Notas: Un nuevo capítulo. Y aquí se viene una pequeña sorpresa por la Navidad, así que ¡A leer y disfrutar!
Letters from Home (By Elvisfan)
Capítulo 5
Bill oyó como una puerta se abría en el segundo piso, cuando cogía su primer regalo. Y luego, la voz de su madre murmurando, mientras descendía las escalas. Era tan obvio que estaba tratando de calmarse.
—¿Podrías por lo menos disfrutar del día, Gordon? —Le estaba diciendo—. Por el bien de tu hijo.
Bill no alcanzó a oír la respuesta de su padre y estaba bastante seguro, de que, en todos los casos, no le gustaría. Amplió su sonrisa, cuando sus padres llegaron a la sala.
—¡Gracias por mis nuevas botas de combate, chicos!
—Me alegra que te gusten, cariño —respondió Simone—. Sólo las vi ayer, en el mall, cuando buscaba algo para tu padre, y tuve el presentimiento de que te encantarían.
—Mira como me quedan, papá —Bill se probó su nuevo calzado—. ¿No son asombrosas?
Gordon sólo asintió—. Voy a hacer café —murmuró y se retiró a la cocina.
Bill hizo una mueca a sus espaldas, pero recuperó la sonrisa por su madre.
—Tu turno —anunció el joven, cogiendo una cajita debajo del árbol y posándola en el regazo de la mujer—. Es mío.
—Gracias, cielo —Desenvolvió lentamente la cajita y sus facciones se mostraron genuinamente complacidas cuando cogió el set que contenía un brazalete y los pendientes, que su hijo había seleccionado para ella—. Bill, son adorables.
—Creo que mis habilidades para escoger presentes, han mejorado desde aquel incidente del sweater naranja, cuando tenía diez.
—Ciertamente han mejorado —Rió Simone—. La caja azul que está allá, también es tuya.
Bill le dio una mirada a Gordon, cuando venía de regreso, pero prefirió ignorar su conducta desabrida y se concentró en los regalos.
Le llegó un texto de Michael, más o menos una hora después. Así que subió a ducharse y arreglarse.
—Adiós, chicos —dijo cuando venía bajando las escaleras—. Voy a la casa de Michael y después de eso, probablemente me vaya a la casa de Georg.
—Feliz Navidad, cariño —comentó de vuelta Simone.
—Feliz Navidad.
&
Un teléfono sonó en Tacoma, Washington y Diana Kaulitz contestó, mientras se servía café.
—¿Hola?
—Feliz Navidad, mamá.
—¡Tom! Tom, cariño ¿eres tú?
—Soy yo, mamá —Tom sonrió al otro lado del teléfono.
—¡Jorg, es Tom! —Gritó su madre—. ¿Tom, cómo estás?
—Estoy bien. Cansado y hambriento, pero bien.
—¿Tom? —Una segunda voz se unió a la conversación desde el teléfono del estudio.
—Hola papá.
—¿Cómo van las cosas por allá?
—Bien, por ahora —contestó el chico—. Algunos días de mierda, pero ya sabes cómo es.
—Cuidado con el vocabulario, Tom —Le regañó su madre.
—Lo siento. ¿Dónde está Jamie?
—La voy a despertar ahora —respondió Diana—. Nunca pensé que llegaría el día en que Jamie no bajara corriendo las escalas, en la mañana de Navidad. Cada año se está levantando más tarde.
Tom oyó unos golpeteos, un par de voces, luego un ruido de telas y finalmente, su hermana estaba en la línea.
—Hola Tom —dijo con la voz ronca por el sueño.
—Feliz Navidad, chiquilla. ¿Por qué no estabas en pie?
—Porque son las siete de la mañana —Jamie se sentó y se frotó los ojos—. ¿Cómo estás?
—Estoy bien.
—¿Recibiste el regalo que te mandé? —La chica sonrió, mientras bajaba la escalera, detrás de su madre.
—Claro que lo hice. No puedo expresarte cuánto había deseado el libro “El guardián entre el centeno”.
