Mi jaula dorada 33

Notas de MizukyChan: Se viene un capítulo muy, muy “hot” así que a prepararse antes de leer >///< que lo disfruten. Besos.

Fic de Sarahyellow. Traducido por MizukyChan

& Capítulo 33 &

Bill se detuvo y tomó coraje—. ¿Y ahora que ya sé la verdad? —Se atrevió a preguntar apenas en un susurro.

Tom lo miró fijamente, mostrando en sus ojos remordimiento y esperanza, entre otras cosas, y esta vez sin esconderlo. Bill vio en esa mirada lo que el hombre iba a decir y sus labios se entreabrieron en un inaudible jadeo.

Te quiero de vuelta.

Eso fue lo único que dijo.

Y por supuesto, Bill ignoró sus temores, sus dudas y su orgullo y lo dejó entrar otra vez. Fue hasta la cama y ambos se abrazaron fuertemente.

Pero no antes de que el esclavo pelinegro le diera un par de golpes, provocados por el dolor de los últimos cinco meses, acompañados de sus ojos anegados, mostrándole todo el odio que sintió hacia el rastudo, por todo lo que había hecho. Diciéndole cuan estúpido había sido y que nunca jamás tendría que hacer algo parecido.

Tom aceptó el abuso y, después que el chico colapsó en sus brazos, susurró una letanía de disculpas en sus mejillas húmedas por el llanto. Y le agradeció con besos.

Hablaron quedamente un rato más, acurrucados en los brazos del otro, siendo Tom el que más hablaba, mientras Bill asentía y sorbía la nariz como respuesta. Las suaves palabras expresaban ira, miedo, dolor, culpa y alivio, pero por sobre todas las cosas, absolución. Tom pidió perdón y Bill se encontró dispuesto a entregarlo. Eventualmente, el pelinegro cayó dormido, descansando su cabeza en el pecho del príncipe y, aunque le dolían todos los músculos del cuerpo, Tom no tuvo intención de moverlo.

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Cuando Bill abrió los ojos a la mañana siguiente, estaba enredado en las sábanas. El suave peso de una manta yacía sobre su cuerpo, haciéndole saber que alguien lo había cubierto durante la noche. Sólo la parte superior de su rostro se asomó desde las sábanas y el moreno parpadeó somnolientamente ante los rayos del sol que se filtraban por las ventanas. La luz era contenida por los oscuros paneles de cristal, logrando que algunos brillos se movieran en el piso. Bill los siguió con la mirada, hasta que el hombre que estaba detrás de él, despertó.

Hubo movimiento en algún lugar de la cama y luego un brazo lo rodeó por la cintura, pegándolo hasta hacerlo encajar con otro cuerpo. Bill suspiró, mientras su cabello era movido hasta un lado, y suaves labios encontraban un lugar en su cuello. Se sentía envuelto, a salvo y protegido en fuertes brazos y piel cálida. Dejó que sus párpados se cerraran para disfrutar de las suaves caricias en silencio. Tom lo abrazó, su frente presionando el cuello del chico. Y, aunque ningún hombre dijo nada, cada uno sabía perfectamente, lo que el otro estaba pensando.

Era una comunicación silenciosa y pacífica que los conectaba, tejiéndose entre sus cuerpos con hebras invisibles. Cada punto de contacto era un mensaje. El brazo de Tom descansando en el pecho de Bill, decía “lo siento”. Su aliento en la piel del chico, decía “déjame volver a tenerte”. Donde el corazón de la concubina latía, bajo la mano del otro hombre, respondía firmemente “ya me tienes”.

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Los días siguientes, Bill nunca dejó las habitaciones del príncipe. Y aunque el chico ocasionalmente, seguía sintiéndose un poco indignado, estaba feliz la mayor parte del tiempo. El pequeño resentimiento que quedaba en su corazón, se diluía rápidamente. Y Bill estaba seguro, que con el paso de los días, desaparecía por completo. Se quedó con Tom, algunas veces en su cama, otras veces no, pero siempre cerca.

Al principio Tabeeb Ihsan no estaba complacido con que el rastudo insistiera para que el chico pelinegro se quedara, argumentando que Tom aún estaba enfermo y necesitaba un descanso imperturbable. Pero pronto, el doctor relajó su posición sobre el asunto, cuando se dio cuenta que el esclavo podría ayudarle, mientras Tom se recuperaba.

Por esa razón, informaron a Bill de todo lo que había ocurrido hasta esos momentos y cuáles podrían ser los síntomas que el príncipe podría presentar en el futuro inmediato.

