& Capítulo 2 &
Tom estaba esperando a su esposo en el auto, pensando en las palabras de Andreas. Había empezado a sentirse frustrado. Bill nunca le había mentido, ¿o sí?
El pelinegro salió caminando del edificio y entró en el coche—. Meow. —Ronroneó, lamiendo el cuello del otro.
Sin embargo, Tom no reaccionó en la forma en que Bill hubiera deseado. Se preocupó—. ¿Tomas?
—Andreas estaba allí —pronunció el chico, sin saber cómo empezar.
—Oh. —Fue todo lo que Bill pudo decir.
—Sí. Se puso a gritarle a todos sobre nuestro matrimonio, haciendo que la gente hablara… y luego, dijo que tú eras un mentiroso. Dijo algo, como que ya me había advertido. Bill… ¿de qué estaba hablando?
—No tengo idea, bebé. Probablemente está tramando algo. —Pasó las manos por el cabello de Tom.
—Posiblemente tienes razón… pero la última vez que tramaba algo, tuvimos razones para preocuparnos. ¿Pasará lo mismo esta vez? —Se dejó envolver por los cariños del pelinegro.
—Probablemente tiene un as bajo la manga, bebé, pero no te preocupes… te amo solo a ti, tú eres mi único amor, así que cualquier cosa que tenga planeada ese psicópata, nunca destruirá mi amor.
Tom sonrió ante eso—. Sí. No logró hacerlo antes. —Besó a Bill castamente en los labios, antes de encender el coche—. ¿Vamos a buscar a Sparkles?
El moreno se rió—. Amas a ese gato mucho más que a mí, ¿cierto? —dijo e hizo un puchero.
—Nop, pero es mi bebé, bueno… era mi bebé; ahora es mi viejito. —Tom arrugó el ceño. El gato había estado con él la mayor parte de su vida y probablemente iba a morir en algún tiempo cercano.
Bill vio el ceño apretado y besó el cuello de su chico—. No te pongas triste.
—Está bien. Sé que morirá algún día… pero lo extrañaré mucho.
—Aww, lo siento. —El pelinegro lo abrazó.
—En verdad está bien Skittles.
Bill rió—. Está bien, culito de azúcar.
El trenzado sonrió al otro y se estacionó frente a su antigua casa. Su madre estaba afuera, cuidando de sus amados rosales. Se bajó del auto y saludó con la mano.
—¡Hola, mamá!
—¡Oh, hola Tom, Bill! ¿Qué están haciendo ustedes dos por aquí? No los esperaba… supongo que cocinaré para ustedes también. —Simone les sonrió.
—Oh, está bien, yo ya comí. —Bill dio palmaditas en su vientre taaan plano.
—¿Con quién? —preguntó Tom, con los celos carcomiéndolo.
—Me comí el almuerzo que tú me empacaste anoche, lo comí en mi salón de clases. ¿Por qué tan paranoico? —cuestionó, mirando a su esposo.
Tom se frotó la frente—. Lo siento, bebé. Supongo que estoy un poco obsesionado con todo. —Miró a su madre—. Podríamos venir a cenar con ustedes dos mañana, mamá. Hoy solo vinimos a buscar a Sparkles, lo extraño.
—Oh, claro… era obvio que mi hijo extrañara más a su gato que a su propia madre. —Rodó los ojos dramáticamente, pero de todas formas, llamó al gato.
Bill simplemente se quedó de pie ahí, cuando de pronto sintió algo enredarse entre sus piernas—. ¿Tom? —Miró al peludo felino.
—Oh, ¡hey Sparkles! Allí estabas. —Levantó al gato y lo llevó a su pecho. Sparkles solo maulló y ronroneó, amasando el pecho de Tom, como si estuviera haciendo galletas.
Y Bill se quedó de pie allí, sintiéndose celoso del gato.
Tom acarició con su nariz, el pelaje del gato, en completa ignorancia de los celos de su esposo.
El pelinegro se alejó y se metió en el auto.
—Bill, totalmente tenemos que… ¿Bill? —dijo Tom, alzando la vista.
—Se fue al coche, Tom. ¿Ustedes dos… están bien juntos? —preguntó Simone, preocupada.
—Um, Si. Eso creo. A menos que haya hecho algo para cagarla. Volveré mañana. —Tom se despidió agitando la mano y también fue al auto—. Bill, ¿qué pasa, bebé? —preguntó apenas entró al vehículo.
Bill estaba hecho bolita—. No quería arruinar tu tiempo con tu gato.
Tom se rió, dejando al felino en el asiento trasero. El animalito solo se acomodó y ronroneó, hasta ponerse a dormir.
—¿En serio? ¿Te estás poniendo celoso de un gato? Pero a ti te amo mucho, mucho más, pequeño Skittles. —Acarició la mejilla de su esposo con mucha ternura.
