Escort 27

“Escort” Fic de Gaja. Traducido por Elle-R

Capítulo 27

Bill dio una última calada a su cigarrillo, echando la ceniza en un cenicero cercano mientras enviaba su teléfono al buzón de voz por vigésima vez en la última hora. Se había despertado esa mañana con una horrible resaca que lo había dejado enroscado en torno a Tom hasta que la necesidad de usar el baño finalmente lo obligó a tropezar por las escaleras del club hasta llegar al baño de hombres. Eso le había dado tiempo a Tom para hacerle una taza de café y escabullirse por una media docena de muffins, que Bill a regañadientes tuvo que admitir que había ayudado. Una vez que había llegado al punto en que podía mantener ambos ojos abiertos a la vez, Bill le había dado a Tom un abrazo y un excepcionalmente cariñoso adiós, junto con la promesa de reunirse más tarde, y tomó un taxi hacia la agencia.

Bill estaba orgulloso de sí mismo por controlarse y no gritar todo el tiempo que estuvo allí, sin importar lo mucho que deseaba gritar y despotricar acerca de la situación en que lo habían puesto, incluso después de que él específicamente les había dado instrucciones de no permitir que Richard lo reserve de nuevo, algo que debió sobreentenderse que abarcaba a cualquier persona que Richard conocía y podría conocer alguna vez en toda su vida. La conversación había sido lacónica, por decir algo, y terminó con Bill estipulando algunos nuevos anexos en su contrato y continuando con su camino. Estaba en el taxi de regreso a su casa cuando su teléfono comenzó a sonar, y ahí fue cuando supo que Kat ya le había ido con el chisme a Angela.

Desde entonces Angela le había estado llamando cada cinco o diez minutos, de vez en cuando le daba un respiro de escuchar su tono de llamada enviándole un mensaje de texto en su lugar. Bill sabía que podía ahorrarse el nuevo dolor de cabeza que se estaba construyendo detrás de sus ojos con sólo apagar el teléfono, pero no quería terminar perdiéndose una llamada de Tom únicamente porque estaba esquivando algo a lo que sabía que iba a tener que hacer frente más temprano que tarde. Ya tenía suficiente en su plato sin tener que escuchar a Angela gritándole por teléfono.

Frotándose las sienes con su mano libre, Bill suspiró cuando vio su teléfono vibrar en la superficie de la mesa por la llegada de otro mensaje de texto. Agarrando el objeto, Bill abrió su móvil, el nombre y el número de Angela se veía en la pantalla, como se había imaginado, y un mensaje de “Contesta tu maldito teléfono o voy para allá” se podía leer debajo. Bill no pudo evitar dar un pequeño gruñido cuando su teléfono sonó de nuevo, tocando el tono de llamada de Angela una vez más.

—¿Hola? —respondió Bill, encorvándose sobre la mesa y encendiendo otro cigarrillo.

—¿Dónde estás? —Angela chilló en el teléfono. —¿Estás bien? ¿Dónde has estado? ¿Por qué no has contestado el teléfono?

—Estoy en casa, estoy bien, desde hace un par de horas que estoy en casa, y no he contestado porque no quiero hablar del tema.

—Billy —dijo Angela, lo agudo de su tono descendiendo para dar paso a la preocupación. —He estado preocupadísima por ti. Almorcé con Kat hoy y ella, bueno, me contó lo de anoche, entonces no contestabas y… sinceramente, estaba empezando a pensar que habías ido y te habías lanzado desde lo alto de ese hotel o algo igual de horrible. ¿Cariño, cómo es que nunca nos dijiste?

Bill se inquietó, agitando su cigarrillo. —Es que… en realidad nunca surgió el momento.

Angela chasqueó ligeramente la lengua en el teléfono. —Billy, tú sabes que eso no es cierto. Sabes que podrías haber dicho algo.

A su pesar, Bill sollozó calladamente. Todo su mundo se había puesto completamente patas arriba en las últimas 18 horas y las nuevas tensiones de todo esto estaban empezando a llegar a él. —No quiero hacer esto por teléfono.

—¿Quieres que nos reunamos en alguna parte?

Bill sacudió la cabeza. —No. Yo… ¿podrías venir aquí, tal vez? Yo en realidad no quiero salir.

—Oh, Billy, cariño, está bien. Estaré ahí tan pronto como pueda, ¿de acuerdo?

—Bien —respondió Bill en voz baja, despidiéndose y colgando el teléfono. Suspirando levemente para sí mismo, Bill miró la pila de papelitos esparcidos sobre la superficie de la mesa, los agrupó de nuevo y los guardó en la caja de botas Gucci en que habían venido. Podía hacer frente a todo lo demás un poco más tarde, pero por ahora, necesitaba conseguir un café bien hecho y asegurarse de que no había nada malo en tener un plan a la vista.