El médico insistió que el chico aprendiera cómo tomar el pulso. Le mostró todas las medicinas que le estaba dando actualmente al rastudo y cómo se administraban. Y le advirtió a Bill, que pidiera ayuda de inmediato, si algo parecía ir mal. Finalmente, en una charla muy vergonzosa, donde Bill fue llevado hasta el final de un corredor, Tabeeb Ihsan le dejó muy claro que Tom “debía tener cero actividad física, por lo menos una semana”, lo cual incluía las relaciones sexuales. Bill se sonrojó hasta las raíces del pelo y rápidamente estuvo de acuerdo, corriendo hasta la habitación, para escapar del bochorno.

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Tom siseó, presionando la cara en la cama—. ¡Ah! ¡Maldición, eso duele!

Detrás de él, Bill hizo sonar la lengua—. Vamos, no seas bebé —presionó sus dedos, incluso más fuerte.

El rastudo dio un gemido tormentoso—. No lo soy. ¡Oh! —Bill había cambiado su agarre y ahora presionaba un punto, especialmente sensible. El pelinegro movió su mano en círculos, como había practicado, hundiendo la palma de sus manos, en los nudos de los músculos—. Dios —gimió Tom—. Eso duele, pero es muy bueno.

Mmm —Bill estuvo de acuerdo. Tabeeb Ihsan le había dicho que ese masaje le ayudaría al príncipe con la tensión de músculos que experimentaría a raíz del pseudo-ataque que causaba la estricnina. Bill se dijo a sí mismo que sólo estaba siguiendo las órdenes del doctor, mientras se sentaba a horcajadas sobre el trasero de Tom, frotando con dedos lubricados en aceites medicinales sobre la piel bronceada del otro hombre. La vista era bastante agradable. Suspirando, Bill se levantó de sobre el príncipe y limpió sus manos en las sábanas.

Tom serpenteó sobre la cama—. No te detengas.

Bill dibujó una sonrisa en sus labios. Se movió para acostarse a su lado, mirando de frente el puchero de Tom—. Terminé. Me duelen las muñecas.

El rastudo se deslizó más cerca, juntando sus rostros—. Hazlo un poco más. Me gusta.

Bill lo besó—. Pensé que “¡Ah! ¡Maldición, eso duele!”

Tom sacudió la cabeza y respondió lentamente—. No. Tú haces que se sienta bien —Presionó la prueba de su afirmación, contra la pierna del chico.

Con las cejas levantadas, Bill preguntó—. Ya veo. ¿Y qué quieres que haga con respecto a eso?

Puedo pensar en muchas alternativas —fue la pícara respuesta que recibió.

Tom —se quejó el pelinegro, escondiendo su sonrisa traidora en el hombro del príncipe—. No podemos. Tabeeb Ihsan dijo “mmph…mmm” —Tom lo cortó con un beso, presionando sus labios e inmediatamente, invadiendo su boca. Era cálido, hábil y agresivo y Bill se permitió distraerse un momento, antes de alejarse—. No —dijo finalmente—. Puedes esperar —tocando con su dedo la nariz del príncipe, salió de la cama e hizo señas a Tom, para que hiciera lo mismo.

El rastudo arrugó el ceño, mientras se movía para seguir a Bill hasta el baño—. En verdad no puedo —dijo hoscamente. No había hecho nada más que estar en la cama con Bill los últimos seis días y esa situación le estaba empezando a pasar la cuenta. Podía estar enfermo, pero era un hombre de 24 años. Sin embargo, Bill sólo sonrió ante su comentario, guiándolo a través de las puertas hasta los fríos azulejos del baño. El pelinegro caminó hasta la tina sumergida y dejó que el agua corriera.

Después de dar instrucciones a Tom para que se quitara los pantalones de dormir, Bill cruzó la habitación para coger unas toallas y otros artículos del mueble blanco. Tom estaba quitándose los pantalones a patadas hasta dejarlos a un lado y entrar a la tina, cuando vio que el otro chico, se quitaba la camisa.

Gruñó—. ¿Tenemos que hacer esto? No me dejas tocarte y ahora me lo refriegas en la cara, desnudándote ante mí.

Volteándose para ver al príncipe a la cara, Bill alzó las cejas—. Tom, no te has bañado en tres días y yo tampoco lo he hecho. Apestamos.

Yo no huelo nada —respondió el rastudo obstinadamente.