—¡Me sacarán los frenillos la próxima semana, Tom! ¡Y tendré una cita para la noche de año nuevo!
—¿Disculpa? —Tom estaba shockeado—. Papá, pensé que habías dicho que “nada de citas hasta que estuviera en la universidad”.
—Tu madre me desautorizó.
—Es un buen chico, Tom —Diana había retomado la línea—. Su nombre es Peter.
—Si tú lo dices —Tom suspiró—. Hey, Será mejor que me vaya. Estoy compartiendo el teléfono y hay casi una docena de otros soldados que me están mirando con mala cara, justo en estos momentos.
—Cuídate Tom —agregó su padre.
—Lo haré. Dale un abrazo a Sampson por mí. Los quiero a todos. Feliz Navidad.
&
Bill estacionó en su calle y suspiró, lamentando que la Navidad ya casi acabara. Cogió los CD’s que Georg le regaló y también el decepcionante maquillaje que le dio Michael, y caminó hasta su casa. Su padre no estaba en la habitación y su mamá estaba en el sofá, con el programa “A wonderful life” en la tele.
—Hola mami. ¿Dónde está…?
Simone se llevó un dedo a los labios, para escuchar a la persona al otro lado del teléfono.
—Sí, es él —Le dijo a quien quiera que fuera—. ¿Puedo pregunta quién lo llama? —La mujer miró fijamente a Bill y trató de ocultar una sonrisa—. ¡Oh! Un segundo —No dijo nada y le entregó el teléfono a su hijo.
—¿Quién es? —preguntó el pelinegro.
—Ve por ti mismo —Simone sonrió y caminó a la cocina.
Pensando que su madre había bebido mucho ponche, Bill dejó sus regalos en la mesa y se sentó en el sillón.
—¿Hola?
—Hola Bill.
—¿Sí, quién es?
—Es… Tom. Kaulitz.
—¡Tom! —Bill se quedó rígido en el sofá—. ¡Oh Dios mío! ¡Hola! ¡Feliz Navidad!
—Feliz Navidad a ti también. No estoy interrumpiendo nada con tu familia, ¿cierto?
—No, no para nada. De hecho, acabo de llegar a casa. Llamaste en el momento oportuno.
—Oh, qué bueno.
—¿Estás en casa por la Navidad?
—No. Aún aquí en el desierto.
—Wow. Los marines tienen una cobertura increíble en sus teléfonos —A Bill le gustó la risa de Tom—. Espera, ¿cómo fue que conseguiste mi número? Quiero decir, no es que me moleste —agregó rápidamente—. Sólo estoy sorprendido.
—Yo… mmm, lo busqué en internet —Tom hizo una mueca de vergüenza, al notar cómo había sonado aquello—. Y yo acabo de sonar como un completo acosador, ¿cierto?
—No —Bill se río, sintiéndose más bien, halagado—. No, para nada. Es… bonito poder oír tu voz.
—Sí, la tuya también.
—¿Qué hora es allá?
—Un poco más de la siete.
—¿En la mañana? ¿Te acabas de levantar?
—En realidad, estoy despierto desde hace un rato. Cuando por fin los teléfonos estuvieron desocupados ayer, ya era muy tarde, así que decidí esperar hasta ahora para agradecerte todas las cosas que me enviaste.
—¡Oh Dios mío! —Bill se golpeó en la frente—. ¡Lo siento tanto por el maní! No lo sabía.
—Está bien —Tom se rió—. No te lo había dicho, así que no podrías haberlo sabido. Sin embargo, Gustav los disfrutó, así que todos estamos bien.
—¡Gracias a Dios! ¡Pensé que casi te había matado!
—No te preocupes, él ni siquiera me dejó tocar la lata.
—¡Él es como Georg! —Bill se horrorizó por lo tonto que había sonado.
—Sí, algo así. Hey, escucha, me tengo que ir.
—Oh, ¿en serio?
Tom llegó creer que Bill sonaba decepcionado.
—Sí —respondió—. Aunque… fue grato hablar contigo.
—Pienso lo mismo.
—Disfruta lo que queda de Navidad.
