I am not ok 4

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Fic TWC de ladyaradia

Capítulo 4: Odds are against us

LAS PROBABILIDADES ESTÁN CONTRA NOSOTROS

He estado borracho toda la noche, tú sigues llamando.
¿Están felices ellos ahora, viéndonos caer?
Un secreto debemos esconder, no sé si puedo,
esto es lo que somos, este es quien soy.
Oh, esta noche, ellos están listos para el amor,
pero nuestro mundo no está listo para entendernos.

Recuerda que estaría contigo
incluso sabiendo dejar ir las cosas.
Supongo que necesito encontrar alguien como tú,
si esto es lo que tengo que hacer
porque las probabilidades están contra nosotros
las probabilidades están contra nosotros
porque las probabilidades están contra nosotros
las probabilidades están contra nosotros

Conduciendo a las colinas, persiguiendo el Sol,
somos solamente dos chicos, no sé por qué corremos.
Si lo terminamos ahora, el Cielo no tiene lágrimas.
Podemos volar tan alto, muy lejos de aquí,
encontrar alguna luz…
Ellos están listos para el amor pero
nuestro mundo no está listo
si hay cicatrices abiertas… cicatrices

Recuerda que estaría contigo
incluso sabiendo dejar ir las cosas.
Supongo que necesito encontrar alguien como tú,
si esto es lo que tengo que hacer
porque las probabilidades están contra nosotros
las probabilidades están contra nosotros
porque las probabilidades están contra nosotros
las probabilidades están contra nosotros

Déjalo continuar.
Sabes que deberíamos tratar,
oh, tú sabes que deberíamos tratar
si esto es lo que queremos, tú sabes,
en nuestras vidas, esto solo pasa una vez,
hay una única oportunidad

Recuerda que estaría contigo
incluso sabiendo dejar ir las cosas.
Supongo que necesito encontrar alguien como tú,
si esto es lo que tengo que hacer
porque las probabilidades están contra nosotros
las probabilidades están contra nosotros
porque las probabilidades están contra nosotros
las probabilidades están contra nosotros

.

Encerrado en su habitación, bastante borracho, Bill reía en voz alta, cantaba con la música de fondo y conversaba animadamente en skype con un grupo de amigos del mundo de la moda. Mientras, sentado frente a su laptop en la mesilla del salón, Tom acariciaba lentamente el pelaje de Capper y recordaba lo vivido en los últimos meses.

[Flashback]

Pocos días después de que empezara septiembre, viajaron a Alemania para las audiciones de DSDS. Aunque nadie se enteró cuando llegaron al aeropuerto, su arribo al local donde comenzarían su trabajo como jueces junto a Dieter Bohlen y Mateo Jaschik sí tuvo una vorágine de fans gritando por ellos después de tan larga ausencia.

Se quedaban en el apartamento de Berlín, el que no habían vendido previendo viajes de trabajo en el futuro para nuevos álbumes de la banda. Capper fue el único de sus bebés de cuatro patas que los acompañó, puesto que Scotty ya estaba muy viejo y enfermo con un cáncer terminal, así que prefirieron dejarlo bien cuidado en un refugio de lujo para perros mientras ellos estuvieran fuera de Los Ángeles.

Cada uno de los que aspiraban a quedar dentro del programa eran un manojo de nervios, algunos con más talento que otros; y Tom casi siempre tenía una broma que hacer —algo característico en él cuando habían cámaras delante, tal vez como una forma de soslayar su propia ansiedad—, pero hubo un joven que captó su atención o, mejor dicho, fue la letra de la canción que este interpretó… “Cada noche me apresuro a la cama. Esperando que tal vez tenga la oportunidad de verte al cerrar los ojos…”, la emoción con que lo hizo, que lo cautivó llevándolo a muchos recuerdos, unos agradables y otros no tanto, de su vida con Bill… “Estoy perdiendo la cabeza. Perdido en un cuento de hadas. ¿Podrías sostener mi mano y ser mi guía?…” Bill se volvió, clavándole la mirada, sintiendo en sí mismo la oleada de sentimientos que se despertaron en Tom, quien seguía absolutamente concentrado… “Puedes ser un dulce sueño o una hermosa pesadilla…” Sí, así era justamente como se sentía amar a Bill, amarlo más allá de las reglas, más allá de sí mismo y de su voluntad. El cantante, cuyo nombre era Ricardo Bielecki, terminó siendo aprobado por todos los jueces; Tom lo felicitó.

