
Notas de la autora: 5 capítulos de los 5 capítulos del EP de Billy.
Fic TWC de ladyaradia
Capítulo 1: California High
Encontré a alguien delicioso como tú,
encontré a una chica, creo que ella me gusta también.
Esta noche es la noche, vamos a dar un paseo,
quiero ahogarme en tus ojos de California
Conduzco rápido, necesito desacelerar
Ya he visto esta carretera que va y regresa a la vez
no me importa, bailaré solo,
somos jóvenes y estamos a medio camino de casa.
Estoy de humor, dime lo que quieres hacer,
Dejamos una nota: disfrutar la vista montañosa;
como superhéroes, agarramos las estrellas y la luna.
Hemos conseguido esta última noche
con nuestras manos bien alto,
Hazme sentir vivo cuando mi mente es tu esclava
(no buscando amor, solo buscándote a ti)
He conseguido esta última noche,
no he hallado nada para esconder,
Bebé, deja la timidez porque mi beso no te mentirá
(no buscando amor, solo buscándote a ti)
Llevo lentes de sol toda la noche,
nuestra piel resplandece por la roja luz del tráfico
y si me sientes, que nuestros cuerpos colisionan,
quiero zambullirme en tu embriaguez de California.
Estoy de humor, dime lo que quieres hacer,
Dejamos una nota: disfrutar la vista montañosa;
como superhéroes, agarramos las estrellas y la luna.
Hemos conseguido esta última noche
con nuestras manos bien alto,
Hazme sentir vivo cuando mi mente es tu esclava
(no buscando amor, solo buscándote a ti)
He conseguido esta última noche,
no he hallado nada para esconder,
Bebé, deja la timidez porque mi beso no te mentirá
(no buscando amor, solo buscándote a ti)
Hey, embriágame, Hey, embriágame,
He conseguido esta última vez,
embriágame, no he hallado nada para esconder,
Hey, bebé, deja la timidez
embriágame, porque mi beso no te mentirá
.
(Fines de agosto de 2010)
Despertó con un fuerte dolor de cabeza y algo confundido, pero al mirar a su lado todo lo ocurrido volvió a su mente: allí estaba ella, desnuda, boca abajo, con el pelo suelto cubriéndole la espalda.
Se incorporó como si algo hubiera atravesado su pecho provocándole un dolor insoportable: ¡Oh, no, Tomi!; la imagen de él contorsionada por el sufrimiento se presentó ante sus ojos como si la estuviera viendo en realidad, allí. ¡No, no, Tomi!, gritaba interiormente, sin elevar su voz. Se apretó las sienes y saltó de la cama.
Sin mirar hacia la mujer de nuevo, se fue a la ducha. Se sentía sucio y canalla; la peor persona del mundo. ¿Cómo? ¿Cómo había podido hacer eso? Justamente él, que se jactaba todo el tiempo ante todos de poner el Amor por delante de cualquier otra cosa, de poner a Tom por delante de cualquier otra persona. ¿Y ahora? ¿Qué iba a pasar cuando Tom se enterara de lo que él había hecho?, ¿alguna vez sería capaz de perdonarlo?
Bill quería culpar a su embriaguez de la noche anterior, a alguna droga que esa mujer puso en su copa, y puede que todo eso fuera verdad, pero en su interior sabía que él era el principal culpable: él coqueteó con ella, él le dio a entender que tendrían sexo…
Había estado enojado con Tom por no acompañarlo a California, y luego porque Tom no atendía sus llamadas: odiaba no tener el control sobre lo que él estaba haciendo, que Tom se rebelara a alguna de sus decisiones; ya alguna vez había perdido la cabeza por eso y terminado por golpearlo mientras Tom no se defendía, solo lo miraba con sus ojos acuosos y llenos de angustia, y Bill entonces percibió que estaba siendo un maldito abusador dominante.
Pasó mucho tiempo en la ducha, dejando que el agua caliente se mezclara con sus lágrimas de arrepentimiento, de culpabilidad. Ojalá tuviera amnesia post-resaca, pero no…; recordaba perfectamente todo lo que hizo con ella, y haberlo disfrutado salvajemente, con ese placer instintivo animal que todos tenemos dentro. Y a juzgar por las reacciones de ella, le había sido también muy satisfactorio.