&

El café todavía se estaba preparando cuando Bill oyó que llamaban a la puerta. Dando un último vistazo al lugar –en silencio lamentando el hecho de tomarse tantas atenciones en ordenar su habitación para los clientes, y sin embargo nunca haberse tomado la molestia de hacer lo mismo en su propia casa– Bill se dirigió a la puerta y la abrió. —Hola, Ángel.

—Oh, dios, Billy, te ves hecho polvo —dijo Angela frunciendo un poco el ceño, tocando levemente el borde de la cara de Bill.

La barbilla de Bill tembló un poco bajo su mano antes de que él jalase a la pelirroja contra su cuerpo, enterrando su rostro en la maraña suave y con olor a vainilla de su pelo. —Todo está desmoronándose —lloriqueó en voz baja.

—Cariño —Angela lo confortó, acariciando su espalda para consolarlo. —Estoy segura de que no puede ser tan malo. Vamos, ven a sentarte. —Llevando a Bill con ella, Angela le condujo hasta la sala de estar, sentándolo en el sofá y permitiendo que se tumbe contra ella, con la cabeza cómodamente apoyada en su regazo. —Dime que pasa.

Bill sollozó, cerrando los ojos mientras Angela acariciaba su pelo con los dedos, su laca desde hace bastante rato que había desaparecido. —Las cosas estaban bien. Yo tenía mi trabajo, mis amigos, todo eso, y estaba bien. Y allí estaba Tom… —empezó Bill—, él apareció y es como si todo mi mundo se derrumbase de repente sobre mí. Los últimos ocho meses…

—¿Ocho? —Angela le interrumpió. —Sólo han pasado cuatro meses desde que Jarret los citó a ambos.

—…Joder. —Bill suspiró, moviéndose inquieto en el regazo de Angela. —Tom y yo en cierto modo de ya nos conocíamos antes de eso. Mucho antes de eso, supongo. Pensé que dejar que Jarret tenga el mérito de habernos juntado sería un punto de partida mejor que… ya sabes…

—¿La realidad? —Angela sugirió, alisando el cabello de Bill.

—Básicamente. Yo no quería que ustedes piensen menos de él por… ser un cliente en un principio. —Bill dijo, entreabriendo un ojo para mirar a Angela. —Aunque fue sólo en dos ocasiones, y luego dije nunca más.

—Y eso funcionó muy bien para ti, ¿no es así? —Angela le preguntó con una sonrisa que Bill no estaba seguro de si era forzada o genuina, y ella le dio un pequeño pellizco a su oreja.

—Las cosas, obviamente, no se suponía que iban a salir de esta manera —dijo Bill. —Se suponía que él iba a irse. Se suponía que iba a desaparecer en el gran mundo y ser olvidado, y eso simplemente no ocurrió. Lo intenté, pero entonces… —Bill suspiró suavemente, rascándose la frente. —¿Te acuerdas de esa noche un par de meses atrás cuando fuimos a ese club y yo en cierto modo los dejé tirados?

—Sí. Jarret estaba molesto porque eso significaba que él iba a terminar comprando la mayoría de las bebidas.

—Ese club es de Tom. —Bill añadió, arqueando una ceja.

Angela miró confundida a Bill por un momento antes de que la comprensión llegase a ella. —Oh, idiota —dijo ella, pegando levemente a Bill en el hombro. —¿Nos dejaste tirados por Tom?

—Los dejé tirados por Tom —afirmó Bill. —Era la primera vez que lo había visto desde que dije que no volvería a verlo nunca más, y me refiero a ceñirme a mis convicciones y despedirme de él sin decir una palabra, y yo simplemente no pude. Verlo de nuevo sólo me recordó cuanto lo quería, así que de algún modo simplemente… lo hice. Fue de lo más extraño también, porque él estaba a punto de marcharse, fuera de mi vida otra vez, y de repente fue como si todo impulso que había decidido tener de sensatez estuviera mal y me obligara a traerlo de regreso a mí. Nunca he querido tanto a alguien antes.

—Así que corriste —dijo Angela en voz baja, reanudando su suave caricia al pelo de Bill.

—Tan lejos y tan rápido como me fue posible. Me acosté con tanta gente en esas estúpidas vacaciones y no funcionó, más bien me hizo quererlo aún más. Fue horrible. —Bill dijo poniendo morritos. —Luego regrese, y estábamos pasando el rato, divirtiéndonos, y Tom apareció de nuevo, sólo que ahora estaba con una golfa rubia y en realidad dolió verlo con otra persona. Hice todo lo posible para evitarlo y seguir adelante con mi vida, y en el momento que creí que podría estar haciéndolo me puse todo desconsolado y angustiado.

