& Capítulo 19 &
—¿Tienes… tienes condones? No quisiera contagiarte también.
—Sí tengo. Los compré mientras dormías.
—Bien, no quiero que vayas a infectarte… si es que tengo algo. —Bajó la cabeza, sintiendo vergüenza de sí mismo.
—Está bien, Bill. Ya los compré. No los usaría si no supiera que te harán sentir mejor. —De verdad a él no le importaba contagiarse o no. Si Bill tenía algo, a él no le importaría. Era difícil de explicar, pero era la verdad.
Bill se aferró a su esposo, envolviendo sus brazos en el otro—. Hagámoslo.
El trenzado sacó el paquete de condones de su bolsillo, luego se quitó la ropa y la de su esposo—. Eres tan hermoso.
La respiración del moreno se volvió irregular—. Te amo.
—Yo también. —Tom acarició los costados de su marido, lentamente, como limpiando su piel de cualquier mano pervertida que lo hubiera lastimado.
Bill gimió levemente, dejando sus manos en los hombros de Tom.
—Tienes rasguños en las caderas —comentó el menor, bajando la cabeza para besar la zona afectada.
—Me siento tan frágil —murmuró Bill.
—Estoy aquí contigo, Bill. Haré que te sientas mejor. —La mano de Tom se deslizó entre las piernas de Bill, acariciando el pequeño agujero que había sido abusado recientemente.
El pelinegro siseó, su pequeña entrada estaba roja y el exterior se veía ligeramente rasguñado.
—¿Te duele? Tal vez no debería…
—Lo quiero. —Bill suspiró.
—Está bien… —Tom se volteó para buscar un lubricante y lo cogió con su mano libre, luego cubrió sus dedos con la substancia resbaladiza.
Bill se estiró para jugar con los pezones de su esposo.
—Mierda, Bill… —Gimió el trenzado, deslizando un dedo dentro del cuerpo del moreno. Sus pezones de verdad estaban muy sensibles.
Bill levantó una pierna, seguramente estaba dolorido… pero tenía que hacer esto para librarse de Andreas.
Tom agregó un segundo dedo. En realidad le dolía ver a Bill lastimado, pero no había nada que él le negara a su esposo. Se acercó para besarlo, solo para mostrarle que esto era mucho más que sexo.
Bill correspondió el beso y el teléfono de la casa comenzó a sonar.
—Mierda, podría ser mamá, Bill. Volveré enseguida. —Tom se levantó, no había llamado a su madre desde que regresó y seguramente estaba preocupada.
Bajó corriendo las escaleras, llegó hasta el teléfono y contestó—. ¿Hola?
—Sal afuera. Dejé algo en tu puerta —dijo una voz.
—¿Quién eres tú? —Preguntó el trenzado un poco asustado.
—Quieres saber la verdad, ¿cierto? —Y luego colgó.
Tom salió hasta la puerta, mientras le gritaba a Bill que volvería enseguida. La abrió y allí estaba, un DVD en su cajita. Arrugando el ceño, lo recogió. En la parte de atrás, tenía un pedazo de papel pegado que decía: “Lo que Bill hace cuando tú no estás aquí”.
Seguro era algo del violador de Bill, entró a la sala y encendió el video.
Muy pronto, las imágenes y los gemidos fueron demasiado para Tom, cuyos labios temblaban peligrosamente. Enfurecido, se levantó y se apresuró hacia su habitación. Una vez adentró, buscó una maleta y se la tiró a Bill.
—¡Sal de aquí!
—¿Tomi? —Bill hizo una mueca cuando la maleta le pegó en el pecho desnudo.
—Dije que te vayas de la casa. ¡Maldito bastardo traidor! —Tom estaba llorando y su cuerpo temblaba incontrolablemente.
—¡Nunca te he engañado! No podría… no lo hice… Tomi, créeme. —Bill se agachó, temeroso de que el trenzado le arrojara algo más.
