Letters From Home 12

Sé por experiencia, que las fiestas siempre dejan algo jajaja. ¿Qué pasará entre Bill y Tom en un ambiente relajado? Si quieren saberlo, vayan a leer. Beshoshs.

Letters from Home (By Elvisfan)

Capítulo 12

Un par de minutos después de las ocho, Tom tocó el timbre y esperó, dándole una mirada al árbol que estaba al final de la casa, mientras se mecía sobre sus talones. La puerta se abrió y sus ojos se abrieron grandemente ante la hermosa visión frente a él. Fue un cambio drástico, de los pantalones cortos y la playera que Tom había visto bajo la túnica azul en la graduación, ahora el pelinegro lucía un par de jeans azul oscuro muy ajustados y una playera azul, igual de ceñida, junto a una chaqueta de camuflaje. Su maquillaje era más oscuro y más dramático, su cabello corto engominado hacia atrás Y botas de combate negras adornaban sus pies.

—¡Wow!  —Fue todo lo que le ocurrió a Tom. Sus ojos se toparon con los de Bill y pudo ver un brillo de diversión en ellos, mientras el menor daba un paso hacia el exterior y cerraba la puerta detrás de él—. Lo siento —Tom se rió de su propia ineptitud verbal—. Hace mucho tiempo que no he tenido una cita. ¿Es “wow” aceptable?

—Estaré feliz con eso, si tú lo estás —respondió el pelinegro, muy contento con la visión de Tom luciendo esa playera verde y sus relativamente amplios jeans. Eso fue suficiente para darle una perspectiva de la forma del pecho del mayor, pero no quiso ser muy obvio mirándolo descaradamente.

—Creo que puedo aceptarlo.

Tom cerró la puerta de Bill y cuando se sentó en su auto modelo Cherokee; caminó hasta el asiento del conductor y encendió el motor. Bill le dio las indicaciones para llegar a la fiesta y se quedaron juntos las siguientes horas, mientras conducían hasta allí.

Caminaron a la fiesta tomados de las manos. Bill presentó al soldado a las personas que conocía y llegaron a la cocina, para buscar algo de beber y algo para comer. Los ojos del pelinegro se ampliaron al ver la enorme cantidad de comida diseminada sobre la mesa.

—Parece que tu mamá sacó de todo para comer, Casey   —dijo a su anfitriona.

—Oh, Bill. Absolutamente —respondió con una sonrisa la rubia pequeñita, conocida como Casey—. Trajo todo lo de mi lista de compras. Y mi primo compró todo lo de la lista de alcohol —Señalo las botellas del otro mueble—. Cerveza, vodka, tequila, ron. Sírvanse lo que quieran y los fumadores en la terraza, como siempre  —La chica dejó de hablar y se quedó mirando fijamente a Tom, al notar que estaba allí—. ¿Supongo que tú eres el marine?

—Sí, eso creo   —Tom sonrió.

—Casey, Tom. Tom, Casey   —dijo Bill a modo de presentación.

—Encantada de conocerte, Tom. Espero que no te moleste ser el centro de atención esta noche. Después de verlos a los dos en el gimnasio esta tarde, eres la comidilla de las conversaciones. Diviértanse chicos.

Casey se alejó para saludar a otras personas y Bill miró al mayor con cara de culpabilidad.

—Umm, tal vez le conté a algunas personas sobre ti —explicó el pelinegro—. Y ahora, cuando todos nos vieron en la graduación…

—Está bien —aseguró el mayor—. Tengo que admitir que hay algunas personas en Tacoma, que también saben todo sobre ti.

—Que bueno. Eso creo.

—Naturalmente. Y cambiando de tema ¿Los padres de Casey preparan todo esto y luego se las arreglan para escapara durante la fiesta?

—Exactamente —Bill asintió, mientras masticaba unas bolitas de carne de un mondadientes—. Casey es un amor, pero está terriblemente malcriada. Y ella está de acuerdo conmigo. Sus padres fueron a la casa de unos amigos esta noche. Creo que se quedarán allí o en algún hotel por ahí.

—Wow.

—¡Lo sé!

—¿Quieres un trago?

—¿Ron con cola?

—Suena bien.

Tom preparó un trago para cada uno y picotearon un poco más en la mesa de aperitivos, antes de ir a mezclarse con la gente presente en la fiesta. Como fue predicho, todo el mundo estaba pendiente de Tom y era bastante popular entre los amigos de Bill.

