FOE 25 (P.2)

Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan

FOE: Capítulo 25

No, no, no, no. No puede terminar así. Por favor di que así no es como termina. —Jimmy tiró de la manga de tía Janine.

¿Por qué no? Los finales trágicos también pueden ser finales perfectos, ¿sabes? Igual que Romeo y Julieta o Thelma y Louise. Si me preguntas, no podrían haber acabado mejor.

Jimmy parpadeó, tenía el ceño apretado, por no tener idea de qué hablaba su tía. Ni siquiera intentó entender lo que decía—. No, no quiero que termine así. —Se quejó.

La mujer sonrió—. Bueno, todavía no he llegado al final, Jimmy. ¿Por qué no me dejas terminar la historia, antes de quejarte?

El niño soltó su manga, aunque todavía no se permitía suspirar de alivio. Quería recordarle que todavía era un niño, que no estaba de acuerdo con las historias con finales trágicos—. Está bien —asintió, pero todavía un poco dudoso.

&

Tomek se enderezó y miró a Billeam con rostro preocupado—. ¿Hablas en serio?

El pelinegro también se enderezó—. Sí.

Tomek dejó la cama y empezó a vestirse—. Ponte el uniforme, Billeam.

¿Por qué? ¿A dónde vamos?

El canino esperó hasta que el pelinegro se puso el casco, para abrir la puerta. Tomó su mano y rápidamente lo guió por el corredor. Billeam solo se dejó llevar, sin decir una palabra, hasta que se dio cuenta que Tomek lo llevaba de regreso al hangar. Sintió una punzada de rechazo doler en su estómago. Tiró su mano, alejándola del poder del canino.

¿Qué estás haciendo? —Preguntó enojado, aunque ya lo sabía.

No puedo dejarte morir. Te voy a enviar de vuelta a casa.

Billeam bufó—. ¿Qué te hace pensar que no me mataré después? —Tomek alzó las cejas ante esa afirmación—. Te lo dije, deseo quedarme contigo —agregó firmemente.

Era la primera vez que Tomek sentía el imperioso deseo de salvar su propia vida.

Volvió a tomar la mano de Billeam y tiró. Cambió de dirección y los llevó hasta otra área dentro de la nave. El pelinegro gruñó cuando vio que entraban a una de las plataformas de vuelo.

¿Qué estás haciendo ahora?

Como dije, no puedo dejarte morir —respondió el rastudo y se dirigió directamente hacia un cohete que tenía letras caninas a un costado. Una vez dentro, empujó a Billeam y lo aseguró a un asiento—. Quédate aquí un momento —dijo. El pelinegro se cruzó de brazos, molesto—. No iré a ninguna parte, solo necesito hacer algunas cosas antes de irnos —aclaró Tomek—. Volveré enseguida —le aseguró, ya se había ido antes de que Billeam tuviera oportunidad de protestar. Billeam se relajó cuando vio que Tomek no abandonó el cohete, sino que apenas se movió en la plataforma de vuelo. No podía entender nada de lo que el otro decía en lenguaje canino por el intercomunicador.

Observó con el ceño apretado como Tomek se paseaba impaciente por la cabina unos minutos después y luego, los portales de desembarco se abrieron.

Hey, estoy aquí —dijo Gustaf, tratando de recuperar el aliento. Sus ojos se abrieron grandemente y jadeó del shock al ver al ser uniformado—. ¿Qué demonios? ¡Es un felino!

Cálmate. —Pidió Tomek y rápidamente sostuvo a su amigo—. Él no nos hará daño.

¿Quién es él? —Preguntó Billeam.

Está bien, es un amigo —respondió Tomek—. Él nos ayudará.

¿Tú hablas felino? —Preguntó Gustaf, sin poderlo creer.

Es una larga historia, Gustaf —contestó Tomek—. En todo caso, él es la razón por la que mi nave regresó. Él la trajo hasta aquí.

Gustaf se calmó un poco al oír aquello—. ¿De verdad? —Preguntó mirando a Billeam—. Entonces esto es serio… ¿él es… está bien?

Sí.

Entonces, ¿por qué está aquí?

Por mí —dijo Tomek—. Él y yo nos volvimos… cercanos… cuando ambos nos perdimos en aquel planeta extraño.

¿Tú? ¿Cercano con un felino? —Gustaf estaba shockeado. Una vez más, miró a Billeam—. No puedo creerlo. Esto de verdad es el fin del mundo.

¿Qué está diciendo? —Preguntó el pelinegro, no le gustaba el tono cínico que estaba usando Gustaf.

Nada, solo no puede creer que seamos amigos. Solía odiar a los felinos con todo mi ser, hasta que tú llegaste. —Tomek sonrió.

¿Qué acabas de decir? —Preguntó Tomek.

Nada, solo que eres extraño.

¿Y yo soy el extraño? —Reclamó el otro.

No importa, Gustaf —dijo Tomek—. Necesito tu ayuda. Necesitamos salir de aquí y… bueno, no podremos salir a menos que…

A menos que yo les de el acceso —completó Gustaf.

Exacto.

La cara de Gustaf se puso seria—. Déjame ver si entiendo algo aquí. Tú ya no quieres morir con tu propia raza y vas a huir de la supernova… ¿por él? —Señaló a Billeam.

Yo… bueno… —El rastudo tragó. No podía explicar que tenía una razón más poderosa para hacerlo, sin sonar como un completo traidor.