De regreso al apartamento, Bill tuvo que sacar a relucir el tema.
—Parecías cautivado por Ricardo.
—Estuvo bien, ¿no?
—Sí, pero… te vi…
—Bill, ¿estás celoso?
—¿Debería estarlo? Siempre he creído que te gustan más los chicos que las chicas; por eso es que lo de… Ria… me tomó por sorpresa.

Tom no supo si sentirse halagado por los celos de su gemelo o molesto porque Bill le insinuara que sabía las mujeres no le interesaban mucho.
—Fue lo que cantó lo que me puso nostálgico; no él en sí mismo. Al parecer, puedo ser más romántico que tú.
—Ah, romántico… —Bill se le fue encima, dejándolo atrapado bajo su cuerpo—. O sea, en realidad esa expresión era por mí, ¿es lo que quieres decir?

Tom no contestó a eso más que fijando la mirada en Bill, invitándolo tácitamente a continuar sus avances; así que él lo hizo, lanzándose a probar sus labios. Se las arregló para desnudar a Tom y a sí mismo en pocos movimientos. Luego vinieron caricias, las manos de Tom sobre Bill, la lengua de Bill en Tom, las piernas de Tom flanqueando a Bill y su voz rogando: “Hazlo… ahora”.

El nombre de Ria no volvió a ser pronunciado por ninguno de los dos en todo el tiempo que estuvieron en Berlín. Bill se preguntaba si Tom siquiera la llamaba, puesto que tampoco lo escuchaba hacerlo. El 1ro de septiembre Tom le había dicho que se pensaría si era capaz de darle a Bill otra oportunidad; por tanto, Bill se sentía esperanzado de que esta fuera la ocasión. En verdad, estaban viviendo otra vez como una pareja, compartiendo risas y sueños, haciéndose el amor cada vez que podían, solo que no hablaban de lo que pasaría luego, estaban concentrados únicamente en el hoy cotidiano. Pero llegó el momento de regresar a Los Ángeles, con la fecha de Halloween muy cercana; en noviembre sería el Recall en Curazao.

Para decepción de Bill, a pocas horas de llegar a L.A. Ria hizo aparición de nuevo en su vida, cuando escuchó una conversación telefónica entre su gemelo y ella.
—Eso es cosa de Bill, él siempre me hace el maquillaje terrorífico… sí, tú ve como quieras… claro, te paso a recoger mañana… sí, al restaurante ese que te gusta, ok…
—¿Saldrás con ella mañana? —preguntó Bill enseguida que lo vio colgar su móvil, intentando dominar su contrariedad.
—Pues… tiene derecho a reclamarme que la he dejado sola por todo este tiempo.
—¿Tiene derecho? —su ira estaba a punto de explotar.
—Vamos, Billy, no creíste que lo dejaría con Ria solo porque hemos pasado unos días buenos. No voy a dejar una buena relación por otra que… es tan insegura.
—¿A qué estás jugando, Tom? ¡No te reconozco! Jamás creí que fueras capaz de jugar conmigo de este modo.
—Yo tampoco creí que fueras capaz de traicionarme como lo hiciste.
—Ya; otra vez eso. O sea, esta… ¿es tu venganza? ¿Ilusionarme y luego romper mi corazón?

Tom no contestó a eso; solo prendió un cigarrillo y se marchó a su habitación con Capper siguiéndole los talones. Le dolía tener que portarse así con Bill, pero no lo podía evitar: un presentimiento lo hacía sentir que no debía confiarse, que cuando lo hiciera Bill volvería a herirlo —era un presentimiento, o las voces de su mamá y de Andreas diciéndole justamente esas palabras cada vez que podían: “No te confíes de Bill, Tom; si lo haces él volverá a herirte”—. No, aún no estaba listo para dejar de lado su plan de hacer a Bill pagar por el dolor que le había causado con su infidelidad y engaños.