Bill vio que el agua había subido más de la mitad. Caminando hacia la tina, se quitó las ropas que quedaban. Sin perderse el suspiro anhelante que Tom soltó desde atrás, descendió los pequeños peldaños de la escalera, para entrar a las cálidas aguas que lo invitaban. No tuvo que decirle al otro hombre que lo siguiera.

Después de estar en el baño un par de minutos, Bill se dio cuenta que Tom no paraba de mirarlo, así que tomó un jabón para hacer burbujas y así ocultar un poco sus cuerpos y evitar las distracciones. Al principio pareció ayudar, aunque tenía que admitir que él mismo había dado un gran espectáculo cuando emergió de las aguas para buscar los productos de baño.

Esto es tan injusto —murmuró el rastudo.

Las burbujas se habían desvanecido hacía un rato y ahora Bill estaba lavando su cabello. A Tom nunca se le había ocurrido que lavarse el pelo podría ser tan sexy, pero cuando Bill lo hacía, lo era. De hecho, Tom pensó que cuando el menor surgía a la superficie del agua, con los ojos cerrados, los labios semi-abiertos, las manos en su cabello mojado y la piel brillante, llena de gotitas de agua, Bill se veía totalmente erótico. Nadando un poco hasta el otro chico, lo abrazó por detrás, capturándolo para presionar sus cuerpos, pegándolos.

Bill soltó un gritito de sorpresa, estirando las manos y apoyarse en la pared, para recuperar el balance. Se había estado quitando el agua de los ojos, así que no vio que el príncipe se aproximaba. Giró su rostro, para ver sobre su hombro al hombre que estaba tan cerca.

Tom —dijo con la voz entrecortada.

No se quiere ir —el rastudo mencionó, haciendo referencia a su erección.

Me doy cuenta —respondió Bill, sin poder ocultar la repentina lujuria en su tono de voz. Desafortunadamente, Tom percibió ese tono y pareció encenderlo más. Se presionó más al otro, eliminando cualquier espacio entre su cuerpo y el de Bill, y entre Bill y la muralla—. Tom —repitió débilmente el moreno, sintiendo como la excitación florecía en su bajo vientre—. No podemos…

Sí podemos —insistió el príncipe—. Estoy mejor, estoy saludable ¿Acaso no lo ves? No me hará daño —bajó su rostro hasta el cuello de Bill—. Te deseo tanto, déjame tenerte.

La protesta de Bill sonó débil—. Pero… pero Tabeeb Ihsan dijo que podría gatillar una recaída.

Lo único que va a gatillar, es a mí terminando dentro de tu…

¡TOM! —chilló el moreno totalmente indignado. Se movió lo suficiente para girar dentro del agarre del príncipe—. ¡No digas eso! —Pero al final no pudo evitar, que las puntas de su enojada boca se curvaran en una sonrisa.

El rastudo le dio una sonrisa juvenil de vuelta—. Vamos —lo trató de persuadir—. No pasará nada malo. Incluso te dejaré tomar mi pulso.

Bill no pudo evitar reír ante eso, pero sacudió la cabeza, la sonrisa aún en sus labios— No voy a tener sexo contigo.

¡Auch! ¡¿Por qué no?! —preguntó Tom, acariciando con su nariz, la mandíbula del chico—. Eres tan malo, negándote a un hombre moribundo, pero caliente.

¿Así que es eso? —respondió Bill para molestarlo.

Mmhm —Tom asintió, moviéndose para dejar besos en los labios de la concubina.

Esto pareció distraer al pelinegro de sus argumentos, haciéndole soltar un sonido de placer desde su garganta—. Bueno —respiró—, creo que podría hacer algo para ayudarte. —A Tom le gustó como sonó aquello. Sus manos se movieron bajo el agua, tratando de atrapar el pequeño y apretado trasero del chico. Sin embargo, Bill se movió para escapar de la pared y de las insistentes manos—. Pero eso no —aclaró y el príncipe arrugó el ceño—. No quiero tener sexo, Tom —afirmó—. La próxima vez que lo hagamos, tiene que ser especial.

¿Y esto no es especial? —El otro preguntó esperanzado. Se acercó hasta donde Bill se había sentado, en la banca dentro de la tina.

El esclavo levantó las cejas—. No. Esto eres que tú, queriendo liberarte —Tom simplemente se mordió el labio, esperando. No podía discutir contra eso.

Ven, siéntate aquí —ordenó el pelinegro, palmeando al lado de la banca.

El rastudo sonrió, apresurándose para hacerle caso. Una vez sentado, Bill apenas le dio tiempo para anticipar lo que venía, porque ya estaba arrodillado en la banca, con la cabeza inclinada y los labios envolviendo su pene.

