1: Bippity-boppity-Gustav

Y aquí estamos, una vez más, compartiendo un proyecto muy simpático. Sé que no a todo el mundo le gusta Disney y justamente por eso tienen que leer este fic XD porque la autora utiliza los aspectos de los cuentos de una forma muy ingeniosa y divertida, poniendo a Gustav como protagonista, pero sin quitarle participación a los demás miembros de Tokio Hotel. Y antes de dejarlos con la lectura, los invito a estar atentos a ver si adivinan qué cuentos se mencionan hoy.

1: Bippity-boppity-Gustav

Fic de zeph317. Traducido por MizukyChan

Capítulo 1: Bippity-boppity-Gustav

Érase una vez un hombre joven. Una particular mañana de viernes, justo después del amanecer, se encontró caminando por un sendero, alejándose de la enorme mansión en la que vivía con su padrastro y sus dos hermanastros. Cuando descendió por la pequeña colina que le daba una mejor visión de su casa, se detuvo un momento y ajustó los tirantes del pesado saco que cargaba en su espalda.

De pronto, casi fue noqueado por una ráfaga de viento azulado que voló junto a él, agitando su cabello corto y ondeando su túnica haraposa. El joven gruñó y levantó los tirantes de la bolsa sobre sus hombros. El viento arremolinado se detuvo en el camino que descendía la colina y luego regresó, logrando que se preguntara qué pasaba con las condiciones atmosféricas de por ahí y si existía algo parecido a los tornados localizados.

—Oh, eres tú —dijo el viento, antes de solidificarse en una hermosa mujer rubia que vestía un vestido azul y que tenía alas iridiscentes en la espalda—. Eres Gustav, ¿verdad?

Gustav suspiró—. Tal vez.

La mujer alada esperó un momento, pero cuando se dio cuenta que no iba a agregar nada más, mostró una gran sonrisa y se estiró para tomar sus manos—. Bueno, hola, Gustav, cariño. Soy Natalie, tu hada madrina.

Gustav pensó en todas las lecciones que su amada madre le enseñó sobre ser un caballero, así que trató de liberar sus manos, lo más gentilmente que pudo—. Hola. Es un placer conocerla. Cuídese.

Cuando Gustav giró para irse, Natalie sujetó su hombro con un agarre mucho más fuerte del que pensó que ella tendría.

—Sólo un minuto, señor. Dije que soy tu hada madrina y estoy aquí para hacer tus sueños realidad. —Natalie debió usar un truco de magia, para hacerlo girar y que la viera de frente. Gustav suspiró otra vez cuando a vio agitar una corta varita de madera.

—Por favor,  no me apunte con eso. —Pidió Gustav.

—Pero, cariño, es mi varita mágica. ¿De qué otra forma te podría dejar “tip-top” para la fiesta del príncipe esta noche? —Natalie comenzó a tararear algo que Gustav trató por todos los medios de bloquear.

—No voy a ir a la fiesta de esta noche —dijo mientras Natalie revoloteaba alrededor de él.

—Sí, lo sé, ¡pero ahora irás! —Ella sonrió y sus alas se movieron tan rápido, que por un momento sus pies se separaron del suelo—. Ahora sólo necesito reunir unos pocos animales y criaturas del bosque para hacer que te ayuden con todo el trabajo. No sería apropiado enojar a tu padrastro hoy. Luego crearé el traje más perfecto para el baile —estoy pensando en una túnica azul marino con calzas que le hagan juego y tal vez una de esas zapatillas de cristal que están tan de moda esta temporada en Paris— y luego, sólo necesitaremos una calabaza…

Gustav puso una mano sobre la boca del hada, antes de que pudiera terminar sus planes.

—No, señora. De verdad, no voy a ir al baile. —Gustav quitó su mano de la boca de Natalie cuando ella finalmente se quedó en silencio. Ella volvió a abrir la boca y él se apresuró a decir—. No voy a ir al baile, porque no volveré a casa nunca más. He ahorrado suficiente dinero y me voy de casa ahora mismo.

