
Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan
FOE: Capítulo 26
La mente de Tomek todavía estaba alborotada, incapaz de asimilar esta revelación.
—No puedo creerlo. Todo este tiempo, tú siempre pudiste habernos salvado a todos.
—No podía —contestó Billeam con semblante serio—. Era yo quien siempre apremiaba al Rey a usar el arma. Era yo quien lo desafiaba, me rebelaba contra sus órdenes, quien lo impelía a utilizar este poder devastador contra su especie, porque él dudaba —agregó el pelinegro, dándole la espalda a Tomek—, aun cuando el arma estuvo terminada y habían probado su eficacia, ponía trabas a usarla, porque decía que su estrella enorme no haría una supernova, sino una hípernova y si eso ocurría, los rayos destructivos afectarían más allá de su galaxia, lo cual indudablemente causaría disputas entre todas las otras especies humanoides y los felinos. Nos desharíamos de nuestro más grande enemigo, pero habríamos ganado cientos más. Aún creo que habría valido la pena. —Billeam se volvió para encarar a Tomek—. Lo obligué a tomar la decisión de usar el arma cuando escapé de la nave nodriza. Él pensó que nuevamente me había ido a hacer algo por mi propia cuenta.
—Entonces es bueno que lo hayas detenido.
El pelinegro bajó la mirada—. No lo habría detenido —confesó—. Habría muerto contigo, o me habría ido contigo, pero no lo habría detenido.
Tomek tragó pesado, visiblemente perturbado, el aire se atoró en su garganta.
—Entonces, ¿por qué lo hiciste? ¿Por qué ahora lo hiciste destruir su arma?
Billeam suspiró—. Porque de pronto vi que la quería destruida. Parece que no puedo soportar verte infeliz —respondió, sus labios se estiraron en una fina sonrisa.
Hubo un momento de silencio, en el que se vieron el uno al otro con miradas intensas. No había ningún disimulo y sus miradas irradiaban amor.
Gustaf carraspeó. Tomek parpadeó, mirándolo levemente.
—Lo siento, pero tengo que preguntar qué demonios acaban de decir —dijo Gustaf.
—Acaba de decirme por qué hemos sido salvados —respondió el rastudo, mirando otra vez a Billeam con los ojos brillantes—. No creo haberme sentido tan agradecido de haberlo conocido. —Sonrió al pelinegro y sostuvo su mano. Un instante se olvidaron por completo de Gustaf, quien todavía estaba allí, y se inclinaron para besarse.
—¡¿Tomek, qué demonios?! —Espetó Gustaf inevitablemente. Tomek hizo una mueca, recordándolo de repente. Miró a Gustaf y este tenía una expresión de completa confusión.
—Me atrapó, ¿qué puedo decir? —contestó el rastudo, alzando los hombros—. Quiero decir, míralo, es tan hermoso.
—Oh, Dios. Estás loco —murmuró su amigo, dándole una mirada incómoda a Billeam. Inmediatamente desvió la mirada, porque el pelinegro lo vio observándole.
—Se honesto y dime si no crees que es lindo, Gustaf —dijo Tomek.
—¡Es un felino! —Gruñó Gustaf.
—Sí, pero solo mira sus ojos. —Pidió Tomek, sosteniendo el rostro de Billeam en dirección del otro—. Vamos, no puedes negarlo. —Lo provocó. Gustaf desvió la mirada y prefirió no mirar al pelinegro.
Billeam quitó la mano de Tomek—. ¿Qué está pasando? ¿Qué le estás diciendo? —Preguntó, frustrado por no poder entenderles, aunque tenía una perturbadora idea de lo que podía ser.
—Simplemente está teniendo unos problemitas aceptando el hecho de que te amo —dijo Tomek con facilidad—. Dije que no pude evitarlo y le dije que le diera una buena mirada a tu encantadora belleza para probar mi punto. De todas formas, estoy bastante seguro que ahora me entiende.
Billeam se sintió de inmediato mortificado, sus mejillas enrojecieron—. ¡Perro estúpido! —murmuró, dándole un empujón, para alejarse de esa parte del puerto.
—Billeam, solo estaba bromeando —dijo Tomek, yendo detrás de él, pero Gustaf lo detuvo.
—Espera, Tomek.
—¿Qué?
Gustaf estaba mirando el monitor de la nave—. Alguien se está aproximando a Canis I
El corazón del rastudo se aceleró—. ¿Quién es?
