la habitación, pero una mano en su muñeca lo detuvo.
—Bill espera. Detente —el rostro del rastudo estaba contraído por la preocupación, pero esta vez ya no mostraban confusión, sino más bien una aprensiva comprensión. Con la voz tranquila, dijo—. Necesitamos hablar sobre esto.
Sin poner resistencia, la postura del pelinegro se relajó, aceptando la petición. Tom lo llevó hacia la parte de la habitación donde estaban las sillas y Bill se dejó caer en una, con desaliento, notando de pronto, que no quería hablar sobre ello y preguntándose por qué, siquiera pensó que sería buena idea traer el tema a colación.
Tom tomó la silla frente a la suya y lo miraba seriamente. Parecía estar pensando en qué decir—. Te molesta —comenzó— que esté con Deena y Mahtob.
En realidad no era una pregunta, pero el pelinegro asintió en silencio. Desviando su mirada a otra parte, escuchó como el príncipe suspiraba.
—Bill… —se detuvo—. ¿Qué crees que significa?, ¿que estoy con ellas?, ¿que duermo con ellas?
La concubina pelinegra arrugó la nariz en señal de desagrado—. No lo sé —murmuró—. Supongo que te preocupas por ellas.
—¿Y te molesta pensar que me preocupe por ellas? —preguntó.
Bill alzó la mirada y se mordió el labio, consternado. No quería ser otro Aaron, pero…
—Me molesta que te preocupes por ellas, tanto como te preocupas por mí —contestó honestamente—, que tú… las mismas cosas con ellas —eso último, fue físicamente doloroso de sacar. Y después de eso, ya no pudo enfrentar la mirada del príncipe. Sus celos lo hacían sentir ruin, pero no podía evitarlo.
Tom se había movido hacia adelante y apenas estaba al borde de la silla—. ¿Crees que ellas me importan igual que tú? —preguntó quedamente. La forma en que lo dijo, le hizo sentir que sufría al pensar que el chico creyera eso—. No las amo, Bill. Te amo a ti.
Ojos castaños volvieron a evadirlo—. ¿Entonces por qué tienes que dormir con ellas? —Su voz comenzaba a sonar como un sollozo—. ¿Por qué entregarse de esa forma a alguien más? —Bill sabía que la situación era complicada. También sabía que, esa situación íntima con el príncipe, habría sido sólo suya, si vivieran en un mundo perfecto.
—No lo hago por ser cruel o egoísta —el rastudo lucía como si quisiera romper la división y sentarse junto a Bill, pero se contuvo—. No es la forma en que debería ser. Lo sé. Dios, créeme que lo sé. Pero aquí es donde estamos, donde me he puesto a mí mismo. —Bill observó al otro hombre continuar—. Son mías, Bill. Son mi responsabilidad. Las ignoraría, las alejaría y gastaría toda mi atención en ti si fuera lo correcto. Pero no lo es y no puedo.
Tom tomó un momento para evaluar la recepción que estaban teniendo sus palabras. Bill lo estaba mirando de nuevo, sin ningún grado de repulsión o rechazo. Lucía dudoso y molesto, pero al menos parecía estar escuchando los argumentos que daba, en lugar de ignorarlo. Con eso, el príncipe se movió para sentarse al lado del chico.
—Soy sólo tuyo, Bill, nunca debes dudarlo. Pero hay algunas cosas que poseo y ellas son parte de eso.
—Algo bastante conveniente de poseer —el comentario sarcástico fue soltado débilmente, sin la convicción necesaria para hacerlo doloroso.
—Supongo que sí.
La concubina levantó las piernas, para abrazar sus rodillas. El silencio reinó por un momento, porque sólo había una forma para solucionar este problema—. Aun así, duele —susurró el menor. Lo que implicaban sus palabras estaba claro: tendría que tragar la amargura y aceptarlo.
Tom no dijo “lo sé”, porque habría sido presumido y condescendiente. Era Bill quien no tenía por donde escoger. Era el mismo terrible problema que tuvo que enfrentar con Aaron, repitiéndose otra vez; problema que el príncipe daría todo por cambiar, pero que nunca cambiaría. Y Bill sería mejor hombre que él, si simplemente lo aceptara.