Por otro lado, Bill odiaba esa sensación de impotencia que le daba apreciar que Tom estaba jugando con él pero no podía hacer nada para impedirlo: cada vez que Tom se acercara por un beso, él se lo daría; cada vez que Tom quisiera hacer el amor o tener sexo salvaje con él, lo obtendría; cada vez que Tom viniera a pedir ternura y caricias, palabras de amor o consuelo, Bill entregaría todo de sí, inevitablemente. Tom era su adicción, una droga a la que llevaba enganchado toda la vida y de la cual sabía no iba a poder desintoxicarse sin morir. Y haría cualquier cosa por obtener aunque fuera una mínima dosis de esa droga. Además, la culpa de lo que había hecho tampoco lo abandonaba: él también creía que se merecía ser castigado por lastimar a Tom; y si era el propio Tom quien estaba llevando a cabo ese castigo, pues, eso era lo que todos llamaban Karma, o justicia divina.

Fueron a las fiestas de Halloween como vampiro y zombie, y aunque Ria también estuvo allí, sonriendo todo el tiempo, a Bill le quedó la satisfacción de que su gemelo pasaba más tiempo junto a él que atendiéndola a ella. Dentro suyo, las esperanzas se marchitaban y renacían continuamente: pronto volverían a estar lejos, en una paradisíaca isla del Caribe; tal vez esa sería su oportunidad de lograr un nuevo avance en su carrera por el perdón definitivo.

[Fin del Flashback]

.

Casualmente, Tom también tuvo una llamada de skype en la laptop frente a él: era Georg.
—Hey, que estás desaparecido; la última vez que hablamos fue acá en Alemania cuando los visitamos Gus y yo antes de que se fueran.
—Disculpa, yo… he estado ocupado.
—¿Trabajo?
—Ajá, un poco. Ya sabes, me ocupo de las colaboraciones de Bill y los conceptos musicales para nuestro próximo álbum. Estoy trabajando sobre lo que grabamos en Berlín en estos meses.
—¿Quizá podamos sacar el álbum para el otoño?
—Tal vez, no sé.
—¿Y cómo va todo… con Bill?
—Ahora mismo, todo mal —no tenía caso ocultarle esos asuntos a Georg; él y Gustav habían sido los primeros en apoyarlos al saber de su relación, y también los primeros en los cuales ambos gemelos confiaban sus problemas de pareja: Tom en Georg, Bill en Gustav; esa era la dinámica entre los cuatro—. Ahí está, emborrachándose solo y flirteando. Te juro que a veces quisiera poder dejarlo, irme a otra casa, dejar la banda incluso y alejarme de él; pero no puedo, ¡mierda!

Georg sentía los sollozos temblando en la garganta de su amigo, así que intentó, como pudo, darle ánimos.
—Estoy seguro de que lo van a arreglar, eventualmente. Son ustedes; al final siempre lo arreglan. Aunque espero que no tarden mucho más, o nuestros fans nos darán una patada si no les entregamos música pronto —bromeó al final.
—Pronto… siempre les digo que pronto… pero ya ni yo me lo creo. Necesito que Bill vuelva a concentrarse en el trabajo.
—Tal vez, él necesita motivación. Bueno, te dejo, mi novia ya está aquí.
—Salúdamela, ¿sí?
—Ya. Nos hablamos luego, ¿ok?
—Ok.

La pantalla se cerró. Tom se echó hacia atrás en la silla y se mesó los cabellos, abatido: ¡todo había sido tan diferente mientras estaban en Curazao!

.

[Flashback]

En uno de los recesos entre una presentación y otra, y con las cámaras aún grabándolos, Bill se echó hacia atrás en su silla, se puso bálsamo en los labios, y luego hizo un comentario solo para Tom.
—Es como en casa aquí, ¿no? Todo está húmedo.
—¿Qué está húmedo? —contestó Tom con un gesto pícaro y usando un evidente doble sentido. Bill solo sonrió, consciente de las cámaras que al parecer Tom había olvidado por unos instantes.

