I am not ok 2

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Fic TWC de ladyaradia

Capítulo 2: Love don’t break me

EL AMOR NO ME ROMPE

Estoy cansado de pelear, esto realmente me ha arruinado esta vez,
cansado de intentar, estoy listo para dejarlo todo atrás.

Quiero perder a mi otro yo, ¿estoy realmente todavía aquí?,
quiero ahogarme con ello, yo… dejo a la lluvia llegar.

No puedes dejar nunca al alma sin guía.
Yo sigo arrastrándome, no puedo ver el cielo aún,
pero a veces el amor puede llegar desde nada.
El amor no me rompe.

Este lugar me hace recordar…
Mantengo mis ojos bien cerrados para ocultar, negar que te has ido,
ahora estoy completamente solo aquí.

Algunos dicen que el tiempo me sanará,
que tengo que llegar a tierras más altas,
pero yo quiero sentirlo, yo…dejo al dolor llegar.

No puedes dejar nunca al alma sin guía.
Yo sigo arrastrándome, no puedo ver el cielo aún,
con alas rotas estoy volando apenas…
El amor no me rompe.

Necesito llegar a casa pero sigo aferrándome.
(El amor no me rompe.)
Necesito llegar a casa pero sigo aferrándome.
(El amor no me rompe.
El amor no me rompe.)

No puedes dejar nunca al alma sin guía.
Yo sigo arrastrándome, no puedo ver el cielo aún,
con alas rotas estoy volando apenas…
El amor no me rompe.

.

Desde la llegada de Tom a L.A., todo pareció andar sobre ruedas. El encuentro fue grandioso, una explosión de sensualidad y ternura expresada en la unión de sus cuerpos. Bill comprobó una vez más, mucho más tras su reciente extravío, que nada podía ser comparable al placer que embargaba todos sus sentidos cuando él y Tom eran uno, en cuerpo y alma, sintiéndolo todo. El recuerdo de aquella mujer se fue desvaneciendo en su mente, mucho más porque ella había decidido escabullirse de todo el evento.

Luego se fueron a Las Vegas, y cada uno de los planes salieron bien. Hubo una gran celebración con todas las personas que les importaban y nadie más que sus cómplices, Georg y Gustav, supo de su escapada en la madrugada hacia otro hotel diferente de aquel en que se habían hospedado sus invitados. Allí lograron, en alguna medida, cumplir su sueño, haciendo una ceremonia civil de compromiso, al estilo de Las Vegas pero más sobria y discreta; y la colaboración de Dennis, su manager personal, fue crucial también para conseguir que fuera garantizado el más absoluto secreto con los oficiantes. Al final, recibieron un certificado que formalizaba su unión, aun si no era demasiado legal porque Tom aparecía con el apellido de su papá, Wieger, y no el Kaulitz de su identificación.

Tras su “noche de bodas”, descansando Tom su cabeza sobre el pecho de Bill, este le propuso otra idea que llevaba pensando hacía un tiempo.
—David ya vive acá, tenemos contrato con productores aquí, conocemos personas… ¡Ah, es tan bueno tener más privacidad, Tomi…! ¡Mira todo lo que pudimos hacer!, mudémonos a U.S.A…
—No, no quiero dejar Alemania. Los Gs no querrán mudarse tampoco.
—Pues que se queden, pero nosotros… necesitamos libertad.
—¿Y la banda? No, Bill, no es buena idea esta vez.
—Siempre quieres llevarme la contraria, ¿no, bebé? Y luego terminas por ceder —le besó la frente y Tom solo sonrió enternecido: Bill tenía razón, siempre se rendía al final, pero al menos intentaba ejercer un poco de voluntad.

Sin embargo, fue la mala experiencia de volver a Hamburgo y encontrar que su casa había sido invadida y muchas de sus cosas robadas por fans acosadores, la que terminó por convencerlo. Como Tom había predicho, los Gs prefirieron quedarse en su ciudad natal, con su familia y sus parejas, pero los Kaulitz necesitaban la distancia de su familia para sentirse menos estresados, y la ciudad escogida para mudarse fue Los Ángeles.

Ya allí, la buena racha parecía continuar: Bill no se había encontrado a esa mujer en ningún lado (claro que tampoco salían a muchos eventos) y la vida de familia con Tom y sus perros parecía todo un paraíso. Pero el peligro estaba ahí, acechando, en la forma de su mejor amigo, Andreas.