—Odio esto —ofreció Tom en cambio—. Odio ver como todo esto te lastima. Odio ser yo quien lo provoque —se permitió estirarse para coger la mano del pelinegro, un simple toque, y recibió como respuesta un firme agarre de los dedos de su concubina.
Bill tomó la mano del otro hombre y la llevó hacia sí mismo, obligando al príncipe a acercarse—. Entiendo tus razones —admitió con la voz suave—. Sé que es verdad.
Tom besó su cabeza—. Pero no estás de acuerdo —anticipó.
—No —Bill suspiró—. No es que esté en desacuerdo. Es sólo que odio que tengas razón —no hubo respuesta del mayor a eso. Sólo abrazó más fuerte al pequeño, apoyándolo y consolándolo. Se quedaron un rato más, sentados en silencio, reemplazando el habla por contacto físico.
—¿Tom?
—¿Sí?
—¿Di que me amas? —Bill no buscaba confirmación, porque ya sabía que era verdad. En lugar de eso, las palabras eran algo que necesitaba oír, a las que aferrarse ávidamente y envolverse con ellas, como un niño hace con su objeto de confort. Y si eso era egoísta, no le importaba.
Tom hizo un ruido de gusto ante la petición, guiando el rostro de Bill hacia arriba, para capturar su boca en un lento beso, antes de murmurar el requerido “te amo” contra los labios semi-abiertos. Dichos labios se curvaron en una tenue sonrisa, incluso cuando se volvieron a unir, pidiendo más.
—¿Mejor? —preguntó Tom una vez que se separaron.
Acomodándose junto al príncipe, Bill recorrió con su dedo la manga del otro—. Mmm, no realmente —dijo suavemente—. Todavía apesta.
Tom le dio un ligero apretón con su brazo—. Sí.
—Hey —llamó el pelinegro después de una pausa—. ¿Sabes qué podría hacerme sentir mejor?
—¿Qué? —indagó Tom ansioso de complacer cualquier deseo que animara el ánimo del menor.
—Ven a la torre esta noche. Estaré allá arriba, viendo el eclipse.
—¿Eclipse?
Bill asintió, recuperando algo de su usual fortaleza—. Sí. Dios, Tom. No puedo creer que no te acuerdes, te lo he estado mencionando por semanas.
El rastudo se alzó de hombros y no dijo nada. Hubo muchas distracciones las últimas semanas…
—Va a ser realmente hermoso —elaboró—, ven arriba y míralo conmigo.
Tom se tardó en responder, más que nada porque recordó que su padre había regresado del frente ese día. Sabía que Jorg había planeado su propia “fiesta de bienvenida”, y como heredero al trono, debía asistir a ella. Pero el príncipe se excusó mentalmente, porque no había obligaciones formales en esos momentos. Y usando ese razonamiento, el rastudo decidió que podría escaparse de los deberes y pasar la noche junto a una compañía mucho más agradable.
—Ok —estuvo de acuerdo, sonriendo al chico a su lado—. Me encantará.
Bill imitó su sonrisa, pero de pronto se levantó del sofá y se puso de pie. Y para arreglar el semblante aterrado del príncipe, agregó—. Pero no pasará hasta las diez y algo y yo aún, tengo una fiesta a la que asistir.
Tom levantó las cejas—. ¿En verdad vas a ir? Pensé que sólo lo decías para evitarme.
Bill se movió hasta ponerse frente al espejo. Acercándose para escudriñar su apariencia, arregló un mechón de su cabello y respondió con seguridad—. Oh, no. Ese fui yo jugando a “hacerme el difícil”.
—Oh —Tom no lo entendió.
—Mmm —Bill volteó—. ¿Cómo me veo?
El mayor se quedó viéndolo bobamente.
—¡Gracias!
&
Mucho más tarde ese mismo día, Bill se excusó para retirarse de la fiesta, y ahora estaba caminando por los corredores hacia el baño. Encontrando el lugar deseado, se metió dentro. Bill había estado en el techo varias veces, desde aquel primer picnic con Tom. La primera vez que lo hizo solo, le tomó una cantidad impresionante de tiempo, abrir la puerta, pero ahora encontraba la palanca con mucha facilidad. Presionando contra la muralla, vio como la pared se abría para darle espacio. Una corta escalada le siguió y luego, ya estaba en el techo de la torre.
