“Escort” Fic de Gaja. Traducido por Elle-R
Capítulo 14
Tom se despertó sintiendo la ligera presión de Bill a su lado mientras que el otro chico se movía en sueños, acurrucándose más contra él y balbuceó algunas palabras sin sentido antes de quedarse quieto nuevamente. Se había quedado toda la noche, y Tom llegó a descubrir que tenía razón; Bill era hermoso por la mañana. Se había sacado el maquillaje antes de ellos irse a la cama, quedando sólo trazos tenues del eyeliner que todavía tenía en los bordes de los ojos y su cabello estaba revuelto contra las almohadas en un desaliñado enredo que Tom pensó que le sentaba incluso mejor que el perfecto peinado hacia atrás que solía tener. Sus mejillas estaban ligeramente ensombrecidas por el crecimiento del vello facial de una noche, lo suficiente como para que Tom sintiera su rostro áspero bajo la yema de sus dedos mientras trazaba las líneas de la mandíbula de Bill. Él era muy hermoso y Tom deseaba tener esto cada mañana. Quería despertarse junto a ese rostro, con sus extremidades enredadas juntas, escuchar su voz en el desayuno, acurrucarse juntos en el sofá y besarse hasta quedar sin aliento porque se sentía como la cosa más perfecta en el mundo para hacer. Habían hecho precisamente eso la noche anterior, compartiendo lo que sentían con horas de hambrientos y necesitados besos como si estuvieran recuperando los meses de oportunidades perdidas. No fue hasta que Bill comenzó a adormilarse que se habían mudado a la cama, ambos vestidos con un par de los pijamas de Tom y cayeron en un plácido sueño, abrazados y cómodos.
Tom suspiró para sus adentros. Por mucho que quería esto, y sobre todo estaba seguro de que Bill también, Bill había mencionado unos temas interesantes la noche anterior. Aun cuando Tom quería retenerlo, no podía voltear la vida de Bill al revés o encontrar la manera de ser más compresivo con su trabajo de lo ya lo era. Odiaba la idea de tener que devolver a Bill a su mundo y a todo pervertido al azar que quisiera tenerlo por la noche – olvidando convenientemente que había sido uno de ellos antes y lo sería de nuevo en un segundo si eso era lo que hacía falta para estar con Bill. Tom casi deseaba poder aceptar más todo esto, dejar que Bill hiciera lo que debía hacer y conformarse con saber que al menos el corazón de Bill era totalmente suyo, aunque su cuerpo no lo fuera, pero sabía que quería ambos, exclusivamente.
Aunque tenía que dejar que Bill se vaya, como mínimo todavía tenía el día de hoy y la posibilidad de que quizás, solo quizás podrían estar juntos aun con todo esto.
Sonriendo tiernamente, Tom pasó su pulgar por la suave almohadilla del labio inferior de Bill, consiguiendo otro murmullo somnoliento mientras que Bill revoloteaba sus ojos abiertos. —Hey, —Bill bostezó, estirándose lánguidamente sobre la cama. — ¿Qué estás haciendo?
—Mirarte. —respondió Tom simplemente, acariciando la curva de la oreja de Bill.
Bill arrugó la nariz. — Oh, Dios, ¿por qué? Estoy todo… ugh, mi pelo. —dijo, pasando una mano por el desaliñado cabello liso y se sentó, preguntándose si se había acordado de traer un cepillo de pelo y lamentando no tener un cepillo de dientes para combatir su indudablemente terrible aliento mañanero y…
La lista mental de comprobaciones de Bill fue interrumpida cuando Tom tiró de él hacia abajo, lo besó suavemente mientras lo recostaba en la cama nuevamente. —Te ves increíble. —dijo Tom, rozando su nariz contra la de Bill.
—… ¿Eso crees? —Bill preguntó, pasando las manos por el pecho desnudo de Tom hasta los hombros, con una pequeña sonrisa en sus labios.
—Lo creo. —Besando a Bill otra vez, Tom se apoyó en un codo. —Entonces, ¿quieres desayunar? Podríamos quedarnos en casa o salir, tu elección.
Bill le miró pensativo, mordiéndose el labio inferior con los dientes de una manera ociosa que hizo que Tom deseara volver a besarlo. —Quedarnos. No quiero vestirme aún. —dijo finalmente, retorciendo entre sus dedos el final de una de las trenzas de Tom.
—Me parece bien. Creo que tengo los ingredientes para hacer tortitas en la cocina. —dijo Tom, deslizándose por el borde de la cama para ir a mirar.
— ¿Tortitas de arándanos? —Bill preguntó esperanzado.
