Escort 26

“Escort” Fic de Gaja. Traducido por Elle-R

Capítulo 26

Bill tarareaba en voz baja para sí mismo mientras se ponía su maquillaje, extendiéndolo en capas más oscuras de lo normal para la noche. Estaba de buen humor, la tarde que pasó con Tom había sido más agradable de lo que había previsto, y a pesar de que no quería irse a prepararse para el trabajo, y Tom tampoco deseaba realmente dejarlo ir, se alegraba de no tener que pasar otra larga noche siendo penetrado por algún hombre de negocios anónimo que parecía verlo más como un juguete sexual que como un compañero dispuesto. En su lugar, pasaría la noche –si su lista de solicitudes era correcta– con una atrevida mujer joven alrededor de su propia edad. Eso no quería decir que estaba particularmente interesado en ello, prefería pasar su noche con Tom yendo de un club a otro y retirarse a una de las pequeñas salas de arriba que habían empezado a gustarle mucho, pero era bueno poder tener la oportunidad de verdaderamente tener sexo con su novio de nuevo sin que el trabajo se interponga.

Poniendo un poco de blanco en sus párpados, Bill se echó hacia atrás y admiró la vista. Se veía bien, pensó. Un poco de un pálido brillo de labios completó su maquillaje, y Bill se dirigía hacia la puerta cuando el trabajo llamó para recordarle que tenía una reserva pronto. Al colgar, se puso sus botas y el abrigo, dándose un último vistazo antes de salir al aire frío de invierno.

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Bill siguió tarareando para sí mismo mientras arreglaba la habitación, metiendo viejos y aburridos adornos en los cajones de las cómodas, y colocando pequeñas cosas art déco que a él le gustaban, con la esperanza de que a su cliente de la noche también le gustarían. Incluso le dio a la habitación un pequeño chorrito de colonia, añadiéndole un ligero toque de masculinidad que el espray estándar de lilas que el hotel utilizaba en realidad no poseía. A sus ojos, todo parecía listo, ordenado pero no meticuloso, limpio y confortable.

Hurgando en su bolso, Bill se aseguró de tener un condón listo, metiéndolo de encubierto junto a la lámpara de la mesilla para facilitar su recuperación cuando llegara el momento. Estaba tan preparado como podía, y ahora todo lo que tenía que hacer era esperar.

Por suerte no tuvo que esperar mucho tiempo, el reloj se puso en la hora y el golpe en la puerta llegó menos de tres minutos después. Poniéndose en pie, Bill alisó la parte delantera de su camisa y puso una sonrisa, abriendo la puerta.

La sonrisa de Bill no duró una vez que se abrió la puerta, sorpresa se adueñó de su expresión antes de que pudiera darse cuenta. —¿Kat? —preguntó, haciendo rápidamente la conexión entre ella y la anterior anónima “Katherine” que lo había reservado.

Kat ladeó la cabeza hacia un lado, mirando a Bill con la misma cara confundida que Bill estaba seguro de que él también tenía. —¿Bill? ¿Eres un masajista?

—¿Qué? —Bill le preguntó.

—Un masajista. —Kat repitió, pasando junto a Bill y mirando alrededor de la habitación de hotel. —Richard me dijo que conocía a un gran chico y me organizó una cita para hoy. No pensé que serías tú.

—¿Qué? —Bill preguntó, cerrando la puerta por costumbre.

—Aunque, ahora que lo pienso, es un poco raro que Rick no mencionara que se trataba de ti. Él sabe que nos conocemos —dijo Kat frunciendo levemente el ceño, absorta en sus pensamientos.

Apoyándose contra la puerta, Bill pensó en la infinidad de formas en que asesinaría a Rick si se le daba la oportunidad. La mayoría de ellas eran lentas e incesantes, y unas pocas implicaban algún tipo de castración. —¿Qué te dijo exactamente?

—Le estaba contando sobre el trabajo y cómo mi jefe ha estado siendo un idiota últimamente y cómo me vendría bien un poco de mimos, intentando dejar caer un par pistas, ¿sabes? —dijo Kat, sentándose en el borde de la cama. —Dijo que sonaba estresada y que conocía a un tipo que sin duda podría liberar todo mi estrés. Dijo que eras muy bueno.

Bill se deslizó por la puerta para sentarse de piernas cruzadas en el suelo. —Sin embargo, para ser exactos no dijo “masajista”, ¿verdad?

—Bueno, no, en realidad no. Yo sólo asumí esa parte.

—¿Y no pensaste que era extraño que la cita fuera en un hotel?