Tom se quedó sin aliento ante el repentino placer, sus manos automáticamente se ubicaron en la cabeza del chico. Aunque sus dedos tenían poco donde sujetarse, porque el cabello mojado de la concubina, estaba pegado a su cráneo. Se conformó con acariciar suavemente la cabeza de Bill, mientras este hacía cosas maravillosas con su lengua.

Y pese a que nunca lo había hecho, Bill no tuvo reservas para inclinarse sobre la erección del príncipe, tomándola inmediatamente en su boca. Se sentía incluso excitado, por probar cómo se sentía contra su lengua y descubrir a qué sabía. Resultó que la carne caliente, no era para nada desagradable y Bill dio un gemido feliz cuando se dio cuenta de ello. Hizo un hueco en sus mejillas para succionar con más fuerzas, esa cabeza salada. Escuchó que Tom gruñía arriba y sonrió con la boca llena. Decidió que tener un pene en la boca, era muy similar a tener uno en el trasero; sobrecogedor en un principio y luego, completamente erótico.

Después de unos momentos de chupar sólo la cabeza, Bill comenzó a ser creativo, preguntándose qué más hacer. Soltó la dureza y movió su boca hasta el final del miembro, pasando la lengua por la parte arrugada de él. Mirando un poco hacia arriba, captó la ardiente mirada de Tom y le dio una sonrisa malvada. Mantuvo el contacto visual, mientras volvía a tomar su masculinidad en la boca, observando como el príncipe inhalaba rápidamente, con las pupilas dilatadas.

Tom sintió que todo su mundo se reducía a la magnífica criatura entre sus piernas. Bill lo miró con sus ojos café brillando dócilmente en su dirección. Sus hermosos labios se abrieron obscenamente, envolviendo nuevamente a Tom en esa exquisita calidez aterciopelada. Y esta vez, Bill se hundió mucho más abajo, tomando al miembro de Tom tan profundamente que pudo tocar su garganta.

¡Oh, Dios! —exclamó Tom, ante la sensación apretada. Bill tuvo nausea y retrocedió—. Lo siento —se disculpó inmediatamente.

Pasando la lengua por sus labios hinchados, Bill ladeó su cabeza considerando lo ocurrido—. ¿Se siente bien, cuando me ahogo con él?

El vientre de Tom se agitó, por dos razones, por la pregunta y por el tono rasposo en la voz del chico.

Sí —admitió—, pero no quiero que te ahogues —Bill fue rápido para contestar que no le importaba—. Respira por la nariz —sugirió Tom lentamente, al ver que el joven volvía a descender.

Labios ansiosos bajaron pausadamente, hasta que casi había cubierto la mitad de su longitud. Sintió que el pelinegro dudaba, antes de seguir presionando hasta llegar a su garganta. Bill se congeló y Tom dijo con la voz rasposa—. Trata de tragar alrededor de él —el chico hizo exactamente eso, tomando al rastudo en el estrecho canal de su garganta. Lucía al borde del pánico por unos segundos, pero luego pareció calmarse, respirando a través de su nariz, como le instruyó el mayor y siguió tragando.

Ahora Tom respiraba agitadamente, el aire dejaba sus pulmones en pequeños espasmos. Tuvo que luchar con los instintos de su cuerpo para no embestir contra la boca del chico. A través de la niebla que provocaba la excitación, el príncipe estaba medianamente sorprendido por lo que estaba haciendo el pelinegro. Tom nunca había sido capaz de ir tan profundo. Los ojos de Bill estaban cerrados apretadamente, su rostro se estaba poniendo rojo, al ver esto, Tom indujo al chico a levantarse un poco. Ser apretado por la garganta de Bill era maravilloso, pero no quería que el chico se desmayara.

Una vez que fue compelido a terminar con su más grande esfuerzo de hacer un “garganta profunda” al príncipe, el entusiasmo de Bill por esa labor había crecido increíblemente. Ahora que ya no sentía la enorme urgencia de vomitar, el chico disfrutaba tener su boca llena, ahuecando sus mejillas, ladeó la cabeza y comenzó a tomar el ritmo. Los inevitables ruidos húmedos, que procedían de su boca, eran vergonzosamente obscenos, pero parecía que a Tom no le importaba en absoluto. Bill otra vez, dio una mirada hacia arriba. Sobre él, el rastudo tenía los ojos cerrados, su rostro relajado de placer, mientras jadeaba. Sus caderas comenzaron a realizar suaves embestidas contra la boca del chico, sus silenciosos gemidos, se volvían más intensos. Se estaba acercando.

