
“Escort” Fic de Gaja. Traducido por Elle-R
Capítulo 17
Bill gimió contra las almohadas mientras lo penetraban una y otra vez, los firmes dedos que se aferraban alrededor de sus caderas dejaron pequeñas marcas en forma de media luna en su piel, mientras jalaban de él hacia atrás con cada embestida. Bill podía sentir las pequeñas gotas de sudor amontonándose en su frente por el calor de la habitación, rodando lentamente por su rostro y haciéndole dejar manchas negras en la funda de la almohada cada vez que apretaba la cara contra ella. Sabía que probablemente desde hace rato superaba el aspecto de un mapache, pero estaba teniendo problemas para tener cuidado de la forma libertina en que había terminado comportándose porque estaba demasiado ocupado disfrutando.
Las embestidas contra él no eran perfectas; el ritmo de ellas iba aumentado y disminuyendo bastante erráticamente, y lo dejaban a él empujándose hacia atrás en la ocasión de conseguir lo que quería, pero había algo sobre eso que lo enloqueció más de lo que hubiera esperado.
—Te está gustando esto, ¿verdad? —Cassidy le preguntó, moviendo sus caderas hacia adelante, haciendo gemir a Bill y enterrar sus dedos más profundamente en las sábanas. —Pequeño narcisista.
Cassidy había estado yendo a Bill por casi dos años, pero el consolador con arnés era una nueva adicción a lo que hacían.
Las primeras visitas – varios meses atrás – habían sido bastante estándar. Ella aparecía, se enrollaban, iban a la cama, palmeaba a Bill en la cabeza y le decía que estuvo bien antes de regresar a su mundo satisfecha. Siempre lo mismo, no muy interesante, pero, como siempre, encantado de repetir el asunto.
Hasta que un día, por lo menos un año después de la primera visita, ella había aparecido en la habitación de Bill con una pequeña caja de cartón y las instrucciones de estar desnudo, duro y sentado en la cama. Bill había levantado una ceja, y cumplió, viendo interesado como ella despejaba cuidadosamente parte de la mesa y empezó a sacar cosas de la caja, colocando varias bolsas en la mesa junto con un largo tubo de plástico. Le había tomado un tiempo excitarse apropiadamente, distraído como estaba con las novedades, y preguntándose de que se trataba todo aquello hasta que ella finalmente se lo explicó.
Iban a hacer un molde de él.
Bill no necesitó más ayuda para ponerse duro después de eso, la novedad de la idea hizo que se contoneara con anticipación, mientas Cassidy mezclaba la masa de moldear y deslizó el tubo de plástico en él. Lento, gentilmente manteniéndolo en él hasta que se enfriara, mientras que el líquido caliente a su alrededor se solidificó lo suficiente como para cuidadosamente deslizarlo y ella lo puso a un lado para que pudiera hacer otro molde, por si acaso.
Una limpieza rápida y un conveniente revolcón más tarde, y ella salió por la puerta una vez más sólo para estar fuera durante meses, como siempre.
Cuando Cassidy finalmente lo llamó otra vez, se produjo una nueva marca en la hoja de su solicitud: los juguetes. Al final resultó que esos juguetes vinieron en la forma de un cinturón con arnés a partir del molde hecho de él.
Eso le dio a Bill un momento para reflexionar, sentado en la cama en el borde de la cama comparando el tamaño, la forma y la colocación de sus propias venas, antes de que se encogiera de hombros y decidió que así podría descubrir lo que se siente al ser follado por tu propio pene.
Y le había encantado. Supuso que la mayoría de la diversión era la perversa emoción de saber que era él allí atrás, y no el típico dildo liso de silicona o el de una estrella del porno que lo dejaría sentándose delicadamente por lo menos un par de horas después. Era él mismo dentro de él y era lo suficientemente perverso para que se corriera con fuerza.
Una semana después la agencia le envió un regalo – todos los regalos iban a través de la agencia para asegurarse de que no era una bomba de relojería o algo peor – pero resultó ser otro ejemplar del molde para que él se quedara, éste además con un pequeño huevo vibrador escondido en el interior, vibrando cada vez que lo encendía y rápidamente se convirtió en su favorito.
Desde entonces, las reservas con Cassidy significaban correas con arnés, y Bill se convirtió en una masa temblorosa deseando tomar la réplica de silicona de sí mismo. Afortunadamente para él, a Cassidy parecía gustarle esta versión de su pequeño narcisista mucho más, y estaba más que dispuesta a verlo gemir y retorcerse debajo de ella mientras lo tomaba.