Kat frunció el ceño. —No sabía que era en un hotel hasta que llegué aquí. Rick sólo me dio una dirección, el número de la suite y la hora que tenía que estar aquí. En cierto modo me pareció que tal vez se trataba de un spa en el hotel. Es un hotel muy agradable, después de todo.

—Uh huh… —dijo Bill distraído, dando un pequeño asentimiento.

Frunciendo el ceño para sí misma, Kat fue a sentarse en el suelo enfrente de Bill, tocando ligeramente su rodilla. —Bill, cariño —dijo ella en voz baja, trayendo de vuelta su atención de los pensamientos que estaban pasando por su cabeza. —¿Qué haces aquí?

Bill suspiró suavemente, pasándose una mano por el pelo. —Trabajo aquí —dijo Bill, esquivando la pregunta por costumbre.

—Bill…

—Yo… —Soltando un jadeo, Bill dejó caer su cabeza contra la puerta con un golpe sordo. —Esta es probablemente la última manera en que quería que alguno de ustedes se entere de esto —dijo al fin, mirando el techo blanco de encima.

—¿Enterarse de qué? —preguntó Kat. —Quiero decir, vamos, no puede ser tan malo. No es como si fueras, no sé, un puto o algo así.

Bill se estremeció, avergonzándose internamente. —En realidad no usamos ese término —dijo bajito, dejando que su mirada regresara de nuevo a Kat.

La mandíbula de Kat descendió por un momento antes de darle un manotazo a Bill en el brazo. —Estás mintiendo. Vamos, dime.

—No es una mentira —respondió Bill, rascándose los lados cortos de su cabello. —Soy un escort. La gente me paga para satisfacerlos aquí —dijo él, consiguiendo otro manotazo de Kat. —¡Ay!

—No estás siendo gracioso.

—No estoy tratando de ser gracioso —replicó Bill.

—Pero tú eres… eres Bill—exclamó Kat. —Tú eres demasiado…

—¿Emocionalmente distante? —sugirió Bill. —¿Demasiado soltero? ¿Al parecer demasiado desinteresado en el sexo repentino? ¿Demasiado tranquilo acerca de mí trabajo cada vez que empezábamos a hablar de trabajo antes?

Kat jadeó, su boca abriéndose y cerrándose sin emitir ningún sonido por un momento. —¿Por cuánto tiempo?

—Un poco más de cinco años.

—¿Empezaste cuando éramos novios?

Bill asintió suavemente. —No pensé que lo entenderías, y necesitaba un trabajo —explicó él. —No quiero lastimarte.

—¿Así que lo escondiste de todos nosotros durante todo este tiempo? —preguntó Kat, dolor se leía claramente en sus ojos.

—Sabía que te molestarías, y Angela, dios, Angela. Sabes que ella nunca parará de preguntarme acerca de las cosas. Terminaré contando todas las noches aquí. Tú conseguirás estar harta de oírlo y eso pasó hace mucho tiempo. A Jarret sin embargo no le habría importado. Yo sólo pensé que sería mejor para todos si me lo guardaba para mí mismo.

Kat frunció el ceño, cepillando su largo cabello oscuro hacia atrás sobre su hombro. —Si estás diciendo la verdad, eso significa que en cierto modo tienes que hacer todo lo que te pida, ¿no es así?

Bill se mordió el labio inferior, su ceño frunciéndose levemente. —Dentro de lo razonable, y sólo si ya está establecido en el anterior cuestionario de reserva —dijo él. —Sin sorpresas desagradables.

—¿Así que si te dijera que me beses, tendrías que hacerlo?

En silencio, Bill asintió.

Poniéndose de rodillas, Kat se inclinó más cerca de Bill, con las manos apoyadas en sus hombros. —Entonces bésame.

Bill miró a Kat desesperado, buscando en su rostro alguna indicación de que ella no estaba más que burlándose de él a su costa. Recordó la expresión seria de sus ojos oscuros que ella le había dado demasiado bien desde que habían estado juntos tantos años atrás, y se le rompió un poco el corazón por estar viéndola ahora. Suavemente Bill puso una mano en la nunca de Kat, sus dedos enredándose en su cabello, y cerró los ojos, inclinándose hacia adelante hasta que sus labios apenas se tocaron.

Afortunadamente, eso fue lo más lejos que llegó el beso; un suave roce de labios y luego Kat retrocedió sorprendida. —¿Vas en serio, verdad? —ella preguntó bajito.

