“Escort” Fic de Gaja. Traducido por Elle-R
Capítulo 12
—Todavía no puedo creer que las chicas no me ofrecieran ir con ellas cuando tú regresaste, —Jarret dijo, apoyándose en el mostrador, mientras esperaban sus bebidas. —Probablemente podría haber conseguido algo de tiempo libre y hacer alguna cosa todos juntos.
Bill asintió distraídamente. —Sí, me lo has dicho cuando llamaste. Y otra vez cuando llegamos aquí.
—Simplemente no creo que sea justo, eso es todo.
— ¿Al igual que ellas van a pensar que no es justo que me invistes a tomar un café sin dejar que ninguna de las dos lo sepa? —Bill le preguntó, sonriendo a la camarera mientras deslizaba sus bebidas por el mostrador.
—Más o menos, salvo que yo no tengo remordimientos ya que ellas lo hicieron primero. —Jarret respondió con una sonrisa. —Venga, vamos a sentarnos junto a la ventana.
Bill frunció un poco el ceño ante la sugerencia, siguiendo a Jarret de todos modos. Él definitivamente no era un fanático de sentarse junto a la ventana, no sólo porque entraba una gran cantidad de luz y era malo para su palidez en general, sino también porque no le gusta ser tan visible. Cualquier persona en la calle podía mirar dentro y ver que estaba sentado allí, y había un buen motón de gente que no quería ver por la calle. Poniéndose las gafas, Bill se deslizó en el asiento frente a Jarret, pretendiendo ir por lo menos un poco de incógnito.
Tomando un sorbo de su moca helado, Jarret intentó mantener una pequeña plática. —Entonces, ¿cómo estuvieron tus vacaciones? Le pregunté a Angie al respecto, pero, sorprendentemente, ella no recuerda nada.
—Eh, —Bill dijo evasivamente. —Hacía calor, mucho sol y había un montón de arena. Prácticamente visité la barra y bebí y conseguí un poco de color. Bastante normal. —dijo encogiéndose de hombros, omitiendo intencionalmente la parte entera en todo estuvo retozando en la cama por una semana y media.
— ¿En serio? Tío, me llevas a una isla tropical y voy a estar persiguiendo cualquier cosa que lleve un bikini. —Jarret dijo, meneando las cejas hasta que Bill lo miró por encima de sus gafas de sol. —Bueno, quiero decir ya que Angie y yo no estamos juntos en este momento. De lo contrario, ella seria la del bikini.
—Ajá. —dijo Bill, escondiéndose su ojos nuevamente. —Entonces, ¿qué fue ésta vez, de todos modos? ¿Pasaste una noche fuera? ¿Olvidaste llamarla? ¿Utilizaste una camisa de color equivocado?
—Tío, ¿quién mierda la entiende a veces? Creo que ordené equivocadamente la última vez que fuimos a cenar o algo así. Ella dijo que no quería postre, así que yo pedí lo que quería y al parecer soy un memo por no saber que ella quería compartir.
—No quiero postre significa pedir lo que quiero y luego comerlo junto a Angela. ¿Cómo no lo has averiguado hasta ahora? — Bill le preguntó con una sonrisa. —Siempre cualquier cosa que tenga mucho chocolate y si realmente quieres algo para ti mismo, hazle una seña al camarero de antemano y pide que accidentalmente lleve dos de lo que has pedido.
—Tío, ¿cómo aún recuerdas todo eso?
Bill se encogió de hombros. —No lo sé, te acostumbras con el tiempo. Es todo sobre los pequeños detalles y saber lo que le gusta a las personas. Harías tu mundo muchísimo más fácil si memorizas las pequeñas cosas. Tal vez tú y Angela podrían permanecer juntos durante más de una semana de esa forma.
—Ja, ja. —Jarret dijo con buen humor. —Si eres tan bueno para recordar las pequeñas cosas, ¿cómo es que no lo haces?
Bill se tensó por un momento. — ¿Hacer qué?
—Citas. Si eres tan genial y todo eso, ¿por qué sigues actuando como un ermitaño?
—No soy un ermitaño. —dijo Bill con el ceño fruncido, tomando un sorbo de su bebida. —Sólo no he conocido a la persona correcta, eso es todo. Y estoy ocupado. Muy ocupado. Así que, ya sabes, realmente no tengo tiempo y todo eso.
—Ajá, ermitaño. —dijo Jarret dándole a Bill una sonrisa y saludó por la ventana. —Oh, hey, ese chico es un amigo mío.
Girándose, Bill miró para ver a quién estaba saludando Jarret, consiguiendo un saludo para él de una pandilla de adolescente que pasaban y le saludaron cortésmente.
— ¿Quién… —empezó, mirando hacia atrás y de repente se alegró llevar gafas de sol mientras que sus ojos se engrandecían.
—Hey, Tom, que casualidad encontrarme aquí contigo. —dijo Jarret, poniéndose de pie y estrechó la mano de Tom. —Bill, este es mi amigo Tom. Tom, este es Bill.