Preparándose para esperar, se dio cuenta que no llevó nada para sentarse. Hizo pucheros por casi dos minutos y luego Tom estaba ahí y él sí había llevado mantas. Bill sonrió y se acercó para ayudar al hombre a extenderlas. Una vez que estuvieron cómodamente sentados, con las espaldas apoyadas en la pared de la torre, el príncipe habló.
—¿Cómo estuvo tu fiesta?
—Inútil —respondió el menor rápidamente—. No sé cómo hacen las cosas en Foularr, pero alguien necesita decirle a Umhind, que en Bagrah NO tenemos fiestas elegantes sin motivo alguno —Tom rió—. ¡Oh, pero las princesas las adoran! —agregó el chico, mofándose—. Adoran tener excusas para vestirse como muñecas y actuar en forma arrogante. Yo… —Bill cortó sus palabras, abriendo los ojos al darse cuenta que estaba ofendiendo a las hermanas de Tom. Se movió y buscó la mirada del rastudo, quien estaba ansioso y con las cejas levantadas—. Quiero decir… que ellas… um…
Tom sacudió la cabeza y sonrió, mirando con ojos divertidos al chico—. No te asustes, Bill. No me has ofendido. Ellas son así —volvió a ladear la cabeza para mirar al cielo—. Bueno, excepto por Manar, ella no es tan frívola.
—No —Bill estuvo de acuerdo y jugueteó con su dedo gordo y una piedrita—. Pero no estuvo allí. Ella… no me habla.
—¿Por qué no?
Bill suspiró—. Antes de que te enfermaras, la estuve molestando, preguntándole por Aaron. Se enojó por algunas cosas que dije —cuando levantó la vista, notó que el rastudo lo observaba persistentemente.
—¿Cómo supiste sobre él? Yo nunca te conté.
Bill relató al príncipe, los eventos desde la galería hasta la ceremonia del templo. Contándole como prácticamente llamó a Manar “mentirosa”, para así forzarla y que le dijera la verdad sobre Aaron. La concubina respiró aliviada cuando terminó la historia y vio que Tom no parecía molesto con él.
—No debiste hacer eso —comentó el rastudo, pero su tono no era de reproche—. Manar realmente pude guardar rencor.
—Lo he aprendido —respondió tristemente.
—¿Pasó algo más de interés mientras estuve fuera?
Bill relató varios eventos y chismes, todos los que pudo recordar. Tom escuchó y hablaron bastante tiempo. Fue cerca de una hora después, que el príncipe comenzó a levantase, excusándose de tener que ir al baño.
—Oh, apúrate —se quejó el menor—. Va a empezar muy pronto. No quiero que te lo pierdas.
Tom sonrió y le aseguró al chico que sería más rápido que un relámpago.
Cinco minutos después, Bill se preguntó por qué el príncipe no pudo haber aguantado. Miró al cielo, ansioso. Soltando un jadeo, cuando la primera franja rojiza apareció en el borde de la luna—. Oh —exhaló, al notar que la oscuridad aumentaba en cosa de minutos—. ¡Oh, Tom, date prisa, te lo estás perdiendo!
Poniéndose de pie, el chico corrió hasta el telescopio, levantando el borde hasta su ojo—. ¡Wow! —exclamó, observando la maravillosa vista, donde la sombra de la Tierra, absorbía la luna, como una enorme mancha de sangre. Era raro y hermoso al mismo tiempo. Alejándose un poco del telescopio, para mirar hacia la entrada de la escalera, por donde Tom aún no emergía, suspiró—. ¿Dónde estás? —preguntó con los dientes apretados, enojado.
Llevando el instrumento de vuelta a su ojo, la concubina se dio cuenta que lo había dejado más abajo de su objetivo y automáticamente, trató de levantar el lente hacia los cielos. Pero un segundo después se detuvo, arrugando la frente en confusión y volvió a apuntar a la ventana del harem, dos pisos más abajo.