—¿Por qué mentiría sobre esto? —preguntó Bill, decidiendo mandar a la mierda las normas del hotel y alcanzando su bolso, sacó un muy necesitado cigarrillo y lo encendió.

—No lo sé. Porque está tan… mal. No se supone que seas un puto….

—Escort —corrigió Bill.

—Se supone que tienes que ser Bill. El dulce, bonito y maquillado Bill. Se supone que debes ser… diferente —dijo Kat frunciendo levemente el ceño.

Bill lo frunció también. —Sigo siendo yo. Tener un trabajo poco común no cambia quien soy.

—¡Pero lo hace! —dijo Kat, poniéndose en pie y caminando de un lado a otro. —Quiero decir, pensé que nos separamos debido a algún tipo de problema de compatibilidad, no porque querías salir y follar por dinero.

—Nunca dije que quería —replicó Bill, poniéndose en pie también. —Simplemente tuvo sentido aceptar el trabajo. Tú más que nadie sabe lo mucho que me gusta echar un polvo, por lo que poder hacer eso y que me paguen por ello parecía como ganar la lotería. Rompimos para que no tengas que lidiar con el pensamiento de que te estaba engañando. Estaba tratando de hacer lo que yo pensaba que era lo mejor.

—¿No pudiste encontrar algún otro trabajo normal en vez de este? Yo podría haberte conseguido un trabajo en mi oficina si tanto necesitabas uno.

Bill suspiró, dando una calada a su cigarrillo. —Lo intenté. Dondequiera que iba me rechazaban porque no tenía suficiente experiencia o referencias. Entregué cientos de aplicaciones en esta estúpida ciudad y el único lugar que me contrataría era una tienda de comestibles de mierda. Esto es mil veces mejor que eso.

Kat frunció el ceño, cruzando los brazos sobre su pecho.—¿Tom lo sabe?

—Por supuesto que sí.

—¿Y?

—¿Y qué? —preguntó Bill.

—¿Y está de acuerdo con todo esto? Estás dando algo que solamente debería ser suyo, después de todo.

Bill la fulminó con la mirada. —Él entiende que tengo que hacerlo.

Kat negó con la cabeza. —Ustedes dos están locos —dijo ella, empujando a Bill mientras se dirigía a la puerta.

—Kat, vamos —dijo Bill, extendiendo la mano y tocando su brazo. Honestamente había esperado una reacción así de Kat si alguna vez ella se enteraba, pero eso no hacía que duela menos cuando estaba sucediendo en la vida real.

—No —dijo Kat, sacando su brazo de debajo de las garras de Bill. —Te amé, idiota, y me dejaste por esto —dijo ella, deteniéndose y señalando la habitación del hotel—, y por algún bastardo enfermo que probablemente se excita ante el hecho de que estás dispuesto a hacerte una paja para cualquier persona con un fajo de billetes que aventar en tu camino.

—Kat…

—Tienes que dejarme en paz por un tiempo —dijo Kat con tristeza, una lágrima deslizándose libremente por su mejilla y provocando que Bill tenga que estrechar sus manos a sus costados para no llegar a quitársela. —Necesito tiempo.

Bill asintió en silencio, dando un paso hacia atrás para permitir que Kat se marche, la puerta cerrándose entre ellos. Sollozando un poco, Bill se dirigió a la ventana, levantó la hoja de la ventana y dejó que el aire frío entre y aleje el olor a humo que había dejado flotando en la habitación.

De forma mecánica recogió sus cosas, arrojándolas dentro de su bolso y reemplazando la decoración del hotel a su paso, incluso recordó recuperar el condón innecesario de la mesilla para ponerlo también con el revoltijo de cosas en su bolso. Bill estaba temblando mientras lo hacía, cerró la ventana antes de ponerse su abrigo de nuevo y marcharse. Necesitaba otro cigarrillo, tal vez veinte, y un fuerte trago ahora mismo. Sin embargo, más que eso, necesitaba a Tom. Sólo tenía que averiguar dónde estaba.

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Le tomó a Bill tres paradas –y cuatro copas– para finalmente localizar a Tom en su club de hip hop. Abriéndose paso entre la multitud, Bill encontró a Tom detrás de la barra, tomando un rápido inventario del suministro necesario para la noche.

—¡Tom! —lo llamó Bill, inclinándose sobre la barra y agitando las manos hasta que captó la atención de Tom, luego lloriqueó en alto ante la sonrisa alegre que Tom le dio a cambio.

—Hey, cariño, ¿qué pasa? —Tom le preguntó alegremente, apoyando los codos sobre la barra mientras miraba a Bill.