La figura que corría entró a la plataforma y continuó su camino apresuradamente hacia la nave, hasta que se pudo distinguir su rostro.
—Es Andraz.
—Oh, bien. Déjalo entrar —dijo Tomek.
Los portales del desembarque se abrieron. Andraz estaba jadeando.
—¡Tomek! ¡Te he buscado por todas partes! —Sus fosas nasales se movieron y se congeló. Sus ojos se abrieron grandemente al mirar dentro de la cabina—. ¡Oh, mierda! ¡Es el Príncipe Felino! —Se quedó sin aliento.
Gustaf se puso rígido—. ¿Qué? —Preguntó—. ¿El Príncipe Felino? —Ahora miró a Billeam con asombro.
—¿Qué hace el Príncipe Felino aquí? —Preguntó Andraz, todavía con los ojos muy abiertos.
—Espera, ¿tú sabías que era el Príncipe? —Preguntó el rastudo a Andraz.
—Bueno, sí, pero tú también lo sabías.
—No, de hecho, me acabo de enterar. Creí que el Príncipe era alguien más. ¿Cómo sabías que era él?
—Lo acabo de hacer —respondió Andraz, mirando a Billeam—. Quiero decir, asumí que lo era la primera vez que lo vi. Hola. —Saludó sumisamente, moviendo la mano. El pelinegro apenas arqueó una ceja—. Ah, así que por esto los gatos destruyeron su propia arma —afirmó—. Todos estábamos tan pasmados por eso, que nos tomó un momento celebrar y ponernos contentos. Entonces, ¿cómo es que el Príncipe Felino está aquí?
Tomek suspiró—. Eso es lo que quería contarte sobre lo que pasó en el planeta enano. Cuando fui por él, después de creer que él te había asesinado, nos capturaron y de pronto, éramos los únicos que quedaban allí. El tiempo pasó, nos conocimos el uno al otro y nos hicimos amigos.
—¿En serio? —Preguntó Andraz muy sorprendido, pero a diferencia de Gustaf, no se sintió perturbado.
—Eso no es todo —intervino Gustaf cínicamente. Tomek lo miró, achinando los ojos.
—¿Qué quieres decir? —Preguntó.
—Vino aquí para salvarnos —respondió Tomek.
—¿En serio? —Preguntó esta vez, completamente impresionado.
—Definitivamente eso no es todo. —Insistió Gustaf.
—Bueno —dijo Tomek. Tenía un poco más de problemas confesándole a Andraz, de los que tuvo al confesarle a Gustaf, sobre todo después de todo el escándalo que hizo cuando Andraz le confesó lo aturdido que se sintió cuando vio al Príncipe Felino—. Somos más que amigos, de hecho —dijo al fin.
Andraz alzó las cejas. Miró a Billeam y luego a Tomek—. ¿Tú? ¿Tú y un felino? ¿Un felino macho?
Gustaf resopló burlonamente.
—El Príncipe Felino, si me permites —corrigió Tomek.
Andraz se puso a reír—. ¡Oh, Dios mío! Esto es increíble. Nunca en todos mis años —continuó con su risa—. Sabía que tu terrible obsesión por matar gatos, te traería humildes repercusiones. —Le apuntó con un dedo burlón.
—Sí, bueno, yo no lo veo de esa manera —respondió Tomek con dignidad—. Creo que fue afortunado que sucediera.
—Oh, okey. ¿Ahora quién es el loco? —Andraz lo provocó. Volvió a mirar a Billeam—. Te dije que era bonito, ¿no es así?
El pelinegro se veía bastante incómodo con su conversación, porque sabía que sin duda era sobre él.
Andraz continuó—. ¿Cómo rayos ustedes dos…?
—La verdad es que fue terriblemente difícil —respondió Tomek con honestidad—. Mi marcado odio contra los felinos palidecía comparado con su odio contra los perros.
—No me digas —agregó Andraz—. Entonces, ¿cómo hiciste para gustarle?
—Bueno… obviamente usé mis irresistibles encantos —contestó Tomek en lugar de decir directamente que “fue por el sexo”, lo que después de todo, efectivamente consiguió atraer a Billeam más cerca de él.
—Oh, oh —dijo Gustaf.
—¿Qué? —Ambos, Andraz y Tomek peguntaron.
—Me están llamando desde el puente. Una flota de guerreros felinos se aproxima a nuestro sistema de estrella. Y realmente creo que piensan atacarnos.
