
Bill ha estado en el harem por un año
Fic de Sarahyellow. Traducido por MizukyChan
Capítulo 32. Parte 1
Bill y Nephthys estaban en una cajita. Por lo menos así es como se veía. La pequeña habitación de madera, era de hecho un mueble que se podía transportar a cualquier lugar. Ahora descansaba en uno de los jardines. Dentro, en el piso, había una pequeña cama. Era medio día y como siempre, estaba lloviendo. Así que cuando las cortinas de la pequeña habitación se balanceaban hacia afuera, algunas gotas translúcidas se pegaban a la tela. Las cadenas para la lluvia que colgaban desde los aleros, producían un tintineante sonido muy agradable, cuando el agua caía por ellas.
La concubina y su acompañante habían salido al jardín esa mañana, tratando de disfrutar la escasa luz solar, pero luego, la llovizna con viento, las hizo retroceder, dejándolos a ambos atrapados en la cajita. Sin embargo a Bill no le importaba. Era pacífico. Pasada la galería y de vuelta en el harem, estaban Salim y sus hombres, y se sentía la infelicidad, la tensión y los susurros de preocupación. Ahí afuera, en el jardín, sentados en la cajita, se estaba mucho mejor que dentro del harem. Bill estaba descansando en la cama, mientras Nephthys estaba sentada en el piso con las piernas cruzadas, tocando el oud. Era buena, y mientras él pasaba los dedos por el borde de la ventana en miniatura, tocando la humedad que se estaba juntando allí, preguntó.
—¿Por qué no me habías contado que tenías tanta habilidad para la música?
La chica le sonrió, continuando un momento más con el hermoso rasgar de las cuerdas, antes de contestar—. No lo soy, sólo puedo tocar una…
Pero nunca alcanzó a terminar su oración. La serena atmósfera de su pequeña burbuja, fue bruscamente destruida por la llegada de Deena.
Sin aliento y completamente empapada, la chica se sujetó del marco de la puerta, quitó rápidamente los mechones mojados de sus ojos y anunció enseguida.
—¡Tom regresó! Algo ha pasado. Está muy enfermo.
Bill se sentó rígido y con los labios abiertos. La lluvia parecía sonar más fuerte ahora, porque Nephthys había dejado de tocar.
—¿Qué? —Trató de respirar, su sangre se enfrió al ver la mirada mortalmente seria de la mujer.
—Él te llamó.
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Velozmente, Bill siguió a Deena a través de la lluvia, quien lo guió de vuelta a los pasillos, cruzando el harem. Saki estaba de pie, esperando en la entrada del palacio, y Bill fue traspasado a él, con apenas tiempo de girar el rostro y ver a la otra chica apretarse en un auto abrazo, observándolo partir con ojos preocupados.
Mientras caminaban de prisa por los corredores del palacio, el pelinegro preguntó.
—¿Qué ha pasado?
Sin mirar atrás, Saki respondió—. Su alteza tuvo un desmayo en el frente y tuvieron que traerlo de regreso. Está muy enfermo —cuando llegaron a la habitación del príncipe. Las puertas se abrieron por los agitados sirvientes y el hombre musculoso giró y fijó su atención en Bill—. Creen que ha sido envenenado.
Bill sintió el pecho apretado al entrar. La habitación parecía estar sumida en un zumbido por el pánico. Los sirvientes y cuidadores corrían en todas direcciones, todos bajo la dirección de un preocupado Tabeeb Ihsan. El anciano estaba de pie junto a una mesa, moliendo algo con un mortero y gritándole, a nadie en concreto, que le llevaran algunos suplementos médicos. Varios hombres, llenos de lodo y aún vistiendo sus armaduras, estaban de pie en una esquina, discutiendo.
Nadie pareció haber notado la llegada de la concubina pelinegra, así que Bill avanzó más dentro de la habitación. A pesar del revuelo que había, la mirada de Bill se pegó de inmediato a la figura acostada boca abajo, en la cama. El mismo Tom estaba solo, sin nadie a su lado en esos momentos. Sus ojos estaban cerrados, pero sus facciones estaban contraídas por el dolor. Con la cabeza apoyada en la almohada, su boca estaba abierta, como si su respiración estuviera muy agitada. Bill vio como la garganta del hombre se contraía, haciendo un esfuerzo por tragar. Acercándose rápidamente, Bill se arrodilló junto a la cama.
—Tom… —susurró, estirándose para coger la mano del rastudo, que yacía sobre las sábanas.
