I am not ok 3

I am not ok 3

Fic TWC de ladyaradia

Capítulo 3: Forbidden love

AMOR PROHIBIDO

Dime por qué estás diciendo No,
dime por qué me convences,
y les dices que estamos aquí completamente solos.
Sabemos que está claro en el fondo de mi mente:
estamos jugando con fuego y no tentando el hielo…

Sabes que no puedo resistirme,
¿así que por qué estamos tratando siquiera?
Tú juegas conmigo, crees que no sé que estás mintiendo,
pero yo… pero yo…
estoy pendiente de ti y de todas las cosas que haces
(Tú, todo de ti y todas las cosas que haces)

Sabes que es verdad…uh
yo siempre estaré aquí para ti
y no importa lo que hagamos

No soy idiota…uh
estamos rompiendo todas las reglas
Yo no sé qué hacer con este amor prohibido
ohohoh, con este amor prohibido

Dime por qué no te irás,
por qué quieres mantenerme oculto
Cada vez que dices Vamos, no lo hacemos

Si el miedo cae sobre tu espalda,
los momentos se nos pasan, todos llegan a tiempo

Sabes que no puedo resistirme,
¿así que por qué estamos tratando siquiera?
Tú juegas conmigo, crees que no sé que estás mintiendo,
pero yo… pero yo…
estoy pendiente de ti y de todas las cosas que haces
(Tú, todo de ti y todas las cosas que haces)

Sabes que es verdad…uh
yo siempre estaré aquí para ti
y no importa lo que hagamos

No soy idiota…uh
estamos rompiendo todas las reglas
y yo no sé qué hacer con este amor prohibido

No me gusta, no, no me gusta,
(este amor prohibido)
odio que no puedo mantenerme aparte,
pero necesito… este amor prohibido.

Sabes que es verdad…uh
yo siempre estaré aquí para ti
y no importa lo que hagamos

No soy idiota…uh
estamos rompiendo todas las reglas
y yo no sé qué hacer con este amor prohibido

Necesito este amor prohibido.

.

Que eran hermanos, y solo hermanos, eso había dicho Tom. Y cuando llegó el 1ro de septiembre de 2011, eso fueron en frente de sus nuevos amigos, los dueños y diseñadores de T-Squad, Alex y su novia Katie, quienes se empeñaron en hacerles una fiesta por su cumpleaños.

Andy también estuvo invitado —de alguna manera, él siempre se estaba insinuando para venir a L.A. por tiempos largos y quedarse con ellos en su casa; la más reciente excusa era el diseño de la BTK App (una estrategia promocional y comercial que mientras les hacía ganar dinero lograba que sus fans estuvieran pendientes de ellos mientras no hicieran presentaciones ni tuvieran un nuevo disco), algo que podía hacer perfectamente desde su apartamento en Hamburgo—, y todos disfrutaron comportarse un poco como niños y adolescentes de nuevo. Al menos Tom no trajo a Ria, se consoló a sí mismo Bill, y eso le permitió intentar divertirse. No obstante, tanto en sus ojos como en los de su gemelo, podía adivinarse algo apagado.

Cuando bebían mucho, especialmente en una fecha tan importante como esa, que les recordaba tantos momentos juntos, pasaba algo inevitable: Tom se escurría en medio de la noche a la cama de Bill —la misma que tanto tiempo habían compartido— y se abrazaban, solo eso. Amanecían enredados uno con el otro y con sendas erecciones, pero no hablaban del tema ni hacían nada al respecto.