—¡Lo vi, Bill! ¡Estabas gimiendo, por el amor de Dios! Querías que creyera que te habían violado. ¡MENTIROSO! —Abrió un cajón y comenzó a tirarle ropas a Bill, a su congelado esposo.
—Él… él dijo que iba a matarte si no… él lo dijo, que debía fingir que me gustaba… te habría matado… —Bill sabía que no debía provocar a Tom… sabía que Tom le pegaría o algo peor, así que se levantó y se puso la ropa—. Me iré… —Aunque esa casa era de Bill, sabía que no debía discutir.
—Bill… sé cómo eres en la cama… esos gemidos no eran fingidos. Con él de toda la gente en el mundo… habría podido soportarlo si hubiera sido otra persona, pero ¿con él? —El trenzado se estaba calmando, pero su llanto no cesaba—. ¿Solo buscabas sexo conmigo, verdad? Y tan pronto me fui, encontraste a alguien más que te follara, no te importó quien. Yo… yo, quiero el divorcio, Bill.
El corazón del pelinegro se rompió. Miró su anillo de bodas y lentamente miró a Tom, tenía la boca abierta y los ojos rojos.
Pero Tom no correspondió su mirada. A pesar de estar tan furioso y tan herido, todavía amaba a Bill, y si se volvía, terminaría perdonándolo, y no quería eso—. Vete, Bill. Hablaremos otro día, con más calma, sobre lo que le tocará a cada uno.
Bill cogió la maleta, pasando junto a Tom, mañana tomaría un vuelo de vuelta a casa, donde pertenecía. Ahora mismo, no había nadie allí para él, no tenía más opción que buscar la ayuda de Simone.
Entre tanto, Tom se sentó en el suelo, llorando, destrozado. Su vida, toda su vida se hacía pedazos delante de sus ojos y no podía hacer nada para evitarlo.
Finalmente, Bill llegó hasta la casa de Simone y lentamente goleó la puerta.
La mujer se levantó del sofá, creyendo que era Tom. No había llamado, y se había imaginado que Bill lo había mantenido ocupado, pero aun así, una madre se preocupa. Abrió la puerta y contuvo el aliento.
—Por favor, Simone… solo esta noche —susurró el pelinegro, aferrándose a su pequeña maleta como si se le fuera la vida.
—¿Qué ha pasado, Bill? ¿Dónde está Tom? —Ahora, definitivamente, Simone estaba preocupada.
—Está en la casa… él me corrió.
—¿Qué? ¿Por qué? —Preguntó la mujer, moviéndose un poco, para dejar que Bill entrara. Después de tantas cosas, Bill era como otro hijo para ella.
—Me violaron, Simone… él hombre que lo hizo… dijo que si no actuaba como si lo disfrutaba, mataría a Tom. Bueno… él le envió. —Bill sorbió los mocos sonoramente—. Le mandó un video a Tom y ahora Tom cree que yo lo engañé… y cree que yo solo estaba con él… porque quería sexo.
Simone miró a Bill en shock. Sabía que el chico no se andaba por las ramas, pero esto era… demasiada información de golpe—. ¿Tom… no te creyó? Bueno, así es Tom. Tiene problemas de confianza, más bien de auto-confianza.
—Por favor, ¿me puedo quedar aquí, Simone? No tengo ningún lugar a donde ir. —Era verdad, Gustav y Georg estaban de luna de miel y los padres de Bill ahora estaban en Inglaterra.
—Por supuesto, cielo. Te puedes quedar tanto como necesites. —Ella abrió sus brazos al otro, por la forma en que lucía, era difícil no creerle.
Él se acercó para abrazarla—. Muchas gracias por creer en mí.
—Está bien, Bill. Soy lo suficientemente vieja como para detectar las verdades y las mentiras. Y Tom solo… con todas las cosas que ha pasado, le es muy duro creer que alguien lo ame de verdad —dijo la mujer con un tono triste en la voz—. Pero haré que vuelva a sus sentidos, Bill.
—Gracias otra vez —susurró el pelinegro.