Al retirarse más tarde a la habitación en la lujosa villa donde hospedaran a los jueces del concurso, le llamó la atención sobre ello.
—Cuando haces ese tipo de cosas, Tomi, levantas comentarios; debes tener cuidado —mientras hablaba le masajeaba la nuca por entre las rastas negras.
—Ya me conoces; a veces se me suelta la lengua cuando… estoy excitado —miró hacia arriba desde su posición fijando la vista en Bill, quien no esperó más para inclinarse y besarlo.
—¿Y qué te puso así de excitado, eh? —dijo cuando pudo tomar aire de nuevo.
—Pues… la noche caribeña y, además, tú… te veías espectacular, en serio.
—Gracias; también tú, tonto.
—No soy tonto; de hecho soy el más inteligente acá.
—Y jactancioso también, ¡ese es mi Tomi!
—Ve la evidencia: siempre dije que esa Sarah Joelle no vale la pena y ustedes tontos la siguen dejando ahí. Lástima por Laura, ella me caía bien.
—¿A pesar de que Dieter empezó un rumor de que estoy enamorado de ella?
—Ella no me preocupa; hay que tener más cuidado contigo y las putas, como la otra, la Sarah.
—Ah, basta con eso; no he mirado a ninguna de las concursantes con esas intenciones.
—¿Con esas intenciones? Bueno, pero las has mirado… muy bien.
—Pura curiosidad estética. Solo me importas tú, Tomi; deberías saberlo ya.
—Quiero creerte —Tom se incorporó y quedaron mirándose a los ojos.
—Hazlo, bebé, no te volveré a decepcionar —unió su frente a la de su gemelo, quien suspiró antes de hacerlo caer sobre la cama; por su actitud de esa noche, Bill podía adivinar que Tom quería dominar el encuentro y la idea no le pareció nada mal.

[Fin del Flashback]

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Bill despertó con la resaca haciendo miserable su existencia una vez más. Se había dormido con la ropa que llevaba puesta el día antes y en una posición no muy cómoda. Su laptop continuaba encendida y el skype conectado. El micrófono estaba apagado, afortunadamente, porque no estaba seguro de no haber pronunciado el nombre de Tom durante la noche en un tono algo… lascivo, para decir poco. Había soñado con él; había soñado que le hacía el amor a Tom y que ambos gemían de placer, sin miedos ni culpas. Ojalá siempre viviera en esa realidad y no en la pesadilla que se había vuelto su vida desde hacía unos meses atrás, justamente cuando regresaron a casa al final del DSDS.

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[Flashback]

Tom lo miraba inquisidoramente y le mostraba un móvil en su mano.
—Lo encontré entre tus cosas, Bill. ¿Para qué lo usas? —Bill abrió la boca pero no pudo articular palabra—. Deja, no digas nada; estoy seguro de que habrá cientos de contactos de mujeres a las que no conozco. ¿O conozco a alguna? No dudo que seas tan descarado que…
—Tomi —más que el nombre con que llamaba a su gemelo, parecía una súplica—, no es nada; no importa.
—A mí me importa; igual que me importa saber que has estado teniendo sexo en los clubes, cuando vas sin mí.
—No, Tomi, ya no; no desde que tú me acompañas.
—¿Y así quieres que confíe en ti? Siempre me engañas, me tomas por idiota, crees que dependo tanto de ti que seguiré perdonándote; pero ya no. Me cansé, Bill. Si no soy suficiente para ti pues… quédate con los demás.
—Tomi, tú eres todo para mí —se acercó a abrazarlo y Tom se alejó.
—¡Déjame!