Así pasó también tras la primera de las dos salidas de Halloween que hicieron juntos, disfrazados de demonios una noche, con máscaras venecianas otra; pero en la segunda las cosas se salieron de control. Se habían ido a dormir borrachos, pero Bill despertó algo más sobrio con la mano derecha de Tom moviéndose lentamente sobre su ropa interior. Pensó en hacerse el dormido para disfrutar de la maravillosa sensación de su gemelo acariciándolo como solo él sabía, pero no pudo cuando un gemido se le escapó; entonces Tom lo calló con un beso. No era un beso tierno, era uno de esos salvajes que se daban cuando tenían sexo de reconciliación después de alguna tonta pelea: el corazón de Bill latió esperanzado. Las caricias subieron de tono, y pronto ambos estaban piel con piel después de eliminar la poca ropa que usaban para dormir. Tom alargó el brazo hacia la mesa de noche donde siempre habían guardado el lubricante y se lo pasó a Bill, así que este entendió cuáles iban a ser sus roles esa noche, los mismos de la mayor parte de su vida sexual: Tom recibiría una vez más a Bill en su cuerpo. El encuentro avanzó entre sudor y gemidos hasta el punto del clímax, cuando Bill gritó: “Tomi, te amo, ah… Dime… dime que me amas…”. Y el orgasmo de Tom vino sin que este dijera palabra alguna; solo luego de recobrar el aliento dijo: “No”. Bill no quiso preguntar si era que no lo diría o que no lo amaba; prefería la duda al dolor de oírle confirmar la segunda variante.

Tom no se fue de la cama de Bill, y amanecieron desnudos, entrelazados. El despertar fue silencioso; Bill quería hablar, quería aclarar las cosas, pero antes de que pudiera iniciar el tema sonó el móvil de Tom y él lo tomó.
—Buenos días, preciosa… Sí, yo tuve una buena noche, ¿y tú?… Claro, nos vemos en un rato… —se levantó y fue hacia el baño aún hablando; a Bill el mundo se le había roto otra vez y no pudo evitar que unas lágrimas salieran de sus ojos, empañando su visión.

Luego de ello, el día a día era una lucha. Tom luchaba por mantenerse firme y no seguir cediendo con Bill, aunque no siempre lo lograba; y Bill intentaba recuperar a Tom, hacer que lo perdonara.

A pesar de que su relación de pareja iba por rumbos desconocidos, su conexión de gemelos era algo que sabían jamás se iba a perder, así que no hubo impedimentos para que dos tatuajes gemelos se marcaran en sus pieles: las horas de su nacimiento, en los dedos de la mano derecha de Tom y en la izquierda de Bill; y un complicado diseño que representaba muchos de sus deseos y sueños compartidos, junto a una frase: “Te veo en el espacio exterior”, manifestando que no importaba lo que trajera el futuro, al final estarían juntos de una forma u otra.

La BTK app estuvo funcionando para inicios del siguiente año. Entre los Kaulitz, a medida que pasaban los meses, las cosas seguían más o menos igual: convivían en una especie de montaña rusa en que la mayoría de los días eran hermanos gemelos dependientes uno del otro pero con costumbres que empezaban a divergir, y otros días, los menos, se entregaban como amantes en un delirio que no podían evitar.

Ellos se hacían fotos juntos para la aplicación, se tomaban videos y se reían para la cámara, pero muchos de sus fans adivinaban en sus rostros que algo no andaba del todo bien. La forma en que Bill lograba lidiar con esa frustración, se estaba volviendo un poco peligrosa: demasiadas noches de clubes, alcohol y drogas hasta perder la conciencia y terminar teniendo sexo con mujeres que acababa de conocer —siempre con protección, al menos— y volviendo a la casa casi siempre en muy malas condiciones.