& Antes &
Deena observó como el príncipe entraba al baño. Ella sabía de la puerta oculta que estaba dentro y se preguntó por qué Tom iría al techo a esa hora de la noche. Olvidándolo, como si no fuera importante, la chica continuó su camino hacia su propia habitación. Sin embargo, se desvió de su rumbo, cuando vio a un gran gato gris frotándose en la pared que daba al otro corredor.
—¡Allí estabas pequeña bola de pelos! —Sesame, se había estado escondiendo de ella durante toda la semana. Apurándose para atrapar al felino, cambió su curso, prometiéndose capturar al gato, antes de que volviera a escaparse. Deena siguió a la criatura hasta que con un aumento de su velocidad, pudo agarrar a la cosita en sus brazos—. ¡Te tengo! —murmuró en la cara sorprendida del felino.
Preparada para girar y volver a su cuarto, la chica se detuvo de pronto, al oír una voz fuerte y atemorizante, justo detrás.
—¡No puedo creerlo!
Deena saltó sorprendida y casi deja caer al animal de sus brazos. Volteó, pero el corredor estaba igual de solitario y se dio cuenta que la voz venía de la habitación de enfrente. Caminando de puntillas, se acercó y escuchó como dos personas se hablaban furiosamente, la una a la otra.
—¡Dijiste que era un plan infalible! Dijiste que te encargarías…
La segunda voz lo cortó—. Dije que sería difícil.
—¡Eres un tonto incompetente! —respondió el primero—. No puedo creer que te confié esto. Debí dejárselo a…
—Ese hombre es el incompetente. ¡Mira todo lo que ya ha hecho! Si ese idiota impaciente hubiera actuado a su manera, lo habría hecho en frente de todo el mundo y… ¿dónde estaríamos?
Hubo un breve silencio, en el que pareció, que el que reclamaba se hubiera quedado sin palabras.
—Muertos, así estaríamos. Así que cuando te empieces a frustrar con mis métodos, piensa en la alternativa.
Deena apretó el ceño ya que ellos seguían hablando. A medida que la conversación avanzaba, sus ojos se abrían de horror por las cosas que decían. Estaba tan concentrada tratando de pensar en qué hacer, con los pensamientos llenos de pánico, que no se dio cuenta de los movimientos del gato. Cuando el felino finalmente chilló y saltó de sus brazos, ella moduló un aterrado “¡No!” al aire. Sesame entró sin vergüenza a la misma habitación de donde venían las voces.
Deena contuvo el aliento cuando el silencio se hizo extremadamente largo. Luego, cuando estaba a punto de soltar la tensión de sus hombros, la segunda voz dijo.
—¿Ese no es el gato de Deena?
—Ugh, supongo —respondió el otro asqueado—. El maldito sigue a su dueña… —Deena hizo una mueca. ¡Mierda!— a todas partes.
La chica tuvo tiempo suficiente sólo para girar, antes de que dos manos cubrieran su boca y la arrastraran dentro.
Bill observó a través de la lente a Deena. Parecía estar… ¿gritando? Sí, ciertamente gritando, de hecho, Bill pensó que su boca se movía furiosamente. No pudo ver a quién estaba dirigida su ira. El pelinegro casi regresa el aparato al hermoso evento celestial, pero de pronto y salido de la nada, un cuerpo apareció y le quitó la visión de la chica. El cuerpo grande se movió bruscamente y notó algunos enfoques de la mujer detrás de él. Bill se dio cuenta de que el tipo la estaba sacudiendo. Abrió los labios preocupado y soltó un gritito cuando un puño impactó contra Deena, enviándola tan lejos como pudo, estrellándola contra el piso. Pero el hombre siguió moviéndose, parecía que…
—Oh, no —jadeó.
& Continuará &
Notas de MizukyChan: ¡Oh no! ¿Qué le va a pasar a Deena? ¿Quiénes eran esos hombres? ¿Dónde está Tom? No se pierdan el capítulo final de la historia. Y recuerden que los comentarios son maravillosos. Besos.

Me muero por saber como acaba
Mañana, cariño, subo el final.
Muchas gracias por comentar. MUAK