Sí, Bill sabía que era bueno en el sexo; lo había comprobado ya a sus trece años con varias novias mayores y, por cierto, cuando Tom se enteró de eso estuvieron peleando por varios meses. Tom; él era virgen entonces, porque a la hora de la verdad no era capaz de avanzar con las chicas más allá de un beso o un toqueteo sobre la ropa. Sin embargo, Bill era todo un seductor empedernido que aprovechaba cualquier buena oportunidad para satisfacerse. Su look andrógino no era un impedimento; tal vez lo favorecía porque hacía a las chicas sentirse más confiadas su lado. Pero no se había enamorado de ninguna de ellas; no le era posible hacerlo porque creía que eso era traicionar la profunda conexión que compartía con Tom. Una cosa sí tenía clara desde siempre: Tom era lo más importante para él, su persona especial. Y Tom no era capaz de tener sexo con nadie: así se lo echó en cara en su peor pelea de adolescentes cuando terminaron golpeándose en el piso de su habitación. —¿Aún no lo entiendes, idiota? No quiero a nadie más que a ti; yo… te necesito, Billy — de repente, Tom lo besó, en los labios, con ternura, y Bill sintió algo completamente nuevo. Era deseo, sí, pero también unas cosquillas dentro de su pecho, una extraña sensación en su vientre que era agradable y a la vez dolía. Siempre supo que amaba a Tom —claro que sí, él es mi gemelo—, pero esta era otra clase de amor, del tipo que no había sentido nunca antes, y estuvo casi seguro no sentiría nunca más. Lástima que Tom no lo tuviera tan claro, porque estuvieron buscándose y evitándose en un juego de enamorados adolescentes hasta casi cuatro años después de eso, solo porque Tom tenía miedo. Tom tenía miedo de lo que sentía; de que su mamá se enterara y lo odiara por perverso; pero sobre todo tenía miedo de entregarse a Bill, el experto e insaciable mujeriego, y ser herido tarde o temprano. No obstante, fue el propio Tom quien tomó la decisión de que fueran una pareja, una pareja de verdad, de amantes, aquel 2 de mayo de 2007 tras volver del concierto en Oberhausen. Esa noche hicieron el amor sin cansancio, y por primera vez Bill dejó que alguien entrara en su cuerpo; ofrendándole a Tom esa parte suya intocada a cambio de la pureza de él, de su inocencia, que le entregara hacía unos meses atrás, en aquel bungalow 483 en España. Luego se hicieron promesas; juraron que jamás se herirían uno al otro, que no se darían celos ni se traicionarían…
Bill golpeó la pared con su puño cerrado.
—Lo siento, Tomi. Yo no… no te merezco. ¡Soy una mierda de persona! Pero no puedo dejarte ir; si te pierdo, me moriré.
—¿Bill? ¿Estás hablando conmigo? —ella estaba ahí; Bill se envolvió en una toalla rápidamente—. Debiste avisarme y nos habríamos duchado juntos. Dios, estoy… Me dejaste exhausta. Eres tan… —se le acercó.
—¡Cállate! ¡Y no me toques! —él se escurrió apurado mientras ella lo miraba asombrada.
—¿Qué te pasa? Anoche fuiste muy diferente conmigo; todos estos días… Me arriesgué por ti, por esta noche contigo; yo… incluso podría perder a mi prometido.
—Y te lo merecerías, por puta…
—¡Bill! ¡Estás siendo cruel!, e injusto.
—No lo creo. ¿Qué me diste anoche? ¿Éxtasis? Esclavizaste mi mente, maldita zorra; no podía pensar con claridad.
—Disfrutaste de la vida, y no veo por qué no podrías hacerlo, eres joven…
—Demasiado joven para ti. Aún no cumplo 21 y aquí en U.S.A. serías una ofensora sexual si yo te acusara.
—¿Qué? No harás eso.
—No lo haré. No hablaré de esto, haré como que nunca pasó… si tú haces lo mismo. Nadie puede enterarse, ¿entiendes?
—Está bien —ella tragó en seco; aún sin entender por qué Bill la estaba tratando de ese modo—, pero hay personas que nos vieron en el club, juntos, bailando, y saben que vine a tu habitación contigo: Natalie, David, Benjamín, Dennis, quizá otros más.
—Yo me ocupo de mi gente; tú… mantén tu boca cerrada. Ahora… límpiate y sal de aquí, lo más rápido que puedas.
Bill se puso una bata y salió a la terraza a fumar. Lo único en que podía pensar era que Tom no podía enterarse de lo que había ocurrido, de su… traición. Unos minutos después creyó oír sollozos de ella y un azote en la puerta. Justo después de eso, como sincronizado, su teléfono sonó y supo sin mirarlo que era Tom.
—¡Tomi! ¿Por qué no has contestado mis llamadas? ¿Por qué no me llamaste hasta hoy?
—Yo… te fuiste molesto conmigo; no quería molestarte, pero la verdad es que yo… te extraño… tanto.
—¡Y yo! No debemos estar tanto tiempo separados.
—Debí ir contigo. Soy un estúpido desconsiderado, después de todo lo que has planeado para nosotros… para nuestro cumpleaños y… todo lo demás. Yo solo… estoy ansioso, asustado por lo que vamos a hacer, y ya me conoces, me encierro en mí mismo, yo… no quería estar rodeado de gente extraña… Pero cuando te fuiste…, y tan furioso conmigo… casi no lo pude resistir… Volaré para allá en cuanto amanezca en Hamburgo, Bibi, estaremos juntos pronto.
—¡Ah, Tomi! —las lágrimas salieron y se le quebró la voz—. Quiero hacerte feliz… siempre.
—Lo haces… siempre que estás conmigo. Ya no nos separemos, ¿sí?
—Jamás… —la ternura de Tom era algo que lo vencía demasiado.
—Me dolió… físicamente… Sentí que me dolía el pecho, no sé si es el alma o el corazón, pero fue horrible. ¡Tuve un miedo irracional de perderte! Ya no más dudas. Vámonos a Las Vegas a celebrar nuestro cumpleaños 21 y hagamos lo que planeaste… allá.
—Sí, lo haremos, bebé. Te espero aquí.
Se dijeron algunas cosas tiernas más antes de colgar.
A Bill aún le quedaba trabajo por hacer en Los Ángeles antes de recoger a Tom en el aeropuerto. En dos días más irían a Las Vegas, donde se les unirían Andreas, Georg y Gustav, junto a su mamá, Simone, y su padrastro, Gordon. Toda una gran celebración en un hotel lujoso con casino en la ciudad donde tal vez podrían cumplir un sueño él y Tom: casarse.
Continúa…
Gracias por leer.