Aun sin saber qué hacía exactamente su gemelo cuando no estaban juntos, Tom veía las consecuencias en él: extrema delgadez, ansiedad, resacas horribles; así que empezó a preocuparse por su salud. Por ello decidió acompañarlo en algunas de esas salidas nocturnas, especialmente si se les unían otros amigos de ambos, como Shay y Shiro. Claro, que la mayoría de esas noches daban como resultado que los dos terminaran teniendo sexo al volver a la casa; y la situación se volvía más difícil de sobrellevar para ambos, porque los ponía en la disyuntiva de no saber hacia dónde estaban dirigiendo sus vidas. En verdad, la única certeza que Tom sí tenía era que a pesar de todo amaba a Bill, y que aunque su orgullo herido y su decepción no le dejaran perdonarlo, tampoco lo podía dejar ir: eso estaba más allá de sus posibilidades. Y Bill sabía con seguridad que pasara lo que pasara estaría junto a Tom, así este lo ignorara o lo cambiara por una advenediza como Ria, porque, sencillamente, no podía vivir sin él; el día que realmente creyera haber perdido a Tom para siempre, ese día moriría.

En la mano donde tatuara su hora de nacimiento, Bill adicionó también los huesos anatómicos, una golondrina y un lirio: los símbolos del amor, la belleza, la fidelidad, y la muerte, entrelazados con la hora en que nació solo diez minutos después de la persona que para él representaba todo eso junto.

Para su cumpleaños 23, su madre y su padrastro vinieron a L.A. para unirse a la celebración, a la que también fueron invitados dos parejas de amigos: Shay y Shiro (él era el nuevo manager personal de los Kaulitz en U.S.A.; ella, una hábil diseñadora de modas que se había convertido en una figura casi maternal para los gemelos) y también Katie y Alex (a esas alturas, él era el mayor amigo de juergas de Bill).

De todas las personas que los acompañarían esa noche, la única a la que Bill querría bien lejos era a la maldita Ria. Con su pelo teñido de rojo al estilo de la sirena Ariel de Disney, era un farol en medio del Bootsy Bellows; o al menos lo era para él, quien no podía quitarle la vista de encima a Tom hablando con ella, bailando con ella, sonriendo con ella. Y otra sonrisa y otra mirada estaban fijas en la pareja: las de Simone. La relación entre Bill y su mamá nunca había sido demasiado fácil, especialmente por el carácter de ambos, demasiado parecido. Pero todo había empeorado desde que años atrás ella los enfrentó por sus sospechas de que algo extraño ocurría entre los dos y fue Bill quien tomó una actitud desafiante, dándole a entender que él y Tom sí tenían un amor que iba más allá del fraternal. En esos días, ella quedó tan conmocionada que no les habló a ninguno de los dos por más de una semana, y Tom se deprimió tanto por eso que Bill decidió hablar con ella y arreglar las cosas. Después de esa ocasión, Simone actuaba como si nunca se hubiera enterado de nada, pero intentando por todos los medios que sus hijos encontraran sus propios caminos y dejaran al fin esa interdependencia enfermiza. Por eso, ver a Tom con una novia le parecía algo maravilloso y no podía dejar de estar pendiente de la pareja, mientras el gesto amargado de su otro hijo le pasaba inadvertido.

Bill no pudo soportarlo más; fue hasta donde estaba Simone y se paró frente a ella.
—Yo también existo, ¿sabes?
—¿Billy?, ¿qué te ocurre? —lo miró, algo preocupada por su rostro descompuesto y su tono dolido.
—Es que… yo también soy tu hijo, también cumplo años hoy, pero tú solo ves a Tom. Siempre ha sido igual; creo que nunca quisiste tener dos hijos, con Tom te basta.
—Los amo a los dos… —alzó el brazo para acariciarle la mejilla pero él se apartó, algo tambaleante—. ¿Estás borracho, Billy?
—¡No me llames Billy! Solo tú y él me llaman así y yo… —fijó su mirada largo rato en Tom— ¡me duele!
—¿Qué te duele? ¿Ver a tu hermano feliz con una chica? —de pronto, Simone sonaba agresiva: la evidencia de lo que ella se empeñaba en no ver manifestándose frente a sus ojos era mucho para mantenerse ecuánime.
—¡Él no es feliz ni lo será jamás si no es conmigo! ¡¿Por qué no lo entiendes?! —una bofetada de su madre lo calló y las lágrimas que había estado conteniendo salieron al fin mientras se llevaba la mano izquierda a la mejilla enrojecida. Sin hablar más, tomó sus cosas y se dirigió directamente a la puerta del club.