Angela le sonrió. —Lo tenías difícil.

—Muy difícil.

—Así que, ¿qué pasó con la golfa?

Bill sonrió ligeramente. —Resulta que ella era la prometida de su primo. La boda es en abril y Tom quiere que vaya con él.

—Entonces no era tanto una golfa después de todo —dijo Angela.

—Yo no sé nada sobre eso, pero por lo menos ella no es la golfa de Tom, lo que es algo bueno. —Bill dijo claramente. —Aunque, después de eso, yo había decidido una vez más terminar todo con Tom, y ahí fue cuando prácticamente Jarret nos citó. Supongo que ahora tiene un poco más de sentido porqué yo estaba enojado con Tom, ¿verdad?

Angela asintió. —Compró tu tiempo. Otra vez.

—Otra vez —repitió Bill, arrugando la nariz. —Podría haber estrangulado tanto a Jarret como a Tom por eso. Sin embargo, la casa de Tom es muy agradable. Ya sabes, tú me ayudaste a pintarla.

—Dios, ese cuarto de baño…

—Lo sé, ¿verdad? —Bill dijo con una sonrisita. —Pero fue justo ahí cuando todo empezó a derrumbarse sobre mí. Al principio era sólo que yo seguía encontrándome a Tom, luego resulta que él y Jarret ya se conocían. Así que ahora él está como a un paso de salir con mis amigos, lo que podría haber terminado, um, como lo hizo, la verdad. Luego fue lo de su fiesta de cumpleaños, y yo me encontré con otro antiguo cliente allí. —Deteniéndose, Bill frunció el ceño. —Encontrarse con clientes en la vida real es una mierda, también. Ellos sólo parecen asumir que porque estaba dispuesto a hacer algo en alguna ocasión, pueden intentar que lo haga de nuevo en mi tiempo libre. No es como si yo fuese una especie de prostituta de la calle, ¿sabes? —Bill dijo con tristeza, levantando la mirada hacia Angela. —Tengo una agencia, y guardias de seguridad, y pruebas de detección de ETS mensuales y todo eso me pone por encima de esa clasificación. Tienen que pasar por todo eso antes de llegar a mí, y aun así yo tengo la última palabra. Dejar que alguien simplemente me tire a la calle… —Una vez más Bill arrugó la nariz, moviendo ligeramente su cabeza. —No es así.

—Lo sé, cariño —dijo Angela con dulzura, pasando sus dedos por el pelo de Bill otra vez.

—No lo sabes, pero te agradezco la intención —dijo Bill, apoyando su cabeza contra la mano de Angela. —Luego hubo la cena con Kat y Richard—continuó Bill, diciendo con ligero desprecio el nombre del otro hombre. —Si ya de por sí iba a ser bastante malo porque Kat ya estaba enojada debido a Tom, ella encima tuvo que traerlo con ella.

—No creo que Richard estuviese tan mal —dijo Angela en voz baja.

—¿Así que Kat todavía no ha hecho la conexión, eh? —Bill preguntó, consiguiendo que Angela niegue con la cabeza. —Richard es el que la citó conmigo. Él sabía que tenía que pedirme a mí. Lo sabía.

Angela contuvo un pequeño jadeo de sorpresa. —¿Richard era un cliente?

—Con un fuerte énfasis en “era”. Incluso antes de que resultara ser un completo imbécil, él también era un cliente pésimo. Yo no tengo nada que ver en esa reserva —dijo Bill con el ceño fruncido.

—Wow. Kat va a romperle la nariz cuando sume dos más dos —dijo Angela.

Bill dejó escapar una risita. —Eso es exactamente lo que le dije a Tom. Aunque el tipo se lo merece. Él nos tendió una trampa sabiendo exactamente lo que estaba haciendo. Lo hizo por despecho, porque yo no se la chupé en el baño o lo que sea que buscaba. Dios —dijo Bill, cubriéndose la cara con las manos por un momento—, el imbécil intentó solicitarme en frente de Tom. ¡En frente de él! Se ofreció a reservarnos a ambos a la vez. Si Tom no hubiera sabido ya lo que hago… —Callándose, Bill negó con la cabeza. —Espero que Kat le rompa la nariz. Sé que estaré allí con daiquiris y fondue de chocolate para apoyarla después de eso. Eso si ella alguna vez está dispuesta a hablar conmigo de nuevo.

—Sabes que Kat no puede estar enojada contigo por siempre —dijo Angela. —Ella simplemente está cabreada ahora mismo. Sin embargo, tienes que admitir que tú tienes parte de la culpa.

