Dos Condiciones 3

& Capítulo 3 &

Bill condujo el coche hasta su casa, se sentía muy culpable, no podía creer que hubiese lastimado a Tom… nunca podría perdonarse a sí mismo. Suspiró, odiaba a ese gato, pero al mismo tiempo, temía haber arruinado su relación con Tom.

El menor alzó la vista a su esposo, aún con lágrimas en los ojos. Podía percibir el miedo y la culpa que Bill estaba sintiendo, como si estuviera dentro de su cabeza—. Bill —llamó.

El pelinegro temblaba ligeramente—. A já, ¿Tomi?

Bill relájate, está bien, en serio —dijo, aunque en realidad, él no estuviera bien, pero no iba a terminar con el amor de su vida por un error. Además, Bill no hizo nada, fue todo culpa suya.

Es que lo siento tanto, Tom. Por mi culpa él se fue… yo… mierda, lo siento tanto. —Lanzó su cabeza hacia adelante, golpeando el volante, provocando que un lado de su cara sangrara.

¡Bill! ¡Detente! —Gritó Tom, con la voz chillona por el pánico.

El pelinegro alzó la vista—. ¿Ah? —Y detuvo el auto.

Estás sangrando. ¿Qué estabas pensando? ¡Pudiste hacer que nos mataran! —El menor no podía controlar su voz, estaba asustado. Asustado y triste, muy mala combinación.

Lo siento. —Volvió a susurrar. Bill tampoco podía controlarse a sí mismo… un minuto estaba feliz y al siguiente estaba así de desesperado… y enojado consigo mismo. Deseaba poder hacer algo bien, por una vez en la vida—. Solo una vez —susurró.

¿Solo una vez qué, Bill? —preguntó Tom, mientras buscaba un pañuelo para limpiar la sangre del pelinegro.

Quiero hacer algo bien… ¡Siempre lo arruino todo, Tom! ¡Soy un gran perdedor! —Lo había tomado muy mal. Se sentía responsable… se sitió tan celoso.

¡Hey! ¡Cálmate! Tú no eres un perdedor, ni nada parecido. —Tom limpió la sangre de Bill con mucha ternura.

El mayor hizo un puchero y bajó la mirada—. Tal vez deberíamos irnos a casa.

Tal vez tengas razón, pero… no estés triste. Bill… te amo, ¿ok? —El chico abrazó a su esposo, tratando de tranquilizarlo.

Bill correspondió su abrazo—. También te amo, Tomi… y siento tanto haber perdido a tu gatito.

Tom besó la sien del moreno—. Está bien, tú no lo perdiste. Yo le dije que se fuera.

¡Porque YO quería sexo! —Soltó el mayor. Sabía que el gato todavía estaría allí, si tan solo hubiera esperado.

¡Yo también quería! —Tom soltó una risita; no podía creer que Bill se estuviera culpando a sí mismo por ser cachondo—. Bill, en serio, ya basta. Lo encontraremos.

Okey. Déjame llevarte a casa. —Encendió el motor.

&

Una vez que llegaron a casa, Tom saltó del auto y entró, arrojándose en el sofá con un suspiro.

¿Bill, puedes venir? ¿Veamos una película?

El pelinegro entró caminando después de él—. Está bien, bebé.

¿Cuál vemos?

Cualquiera que quieras, bebé.

Quiero ver una de terror, son divertidas. —A Tom le gustaban las películas de terror, las encontraba chistosas y predecibles. Y además, hacían que Bill se pegara mucho a él, cosa que le encantaba, pese a que ya no era novedad.

Oh, está bien. —Se alzó de hombros y puso “Saw 4”. Odiaba a ese muñeco…

El menor sonrió una vez que su amado estuvo en sus brazos. Apretando el abrazo, susurró en el oído de Bill—. ¿Sabes que te amo, verdad? No quiero que te vuelvas a espantar como hace un rato. Nada podrá meterse entre nosotros.

Bill sonrió—. Gracias Tom. —Estaba complacido, ahora, una pequeña parte de él creía que Tom lo había perdonado.

De nada. Ahora, veamos la película. —Presionó el “play” y pronto, la cinta comenzó.

Bill bajó la mirada y luego saltó—. ¡AAAHHH! —Gritó, agarrándose de Tom. Odiaba a ese muñeco.

El menor se rió entre dientes—. ¿Viene a buscarte? —preguntó bromeando.