Ante el contacto, los ojos del príncipe se abrieron y giró el rostro para ver al chico a su lado—. Estás aquí —dijo con voz ronca, el sonido salió seco y rasposo. Una ligera sonrisa se formó en sus labios y sus dedos apretaron el agarre de Bill. Sus ojos estaban brillantes por la fiebre. Tom recalcó con la misma voz débil—. Te alejé de mí, lo siento. Debí… —su respiración se hizo muy pesada, casi tosiendo las palabras. Su mirada se perdió y sus ojos estaban completamente desenfocados.
Bill soltó su respiración abruptamente, su rostro se contrajo en una preocupada consternación—. Tom —suplicó, tratando que el otro hombre lo escuchara. Llevando una mano arriba, para acariciar el rostro del príncipe, suspiró al sentir lo frío de su piel. El sudor que se veía en toda la frente del rastudo, no era cálido, sino frío.
De pronto, Tom comenzó a erguirse y Bill empujó su espalda, sorprendido. Un segundo después, era empujado del costado de la cama, porque Tabeeb Ihsan había tomado su lugar, gritando que debían mantener a Tom acostado. Más sirvientes vinieron a ayudarle.
Bill se quedó estupefacto en el suelo, por unos momentos, viendo como el doctor y varios otros se quedaban junto a la cama para restringir los movimientos del rastudo. Gateando hacia atrás, para ponerse de pie, el rostro de Bill mostró su preocupación al no poder hacer nada más que mirar, a la figura que se desesperaba sobre la cama.
El horrible episodio sólo se detuvo cuando Tabeeb Ihsan logró clavar una aguja en el cuello de Tom, sedándolo. Cuando el médico volteó, sin aliento por el esfuerzo, y vio a Bill, dio un paso al frente y lo cogió de un brazo. Alejando al chico de los otros en la habitación, le preguntó—. ¿Qué estás haciendo aquí?
Estaban de pie junto a la puerta, aún mirando a Tom que estaba al otro extremo del cuarto, cuando el pelinegro respondió—. Me trajeron hasta aquí. Tom pidió verme.
El doctor escuchó y apretó los labios—. Ha estado diciendo muchas cosas. Pero ahora, necesitas irte —al ver la mirada de protesta del chico, agregó—. Ya lo viste, Bill. Ahora mismo no está lúcido.
—¿Qué le está pasando? —cuestionó el menor en forma impaciente—. Saki dijo que lo envenenaron.
El hombre se mordió el labio, nerviosamente—. Eso parece. Varios otros en el campamento, cayeron enfermos. Tienes que irte para que pueda ayudarlo.
—¿Por qué no puedo quedarme? —demandó Bill. No quería dejar a Tom, por si él…—. ¿Se está muriendo?
Tabeeb Ihsan llamó a Saki y empujó a Bill por la puerta, para que el guardia lo cogiera. Una vez fuera del cuarto, el médico respondió—. Todos se van, despejaré la habitación —comenzó a retroceder.
Antes que lo alejaran por el corredor, Bill llamó—. ¡Por favor, dígame! ¿Va a morir? —Bill ni siquiera sabía por qué estaba preguntando. Simplemente tenía que saber.
Girando por última vez y aún dudando, el médico le dijo la verdad—. Puede que no pase la noche.
Bill sintió como se quedaba sin aliento, mientras las puertas finalmente se cerraban. Saki guió su figura temblorosa, de vuelta al harem.
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Pasaron horas. Entumecido, Bill nunca se movió del sillón donde lo dejó Saki. Al haber sido informadas de la situación previa, Mahtob, Deena y Manar se quedaron junto a él. La noticia de la enfermedad de Tom se esparció rápidamente por todo el harem, y ahora, muchas otras mujeres, estaban agrupadas en círculos, en la entrada del mismo, esperando alguna novedad sobre la pecaría condición del príncipe. Mahtob sollozó y Deena se acercó para entregarle otro pañuelo de papel, para que limpiara sus enrojecidos ojos. La otra chica murmuró entre hipidos, un “gracias”, pero aparte de eso, permaneció en silencio. La atmósfera en el salón era tensa y si había algo de conversación, sólo se hacía en silenciosos susurros.
Así que fue bastante rudo, cuando abruptamente, Salim y otro hombre entraron al harem, riendo a carcajadas. Aaron tenía la cabeza de lado y cuando se enderezó, le dio una sonrisa a todos en la habitación. Más de una docena de pares de ojos, miraron con furia a los recién llegados. Pero fue la mujer extranjera, Umhind, quien habló primero.
—¿Cómo se atreven a portarse de esa manera tan irrespetuosa, en un momento como este? —Siseó.
Salim regresó a tomar su posición en las puertas del harem, mientras que Aaron caminó hacia el frente, sin dejar de sonreír—. ¿En un momento como este? —repitió, usando un tono burlón lleno de dulzura—. ¿Quieres que me arrodille con ustedes y llore por el príncipe Tom?