Bill se dejó acariciar—. No me dejes por un gato. —Bill cerró los ojos y dejó que su boca se abriera por el placer que le ocasionaban las caricias de su marido.
—Nunca —susurró Tom, depositando un beso en los labios entreabiertos del pelinegro.
Bill gimió levemente—. Te deseo ahora… y mucho.
El otro rió—. Eres fácil. ¿Quieres que mueva el auto… a un lugar más apartado? —preguntó, encendiendo el motor.
—No puedo evitar ponerme cachondo. ¿Cómo podría resistirme a ti? Pero sí, ahora y rápido. —Bill desabrochó sus pantalones discretamente, para que el menor no se diera cuenta.
—Alguien está ansioso —comentó Tom, llevándolos hacia un bosque cercano.
—Sé que lo estoy, Tom. No me preguntes porqué estoy tan caliente, porque no lo sé… eres tú. Tú me pones caliente. Hhmm. —Palmeó su erección, lo quería ahora… aquí… en cualquier lugar. Necesitaba que Tom le demostrara que lo amaba más a que a ese condenado gato. No le importaba si el felino estaba en el asiento de atrás, viéndolos, que así fuera. Ese gato merecía ver a quién amaba en verdad Tom.
—Vas a hacer que tengamos un accidente. —Afirmó el menor, luchando por mantener los ojos en el camino—. ¿No puedes esperar un minuto? Te prometo que te tocaré yo mismo. —También estaba teniendo una erección, que rogaba por ser atendida, haciendo que fuera mucho más difícil concentrarse.
Bill movió su mano y dejó su dureza al descubierto—. Tomi… te necesito.
Finalmente, Tom detuvo el vehículo—. ¿Aquí está bien para ti? —preguntó al pelinegro, sin embargo, se quitó la playera, porque ya sabía la respuesta. Si la erección de Bill era algo que tenía que soportar, entonces ya no tendría que ser paciente.
Bill agarró a su esposo y lo puso sobre él—. Ahora.
—Mandón. —Tom puso una sonrisita coqueta. Tironeó la camiseta del pelinegro, para sacarla del camino. Y pronto, sus pieles hicieron contacto, enviando escalofríos al menor, por sentir la piel ardiente.
Bill se arqueó levemente, para quitarse los bóxers y el pantalón hasta abajo—. Mmm, sí. —Alzó sus caderas para frotarse un par de veces con la carne de Tom.
—Ah… —Tom soltó un suspiro de placer, mientras su miembro recibía una merecida atención. Se encargó de quitarse sus propios pantalones en tiempo record, mientras besaba la boca de Bill hambrientamente.
Las manos del pelinegro estrujaron el trasero de Tom, acercando incluso más, para que sus erecciones se aplastaran entre sus vientres sudorosos. Pero el gato del menor comenzó a rasguñar a Bill, creyendo que estaba lastimando a su amo.
—¡Sparkles, sal de aquí! —Gritó el chico, frustrado con su gato—. ¿Me quieres dentro? —preguntó a Bill directamente.
—Sí. Te quiero dentro de mí… fuerte. Ahora, en mí. —Bill pateó sus jeans para alejarlos por completo y así estar libre para mover sus piernas y abrirse para Tom—. Dime cómo me quieres, Tomi.
Sparkles miró a Tom, con rogándole con ojos grandes.
—Fuera, Sparkles. —Mandó el chico y luego procedió a mostrar a Bill cuanto lo deseaba, frotando su polla dura contra él—. ¿Ves? Así es como te deseo.
—Ohh, estás tan duro, Tomi. Ha crecido durante este año.
El gato dio un salto por la ventana y corrió, solo para ser recogido por una figura.
—Oh, ¿qué estás haciendo aquí, gatito? —Le hizo cariño suavemente, así que ronroneó—. Hmm, veamos… ¿Tom Trumper? Eres el gatito de Tom. Tal vez debería regresarte, para que no te lastimen. —La figura se alejó caminando con el gato.
Esa persona permaneció sin ser notada por la pareja, porque justo ahora, Tom estaba bastante ocupado preparando a su amante. Ya tenía metido su segundo dedo hasta los nudillos y los dobló, tocando el punto especial del pelinegro.
Bill gimió—. Joder, sí, bebé, justo ahí. —Golpeó la palanca al lado del asiento, la cual empujó el asiento hasta atrás, para quedar recostados.
Tom sonrió de lado y movió sus dedos desde adentro hacia afuera, arañando el punto de Bill repetidas veces. Se estaba poniendo dolorosamente duro por las reacciones que su esposo mostraba—. Bill… lo necesito ahora. ¿Crees que ya estás listo? —preguntó con un poco de impaciencia.