—Tal vez. —respondió Tom, cautivándose más con Bill cundo escuchó el pequeño gritito de alegría que hizo detrás suyo.
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El desayuno salió bastante bien, Tom encontró un cartón de arándanos en su nevera que vagamente recordaba haber comprado y las mezcló con un lote de la delatadora caja azul verdosa de tortitas ya preparadas. Por ser tan delgado como él, Bill sorprendió a Tom cuando se comió la primera tanda y empezó con la segunda mientras que hacía una pequeña charla acerca de cualquiera que sean las pequeñas cosas que les gustaban. Tom habló de sus clubs, mencionando sutilmente la visita de Bill y Bill habló de libros, dando forma a las historias con sus manos de una manera que Tom encontró infinitamente entrañable.
—Y todo eso era terriblemente enrevesado. Deberían haber puesto un esquema en alguna parte del libro para poder mantener todos los nombres y las relaciones entremedio. —Bill dijo, haciendo un gesto con el tenedor antes de pinchar otro bocado. —Tal vez si los nombres no hubieran sido tan similares habría sido un poco menos confuso, pero ya que había empezado… —su voz se fue apagando, encogiéndose de hombros.
Tom asintió, mirando a Bill hablar tan animadamente que empezó a preguntarse como aún no había arrojado un trozo de tortita a través de la habitación. A medida que el pensamiento cruzaba su mente, Tom miró una pequeña gota de sirope salir por el borde del mordisco de Bill, engrosándose hasta finalmente liberarse y gotear hacia abajo por el desnudo pecho de Bill. —Vaya. —dijo Bill.
Inclinándose a través de la esquina de la mesa que había entre ellos, Tom lamió la mancha antes de que Bill pudiera recoger una servilleta, provocando un pequeño suspiro de Bill mientras que el desayuno quedó en el olvido rápidamente. Con la yema de los dedos, Bill se embardunó a sí mismo con el sirope restante, la lengua de Tom perseguía cada gota mientras que Bill lo atrajo más abajo, dejando a Tom en sus rodillas mientras que éste le besaba a través del vientre.
La respiración de Bill se convirtió en pequeños jadeos, se preguntó si sería capaz de convencer a Tom para moverse un poco más abajo y degustar otra cosa, cosa que actualmente estaba empujando contra la parte delantera del pantalón del pijama y pedía atención. —Tom. —Bill susurró, inclinando el mentón de Tom hacia él y se uniéndosele de rodillas en el suelo, presionó su húmeda y pegajosa piel contra el pecho de Tom y lo besó con avidez, lamiendo el dulce sirope de sus labios. Sabía muy bien, como el azúcar y la lujuria, y Bill ni siquiera lo pensó dos veces antes de recostarse sobre el frío piso de la cocina con Tom encima de él. —Cada mañana debe comenzar de esta manera. —Bill dijo con un suspiro, envolviendo una pierna alrededor de las caderas de Tom.
—Estás todo pegajoso. —dijo Tom con una sonrisita, besando la comisura de la boca de Bill mientras que Bill lo perseguía, intentando capturar los labios de Tom sólo para él se retirara de nuevo.
—Yuh huh. —Bill estuvo de acuerdo, mordisqueando la mandíbula de Tom y todo lo demás a lo que pudiera llegar.
—Debes tomar una ducha. —Tom sugirió, frotándose contra él un poco. —Tenerte todo mojado y enjabonado.
—Ung. —Bill gruñó de acuerdo. Eso era algo en su pequeña lista de cosas que no había hecho, la agencia había decidido que era un peligro para la seguridad teniendo en cuenta todas las superficies húmedas y resbaladizas involucradas y la idea de hacer algo nuevo con Tom fue suficiente para que cosquilleara el vientre. — ¿Juntos?
—No me puedo negar. —dijo Tom. —Yo también estoy un poco pegajoso ahora mismo.
Empujando a Tom hacia atrás, Bill salió debajo de él y se puso nuevamente en pie, agachándose para tirar de Tom hasta levantarlo. —Apuesto que podemos llegar a estar aún más pegajosos. —dijo con una amplia sonrisa, arrastrando a un Tom más que dispuesto hacia donde recordaba que estaba el baño. Tropezando por la puerta en una torpe maraña de manos escrutadoras, Tom apenas pudo llegar a liberarse lo suficiente para responder antes de que la ducha comenzara, Bill puso un camino de besos por su espalda y tiró de sus pantalones de dormir hacia abajo mientras Tom movía las perillas hacia algo parecido a una temperatura decente. El agua estaba tibia antes de que Bill lo empujara debajo de ella con una ráfaga vertiginosa de besos. —Te ves bien mojado. —Bill ronroneó, deslizando sus manos por los hombros de Tom.