Bill lo miró con los ojos húmedos de lágrimas que pugnaban por salir.
—¿Quién te… dijo sobre el sexo en los clubes?
—Tu gran amigo Alex, ¿quién más? Esa es la desventaja de tener un secreto que esconder de todos, Billy: él no sabe que soy más que tu hermano gemelo, así que no se midió para comentarme que todos siempre creen que eres gay pero eres todo un mujeriego, que te ha visto irte hasta con tres mujeres de una sola vez.
—Pero… Tom, eso ya pasó; desde que me diste otra oportunidad yo no…
—Me lo ocultaste, una vez más, como hiciste con lo de la Verina esa.
—¡No vuelvas con eso! Eso quedó atrás; déjalo atrás, por favor. Yo no te he reclamado nada por tener sexo con Ria, ¿o es que no tienes sexo con tu novia?

Tom calló; no pensaba darle el gusto a Bill de confesarle que jamás le había puesto un dedo encima a Ria más que una nalgada juguetona o un roce de labios para fingir que realmente eran una pareja cuando todo no era más que un contrato.
—Sí, tienes un buen punto ahí: tú sigue con lo tuyo y yo con lo mío; cada uno por su lado como siempre debió ser. Tú y yo tenemos que ser solo hermanos.
—¡No, Tomi, no! —esta vez Bill venció su orgullo y se lanzó a abrazar su nuca e intentar besarlo; Tom se escabulló una vez más—. Piensa en todo lo que hemos vivido en estos meses, nuestro sueño de irnos a la India…
—Fue eso, un sueño; la realidad es muy diferente. Vuelve a tu sexo casual, o a tu sexo virtual, a cualquier variante que te apetezca, y déjame a mí en paz, ¿sí? Déjame hacer mi propia vida.

Bill lloró al fin, dejándose caer al suelo: sí, el sueño paradisíaco de los últimos meses —solamente roto por la triste noticia de la muerte de Scotty que los hizo volver por unos días a L.A.— acababa de convertirse en su peor pesadilla.

[Fin del Flashback]

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“Déjame hacer mi propia vida”, había dicho Tom esa vez; pero se había dado cuenta que hacerlo no era tan fácil como decirlo. Ya había perdido la cuenta de las veces que se había arrastrado a pedirle a Bill que lo mirara de nuevo con deseo, que le hiciera el amor; y Bill siempre accedía. Luego, unos días después Tom se arrepentía de su debilidad y reafirmaba ante Bill su imagen de enamorado de una mujer con la que ya tenía una “relación” de varios años —incluso, cierta vez se la llevó a la casa y tuvo sexo con ella en la cama que antes compartía con Bill, intentando creerse que realmente podía tener una vida diferente, pero fue tan frustrante el resultado que nunca más lo repitió—. Con cada una de esas ocasiones, Bill perdía un poco más de su amor propio, de su fe en sí mismo, y se hundía en una espiral de evasiones: alcohol, drogas, fiestas locas; sin embargo, el sexo ahora solo lo dejaba para Tom, para esos momentos en que él volvía a su lado diciendo que lo amaba y lo deseaba a pesar de todo: esa era su idea de ser fiel de algún modo bizarro a su verdadero amor.

En medio de toda esa vorágine, los Gs los visitaron en Los Ángeles porque la disquera pedía tomaran decisiones con respecto a una nueva entrega musical de la banda. Los cuatro asistieron a la reunión con los productores quienes opinaron que los demos ya entregados no iban a servir, que eran canciones demasiado “oscuras” para el público que los seguía; Bill sabía que era su estado de ánimo sombrío el que se reflejaba ahí, así que asumió la responsabilidad de escribir nuevas canciones, pero su gemelo propuso algo más.
—Sí, Bill escribirá nuevas letras, y les pondremos música pero… yo produciré el álbum. Nosotros, como banda, tomaremos las decisiones creativas y me importa una mierda si las próximas canciones son “oscuras” o “relampagueantes”, serán las que estarán en el álbum, ¿entendido?

Bill conocía bien a ese Tom; Tom podía ser dependiente, tierno e inseguro en la intimidad, pero a la hora de representar los intereses de la banda, se volvía irrebatible; así que fue su opinión la que prevaleció y los demás lo apoyaron: empezaba una nueva etapa de trabajo para Tokio Hotel con muchos cambios avizorándose en el horizonte.

Continúa…

Gracias por leer.

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