Dos Condiciones 18

& Capítulo 18 &

Cuando Luke y Andreas llegaron a casa ese día, encontraron el lugar vacío y una nota en el refrigerador que decía: “Chicos, salimos a cenar fuera, no volveremos hasta después de la media noche. Hay algo de dinero en el mueble, para que compren algo. Con amor, mamá”

¿Luke, qué hora es? —Preguntó el mayor, leyendo la nota.

Um… son las cinco, ¿por qué? —respondió Luke.

Las cinco de la tarde, eso les dejaba como siete horas—. Estamos solos, hasta media noche —dijo, abrazándolo por detrás.

Mhm, que bueno. —Luke giró entre los brazos de Andreas y lo besó apasionadamente.

Pero el mayor no respondió el beso. Solo se alejó, con una sonrisa en los labios y dijo—. Quiero prepararte la cena. Y luego, podemos tomar una ducha juntos. Tenemos tiempo. —Andreas le hizo un guiño. No quería tocar a su hermano con el aroma de Bill todavía sobre su piel. Se sentía sucio.

Pero Luke no lo vio así. Pensó que tal vez Andi, no lo quería realmente y que solo deseaba a Bill… su corazón se rompió. Los pequeños pedazos seguramente se podían oír cayendo al piso, si tenías buen oído.

Andreas notó la expresión dolida en el rostro de su amante—. ¿Bebé? ¿Qué sucede? Pensé que esto te gustaría, como no podemos salir en una cita…

¿Me amas? —Preguntó Luke en un susurro.

Por supuesto, bebé. ¿Por qué lo preguntas? —El mayor arrugó el ceño. ¿De verdad había lastimado a Luke, mientras le hacía daño a Bill?

Tú, no me besaste… pensé que tal vez, no me querías… que Bill era mejor que yo…

No lo es. Solo quiero tener algo especial contigo esta noche, aprovechar que estamos solos. —El mayor tomó las manos de su hermano y le dio un piquito en los labios—. Te amo demasiado. Quiero que te sientas especial… —susurró.

Luke sonrió, ahora estaba verdaderamente feliz. Puso sus manos en las mejillas de Andreas y sonrió—. Te amo más que a nada. Andreas… gracias por no pensar que soy asqueroso…

Eso es porque no eres asqueroso. —Le dio un guiño. Fue hasta el refrigerador, para ver qué podría cocinar, ignorando el dinero que su madre les había dejado.

Luke sonrió. Admiraba a su hermano mayor.

Entonces, ¿qué te gustaría? Haré cualquier cosa para ti —dijo Andreas, todavía revisando los componentes de la nevera.

Cualquier cosa que quieras hacerme —respondió suavemente.

Andreas se volvió lentamente. No estaba seguro de si debería decir esto, pero…

¿Qué harías si digo que quiero hacerte el amor?

Entonces hazlo, Andreas. Te deseo… y solo a ti. Quiero que me hagas el amor. —Le ofreció una sonrisa a su hermano—. Quiero que te sientas orgulloso y que digas que soy tuyo… te amo.

Eso fue todo lo que Andreas necesitaba escuchar—. Deja que me bañe primero. No quiero tocarte mientras tenga el olor de él en mi piel.

Luke asintió—. ¿Puedo ir y ayudarte a bañar? —Se sonrojó.

Claro.

&

Bill suspiró, sabía que Tom llegaría pronto a casa y tenía miedo.

Tom miró enojado su teléfono una vez más, se había roto durante el viaje y fue incapaz de recordar el número del celular de Bill, así que no pudo llamarlo. Afortunadamente, ya estaba de vuelta en casa. Había extrañado mucho a su esposo… sonriendo, tocó el timbre.

Bill levantó la cabeza, sorbiendo los mocos; lentamente, caminó hasta la puerta para abrir.

Tom volvió a tocar, impaciente.

El pelinegro abrió, con una expresión en blanco. Expresión que Tom no notó al saltar a los brazos de su esposo, abrazándolo fuertemente.