Bill le dio una sonrisa rápida, llegando a estrechar la mano de Tom con cortesía, sintiendo el hormigueo en su piel con el escaso contacto. —Encantado de conocerte, Tom.
—Igualmente, Bill. —Tom respondió, sosteniendo la mano de Bill más de lo debido, dejándola ir sólo cuando Bill le dio un pequeño apretón. —No estoy interrumpiendo nada, ¿verdad?
—Bueno… —Bill empezó.
—No, en absoluto. Sólo estamos sentados, hablando de tonterías y tomando un poco de café. ¿Por qué no te unes a nosotros? —Jarret ofreció, señalando una de las sillas libres en la mesa mientras se sentaba nuevamente.
—Si estás seguro de que no será una molestia… —Dijo Tom, mirando a Bill.
—Nah, mis amigos son los amigos de Bill, ¿cierto, Bill? —dijo Jarret.
—Por supuesto. —dijo Bill suavemente, con su sonrisa manteniéndose en su lugar mientras estaba revuelto por dentro, sin saber si quería estrangular a Jarret por ponerlo en esa situación o a Tom por actuar tan indiferente después de todo, seguido de un atisbo de pánico al pensar en si Tom habría hablado con Jarret de él. Tom pudo haberle dicho a Jarret todo tipo de cosas sobre él y lo que hacía y como se conocieron y luego establecer todo ese lío para… algo. Mortificarlo, era lo más probable. O peor. Si Jarret intentaba convencer a Tom de que era el chulo de Bill, Bill tendría que matarlo. Lentamente.
—Oh, mierda. —dijo Jarret, mirando su teléfono que empezó a sonar. —Al parecer el trabajo me necesita para alguna cuestión de depósito. Realmente lamento tener que cortar esto. —continuó, dándole a Bill una disculpa con la mirada, sacando su billetera y soltó un billete sobre la mesa. —pero, bueno, las próximas bebidas van de mi cuenta, ¿de acuerdo?
—Ah… —Bill empezó, tratando de pensar en una excusa para también salir del apuro.
—Guay, bebidas gratis. —dijo Tom, tomando el dinero, enroscándolo entre sus dedos. —Oye, la próxima vez, de mi cuenta.
—Me parece bien. —dijo Jarret con una sonrisa. —Nos vemos luego, tíos.
—Sí, más tarde. —dijo Bill, sentado remilgadamente en su asiento mientras Jarret se marchaba.
—Entonces… —Tom comenzó, consiguiendo que Bill le mirara mal.
—Entonces, ¿qué, ahora estás buscando a mis amigos para acosarme? —Bill le preguntó con un susurro irritado.
—Yo… no…
— ¿Qué le has dicho acerca de cómo me conoces? —Bill dijo, empujando sus gafas de sol arriba sobre su cabeza.
—Nada. Ni siquiera le he dicho que te conozco. No estaba ni seguro de que serías tú. —dijo Tom francamente.
— ¿Entonces por qué estás aquí?
Tom hizo una pausa, mordiendo el anillo de su labio inferior por un momento. —Tenía la esperanza de que fueras tú. —dijo en voz baja, mirando a la cafetería.
Bill parpadeó sorprendido, entrecerrando los ojos ligeramente. — ¿Por qué?
—Yo… me preguntaba como estabas, supongo. Quería verte de nuevo. —dijo Tom con honestidad, encogiéndose de hombros.
—Sí, bueno, no es necesario. —Bill respondió triste, levantándose de la mesa antes de que pudiera hacer algo estúpido otra vez.
—Disfruta de tú café. —Poniendo las gafas de sol nuevamente sobre sus ojos, Bill caminó en línea recta hacia la puerta, abriéndose paso hacia afuera y hacia el sol con un sollozo. Odiaba el hecho de que quería más que nada dar la vuelta, volver donde Tom y pedirle disculpas por haber estado tan difícil y lejano, volver atrás y explicarle todo y dejarse caer en sus brazos de nuevo.
En su lugar, se obligó a seguir caminando por la acera, con la cabeza en alto y negándose lo que quería y se recordó la escena del restaurante. Tom no se lo merece, se dijo, Tom no se merecía el tiempo que Bill había perdido pensando en él.
Sollozando nuevamente, Bill se sorprendió al sentir una mano sobre la suya, volviéndose a mirar los ojos marrones que le contemplaban, las cejas fruncidas sobre ellos levemente. —Tom, por favor. —dijo Bill angustiosamente, solo la gestión de dos palabras fueron necesarias para que los labios de Tom estuvieran en los suyos y sus rodillas se volvieran gelatina, requiriendo aferrarse a Tom para mantenerse en pie. Separándose, Bill apenas recuperó el aliento antes de inclinarse de nuevo contra Tom. —Tom, por favor. —susurró, demandando los labios de Tom otra vez.
Continuará…

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