Bill gritó y se las arregló para saltar al regazo de su esposo—. ¡No lo dejes!

No lo dejaré, el único que viene por ti, soy yo —dijo con la voz sedosa, acariciando la espalda del moreno. Solo estaba coqueteando, no esperaba que pasara nada por eso, pero de todas formas era divertido.

Pero no quiero… ¡No dejes que me mate, Tom! —Se aferró más fuerte al otro.

El menor suspiró—. No, no te matará, Bill. —Rodó los ojos.

El pelinegro apoyó su cabeza en la de Tom—. ¿Qué dijiste sobre venirse?

¿Y ahora te das cuenta? —preguntó, su voz en algún punto entre molesta y divertida.

Cuando te vienes eres mega sabroso. —Bill sonrió, tratando de sacar su mente de la película.

¿Y eso es algo bueno o malo? —Tom miró a su marido, atrayéndolo más cerca, para rodear su cintura con sus brazos. Quería un beso y lo quería ahora.

El pelinegro se arqueó para que su cuerpo estuviera completamente pegado al otro—. Es bueno.

Tom gimió roncamente, por la repentina y placentera presión—. Tú también sabes bien. —Inconscientemente se lamió el labio inferior.

¿En serio? —El moreno se sonrojó; sabía que Tom quería besarlo, por eso lo hacía esperar.

Sí —dijo Tom soltando la respiración, inclinándose, bajando los párpados levemente, mientras se humedecía los labios y los abría apenas. Tenía la expresión perfecta de “bésame” en su cara.

Bill sonrió—. ¿Cuál es mi sabor?

Tom se alejó para mirar a su marido, dándose cuenta de pronto, que estaban relegando el beso—. No lo sé. No me dejas saber. —Se alzó de hombros, sin decir más.

El pelinegro se mordió el labio—. ¿Me besas?

¿Qué hay si no quiero? —Lo molestó el otro.

Sé que quieres hacerlo, así que bésame… Te deseo. —Se inclinó hacia el oído de Tom, presionándose más contra él—. Te necesito.

Tom gruñó y lo besó, empujándolo contra el sofá, debajo de su cuerpo.

&

Bill estaba dormido en el sillón, desnudo, en Tom, mientras que una de sus piernas, estaba sobre el respaldo del sofá. El menor murmuró algo en su sueño, causando que con su aliento, picara la nariz de Bill. El pelinegro gimió y agarró fuertemente la polla de Tom, creyendo que era su peluche y trató de tironearlo.

Tom despertó por el jodido dolor, le dio un golpe a la mano para alejarla y se dobló de dolor, acunando el área adolorida con cuidado.

Bill se volteó y le dio un golpe a la pierna de su esposo con su propia erección—. Gomitas de oso y té… por favor —murmuró en el sueño.

Pensando que debería cobrar venganza, Tom tiró el pene de Bill igual de fuerte.

El pelinegro dio un salto y agarró su miembro—. ¿Por qué hiciste eso?

¡Tú me lo hiciste a mí! —Tom estaba casi abrazando su polla, con una expresión de dolor en toda su cara.

¡La habría besado para que sanara! —Se sobó su propio pene adolorido.

No tenemos tiempo para eso —comentó el chico, dándole una mirada al reloj que colgaba en la pared. Señalaba que era hora de levantarse, vestirse y prepararse o llegarían tarde a sus clases.

Bill se rió, levantándose primero, estaba contento de no tener que ser el uke antes de entrar a la escuela.

¡Ayuda! —Gritó Tom, estirando su mano para que Bill la cogiera. Le dolía la polla, le dolía el trasero y también le dolía todo el cuerpo por dormir en el sofá con Bill. Era un desastre lastimoso y pronto sería un humano caminante al que le dolía todo.

Tal vez deberías quedarte en casa… —Se estiró para alcanzar a Tom.

Nah, sobreviviré. —El chico se levantó y cojeando llegó hasta la cocina, donde puso un poco de jugo de naranja en un vaso de cristal. Las cosas se habían puesto candentes la noche previa y se olvidaron por completo del lubricante. Ahora él estaba pagando las consecuencias.

El pelinegro asintió y cuando estuvo a punto de dejar la sala, vio sangre en el sofá y se desmayó.