¿Por quién supo Andy lo ocurrido? Bill solo podía sospechar, pero no podía estar seguro. De lo que sí no tenía duda era de cuál era el motivo de Andy para ponerlo entre la espada y la pared: su amor no correspondido por Tom. Aunque jamás lo había confesado, Bill estaba al corriente de que él llevaba años sintiendo eso, guardándose sus sentimientos por respeto a lo que sabía existía entre sus gemelos mejores amigos; sin embargo, tras enterarse de lo que Bill había hecho, su indignación fue tanto por Tom como por él mismo: no podía soportar la idea de estar sacrificándose por algo que era una farsa, puesto que ahora creía que Bill no merecía que le respetara sus sentimientos, ni mucho menos se merecía a Tom; por eso le dio un plazo bien corto para contarle la verdad.

Bill no quería hacerlo; no cuando sabía cuál sería la consecuencia: Tom estaría herido, Tom lo odiaría, y peor, Tom sufriría indeciblemente. Y con Tom, él también: no podía imaginarse de qué modo podría solucionarse todo. Trató de hacerle entender a Andy, pero este solo lo acusó de egoísta y manipulador; así que Bill no tuvo otra opción. Y su peor miedo se hizo realidad: cuando Tom supo de su traición, pudo ver en sus ojos cómo se derrumbaba por dentro, cómo la decepción arrancaba trozos de su alma y el dolor lo dejaba sin respiración. Y el símbolo de cuán mal estaban las cosas fue aquel certificado de compromiso de Las Vegas que tanto les había ilusionado, hecho pequeños trocitos de papel por las manos temblorosas de Tom.
—Ya estamos divorciados, Bill; ahora solo somos hermanos.
—Tomi, no… yo…
—Tú nos hiciste esto; ahora asúmelo y vive con ello. Lo superarás.
—¡No! No puedo superarte a ti, ¿no lo entiendes?

Solo unos días después, debieron partir a Moscú para una presentación ya pactada, y la tensión entre los Kaulitz era fácilmente visible. Bill pedía perdón incansablemente; Tom se conmovía pero no era capaz de perdonar: había sido demasiado dañado, estaba demasiado receloso; no se sentía capaz de confiar en Bill… nunca más.

Tom siempre se había entregado por completo con Bill. Una vez que aceptó lo que sentía, hasta dónde llegaba su necesidad de él, su deseo por él, se rindió incondicionalmente. Lo dejó guiarle en todos los vericuetos del amor de pareja, desde los emocionales hasta los físicos. Fue Bill la primera persona que tocó su cuerpo desnudo, que lo acarició sin dejar espacio sin reclamar, el primero dentro de su cuerpo —y esperaba que el único—. Se acostumbró a acatar sus decisiones aunque alguna que otra vez intentara discutirlas. Por Bill, enfrentó incluso la censura de su madre, las miradas y frases dolidas de ella por lo que adivinaba entre sus hijos, por las veces que ambos enfrentaron sus opiniones —y para Tom eso era muy doloroso, puesto que la aprobación de su mamá era una parte muy importante en su vida, aunque, claro, nunca más que la de su gemelo—. En lo sexual, como en tantas otras aristas de su vida, Tom se había dejado guiar por la experiencia de Bill, por su capacidad para dominar e imponerse; así que encontraba bastante difícil imaginarse siendo la parte activa de una relación con otra persona —mujer u hombre— que no fuera Bill. El resultado de todo eso fue que la co-dependencia entre ambos estaba mucho más acentuada en Tom, quien parecía no poder respirar bien cuando su gemelo estaba lejos de él, así fuera solo por unas horas. Entonces, en el momento de tomar una decisión ante la evidencia del engaño de Bill, eligió quedarse cerca, en la misma casa, aunque con ciertas restricciones: Bill ya no tendría sus besos, ni su cuerpo; no serían una pareja… Ah, y él intentaría encontrar alguien más a quien amar, puesto que Bill había probado no apreciar los sacrificios que había hecho por lo que tenían. Y digo “intentaría” porque un día sí y otro también, ese intento se le volvía un fracaso.