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La mañana siguiente Bill caminó hasta el edificio de la escuela, todavía estaba traumatizado, pero tenía que dejar este lugar ahora, o probablemente terminaría en una institución para enfermos mentales.
—¿Señor? —Preguntó el joven, tocando la puerta del director de la escuela.
—¿Sí? Pase —contestó el hombre.
Bill entró a la oficina—. Vengo para presentar mi renuncia.
El hombre dejó los papeles en los que estaba trabajando sobre la mesa y miró a Bill—. ¿Por qué?
—Porque no puedo seguir enseñando en esa clase. Y no puedo estar en el mismo edificio con uno de mis alumnos. Así que me voy…
—¿Puedo preguntar por qué, o es un asunto personal?
Bill puso la mano sobre la mesa y mostró que ya no estaba luciendo su anillo—. Es un poco privado —dijo y desvió la mirada.
La boca del hombre se abrió, dándose cuenta de lo que había pasado—. Oh, lo siento… Bill, serás bienvenido en cualquier momento en el que desees regresar. Te enviaré un cheque con tu sueldo y un regalo de mi parte.
—Me llevaré todas mis cosas ahora. Muchas gracias. —Bill se levantó.
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Gus caminó orgullosamente hasta la puerta de Tom, tocó y esperó hasta que los chicos le abrieran.
—¿Crees que deberíamos llamarlos por teléfono? Podrían estar follando —comentó Georg, aunque fue muy tarde.
Gus suspiró—. Nadie responde. —El rubio volvió a alzar la mirada y decidió entrar.
Lo primero que ambos vieron, fueron muchas botellas con diferentes tipos de licor, todas vacías y desprendiendo el olor a alcohol. Olía también a sudor y otra cosa que sus narices no pudieron descubrir.
—¿Gus… qué está pasando?
El rubio suspiró—. No tengo idea… creo que Tom está deprimido. —Gustav caminó hasta Tom, tratando de vomitar por el mal olor.
El trenzado realmente estaba en un estado deplorable. Parecía que se había quedado en el mismo lugar por toda la semana, su cuerpo apestaba a sudor y a alcohol y le estaba creciendo la barba. Estaba completamente borracho y la televisión estaba encendida, mostrando la señal del DVD que acababa de terminar.
Gustav se acercó a su amigo—. ¿Tom, Tom?
El aludido no se movió, solo gruñó para mostrar que sabía que estaban allí.
—¡Bill! —Gritó el rubio. Tal vez él supiera lo que estaba pasando. Cuando no obtuvo respuesta, volvió a mirar a Tom, lentamente puso su mano sobre la de su amigo—. Estás tan frío…
—¿Dónde está Bill? —Preguntó Georg, preocupado.
La cabeza de Tom se alzó un poco ante el sonido del nombre de su esposo—. Probablemente follando a Andreas —dijo arrastrando las letras por el alcohol.
—¿Qué quieres decir con follando a Andreas? —Preguntó Gus, sabía que Andreas era un tema difícil, pero tenía que saber qué había sucedido—. Georg, tráeme una manta de arriba.
El castaño asintió y subió las escaleras para conseguir una manta. Cuando regresó, Tom estaba llorando incontrolablemente y entre sus sollozos, pudo entender algo que sonó muy parecido a “tenía un jodido amante”.
—Él te engañó… —susurró Gus, moviendo a su amigo para abrazarlo, un abrazo que Tom no pudo evitar ni aunque quisiera.
—Él, él, DVD. —El trenzado trató de señalar al televisor. Había visto la película tantas veces, que la sabía de memoria. Era como una necesidad masoquista.
El rubio lo prendió, pero una expresión de horror apareció en su rostro cuando la pantalla mostró una escena porno; entonces fue que notó que era Andreas y que definitivamente Bill estaba debajo de él—. Georg…
El castaño dejó la manta sobre Tom, sus ojos se abrieron cuando oyó a Bill gimiendo el nombre de Andreas. En esos instantes, Tom estaba lloriqueando y rogando por más alcohol, quería ahogar esos sonidos en la dulce inconsciencia, aunque hasta ahora, no había funcionado. Tal vez necesitaba ponerse más borracho.