—Pero, Gustav, cariño, ¿por qué querrías huir? Podrías ir al baile, conquistar al príncipe, encontrar tu Único Amor Verdadero y vivir feliz para siempre…

Natalie se veía mucho más enojada ahora que Gustav la volvió a interrumpir—. No, no quiero eso. Estoy harto de eso. Quiero vivir mi propia vida, lejos de esa familia loca y perezosa. No quiero obedecerles, ni vivir en un cuento de hadas, ni encontrar mi destino. Yo soy yo mismo y haré mi propio camino en el mundo.

—Gustav, así no es como funciona el mundo…

—Lo siento, gracias por su tiempo, pero ya estoy harto de esto. Me voy de aquí.

—Gustav, cariño —la voz de hada de Natalie era tan dura como el lazo invisible que envolvía a Gustav para que no pudiera dar un paso más. La magia lo llevó, lentamente para estar frente a frente con su hada madrina—. En verdad insisto en que dejes que me haga cargo de esto. Necesitamos tenerte listo para el baile y así tu malvado padrastro y tus estúpidos hermanastros no sabrán qué los golpeó.

—Demasiado tarde —dijo Gustav, más inexpresivo que nunca, mientras miraba hacia abajo, por la colina, al otro lado del campo, a la casa que había dejado.

—¿Qué? —Natalie siguió su mirada y luego arrugó el ceño ante los ruidos que se extendían hasta donde ellos estaban.

Una voz gritaba—. ¡Oh, Dios mío, papá! ¡Alguien cortó la entrepierna de mis calzoncillos! ¡No puedo usar ninguno de estos! Gustav, sé que fuiste tú, porque tú te encargas de lavar la ropa. Tú, hijo de…

—¡Papá! ¡Hay un montón de estiércol de caballo en mi habitación! ¡Es inaceptable! No he limpiado a mis propios caballos hace años, no desde que obligamos a Gustav para que lo hiciera. Ese pequeño hijo…

Y el último rugido—. ¿Qué significa todo esto? ¡GUSTAV! —Hasta Natalie dio un respingo. Se mordió el labio y miró al joven en cuestión—. ¿Qué hiciste…?

Gustav suspiró—. Todos correrán a la cocina para ver si tengo listos sus desayunos.

Un trio de gritos de—. ¡GUSTAV! —se escuchó.

Ahora estarán gritando y buscándome en todos lados.

Hubo más gritos y le siguieron ruidos de puertas cerrándose. Un hombre joven, vistiendo sólo una túnica larga, se apresuró al patio para dar un vistazo y luego volvió a entrar con premura.

—Ahora mi padrastro tendrá la brillante idea de revisar los hornos. Los que tenía que encender cada día, los que tenía que usar para hacer sus comidas durante todos estos años. En tres… dos… uno…

El “pum” fue extrañamente silenciado a la distancia, pero Natalie abrió grandemente los ojos. Sin embargo, un fuerte “bum” lo siguió, escupiendo una nube de humo negro en forma de hongo que salía de la chimenea, justo cuando las puertas de la casa volaron y las ventanas se quebraron.

Cuando Natalie jadeó ante lo que veía, la fuerza de su magia se debilitó y Gustav quedó libre. Le dio una última mirada a sus ennegrecidos y asustados padrastro y hermanastros, que salieron al patio tambaleándose, tosiendo y luchando por respirar, y luego, se alejó  corriendo.

Casi llegaba a los árboles cuando Natalie comenzó a llamarlo a gritos, pero no se detuvo, ni siquiera miró hacia atrás. Sólo corrió por su libertad.

Lo malo fue que la ruta lo llevó directo al medio del Bosque Encantado.

El primer día no fue tan malo. Tenía el glorioso recuerdo de su venganza para ayudarlo a moverse con rapidez, al igual que la comida de la cocina de su padrastro. Incluso ni las sombras crecientes que aparecían en los costados de su visión, ni los ruidos de crujidos fueron suficientes para quitar la pequeña sonrisa que tenía en la cara.