En el camino lo interceptó Shiro, quien había visto parte de la escena.
—Espera, Bill; hay unos paparazzi afuera, incluso está ese que siempre los sigue, el tal Lies Angeles: no puedes salir así de alterado.
—No me importa —él seguía llorando, con los ojos enrojecidos y la voz ronca.
—Tiene que importarte; recuerda que eres una figura pública, la figura líder de Tokio Hotel, te debes a eso también.
—¡No puedo respirar aquí, Shiro!

Shay llegó y lo abrazó; le acarició el cabello.
—Vamos, yo te llevo adonde quieras —dijo ella, preocupada por el estado en que veía a su amigo; Shiro asintió y los tres caminaron juntos, apurados. Antes de llegar a la puerta, se les unió Tom.
—¿Qué está pasando, Bill? —trató de verle el rostro que él escondía y pudo ver que lloraba. Muy pocas veces había visto a Bill llorar, así que supuso que él realmente estaba mal.
—Tú solo vuelve con tu novia, Tom. Yo ya me voy.
—No —lo tomó por el brazo—; nos vamos juntos, Bibi —le susurró.

A esas alturas, todos se habían dado cuenta del drama y se dirigían a la salida, así que Bill solo asintió hacia su gemelo y, junto a Shay y Shiro, se apresuraron a la salida.
—Esperen solo un segundo, que traigo el auto —dijo Shay, adelantándose.
—Bill, por favor, tápate el rostro al salir—sugirió Shiro—; es preferible que digan que eres un engreído a que publiquen fotos de ti lloroso, ¿está bien?
—Está bien —la voz de Bill salió ronca otra vez y Tom solo apretó su brazo.

Cuando ellos se fueron, la cámara de video del paparazzo que los seguía tomó la imagen de Bill tapándose el rostro con la chaqueta, Shiro haciendo un gesto de “Jódete” al tipo con el dedo medio de su mano, y Tom ligeramente sonriente: sí, no podía evitar sentir que lo mejor de la noche era esa escapada junto a su gemelo, le hacía recordar demasiadas cosas buenas de los dos.

Pasaron frente al resto de los invitados, Ria inquieta y Simone completamente aturdida por los hechos que aún no acababa de entender —o mejor, quería no entender— por lo que decidió centrar su atención en la joven, a quien todos veían ahora como la novia abandonada.

Mientras, dentro del auto, todos estuvieron unos minutos en silencio, hasta que Shay hizo una pregunta que no podía eludir.
—¿Adónde quieren que los lleve?
—A la casa, no; mi madre puede ir allí a seguir molestándome —rompió su mutismo Bill.
—¿Qué te pasó con mamá, Bibi? ¿Por qué te golpeó?
—No quiero hablar ahora de eso… Tomi; hablaremos en… el hotel.
—¿Cuál hotel? —interrumpió Shay de nuevo.
—Escógelo tú, mami Shay —habló Tom esta vez—; uno discreto y donde nadie se aparezca para intentar entenderse con nosotros: Bill y yo tenemos muchas cosas que hablar, a solas.

Ella asintió y todos siguieron en silencio. Cuando los Kaulitz fueron a bajar frente al hotel en el downtown de Los Ángeles, Shiro les pidió una respuesta más.
—Si su madre quiere saber cómo están…
—Dile que estamos bien pero queremos estar a solas; justamente eso —replicó Bill mientras hacia un gesto agradecido con la mano a sus amigos, gesto que Tom imitó.