Gustaf se volvió hacia Billeam—. ¿Sabes? Nadie pudo convencerlo antes, pero tú, nuestro gran enemigo lo hiciste. ¡Esto es irreal! ¿Cómo demonios te las arreglaste, gato?

¿Qué está diciendo? —Preguntó el felino.

Quiere saber cómo me convenciste de salir de aquí —respondió Tomek—. Él simplemente no puede creer que dejaré a mi propia raza perecer con la supernova. —Bajó la mirada solemne.

De pronto, una alarma sonó por todo el puerto del hangar. Gustaf y Tomek se pusieron rígidos.

Gustaf tocó su auricular—. Oh, Dios mío —dijo, en un jadeo.

¿Qué está pasando? —Preguntó Tomek.

La nave nodriza felina acaba de soltar el transporte con el arma mortal.

El corazón de Tomek se detuvo—. ¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué hacemos? —Preguntó, como si alguien hubiera metido la pata y hubiera provocado a los gatos para que decidieran destruirlos antes.

No lo sé —respondió Gustaf, igualmente sorprendido—. No puede ser. Después de tantas amenazas, sin hacer nada, esperaba que todo fuera una farsa.

Déjame ver. —Pidió el rastudo—. Tengo que ver esto.

Gustaf rápidamente se sentó frente al tablero de control, oprimiendo botones, hasta que una imagen se proyectó en la pantalla. La imagen se veía un poco borrosa, por la enorme distancia, pero no había error, un pequeño transporte flotaba justo debajo de la plataforma de la nave nodriza.

No pueden hacerlo, de verdad no pueden hacerlo —tartamudeó Tomek. La imagen se mostró con estática. Tomek se puso nervioso—. Hey, vuelve a ponerla. —Pidió.

Espera, nos están llamando —respondió Gustaf. La imagen regresó, pero esta vez, mostraba al mismísimo Rey Felino. Su rostro estaba serio, pero portaba una sonrisa determinada.

Tienen una última posibilidad de rendirse, perros. —Afirmó el Rey con seriedad, en idioma felino. Sus palabras fueron inmediatamente transcritas a lengua canina en las pantallas. Aunque todos sabían que no se rendirían ante nada, el Rey Felino todavía esperaba que por la desesperación, los caninos suplicaran por sus vidas en el último momento.

Olvídalo, idiota. —Gruñó Gustaf.

Sin duda, el capitán de la nave y los Lords Caninos compartían la opinión de Gustaf, porque el rostro del Rey Felino se mostró enojado.

¡Entonces disfrutaré de sus gritos, cuando toda su raza deje de existir!

La imagen en la pantalla cambió, justo para que los felinos se aseguraran de que los caninos presenciaran como el arma mortal era lanzada hacia el punto-X

Oh, Dios —dijo Gustaf, su mandíbula desencajada.

Tomek estaba completamente congelado, como si su mente se negara a comprender que el fin, de verdad, había llegado.

Deja que él me vea. —Pidió de pronto Billeam. Tomek ni siquiera lo escuchó acercarse a donde estaban—. Dile a tu amigo, que deje que el Rey me vea.

¿Qué? —Preguntó Gustaf.

Dice que quiere que dejes que el Rey Felino lo vea —contestó Tomek. Ambos miraron al pelinegro con rostro interrogante. Gustaf arrugó el ceño, sin embargo accedió y oprimió algunos botones.

Listo —dijo. La cara del Rey Felino apareció en la pantalla, descaradamente feliz, como si esperara escuchar la súplica de los perros. Sus ojos se abrieron grandemente y se quedó congelado en su lugar.

Billeam se puso de pie junto a Tomek y se quitó el casco. El Rey Felino se mostró impactado un momento y luego sus facciones cambiaron a ira.

Ahora Gustaf y Tomek miraban a Billeam con el ceño apretado de incomprensión.

El Rey Felino rugió de pura furia y luego envió varias órdenes mezcladas con maldiciones. Tomek entendió solo la mitad de las órdenes de último momento del Rey. La pantalla mostró estática y luego se puso negra. Gustaf rápidamente reajustó la imagen. Él y Tomek miraron con la boca abierta como la nave nodriza felina cambiaba de posición y redirigía sus cañones principales contra el transporte del arma mortal. Los cañones dispararon con todo su poder y el artefacto, efectivamente, se destruyó en pedazos justo a unos instantes de alcanzar el punto-X

Gustaf y Tomek observaron shockeados y perplejos.

¿Qué demonios acaba de suceder? —Preguntó Gustaf, demasiado perplejo de cuidar su lenguaje.

El rostro de Tomek era de completa incredulidad mientras miraba a Billeam. El pelinegro había bajado la vista y la cabeza, no se atrevía a mirar a Tomek a los ojos. Supuso por la mirada intensa y, tal vez, acusadora de Tomek que acababa de darse cuenta.

& Continuará &

¿De qué se dio cuenta Tomek? ¿Qué pasará ahora que ya no morirán los caninos? ¿Tendrán a Billeam como prisionero? Quedan pocos capítulos, los invito a continuar con esta emociónate historia de blame_my_dirty_mind

1 comentario en “FOE 25 (P.2)”

  1. Esto estuvo buenísimo! ! Me había olvidado de que el rey destruyó el arma mortal que acabaría con los perros por el verdadero príncipe! !!!!

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