Escort 25

Escort 25

“Escort” Fic de Gaja. Traducido por Elle-R

Capítulo 25

Bill se deslizó lentamente sobre Tom, ralentizando cada movimiento tanto como pudo. Con las manos apoyadas en el estómago de Tom, Bill se empujó hacia abajo lo más que pudo, meciendo sus caderas antes de ascender con un suspiro contenido. Hacía semanas que no había podido estar con Tom así. Por algún motivo que Bill todavía tenía que comprender, el trabajo siempre lo mantenía bastante ocupado hasta que las vacaciones llegaran. Aparentemente había algo en el afán de gastar dinero que hacía que la gente piense menos en pasar tiempo con la familia, y más en querer follar a alguien por un precio. Siempre que Bill tenía una noche libre últimamente, estaba demasiado adolorido como para hacer algo más apasionado que acurrucarse con Tom, no importaba cuánto él deseara hacer mucho más, y, dios, cómo deseaba hacer más. Bill deseaba esto. Deseaba moverse encima de Tom por horas, días, semanas, meses y meses. Deseaba poder mirar la cara de gozo de Tom –sus labios abiertos y la sombra de sus pestañas mientras revoloteaban contra sus mejillas– cada minuto de cada día durante el tiempo que le fuera posible.

Bill sonrió levemente cuando Tom pasó sus manos por sus muslos, provocando que la piel de Bill hormiguee en todas las partes donde él tocaba. Bill había extrañado esto mucho más de lo que había creído posible. Había follado más que nunca últimamente, y no importaba cuán bueno fuese, cuán agotador, una que vez se habían ido Bill se encontraba deseando algo más. Quería abrazos y besos, y a alguien que frote círculos lentos y suaves en la parte baja de su espalda mientras escuchaba los latidos de su corazón hasta quedarse dormido. Al final, siempre anhelaba a Tom. Sin embargo, no se atrevía a ir con Tom después de eso, incluso si él lo quería. La idea de acostarse con Tom, toda la piel caliente y los labios suaves, cuando todavía estaba resbaladizo y dilatado para dar cabida a otra persona, causaba que Bill se sienta un poco enfermo.

En su lugar se iba a su solitario departamento, se metía en la ducha y pensaba en Tom mientras se masturbaba otra vez, o mejor dicho, deslizaba un juguete dentro de sí mismo y fingía hasta correrse de nuevo. No era inmejorable –no era Tom– pero era lo suficientemente cerca como para calmar la situación hasta que pudiera acurrucarse debidamente en torno a Tom al día siguiente.

Bill dejó escapar un pequeño gemido cuando Tom se impulsó hacia arriba dentro de él, empalándose más fuerte en Tom hasta que éste gimió de nuevo para él. Tom se sentía tan bien en su interior, llenándolo exactamente de la manera que ahora ansiaba todo el tiempo. Era un distracción, pero lo que realmente hacía que Bill se asombrara era el hecho de que no le importaba. La frustrante, molesta y constante presencia de Tom en la mente de Bill ya no era ninguna de esas cosas. Disfrutaba que Tom lo distrajera, acechando alrededor de los bordes de sus pensamientos y saltando al primer plano gracias a las cosas más fortuitas. Bill apenas podía oler arándanos sin sonreír sólo un poco.

—Bill —dijo Tom con voz urgida, agarrando las caderas de Bill mientras éste se masturbaba, devolviendo completamente la atención de Bill de nuevo a él mientras se corría.

Con una sonrisa de satisfacción, Bill meció sus caderas de la manera que sabía que a Tom le gustaba, observando el rostro de Tom mientras cabalgaba hacia su orgasmo. Inclinándose, Bill pasó sus dedos por la mejilla de Tom, consiguiendo un sonrisa perezosa a cambio que hizo que el corazón de Bill palpite más fuerte en su pecho. Desplazándose libre de Tom, Bill se acurrucó contra su costado, tocando las trenzas de Tom con sus dedos mientras enterraba su cara en un lado de su cuello.

Estirando un brazo, Tom jaló a Bill más cerca de él, acariciando el costado de Bill mientras éste murmuraba algo en la unión del cuello y el hombro de Tom. —… ¿el paisaje? —preguntó Tom, confundido, acariciando el duro hueso de la cadera de Bill y mirando las cortinas cerradas sobre las ventanas en la habitación.

Frotando su nariz contra el cuello de Tom, Bill puso un beso en él antes de alejarse. Mirando a Tom, Bill respiró hondo y acarició de nuevo la mejilla de Tom suavemente. —Te amo.

—¿En serio? —preguntó Tom sorprendido, una lenta sonrisa se extendía por su cara.

—En serio —dijo Bill con una sonrisa de las suyas. —Estás bien con eso, ¿verdad?

Volteando a Bill sobre su espalda, Tom lo besó apasionadamente. —Completamente bien con eso —dijo Tom, poniendo besos a lo largo de la mandíbula de Bill. —He estado esperando siglos para que tú lo digas primero.

—¿Qué?

—Te amo, también. Sólo quería que lo digas primero —dijo Tom, besando el hundimiento entre las clavículas de Bill.

—¿Y si no lo hubiera hecho? —preguntó Bill, inclinando la barbilla hacia atrás para que Tom pueda dejar besos en su cuello y su mentón.

—Te habría persuadido por nuestro primer aniversario o algo así. O si hacías algo más entrañable y se te escapaba.

—¿Cómo hacértelo muy bueno? —sugirió Bill, dando un pequeño contoneo para Tom.

—No —le reprendió Tom, besando la punta de la nariz de Bill. —Como traerme frescos y calientes muffins en la mañana. O venir a las 6 am un sábado sólo para poder acurrucarte conmigo y dormir unas cuantas horas más. O alentarme a tomar baños de burbujas mirando la puesta de sol —continuó Tom con una sonrisa, pasando una mano por el cabello de Bill.

Bill no pudo evitar derretirse por dentro, envolviendo sus brazos alrededor del cuello de Tom y abrazándolo. —De verdad que a veces eres demasiado dulce. —Bill dijo en voz baja, mordiendo el hombro de Tom.

—Es por todos los muffins. —Sonriendo ampliamente, Tom besó a Bill en un lado de la cabeza y se alejó. —Déjame deshacerme de esto —dijo él, asintiendo hacia el condón que aún no había tenido la oportunidad de quitarse—, y luego podremos acurrucarnos, ¿de acuerdo? Sigo preocupado de que si me acuesto junto a ti, se va a salir y matara todo el ambiente.

—Oh, bien. —Bill se enfurruñó falsamente, mordiéndose el labio inferior para contener una sonrisa. —¿Volverás pronto?

—Por supuesto —dijo Tom, apartándose de Bill y de la cama. —Te amo.

—Ídem. —Bill dijo cuando Tom se adentró en el cuarto de baño. Estirándose en la cama, Bill sonrió alegremente. Era amado y eso era sin duda un buen sentimiento; le hacía sentirse cálido y seguro, y sobre todo, feliz. Era un sentimiento que Bill no se había dado cuenta de que prácticamente echaba de menos, y uno al que no pensaba renunciar sin luchar.

Regresando con Bill, Tom se acurrucó contra él una vez más, jalando un suave y grueso edredón encima de ellos. —¿Me extrañaste?

—Por supuesto. —Bill ronroneó, acurrucándose piel con piel junto a Tom.

Continuará…

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