Georg llegó un poco antes de las nueve, con una chica que Bill no había visto nunca antes.

—Me detuve a comprar cigarrillos cuando venía para acá  —explicó—,  y ella estaba en la fila, justo detrás de mí, le pregunté si quería ir a una fiesta y…

—Geo, eres terrible   —Bill lo regañó.

—Sólo duermo con las chicas con las que tú nunca dormirás  —aclaró el castaño—. Así que eso, prácticamente es el equilibrio de la balanza.

Tom hizo un ruido de apoyo y Bill lo miró con el ceño apretado.

—Tom, no lo animes.

Bill hizo unas presentaciones más y Tom fue acorralado por un par de chicos que consideraban el unirse a las fuerzas militares. De inmediato, Bill fue arrastrado hacia la cocina por Natalie y unas pocas chicas más.

—Sí chicas  —anunció—. Él es Tom. Sí, él es el chico al que le he escrito todo el año. Y sí, él estaba en el gimnasio esta tarde.

—Y es maravilloso   —agregó Natalie.

—Y es gay    —Le recordó una chica llamada Dana.

—Y es de Bill —comentó Casey con una sonrisa de lado, picando una costilla del pelinegro.

—Chicas, lo acabo de conocer —Bill sonrió al vaso rojo de plástico que tenía en sus manos.

—Oh, por favor  —Natalie, lo molestó—. Has estado loco por él todos estos meses y no creas que no vimos que entraron tomados de las manos. ¿Saben? Tom lo llamó por teléfono   —La chica le contó a las otras—.  Toda esa distancia desde Afganistán.

—Para agradecerme que le envié algunas cosas.

—¿Y luego apareció en tu graduación y te trae a una fiesta donde no conoce a nadie? —preguntó Courtney—.   Sí, él es tuyo.

—Él es…

—Está viniendo para acá   —canturreó Casey—.  ¿Te diviertes, Tom?

—Absolutamente —El mayor puso su brazo en la cintura del pelinegro y fue correspondido—. Es agradable no tener que presentarme. Voy a salir a fumar  —dijo a Bill—.   ¿Quieres venir conmigo?

—Claro.

 

Se quedaron de pie, muy juntos, al final de la terraza, opuestos a donde estaba la mayoría de los fumadores. Compartieron miradas significativas, cada vez que sus manos se rozaban cuando se alzaban para fumar. Sin embargo, alejando su cigarrillo, Tom entrelazó sus manos, detrás de la espalda de Bill, acercándolo más, hasta juntar sus frentes.

—¿Quieres salir de aquí un rato?  —preguntó muy quedamente—. Te traeré de vuelta.

—Sí.

Cogiendo la mano del pelinegro en la suya, Tom lo guió a través de toda la casa. Bill se dio cuenta que Natalie los miraba, cuando cruzaron el salón y alzó su vaso, como señal de triunfo.

—¿Algún lugar en particular al que quieras ir?  —indagó el mayor, cuando llegaban al vehículo.

—Podríamos ir al parque   —Sugirió el menor—.   Está derecho por esta misma calle.

 

Caminaron en silencio hasta un espacio abierto, un par de cuadras adelante, pasada la fuente y el área de juegos de niños, hacia el área de picnic. Bill se sentó en el borde de una de las mesas de picnic, balanceando sus largas piernas. Tom recargó sus caderas en la mesa, junto a él.

—¿Lo estás pasando bien?   —preguntó el menor.

—Sí. Tus amigos son bastante agradables. Georg es… exactamente como lo describiste   —Tom sonrió de lado.

—Pero es un buen chico.

—Lo sé.

—¿Cómo te ves con… pelo? —Bill murmuró de repente, después de un silencio extraño.

Tom se rió ante la pregunta y sacó su billetera, sacando su licencia de conducir.

—¡Tenías rastas!

—Odié ver como las cortaron —contestó Tom, deslizando la foto de vuelta en su billetera y esta al bolsillo—. Probablemente debería volver a tomarme estas fotografías.

—¿Te las vas a volver a hacer?

—Seguramente no. Aunque me dejaré crecer un poco más el cabello, ya que no tendré a los de la compañía para volver a cortarlo.