—Joder, nací listo para ti, bebé… —El pelinegro alzó las piernas para Tom.
El menor gruñó ante tal vista. Alineó su erección con la entrada de Bill y empujó lentamente. Ni la cantidad más grande de pasión, le harían lastimar a su amado bebé.
El pelinegro alzó su trasero para encontrarse con su esposo—. Mhm, Tom… no soy frágil…
—Pero después voy a querer más y tú no me dejarás, si estás adolorido. —Argumentó el menor, pero de todas formas aumentó el vaivén.
—Lo haré… oh Tomi… golpea ahí, justo ahí, bebé… oohh. —Bill lamió la piel sudorosa de Tom.
El menor arrugó el ceño, concentrándose, mientras cambiaba de ángulo al penetrar a Bill de la forma que le gustaba e intentó con correrse todavía.
—Oh, bebé, eres tan apretado… siempre tan apretado. —Gimió.
—Justo de la forma en que… oohh… te gusta. —El pelinegro gimió, apretando los músculos de su trasero alrededor de la carne de Tom.
—Sí… ju-ss-to de la forma en que me gusta. Pero no lo hagas o me correré.
—Córrete en mí… y luego me das una mano. —Respiró calientemente en el oído de otro—. O me chupas.
Con eso, Tom gruñó sin poder evitarlo y se corrió. Sus ojos rodaron hacia atrás.
Bill gimió y comenzó a frotarse contra el pecho del menor, tratando de terminar también.
Tom se alejó y bajó por el cuerpo de Bill, con una sonrisa traviesa en su cara—. ¿Estás listo? —preguntó, antes de tomarlo en su boca, ahuecando las mejillas para provocar un vacío placentero.
El pelinegro soltó un gemido—. Oh, joder. Sí… Tomi.
Tom se alejó casi por completo, restregando la lengua por toda la cabeza de la polla de Bill y luego, lo volvió a succionar. Comenzó a mover su cabeza de arriba abajo, haciendo con su lengua, todos los trucos que sabía, mientras empujaba sus dedos en la entrada todavía húmeda del pelinegro.
—Tom… voy a… voy a… —Advirtió, respirando agitadamente. Bill estaba demasiado drogado con el aroma a sexo, como para preocuparse de cualquier otra cosa.
El menor gimió, dándole su aprobación y empujó sus dedos, más profundamente, buscando hasta encontrar la próstata de Bill.
Tom solo alcanzó a rozar la próstata del otro, ni siquiera la pudo presionar adecuadamente, porque Bill se arqueó y se corrió en la su boca, gimiendo el nombre “Tom” en forma muy sexy.
Tragando, Tom dio una mirada alrededor, recordando que en su estado de lujuria, había mandado a su gato que se largara—. ¿Sparkles? —Lo llamó.
Lentamente, Bill comenzó a regresar de su estado de gozo, notando que su rostro sangraba levemente, cuando el gato lo había rasguñado hacía un rato.
—Bill, Sparkles no está aquí… —dijo Tom. La preocupación era evidente en su voz.
El pelinegro se enderezó, sabía que su esposo amaba a ese condenado gato—. Amm. Tú le dijiste que se largara.
El menor le dio una mirada enojada—. Se supone que no me entiende… además, estaba caliente, pero lo quiero de regreso. —Tenía el ceño apretado de la preocupación.
—Es un gato inteligente… Okey, okey, deja ponerme los pantalones. —Bill se volvió a vestir con sus bóxers y jeans y salió del coche. “¡Jodido gato!”. Gritó su mente.
Tom también se vistió rápidamente y saltó fuera del auto—. ¡Sparks! —Gritó, pero no hubo respuesta.
—Sparkles. —Gritó el pelinegro—. Tom, no creo que esté por aquí. ¿Crees que volvió a casa?
—¿Desde aquí? Bill, moriría antes de llegar allá. Además, está muy viejo. —Sin darse cuenta, Tom había comenzado a llorar.
Bill lo envolvió con sus brazos—. Lo siento… es mi culpa.
—Está bien, Bill… deberíamos volver a casa, en caso de que logre llegar allá —dijo el menor, limpiándose las lágrimas—. ¿Puedes manejar?
—Claro. —Le dio un beso ligero—. Lo siento. —Bill sabía que todo esto era su culpa, si no fuera tan caliente, no habría tratando de empujar a Tom más allá…
& Continuará &
Notas finales de las traductoras:
Están recién casado, es normal que Bill esté así de caliente con su marido, pero alguien ha tomado al gato y por el momento no sabemos quién es, así que están invitados a leer el siguiente capi, a ver si nos enteramos quién recogió a Sparkles. Besos para todos de sus dos amiguis Crazy4Bill y MizukyChan.