—Ahora ya no queda casi nada, pero gracias. Tienes que estar pendiente de mi próxima carta.
—Lo haré. Cuídate Bill.
—Tú también. Adiós.
Bill colgó el auricular, sonrió como un idiota a su madre que estaba en la puerta de la cocina y luego corrió por las escaleras para llamar a Natalie y a Georg.
&
Tom se apoyó en el parabrisas de su camión acorazado, inhalando su cigarrillo, observando los fuegos artificiales que las personas habían logrado conseguir.
—Estás demasiado callado —dijo Gustav, palmeando el muslo del otro—. ¿Qué te pasa por la cabeza?
—Simplemente estoy listo para partir, Gustav —Tom suspiró, doblando el brazo bajo su cabeza—. Estoy listo para salir de aquí, ver a mi familia, ponerme un par de jeans… y demonios, quiero ver a mi perro.
—Te escucho, hombre. Cuando este tour termine, estoy fuera. De regreso a mi auto, a la ensalada de patatas de mi mamá, a los brazos de mi amada. Le pediré que se case conmigo cuando regrese.
—¿En serio?
—Sí. Le escribí a su padre, para pedirle su permiso y todo. Estoy listo para volver a casa.
—Estoy contigo. Mi padre tendrá que acostumbrarse a mi decisión de no escoger esto como una carrera, como él hizo. Estoy absolutamente listo.
—Cinco meses más —Gustav respondió melancólicamente.
—Y si me lo preguntas, no pasarán lo suficientemente rápido.
Eventualmente, los fuegos artificiales se apagaron. Tom arrojó el cigarrillo y bajó del vehículo. Por un momento, se preguntó, cómo pasaría Bill el año nuevo.
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—Ok, ¿qué pasa?
Bill miró a Natalie, sabía que la chica podía ver a través de él y aun así mintió.
—Nada.
—Sí, claro —Natalie tomó la bebida de Bill y la dejó en el mueble—. Cuéntamelo todo.
—Es sólo que, encuentro un poco extraño que mi propio novio me haya estado… evitando toda la noche.
—Oh, no te está evitando. Sólo se está mezclando y siendo sociable.
—¿Así es como le llamas, a que cada vez que me acerco a él, se va a conversar con alguien más? Porque lo ha estado haciendo desde que llegamos aquí.
—Estás loco —Natalie se mofó y le dio un sorbo al vaso de Bill—. Ustedes dos se ven bien, juntos.
—¿Quién está loco? —preguntó Georg, regresando del estudio con una pelirroja a su lado.
—Bill —Natalie le informó—. Piensa que Michael lo está evitando.
Georg miró a la otra habitación, donde Michael estaba rodeado por un puñado de sus amigos.
—Rompe con él —Concluyó el castaño.
—No eres para nada congruente, Geo —Bill rodó los ojos.
—¿Qué? Ustedes no están casados. Si te molesta, rompes con él. Hay miles de peces en el océano gay.
Cuando eran las 11:59, Bill se sorprendió de ver que Michael caminaba en su dirección.
—Finalmente me encontraste —dijo, tratando de no sonar demasiado molesto.
—Quiero mi beso de media noche, bebé —balbuceó Michael como respuesta.
El reloj marcó la medianoche y las manos de Michael fueron directamente al trasero de Bill, mientras se besaban.
—Feliz año nuevo, bebé —murmuró Michael contra los labios del pelinegro.
—Feliz aniversario.
Y ahí, en los brazos de su novio, en el salón de su amigo, Bill pensó en Tom.
& Continuará &
Notas finales de la autora: Los comentarios son como las papitas fritas de Wendy’s
Notas finales de las traductoras: Levante la mano a quien NO le agrada Michael.
Jajaja, apuesto a que somos varias >_< Bueno, vamos avanzando y ahora Tom y Bill se hablaron por teléfono, y no sólo eso, pensaron el uno en el otro, mientras pasaban las fiestas de Año nuevo. Ñiaaa que romántico.
Comenten, porque así sabemos si les gusta la historia. Beshoshs para todos.