—Tengo que hablar contigo —dijo Bill rápidamente.

La sonrisa de Tom flaqueó cuando captó el tono de Bill y la expresión de su rostro. Asintiendo, salió de detrás de la barra y cogió a Bill por el codo a su paso, y lo llevó hacia la familiar puerta de “Solamente Empleados” que conducía al despacho de arriba. Tom apenas consiguió cerrar la segunda puerta detrás de ellos cuando se encontró con un montón de Bill, la cara de Bill presionada contra su hombro. —¿Qué pasa?

—Se trata de Kat. —Bill lloriqueó, aferrándose tanto a Tom como físicamente fuera posible, casi abrumado ante la necesidad de ser sostenido en ese momento.

Con delicadeza, Tom acarició el pelo de Bill, pasando sus dedos por los mechones suaves ocultos bajo la habitual laca para el cabello de Bill. —¿Qué pasa con Kat?

—Mi reserva de esta noche. Era Kat. —Bill repitió triste, la cálida presión de Tom contra su pecho pasó a través de su abrigo hasta llegar a su piel fría. —Ese hijo de puta de Richard me citó con ella. Yo no sabía que iba a ser ella hasta que abrí la puerta.

—¿Esto requiere alcohol, verdad? —preguntó Tom en voz baja, consiguiendo un asentimiento de Bill.

Dejando a Bill en la cama pequeña, Tom se acercó a su escritorio y rebuscó en un cajón hasta que encontró una botella medio llena de tequila y regreso con ella a Bill.

—No puedo creer que ese imbécil hiciera eso —se quejó Bill, destapando la botella y tomando un trago directamente de ella, tosiendo una vez antes de continuar. —Ahora ella está enojada conmigo por no decir nada, y ella probablemente va a ir y decirle a Angela mañana y puf. —Apoyándose contra el costado de Tom, Bill suspiró. —Las consecuencias de esto van a ser horribles y todo es culpa de ese cabrón.

Tom se mordió levemente los labios, decidiendo si debía mencionar que Bill realmente podría haberles dicho todo antes y entonces él no estaría en esta posición. —Deberías haberme dejado darle un puñetazo —dijo a la ligera, alegrándose cuando recibió una risita de Bill.

—Sabiendo que Kat probablemente ya sumó dos más dos, ella está en camino de romperle la nariz en este momento —dijo Bill, tomando otro trago. —Así no es como yo quería que ellos se enteren.

—Lo sé, Bill —dijo Tom, pasando un brazo por los hombros de Bill. —Sin embargo, todo irá bien.

—¿Cómo? —preguntó Bill enfurruñado. —Ahora todos lo van a saber. Angela va a volverme loco por esto. Y luego estás tú, y todos van a preguntar por qué estás de acuerdo con ello cuando, oh dios, nadie debería estar de acuerdo con ello. —Arrimándose contra el hombro de Tom otra vez, Bill suspiró. —Gracias por no ponerte raro.

—De nada —dijo Tom, besando la parte superior de la cabeza de Bill.

—¿Puedes… podemos quedarnos aquí esta noche? —preguntó Bill en voz baja, acariciando con sus dedos el final de una de las trenzas de Tom. —En cierto modo lo único que quiero es emborracharme y estar contigo, y olvidar lo horrible que todo esto podría llegar a ser, al menos por un rato. —Frotando su nariz contra la mejilla de Tom, Bill puso un besito allí. —Necesito que te quedes conmigo esta noche —susurró Bill con sinceridad.

—Bien —dijo Tom bajito, asintiendo suavemente.

Subiendo al regazo de Tom, Bill se envolvió a su alrededor, sacándose la chaqueta a su paso y dejándola tirada en el suelo. —Te amo —susurró Bill, apenas lo suficientemente alto para ser escuchado, el sonido de él tomando otro trago era más fuerte que sus palabras. Relajándose, Bill tomó la barbilla de Tom en su mano, observando su rostro antes de inclinarse y darle un beso con sabor a alcohol. —Eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.

Inclinando su rostro para encontrarse con el de Bill, Tom dejó que Bill tome todos los besos que necesitaba para tranquilizarse, y se recostaron en la cama en un largo, lento y perezoso encuentro para amarse, algo que funcionaba mejor para calmar a Bill que cualquier cantidad de alcohol.

Continuará…

Bueno, las cosas se han puesto feas para el pobre de Bill, ya veremos si se soluciona. Espero les haya gustado el capi, mi parte preferida es el final, ¿y la de ustedes?

Nos vemos 🙂

Elle R.

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