Cuando ya estuvieron dentro de la habitación, con un letrero de “No molestar” colgado afuera, Bill se fue al minibar y trajo una cerveza para cada uno. Tom le dio un trago a la suya, antes de hablar.
—Tienes que decirme ahora qué pasó con mamá.
—Yo… —Bill pareció buscar las palabras mirando hacia el techo— no pude soportar su felicidad por verte con tu… novia.
—Pero… ¿por qué ella te pegó?
—Me dijo que tú eres feliz con ella y yo… dije que nunca serás feliz con alguien más que conmigo; así que… ella me dio una bofetada.
—Ya. Ahora entiendo.

Tom se alejó hacia la confortable cama matrimonial y se sentó allí con su cerveza; bebiendo tragos más largos; Bill caminó hacia él, se sentó a su lado, le quitó la cerveza de la mano y la puso junto a la suya en la mesa de noche. Luego le tomó el rostro y lo hizo volverse; sus labios quedaron muy cerca uno del otro. Contra lo que esperaba, fue Tom el que se lanzó a besarlo, ansioso. Lo que tenían que hablar quedó para más tarde, porque en ese instante sus cuerpos y sus almas se comunicaban en su propio lenguaje.

Sintiendo a su gemelo entrar en él mientras le susurraba al oído esas frases apasionadas que era tan experto en crear, Tom se preguntó por unos instantes si no debía dejar su orgullo a un lado, y recuperar esas sensaciones que tanto necesitaba: entregarse a Bill, refugiarse en él, encerrarse con él en un capullo solo para los dos; pero cuando las nubes del placer abandonaron su mente, supo que aún no estaba listo. No confiaba en Bill; su corazón y su fe estaban demasiado dañados y aún no sabía si podría curarse algún día, aunque, de verdad, realmente lo deseaba.
—Solo tendrías que darnos una oportunidad, Tomi; darme una oportunidad de mostrarte que puedo ser un hombre mejor, por ti.
—Yo… no lo sé; lo pensaré, ¿ok? Tal vez… en un tiempo…
—Nos amamos, Tomi, ¿eso no es suficiente?
—A veces no lo es, Billy.
—Bueno, de cualquier modo gracias por seguirme anoche, por salvar nuestro aniversario.
—No podía dejarte solo en nuestro cumpleaños—lo abrazó contra su cuerpo—; nunca lo he hecho y no comenzaré ahora —sí, ¡de veras desearía tanto poder perdonarlo!
—Pero ahora hay alguien más en tu vida, ¿no? Esa… Ria…
—No hablemos de ella ahora mismo, ¿sí? Vas a romper la magia.
—Escucha, yo… recibí la oferta para ser jurado en Deuschtland durch den Superstar, pero dije que no aceptaría si tú no lo haces conmigo.
—¿Qué? ¿Quieres que sea jurado en un concurso de canto? Ni siquiera entono bien…
—Eso no es cierto. Además, eres un gran músico, con un sentido impecable del ritmo y la afinación, y un productor nato; te servirá la experiencia. Y además…
—Estaríamos viajando juntos, sin amigos ni familia cerca, sin… Ria, ¿es eso?
—Sí, lo confieso; la idea de que ella esté lejos de ti y de nuestras vidas, me parece genial.
—Sabes que ella puede ir a visitarme alguna vez, ¿no?
—Ojalá lo menos posible. Planeo reconquistarte allá, Tomi. ¿Qué dices?
—Pues… digo que si ya retrasamos otra vez el nuevo álbum porque no estamos seguros aún de que buscamos o hacia dónde vamos creativamente, ir a trabajar en ese concurso es una buena opción para… distraernos un poco.
—Y nuestros fans nos verán; saldrá algo bueno de ello.
—Eso espero, Billy.

Se quedaron abrazados hasta dormirse. Al despertar, se hicieron el amor una vez más, y otra más, como si sintieran que, al salir de esa habitación, el mundo los abrumaría y el peso de todo lo que había pasado en los últimos tiempos le pasaría factura a su relación de nueva cuenta.

Continúa…

Gracias por leer.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Contenido protegido
Scroll al inicio