— ¿Quieres más? —Cassidy le preguntó a Bill con voz baja, pasando una mano desde sus caderas hasta su plano vientre, sus dedos tentadoramente cerca de la cabeza de su pene pero sin llegar a tocarlo, independientemente de cuanto Bill tratara de moverse.
—Sí —susurró Bill, debatiéndose entre empujarse hacia atrás para conseguir más, o hacia abajo para frotarse contra algo, sabiendo muy bien que con ese movimiento obtendría lo que le habían negado.
Agarrando las caderas de Bill, Cassidy tiró de él hacia ella, hundiéndose en él hasta que sus pieles se tocaron y Bill gimió profundamente en la parte posterior de su garganta. Poco a poco, mucho más lento de lo que Bill hubiera querido, ella pasó su otra mano por su vientre, rozando su pene con el dorso de la mano mientras que se mecía lentamente en su interior, sólo para finalmente envolver su mano alrededor de él cuando empezó a lloriquear más que gemir.
Tan excitado como estaba, le tomó casi vergonzosamente a Bill unas pocas embestidas más para correrse, gimiendo en las almohadas de rayas mientras impregnaba la cama debajo de él. Cassidy le dio unas pequeñas embestidas antes de desplazarse libre de él, y acarició su trasero mientras él se dejaba hundir en la cama, agotado y contento.
— ¿Te sientes mejor? —preguntó ella, secándose las manos en el edredón y poniéndose de pie para desabrochar las correas, sacándose el consolador con arnés antes de ponerse su ropa interior nuevamente.
Bill tarareó una respuesta, satisfecho, rondado hacia a un lado. — ¿Ya te marchas?
Cassidy se rio, inclinándose para besar a Bill en la mejilla. —Siempre eres tan adorable cuando estás agotado. Casi desearía haberte conocido antes —, ella dijo, sentándose y acariciando su hombro con cariño. —desafortunadamente, hay lugares en los que debería estar. Recibí una llamada de camino a aquí, pero les dije que si ellos pensaban que iba a dejar pasar mí tiempo contigo, estaban muy equivocados, y que simplemente podían sentarse y esperarme hasta que termine.
— ¿En serio? —Bill pregunto, dejando caer su cabeza sobre la almohada cuando ella distraídamente acarició su cuello.
—No con esas palabras, pero entendieron la cuestión por lo menos —, dijo con una sonrisa, limpiado con el pulgar una mancha de maquillaje corrido en su mejilla. —pero tengo que irme a tomar una ducha y todas esas aburridas tonterías si no quiero aparecer oliendo a sexo. —Dándole a la nariz de Bill un pequeño pellizco, Cassidy se levantó una vez más y recogió sus cosas mientras Bill la observaba tranquilamente, tratando de conseguir el coraje para levantarse él también. Vestida, Cassidy se acercó para darle otro beso a Bill, acariciando su mejilla mientras se alejaba. —Cuídate, muchacho, ¿de acuerdo?
—Dalo por hecho —. Bill dijo con una sonrisa, incorporándose para sentarse y despedirse de Cassidy cuando abandonó la habitación. A regañadientes Bill consiguió salir de la cama, sudoroso, pegajoso, y todavía con las piernas temblorosas, y se dirigió al cuarto de baño. Su maquillaje era un desastre, pensó, mirando el borroso lío en el espejo antes de encender la ducha y agarrar una toalla de la pila de ropa limpia en la estantería del baño. El agua estaba apenas caliente cuando Bill entró debajo de ella, la agradable frescura en su piel ardiendo mientras se lavaba. Bill sólo se dio un lavado superficial, suficiente para hacer que su trasero deje de sentir la extraña sensación resbaladiza cada vez que se movía, y para eliminar las trazas restantes de su maquillaje, antes de salir, limpio y adecuadamente hermoso otra vez.
Secándose, Bill caminó a través de la habitación, encontrando su bolso y buscando su móvil para llamar a la agencia y hacerles saber que todo había ido bien, no había habido ninguna sorpresa desagradable, y nadie había tratado de abofetearlo. Otra rutinaria reserva había marchado a la perfección, y otra rutinaria llamada a la agencia para informarles de que él estaba bien.
Al colgar, fue en busca de su propia ropa, vistiéndose lo más rápido que pudo con unos pantalones ajustados sobre su piel todavía ligeramente húmeda. Una vez vestido, anduvo recogiendo sus cosas, poniéndolas nuevamente en su bolso mientras las iba agarrando, susurró una disculpa silenciosa al pobre miembro del equipo de limpieza que tenía que encargarse de sus sábanas antes de salir por la puerta y marcar en su móvil de nuevo.
—Hey, Tom —. Bill dijo, su reflejo sonriendo alegremente mientras pulsaba el botón del ascensor. — ¿Quieres salir a cenar esta noche?
Continuará…