—Georg… ve a hablar con ese amigo tuyo, antes de que yo le arranque la cabeza. —El rubio alzó la cara, para mostrar que era mortalmente serio. Y luego se volteó para apagar el televisor, arropó mejor a Tom con la manta y se sentó junto a él, abrazándolo firmemente—. Lo mataré. Nadie te lastima de esa forma…
—¿Bill hizo eso? —Geo todavía estaba en shock. Nunca habría creído que su amigo fuera capaz de hacer algo así. De hecho, lo encontraba difícil de creer, pero lo había visto con sus propios ojos—. Creo que Bill puede esperar. Llevemos a Tom a darse una ducha.
Gus miró al castaño—. Él es muy tímido, sin ofender, cariño, pero no creo que a él le gustaría que lo vieras desnudo. —Levantó a Tom del sofá—. Ven, chico grande.
Georg asintió—. Tú báñalo, yo limpiaré este lugar mientras llamo a Bill… por lo menos quiero una explicación.
Gus asintió y casi arrastró a Tom por las escaleras, hacia el baño—. Siento mucho que esto te hubiese pasado a ti. —Dejó un pequeño beso en la frente de su amigo.
Georg sacó su teléfono del bolsillo y marcó el número de Bill, esperando una respuesta.
El pelinegro respondió después de unos cuantos timbres—. ¿Hola? —Su voz sonaba rota de tanto llorar.
—¡¿Qué demonios, Bill?! —Preguntó el castaño, directo al punto—. ¡Más te vale darme una jodida buena explicación de por qué encontramos a Tom borracho en el sofá, viendo un video tuyo follando a Andreas!
Bill sorbió los mocos—. Me violaron, Georg. —Bill esperaba que por lo menos su castaño amigo le creyera. Puso la cabeza en el hombro de la mamá de Tom, porque todavía estaba allí, viendo unos videos de los padres de Tom.
—¿Y gemías porque te dolía demasiado, verdad? —dijo Geo, derramando sarcasmo en cada palabra.
—¡Dijo que si no lo hacía mataría a Tom! ¡Lo hice porque lo amo! —No había usado “esa” palabra desde hacía mucho tiempo.
—Bill, no puedes fingir los gemidos para salvar tu vida y todos sabemos eso. ¿Sabes lo que le has hecho a Tom? ¿Lo sabes? Si lo amaras, habrías vuelto acá y hubieses tratado de arreglar las cosas. Está bebiendo hasta morir.
—Él me corrió. ¡Me dijo que me llamaría! ¿Acaso alguna vez me escucha? —Sabía que la respuesta sería no.
—No creo que ni siquiera recuerde su nombre, mucho menos tener que llamarte. Tú… no puedo creerlo, Bill. Nunca pensé que fueras capaz de algo así. Si algo le pasa a Tom, serás plenamente responsable.
Bill volvió a sorber los mocos—. Me violaron. —Volvió a murmurar.
—Lo siento, Bill. —Georg suspiró—. No lo puedo creer. —Luego colgó y se preparó para limpiar el lugar.
El pelinegro rompió en llanto. Simone se volvió hacia él—. ¿Qué ha pasado?
—Tom se ha vuelto una especie de alcohólico… y creo que Georg quiere despellejarme vivo —respondió en un murmullo.
El rostro de Simone cambió a uno de preocupación—. Oh, mi… mi pequeño. Bill tenemos que hacer algo. Llámalo y luego ve a verlo.
& Continuará &
Notas finales de las traductoras:
Creo que lo peor es que nadie le cree a Bill, todos juzgan lo que se ve en el video, pero nadie se ha sentado con Bill a hablar de lo que realmente pasó. Aghr tengo mucha rabia. Gracias a todos los que siguen leyendo esta traducción. Besotes.