Para Tom, la más cerca que podía estar de convertirse en su nueva pareja, era Ria. A la chica la conoció a través de Dennis, y ella había estado trabajando antes para su rapero favorito, Sammy Deluxe. Fue idea de Bill que la contrataran como “acompañante” para Tom en 2009, cuando el problema con las chicas acosadoras y los rumores de incesto se acumulaban sobre ellos, para desviar la tensión y suavizar la imagen de Tom —esa imagen construida de “dios del sexo de una noche” que no se parecía en nada al introvertido, sensible y tierno Tom verdadero—. Pero el hecho de que se la volvieran a encontrar al mudarse a Los Ángeles hizo que ella y Tom se volvieran más cercanos. Al inicio, la habían invitado él y Bill, juntos, a pasar tiempo con ellos, contentos de tener otra persona conocida en la ciudad, alguien de más o menos su edad y que por tanto compartiría muchos puntos de vista. La habían llevado a algunos de sus días de playa, al cine una que otra vez, a conciertos de otros artistas a quienes admiraban, pero una vez que Bill notó que había mayor complicidad entre su gemelo y ella, sus celos no se hicieron esperar y le prohibió verla. Justamente por eso, ella era la opción perfecta para darle a Bill un poco de su propia medicina, que el maldito sufriera en carne propia lo que duele que la persona a quien amas y a quien le has dado todo, te cambie por alguien más.

Una característica de Tom que lo diferencia bastante de Bill es su prudencia y organización. Casi siempre, él prefería pensar y planificar bien las cosas antes de hacerlas (casi siempre, digo, cuando no se le salían comentarios inapropiados acerca de Bill y él, ganándose una encubierta mirada reprobatoria de su gemelo, quien, en su interior, estaba feliz, a pesar de todo, por constatar lo que lograba hacer en su amante). Por ello, citó a Ria en un restaurante de la ciudad para proponerle un trato; o más bien, un contrato: ella debería actuar como su novia ante todos, incluso ante Bill. ¿Por qué eso?, fue la primera pregunta de ella mientras le echaba una coqueta mirada a su apuesto acompañante, pero Tom no diría más antes de que ella firmara el papel que le aseguraba completa discreción acerca de su acuerdo, o de cualquier otra cosa que ella llegara a saber por su cercanía con los famosos integrantes de Tokio Hotel o cualquier otro miembro de su staff. Ria se tomó su tiempo para leerlo todo con cuidado, y ya luego quiso poner algunas condiciones más.
—Teniendo en cuenta que este contrato no tiene tiempo determinado y no sé cuánto voy a tener que actuar como tu novia, sin… otra persona en mi vida que supla mis necesidades… pues… hay algunas cosas que… necesito.
—¿Como qué?
—Crédito ilimitado de compras en tiendas de primer nivel y… algunas cirugías que necesito hacerme; ya sabes… soy modelo, concursante de belleza…
—Si tú lo dices… —murmuró Tom por lo bajo.
—¿Qué dices?
—Nada, que… me digas exactamente lo que quieres agregar al contrato y lo tendré listo para mañana con mi abogado —un abogado diferente a los que habían trabajado antes para Tokio Hotel, uno que Tom había contactado por su cuenta—. Cuando esté todo firmado podemos hablar de los detalles, ¿ok?

Al día siguiente, Ria firmó el contrato. De momento, eso era todo lo que Tom necesitaba. Si más adelante ese noviazgo falso se hacía realidad, dependería mucho de cómo se sintiera él al lado de la chica, hasta qué punto ahondaran su confianza y su cariño; aunque realmente eso le parecía bastante improbable: pensarse con alguien más que Bill, ya era difícil, pero con una mujer…; a pesar de su actuación de “macho devorador” ante las cámaras y los reporteros, las mujeres nunca le habían sido suficientemente atractivas. Aunque tampoco nunca había puesto sus ojos en otro hombre aparte de su gemelo, las formas masculinas siempre le habían parecido más agradables que las femeninas; claro que él jamás admitiría eso, ni siquiera ante Bill.

Bill. Su reacción al ver las fotos que el paparazzo ese que se hacía llamar Lies Angeles les sacó a él y a Ria de su paseo de la tarde anterior, fue la esperada.
—Entonces… has vuelto a verte con ella, ¿no?
—Sí. Ria va a estar bastante en mi vida; deberías acostumbrarte.
—Es una maldita puta falsa. No deberías confiar en ella.
—¿Y cómo sabrías tú eso?
—Porque sé reconocer a las putas cuando las veo.
—Ah, ¿en serio? ¿Y lo reconociste en la puta con la que tuviste sexo? —Bill no contestó a eso, y Tom solo continuó—. Aprovecha en tus salidas de casi todas las noches y búscate a alguien, como lo estoy haciendo yo.

Bill ahora le clavó una mirada furiosa.
—Eres un cabrón, Tom.
—No más que tú, Bill.

El enojo que traslucían sus facciones mientras se marchaba, hizo a Tom sentir una extraña satisfacción: su venganza acababa de empezar.

Continúa…

Gracias por leer.

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