—Vamos a tener que hacer esto de nuevo en algún momento, entonces. —Tom respondió, besando la punta de la nariz de Bill y alcanzó su gel de baño. —Mojado y enjabonado, ¿recuerdas? —dijo, exprimiendo chorros hasta tener una palma llena y la frotó contra el pecho de Bill.
Deslizando una mano por su propia piel, Bill recogió un puñado de burbujas antes de envolver su mano alrededor de Tom. —Más pegajosos, ¿recuerdas? —preguntó con una sonrisa, masturbando a Tom lentamente.
Tom soltó un chillido, su intento de lavado quedó olvidado temporalmente cuando Bill se presionó contra él, la cabeza de su pene se frotaba contra el vientre de Bill con cada caricia mientras Bill lo besaba profundamente. Envolviendo sus brazos alrededor de Bill, Tom deslizó las manos por su espalda, los dedos jabonosos encontrar su camino hacia su culo y acarició la hendidura, levemente provocándolo en torno a la idea empujar en él. —Bill, —Tom murmuró, desplazándose a besar el cuello de Bill mientras que su estómago se tensaba con la anticipación. — ¿podemos…? —preguntó, apenas presionando dentro de él.
Bill gimió, arqueando su espalda para dar a Tom un mejor ángulo, tenía su aprobación en la punta de la lengua cuando la realidad se coló en él. —No puedo. —Bill dijo en tono de disculpa.
Tom se detuvo, parando la mano de Bill que le acariciaba poniendo su propia mano en su muñeca. — ¿Por qué no?
Frunciendo el ceño ligeramente, Bill miró hacia otro lado, examinó el patrón de la cortina de la ducha, un océano azul con burbujas transparentes que dejaban pasar la luz. —Tengo que trabajar esta noche. —dijo Bill en voz baja. —Si te dejo que me tengas ahora. Yo no… me sentiré bien con ellos…
—Oh.
—Si pudiera, sin embargo, lo haría. Me gustaría en algún momento. —Bill dijo honestamente, mirando a Tom de nuevo. —Realmente me gustaría. Quisiera una vez más.
—Lo mismo. —dijo Tom con un suspiro, tocando el lateral de la cara de Bill de una manera suave, tierna, que hizo que Bill quisiera llorar de la consternación. — ¿Qué se puede hacer?
—Puedo hacer esto. —respondió Bill, moviendo la su ligeramente su mano todavía envuelta alrededor de Tom.
— ¿Puedo bajar?
—No creo que eso sea un problema. —Bill respondió lentamente. Dos veces en un día, no debería ser un problema, no lo había sido antes.
Tom asintió pensativo. —Está bien. —dijo, empujando suavemente la mano de Bill lejos de él y cayó de rodillas, el agua de la ducha salpicaba en su espalda. Bill apenas tuvo tiempo de pensar, abriendo los ojos por la sorpresa cuando Tom lo lamió, girando su lengua en torno a la cabeza de su miembro y succionándolo dentro de su boca.
—Oh, Dios. —dijo Bill, apoyando su espalda contra la pared de la ducha y viendo a Tom moverse sobre él con su maravillosa boca abierta. Ni siquiera podía recordar la última vez que había estado en el lado receptor de una mamada y no al revés, y la boca de Tom se sentía tan bien envuelta alrededor de él, resbaladiza y caliente en comparación con el agua fría de la ducha que caía en su vientre. Las caderas de Bill se balanceaban hacia adelante en su contra y de los años de autocontrol que había trabajado tan duro para tener, empujándose en la boca de Tom como un adolescente ansioso antes de que pudiera recobrar el aliento.
Pasando una mano por la cadera de Bill, Tom envolvió su brazo alrededor del muslo de Bill, abrazándolo cerca mientras que lo chupaba más profundo. Esto no era algo en lo que Tom tenía mucha práctica, pero los dulces y ruidosos gemidos le hicieron pensar que tenía que estar haciéndolo bien.
—Ah, Tom. —Bill se quedó sin aliento, con las rodillas temblando mientras ponía una mano en la cabeza de Tom. —Yo…
Tom tarareó en respuesta, tomando a Bill más profundo, llevándolo al límite. Succionando despacio, Tom tragó todo lo que Bill tenía para darle antes de alejarse y miró a Bill con una leve sonrisita.
Con las piernas tambaleantes, Bill se dejó caer al suelo de la ducha con Tom, cogiendo su rostro entre sus manos y lo besó desesperadamente, saboreando su propio sabor salado de la boca de Tom, decidió que podía ser incluso mejor que el sirope.
Continuará…