Bill, estaba pensando que deberíamos… ¿Bill? —Tom se apresuró al lado de su esposo—. ¿Bill, bebé, qué te pasa? Despierta… —Le dio palmaditas suaves a las mejillas del otro, luego, arrojó el jugo frío en el rostro de su marido. Bill iba a tener que darse una ducha, pero tenía que intentarlo.

Bill abrió los ojos de golpe—. ¡Sangre en el sillón!

Tom no pudo evitarlo. En verdad lo intentó, pero no pudo evitar que la risa estallara desde lo más profundo de su pecho—. ¿Qué? —dijo, tratando inútilmente de esconder las risotadas.

Hay sangre en el sillón… ¿en verdad te follé tan fuerte, que te hice sangrar?

Um, probablemente. ¿Es por eso que te desmayaste? —El menor no pudo evitar las risitas.

Odio la sangre —dijo, mirando a Tom.

Tienes suerte entonces de no ser una chica. —Finalmente Tom dejó de reír y se inclinó para besar a su amante—. Ve a bañarte muy rápido o llegaremos tarde.

Bill asintió y simplemente obedeció.

&

Llegaron rápido a su destino; Bill dejó a Tom primero y luego manejó hasta su escuela.

Desganadamente, Tom se movió por los corredores del edificio, buscando su siguiente clase, rogando no encontrarse con Andreas ese día. Pero todo el mundo sabía que eso no pasaría, Andreas estaba justo detrás suyo, todo el camino.

Tom se detuvo, sintiendo la presencia a sus espaldas—. ¿Bill, acaso me traje tus libros o…? Andreas…

Hola, marica.

¿Qué quieres? —Tom ni siquiera hizo caso de la palabra ofensiva que utilizó. Más o menos ofensiva, ya que después de todo, estaba casado con un hombre.

Creo que tengo algo que quiere… o necesitas. —Andreas puso una sonrisa maligna.

Tom analizó al rubio, alzando una ceja—. ¿Y qué sería eso?

Solo revisa tu casillero. —Y tras decir eso, Andreas se fue.

Decidiendo que sus clases no eran tan importantes como lo que había hecho Andreas para joder su vida, fue hasta su casillero y lo abrió.

Se quedó sin aire y en shock. Ni siquiera era por dolor. Allí había un montón de pelo ensangrentado y tripas, era su gato, su sangre chorreaba por el casillero, haciéndole pensar cómo no lo había notado antes.

Y luego vino el dolor. La innegable verdad de que nunca más vería a su pequeña bola de pelos y cariño andante. Era tan terrible, como haber perdido a un familiar, porque después de todo, el gato había estado con él toda su vida. Sin siquiera pensarlo, tomó a Sparkles tiernamente, dejando que la sangre manchara toda su ropa y cayó al suelo, soltando un grito agonizante.

La gente corrió a auxiliarlo, aunque estaban más curiosas por saber qué pasaba. La gente de la facultad se las arregló para telefonear a Bill, quien automáticamente llegó corriendo al edificio, casi a la velocidad de la luz. La mayoría de los estudiantes estaba de pie allí, mirando a la persona a la que todos sabían que estaba buscando.

¿Tomi?

Tom no respondió. Solo seguía meciéndose con su gato muerto, llorando en silencio.

Sparkles —susurró el pelinegro, abrazando a Tom contra su cuerpo—. Lo siento. —Lo sabía, ahora… Tom nunca volvería a tener a su gato y todo era su culpa.

¡Andreas!

El rubio estaba allí, mirándolos, con una sonrisa de autosuficiencia en la cara—. ¿Qué, Bill? ¿Tu esposito está teniendo una crisis?

El pelinegro volvió a levantarse, dejando un suave beso en la cabeza de su marido, y se aproximó a Andreas, lo azotó contra una pared, después de todo, él era mucho más alto.

¡Te voy a matar! —Advirtió y aumentó la presión en el cuello del otro.

Miró a su esposo y luego a Andreas. Después arrojó al rubio tembloroso, antes de volver con su Tom y lo abrazó contra su pecho—. Lo siento tanto.

& Continuará &

Notas finales de las traductoras:

Yo me habría muerto de la impresión de ver a mi gatito asesinado de esa manera tan cruel, solo para joderle la vida. ¿Creen que podrán hacer algo para protegerse del loco de Andreas? ¿Intentará hacer algo más ese rubio desquiciado? Los comentarios son nuestro sueldo >_< besitos.

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