Esa noche acampó con el corazón ligero y no se sintió inquieto por todo el movimiento, ni por las voces que susurraban justo fuera del círculo de luz de su fogata. Cuando Gustav despertó en la mañana, encontró un cervatillo, oliendo su bolsa, junto a un bebé zorrillo y un conejo. No fue capaz de enojarse apropiadamente. El lugar de eso, los espantó con la mano y, aunque protestaron, les mandó que encontraran a sus madres. Luego tuvo que consolar al cervatillo que lloraba, mientras lo alimentaba con cortezas de pan tostado, ganándose miradas furiosas de los otros dos.

Una vez que se fueron, sin prisa alguna, Gustav preparó desayuno con la comida que no fue desparramada por todo el bosque gracias a los animales y luego, recogió su bolsa mucho más liviana. Parecía que tendría que encontrar una villa mucho más rápido de lo que había planeado. Aunque siempre había escuchado cosas sobre el Bosque Encantado, su padrastro arrugaba la nariz y decía que la gente de ciudad no se metía con esa gentuza.

Gustav partió, un poco inseguro sobre dónde estaría la villa más cercana, pero se animó cuando encontró un río de aguas rápidas a medio día. Lo siguió hasta que cayó la noche y nuevamente acampó. Una vez que hubo comido y preparado una fogata, sacó su posesión más valiosa, un pequeño medallón de plata que había pertenecido a su madre.

Gustav amaba enroscarse en el regazo de su mamá, junto al fuego, en los días fríos y escuchar sus historias sobre el bosque y sus criaturas. Cuando ella se volvió a casar, pensando que así le daría un padre y hermanos, Gustav trató de hacer que ellos también se interesaran en las historias que ella contaba. Le mostró a los otros dos niños su preciado tambor, el que había heredado de su propio padre, incluso los dejó tocar con las mejores baquetas de su padre. Pero los niños no querían nada más que cabalgar en sus ponis y golpearse entre ellos con palos, que ellos llamaban espadas, y fingir que eran príncipes. Su padrastro parecía mimar a su mamá, pero no tenía tiempo para pasar con el niño más pequeño porque tenía que atender sus negocios y apenas tenía el suficiente tiempo libre para pasar con sus propios hijos.

Su madre lo consolaba, acariciando sus rizos rubios, poniéndolos detrás de su oreja mientras lloraba. Y le decía, que algún día llegaría su Único Amor Verdadero y que viviría feliz para siempre, tal y como ella lo había soñado. Cuando Gustav frotaba la nariz húmeda en su delantal y le decía que prefería salir en aventuras, o tocar los tambores en una banda de taberna, ella lo abrazaba fuertemente y le decía que tal vez su Final Feliz incluiría a alguien que también podría hacer posible eso. Y que sería mágico.

Así que Gustav había creído en la magia hasta el invierno en que su madre enfermó de gravedad, con una fiebre terrible y falleció. Después de eso, su padrastro se volvió más frío, sus hermanastros más repulsivos y, antes de que se diera cuenta, Gustav estaba viviendo en la cocina, donde podía estar solo y hacer planes para abandonar el reino para siempre. No más padrastros, no volver a cuidar hermanastros consentidos y no más magia apestosa.

Despertó con nubes grises que reflejaban su estado de ánimo. Y todo se puso peor cuando llegó a una villa junto a la rivera. Después de una noche confusa y algo aterradora, descubrió que las ratas se sentían atraídas por su tamborileo. Gracias a su fuerza muscular,  se consiguió un tambor bajo, además, llevó al hijo del dueño de la posada y todos sus amigos alborotadores. Las ratas siguieron todo el ruido que hicieron hasta salir del pueblo, directo a un estanque lodoso, donde todas se ahogaron. Todos en la villa estaban extasiados por verse libres de la alimaña, así que Gustav se fue con una pequeña bolsa de plata y suficientes suministros que las buenas personas le dieron de su propia comida. Era suficiente para mantenerlo hasta que llegara a una villa más grande, estaba seguro de lograrlo, si tomaba un atajo por la parte más profunda del Bosque Encantado.

&   Continuará   &

Notas de la autora: En el siguiente capítulo: Espejito, espejito, ¿quién es el Bill más bonito?
Notas de MizukyChan: Aaahhh, aparece BillaNieves, les encantará. No se vayan sin comentar. Besos a todos y gracias por la visita.

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