De pronto una alarma sonó. Una voz procedente de los parlantes del área pidió a los guerreros caninos que fueran a sus naves y se prepararan para la batalla. Todos se giraron a Tomek, esperando por su próximo movimiento.
—Tú ve y lidera al escuadrón, Andraz y trata de disuadirlos si es que sospechan algo. Tú vuelve al puente, Gustaf, necesitaremos que nos guíes fuera de aquí —dijo Tomek.
—¿Pero a dónde irás? —Preguntó Andraz.
—Muy lejos de Hunde y de la flota felina de ahora en adelante —respondió el rastudo.
—Bueno, puedo guiarte mejor desde aquí mismo —anunció Gustaf y volvió a acomodarse en el asiento frente a la cabina.
—Y yo soy mejor que nadie para manejar a Canis I —declaró Andraz, sentándose justo al lado de Gustaf. Ambos comenzaron a presionar botones y a levantar palancas del panel de control, sin siquiera darle una oportunidad a Tomek de discutir contra su repentina pérdida del buen juicio. Los motores del cohete Canis I rugieron al encenderse.
Tomek miró a sus amigos y luego sonrió, derrotado—. Okey, está bien, pero luego no me culpen si nos metemos en problemas.
El rastudo se volvió a Billeam, quien parecía perdido en sus pensamientos, el rostro sombrío y sus ojos idos. Se sentó en el asiento de pasajeros juntos él.
—¿Estás bien? —Le preguntó.
—No lo sé —respondió el pelinegro—. Acabo de cometer el acto más terrible de traición contra mi propia especie. Destruí el arduo trabajo y el esfuerzo de incontables generaciones antes de mí. Es como si acabara de comprenderlo y me siento confuso.
Tomek se quedó en silencio, sin saber qué decir, pero sabiendo exactamente cómo se sentía.
Billeam lo miró—. La alarma —dijo de pronto—. Es una alarma de batalla, ¿cierto?
—Sí —respondió el rastudo—. La flota felina se ha reunido para atacarnos.
El pelinegro suspiró—. No los están atacando, vienen por mí —anunció con gravedad—. Mi padre nunca creería que vine aquí para estar contigo, así que por supuesto he sido “secuestrado”.
Tomek sonrió débilmente—. Dime algo. ¿Quién es el otro, el de ojos verdes? Pensé que él era el Príncipe Felino.
—Su nombre es Giorgi, es un señuelo. Ha tomado mi lugar prácticamente desde mi nacimiento. Mi padre nunca ha querido revelar mi verdadera identidad por razones de seguridad. Para él es imperativo preservar el linaje real. En lugar de eso fui criado como el hijo del capitán de la flota felina, quien también es uno de los consejeros reales y el amigo más confiable del Rey Felino. Era muy joven cuando descubrí quien era en realidad, aunque mi padre quería mantenerlo como un secreto. Solía pensar que él creía que no estaba lo suficientemente capacitado para ser un buen gobernante, así que hice todo lo que pude para hacerlo sentir orgulloso de mí. Él siempre intentó mantenerme encerrado, e inventaba excusas para castigarme o prohibirme entrar en batallas. Tenía miedo por mi vida. Así que me esforcé por ser mejor cada día para que no dudara de mis habilidades como guerrero. —Billeam soltó una risita irónica—. Ahora tengo que haberlo desilusionado realmente.
—No está desilusionado —dijo Tomek—. Si él alguna vez decía que estaba orgulloso de ti, simplemente habrías salido y te habrías expuesto a muchos más peligros. Y si él hizo lo que hizo, era porque quería protegerte. Porque te ama.
—Nunca ha dicho, ni ha mostrado la menor prueba de que me ama. —Bufó el pelinegro— Siempre tuve resentimientos contra él por eso.
—No, pero seguro dejó que las acciones hablaran por él mismo —agregó Tomek—. Él arriesgaría todo y destruiría todo, si con eso te hace feliz.
Billeam lo miró. Tomek no sabía, pero el observar los rasgos de Billeam suavizarse, era como ser testigo de cómo dejaba la oscuridad para llenarse de luz. Los ojos del pelinegro brillaron y abrazó a Tomek apretadamente.
& Continuará &
Aaww, Tomek es mi perro favorito, él pudo entender todo perfectamente y Billeam por fin tuvo su momento de paz con su padre, gracias a él. Ya queda poco para el final, están invitados a seguir leyendo. Gracias por venir.