—Luces bien con pelo —Bill se dio cuenta instantáneamente de su desliz—. Quiero decir… que ahora igual… —Mentalmente, el menor se estaba pateando. Sonrió bobamente a Tom, antes de desviar la mirada al piso.

Ambos estaban en silencio, los dos nerviosos con la esperanza de lo que podría pasar. Las manos de Bill, estaban a ambos lados de él y su estómago se volvió loco, cuando Tom cogió una de ellas y la llevó al frente.

—Tom… —Empezó, tragando el nervioso nudo de su garganta—. ¿Tom, no estoy loco, verdad? Quiero decir, nos acabamos de conocer, pero… ¿Hay algo aquí, entre nosotros?

Tom miró sus manos, entrelazando sus dedos y dando a Bill un ligero apretón, mientras alzaba la vista para mirarlo de frente.

—No estás loco. En verdad, no puedo describir… esto que siento por ti  —Levantó su mano al cuello de Bill, y luego con su pulgar acarició la línea de la mandíbula del chico—.   Pero es real y creo que podríamos tener algo hermoso, juntos.

—Yo también lo creo.

Los dos se acercaron y sus labios gentilmente se tocaron, conociéndose el uno al otro, antes de presionar más firme. Tom acunó la parte trasera del cuello de Bill, al requerir entrada, la que el pelinegro estaba más que ansioso de entregar, abriendo sus labios y recibiendo con la suya, la lengua del otro hombre.

Tom dio un paso al frente para intensificar el beso. Gentilmente sujetó la cintura del pelinegro, al presionar más profundamente, explorando intensamente la boca de Bill. Los brazos del menor estaban colgando en el cuello del otro, respondiendo ansiosamente a los movimientos del mayor. Gimió suavemente, gozando de la deliciosa sensación de la lengua de Tom, frotándose sensualmente sobre la suya. Este era por mucho, el mejor beso que jamás había dado.

Y demasiado pronto, Tom rompió el beso. Ambos estaban jadeantes, al encontrarse con los ojos.

—Deberíamos regresar a la fiesta —dijo Tom exhalando, casi lamentando la separación, cuando sus frentes se juntaron.

Bill asintió y Tom saltó, bajando de la mesa. El mayor lo volvió a besar brevemente y rió silenciosamente, cuando Bill sacó de su bolsillo un tubito de gloss y se re-aplicó en los labios. Reclamó la mano del pelinegro y emprendieron el camino de regreso.

—¿Sabes? Nunca me mencionaste el piercing de la lengua —Tom lo molestó de vuelta.

—¿En serio? —Bill balanceó las manos entre ellos—. Estoy seguro que te conté en una  de mis cartas.

—No. Lo habría recordado.

 

Entrando nuevamente a la casa de Casey, se toparon con Georg, quien venía descendiendo del segundo piso con la chica que había llevado. Brevemente, la rubia les sonrió a Bill y a Tom y salió de la casa.

—Hola chicos  —El castaño los saludó, aparentemente sin tener idea que ellos habían desaparecido un momento—. La primera habitación de la derecha está libre, por si la necesitan   —Le guiñó un ojo.

—¡Geo!  —Bill resistió las ganas de darle un puñetazo a su amigo, a la vez que trataba de ocultarse detrás de Tom, completamente avergonzado.

—Una oferta muy generosa, Georg —contestó Tom, sonriendo ante la actitud del pelinegro—.   Sin embargo, ya me tengo que ir.

—¿En serio? —Bill miró a Tom sorprendido, con los brazos del mayor aún en su cintura.

—Deberías divertirte con tus amigos esta noche. Además, todavía me estoy acostumbrando al cambio de horario y tengo que recuperar el sueño.

—Bien  —Bill arrugó la nariz, al dejar que Tom se fuera—. ¿Me llamas mañana? —preguntó con esperanzas.

—Definitivamente.

—Juguetonamente, Bill cogió el cuello de la playera de Tom, tirándolo para darle un beso final.

&   Continuará   &

Notas finales de la autora: Los comentarios son como despertar un sábado, después de una horrible semana de trabajo.

YO: ¡AAhh! Griten conmigo, se besaron. Yo sabía que la fiesta sería algo especial. Mientras hago el baile de la victoria, muevan sus deditos para dejar un comentario. Beshoshs y hasta el siguiente capítulo

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