Bill tragó saliva, mirando a Angela a la ofensiva.

—La tienes. Tú eres el que decidió tener secretos con ella, con todos nosotros. Un montón de secretos, por cierto. Podrías habernos dicho lo que haces justo cuando empezaste. A Kat probablemente le habría gustado saber que había una razón aparte de ella por la que ustedes dos terminaron. Yo no hubiera pasado tanto tiempo preocupándome por tu completa falta de interacción humana ya que al parecer en realidad estabas teniendo bastante —dijo Angela, dándole un golpecito a Bill en la nariz. —Podríamos haber hablado sobre todo este asunto de Tom cuando empezó y ahorrarte muchos dolores de cabeza. Podrías haber advertido a Kat sobre Richard antes de que ella saliese lastimada por todo esto. Todos podríamos estar tomando un café en este momento en lugar de dedicarnos a tu gran crisis existencial.

Bill suspiró. —Lo sé, es que… nunca parecía el momento adecuado.

—Lo que es probablemente la razón por que la vida decidió empujar el momento adecuado hacia ti —dijo Angela. —Sabía que nunca ibas a decidirte a hacerlo.

—… Probablemente no —admitió Bill, enderezándose y sacudiendo su cabello, dejándolo caer libre.

—Por lo tanto, hay una cosa que me pregunto sobre todo este asunto —comenzó Angela, apoyando un brazo sobre el respaldo del sofá.

—¿Sólo una? —preguntó Bill, arqueando una ceja.

—Bueno, no, en realidad tengo un millón, pero ahora parece un mal momento para la mayoría de ellas, por lo que en lugar de eso voy a limitarme a dos. —Angela admitió encogiéndose de hombros. —Primero, ¿qué hizo tan diferente a Tom? Quiero decir, Kat me dijo que has estado haciendo esto desde hace años, así que dejando fuera a todos los que te, um, contratan, ¿por qué él?

Bill se mordió el labio inferior pensativamente. —Tom se sentía diferente —dijo con sinceridad. —No de una manera física, porque todos son un poco diferentes, sino simplemente en general. Tom se sentía como si realmente quisiera estar allí, conmigo. No se sentía como si estuviese allí sólo para conseguir lo suyo y seguir adelante como la mayoría de los clientes. Tom era todo besos y afecto real, y la primera vez yo… la primera vez que nos acostamos, lo sentí como una verdadera primera vez con alguien que yo quería. Estaba emocionado por tener la oportunidad detenerlo, y eso fue principalmente mi primer indicio de que él era algo especial. Y ahora sé que lo es, porque, por encima y más allá de cualquier otra cosa, cualquiera que aguante lo que hago durante tanto tiempo como él lo ha hecho, realmente tiene que ser alguien especial.

Angela sonrió, apretando suavemente el brazo de Bill. —Estás tan enamorado de él.

—Lo sé —dijo Bill con una sonrisa a cambio.

—Eso en cierto modo me lleva a lo otro que también me preguntaba —dijo Angela, empujando un puñado de rizos por encima de su hombro. —¿Qué piensas hacer ahora? ¿Quiero decir, con todo el asunto del trabajo?

—Eso —comenzó Bill en voz baja, pasando una mano por encima de su cabeza—, bueno, yo, um, creo que renunciaré hoy. Fui a quejarme por permitir que alguien que yo específicamente había puesto en la lista negra me reserve así como así, incluso si es un amigo de ellos, y por dejar que me cite con una amiga mía, ya que se supone que ellos deben descartar ese tipo de cosas. Una cosa llevará a la otra y lo siguiente que sé es que voy a firmar el contrato de renuncia y me dirigiré a la puerta.

Angela parpadeó sorprendida. —¿Ellos simplemente te dejarán ir? ¿Así de fácil?

—Bueno, sí —dijo Bill encogiéndose de hombros. —No es como si estuviera en una especie de mafia de esclavos sexuales. La agencia sólo me quiere allí tanto tiempo como yo quiera estar ahí. Si no quiero hacerlo más, los clientes van a saberlo, y yo de verdad, de verdad que no quiero a ningún cliente que estaría en ese tipo de cosas. Por lo tanto, llegado fin de mes, una vez que termine las últimas reservas que tengo, he acabado.

—¿Y luego, qué?

Bill se rió nerviosamente. —No tengo ni idea.

Continuará…

¡Por fin! Bill ya se ha decidido, pero no, aún quedan el final y el epílogo para que esto se termine, y ver que les depara el futuro a la relación de Bill y Tom.

Espero les haya gustado, nos vemos 🙂

1 comentario en “Escort 27”

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