Umhind lo miró con rabia y luego desvió la vista. El hombre se rió de ella, antes de volver a entablar conversación con otro de los guardias, aún hablando en voz alta, utilizando ese tono ameno tan inadecuado.
Bill sintió como la chica a su lado se puso tensa y luego se levantó. Su voz hervía de pura indignación. Manar se dirigió al guardia que estaba de pie al final de la habitación.
—¡¿Cómo te atreves a permitir que él esté aquí?! —Salim alzó las cejas, pero no respondió. Volteándose al otro hombre la princesa continuó—. ¿Y cómo te atreves TÚ a mostrar tu cara? Tom ha sido envenenado y tú vienes hasta aquí riéndote con tus pláticas frívolas.
Aaron movió la mano quitándole importancia, pero el aire de diversión que mostraba, se disipó en un momento. Con el ceño apretado, salió del salón y caminó hasta perderse de vista por los corredores del palacio.
Manar lo observó partir, antes de volver a unirse a sus amigos. Deena la estaba mirando con los ojos muy abiertos—. No debiste hablarle de esa manera —le advirtió en voz baja—. Él tiene a Salim en el bolsillo y ahora estará buscando la forma de cobrártela.
La princesa de enojó por sus palabras de advertencia—. No le tengo miedo. ¡Alguien necesita poner a ese apestoso pedazo de mierda en su lugar!
Hubo un silencio incómodo.
—¿Por qué? —indagó obstinadamente el pelinegro.
Las tres chicas giraron para ver a la concubina varón. Manar lo vio con molestia—. ¿No crees que él necesita que le den una lección?
Bill bajó la mirada hasta sus uñas—. Yo no dije eso —contestó rápidamente—. Sólo pregunté por qué. Quiero decir, ¿qué hizo en realidad? Nunca me has contado —Bill levantó la cabeza, esperando lucir desafiante—. Tal vez… —sugirió—. Tal vez sólo tienes una revancha personal contra él
Mahtob se quedó sin aire, mientras que Deena lo miraba con ojos incrédulos. Bill se sintió horrible diciendo eso, pero la reacción que sus palabras provocaron, era exactamente lo que buscaba.
Con las manos hechas puños, la princesa le dijo todo lo que quería saber—. Para tu información —soltó apretando los dientes—, ese canalla solía vivir aquí —dio una risita forzada y amarga—. Convenció a Tom de que lo amaba y luego manipuló ese cariño y lo arrojó como si fuera basura —terminó, mirando fieramente al pelinegro—. ¿Todavía quieres discutir sobre lo magnífico que es?
Parpadeando ante esta revelación, Bill sacudió su cabeza en forma negativa. Se hundió en el rincón del sillón, demasiado absorto en sus pensamientos, como para preocuparse del enfado resultante de la princesa. Manar se levantó y cruzó el salón, para sentarse en un grupo con sus medias-hermanas, negándose a volver a mirarlo.
Deena lo empujó—. ¡¿Qué rayos pasa contigo?! —preguntó con el rostro desfigurado por la molestia.
—Lo siento —Bill alzó los hombros—. Sólo quería saber la verdad.
Comprendiendo la situación, Mahtob se acercó a él y le criticó—. Lo hiciste apropósito.
El pelinegro asintió—. ¿Cuánto crees que pase hasta que me perdone?
Mirando fugazmente, hacia donde estaba la rubia molesta, Deena especuló—. Por lo menos una semana —el menor suspiró.
—No estuviste ahí cuando pasó —dijo Mahtob—. No puedes imaginar cuan malo fue —le dio una mirada a Deena, quien se mordió el labio, sus ojos tristes. Volviendo a ver a Bill, le confesó—. Casi arruinó a Tom. Manar es su hermana más cercana, ella lo tomó tan mal como él.
—Bill —era Salim llamándolo desde la puerta.
El aludido miró desconfiadamente al hombre—. ¿Qué?
Agitando un trozo de papel, el guardia dijo—. Levántate, alguien quiere verte.
& Continuará &
OMG, han envenenado a Tom, Bill se ha enterado de la verdad sobre Aaron y ahora lo mandan a llamar. Y todo sólo en la mitad de este capítulo. ¿Qué más va a ocurrir?
Este es un oud es un instrumento musical y lo tocó Nephthys, cuando estaban en la cajita china

Notas finales de Sarahyellow: ¿Han visto esas camitas chinas? Así era el pequeño cuarto en el que Bill y Nephthys estaban en el jardín: la cajita. Aquí una imagen.

Las cadenas de lluvia, son hermosas cañerías japonesas que suenan cuando las gotas caen en ellas.