Estirando la mano para atrapar la base del pene de Tom, Bill masturbó toda la longitud de arriba hacia abajo, mientras su boca se concentró en succionar sólo la punta. Sintió el fuerte sabor del pre semen, al utilizar su lengua, moviéndola en círculos sobre la suave carne. Soltando el enrojecido miembro por un momento, el pelinegro recuperó el aliento, llevando los dedos hacia arriba, donde su boca había estado. Tom emitió un sonido de protesta, pero Bill calmó su ansiedad rápidamente, volviendo a poner sus labios y succionando con fuerzas. El príncipe se quedó en silencio por un segundo, hasta que sus labios presionaron más fuerte que antes y el mayor confesara con los dientes apretados.

Oh, oh, me voy a correr.

Bill tuvo tiempo para mirar hacia arriba y ver la expresión de placer en los rasgos del príncipe. Pensó que podría hacer eso todos los días, si con ello pudiera ver ese hermoso y agonizante rostro. Ni dos segundos más tarde, Bill sintió la semilla del hombre llenar su boca. Esperó hasta que se hubo acabado y entonces, asegurándose de que Tom lo miraba, se tragó todo.

Tom aún estaba tratando de recuperar el aliento, cuando la concubina giró, mirándolo. Observó como el pelinegro se limpiaba los labios, pasando la lengua sobre ellos, y esa visión era deliciosa. Acercando al pelinegro, capturó el labio inferior, tirándolo con sus dientes y luego chupándolo. Bill lo besó perezosamente hasta que el rastudo se detuvo, para volver a deslizarse en el agua. Al volver a sentarse en la banca, el mayor palmeó el rostro del chico y susurró—. Eres sorprendente —Bill hizo un sonido de aprobación y lo volvió a besar—. Gracias.

Bill no lo dijo, pero estaba un poco aturdido por la experiencia. Se sentía extraño sentado, casi como si hubiera compartido una parte del placer de Tom. Ya no estaba duro, pero su cuerpo vibraba como si también se hubiera liberado. La concubina nunca pensó que se sentiría bien haciéndole eso al príncipe, pero sí se sentía bien, incluso sabía bien y las reacciones que había logrado provocar en el otro hombre, habían sido intoxicantes. Había tenido a Tom en su boca y en sus manos y el rastudo había estado desesperado por él, por cualquier cosa que él hiciera. Sentía como si tuviera “el poder”. Era un nuevo y glorioso conocimiento, el pensar que podía influir en otra persona de esa manera.

Bill aún estaba en la banca. Se movió para quedar sobre las rodillas del príncipe, cuando unas manos se posaron en la parte baja de su espalda, acercándolo, Bill se inclinó para proveer un beso requerido.

Mmm —dijo con los párpados medio cerrados—. Te gustó eso.

Si —Tom accedió, sin querer renunciar a los labios del chico que se alejaban. Pero Bill se volvió a sentar con resolución, hasta que el príncipe se obligó a abrir los ojos nuevamente—. ¿Qué? Ven aquí —Tom se estiró para volver a atrapar al chico, pero Bill se escapó, abandonando la banca y poniéndose de pie.

No. Ya tuviste tu diversión. Ahora tienes que volver a la cama, antes de que el buen doctor nos haga una visita sorpresa y me reprendan a mí, por poner en riesgo tu salud.

Tom no se molestó en levantarse hasta que vio a Bill dejar la tina. Disfrutó de la vista de su cuerpo mojado, mientras ascendía las escaleras. Bill realmente era excepcional; incluso mejor que eso. Como si él hubiera existido antes, en otro plano, diferente al resto de la humanidad. El mero pensamiento parecía ridículo, pero era lo que el príncipe sentía al ver al otro chico.

¿Te había dicho que eres precioso? —recalcó Tom, reverentemente, al salir del agua.

La concubina pelinegra le dio una sonrisa sobre el hombro mientras se secaba y le arrojó una toalla al rastudo. El momento era tan amigable, dulce y correcto, que Tom sintió que algo dentro de él se apretaba. Le agradeció a cualquier dios que estuviera arriba, porque le hubieran dado esa segunda oportunidad. Porque él sabía que, si se atrevía, podría ser feliz con Bill.

& Continuará &

Notas de MizukyChan: Que capítulo tan hot. Estoy tomando agua bien helada jajajaja. Espero les haya gustado tanto como a mí y comenten para hacerme feliz. Besos a todos.

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