¡Dios, te extrañé tanto! Mi teléfono se rompió y no pude recordar el tuyo y no pude llamarte. ¡Me quería morir!

Bill correspondió el abrazo; tenía miedo de hacer cualquier cosa—. También te extrañé.

Bueno, déjame verte. —Tom se separó del abrazo, para darle una buena mirada a su esposo.

El pelinegro estaba vestido como si fuera invierno, con mucha ropa para cubrir todo su cuerpo. Su cabeza estaba inclinada hacia un lado y nunca apareció una sonrisa.

¿Bebé? ¿Estás bien? Te ves enfermo. —Tom acarició la mejilla de su marido, preocupado.

Estoy bien. —Bill todavía no miraba a Tom. Ahora tenía más miedo. Estaba aterrado.

¿Qué estás escondiendo, Bill? —El menor estaba cada vez más preocupado. Bill no lo miraba a la cara—. ¿Mi familia está bien, verdad? —Preguntó de pronto, dándose cuenta que la expresión de Bill le recordaba a esas personas que tenían algo que decir, pero que tenían miedo.

Tu familia está bien —respondió el otro con voz baja.

Entonces, Bill, ¿qué pasa?

No es nada, Tom… Solo estoy un poco cansado.

Entonces vamos a la cama. Te podría dar un masaje y hacerte el amor muy lentamente… De verdad te extrañé. —Las palabras del trenzado eran para darle tranquilidad, porque en realidad no creía las palabras de su esposo. Estaba seguro que Bill estaba furioso con él por no haberlo llamado.

Ahora el pelinegro se asustó mucho. No quería tener sexo… tenía miedo del sexo… no podría.

¿Qué dices, Bill? —Insistió el trenzado, viendo que Bill no decía una palabra.

El pelinegro se mordió el labio—. Estoy cansado, Tomi, quiero dormir. Yo… he estado despertó todo el fin de semana, preocupado por ti.

El menor arrugó el ceño, esta era la primera vez que Bill le decía que no al sexo—. Por lo menos, ¿puedo besarte, o también estás demasiado cansado para eso? —Preguntó en un tono un poco duro, ¡como si él no se hubiera preocupado también por su Bill!

El mayor asintió y se inclinó para besar a Tom y sin darle tiempo a su esposo de reaccionar, se separó.

¿Eso es todo lo que consigo después de estos días afuera? Está bien, ve a dormir, me quedaré aquí viendo la tele. —El rostro de Tom se endureció mientras caminaba hacia la sala.

Bill bajó la mirada, por supuesto que no le gustaba alejar a Tom—. Tomi, lo siento —murmuró.

¿Por qué, Bill? ¿Qué pasa? —Tom estaba al borde de las lágrimas. No sabía qué había sucedido, pero nunca se había sentido tan lejos de su amado como en esos momentos. Temía que Bill ya no lo amara.

Yo… yo, no puedo. —Lo miró, ahora estaba asustado, Tom ya lo había dejado antes y no quería perderlo.

¿Qué? ¿Qué pasa, Bill? Dime. Tengo derecho de saber si… si ya no me amas —agregó la última parte con voz baja.

Te amo, Tomi. Pero no puedo, de verdad no puedo. —Sus ojos estaban llenos de lágrimas mientras corría a su habitación, Tom le pisaba los talones.

¿Por qué, Bill? ¿Qué ha cambiado? —Agarró el brazo de su esposo.

¡Me violaron! —Bill alzó la vista y lo miró de frente.

¿Te qué? —Tom soltó su brazo.

Me violaron, Tom… dijeron que si no lo hacía, te matarían… —Bill cayó al piso.

Bebé. —El menor también bajó al suelo para abrazar a Bill—. No tienes que alejarme por eso.

Tengo miedo, Tom… tengo tanto miedo… él no usó… no usó protección. Podría tener SIDA o algo así. —Lloró en el hombro de su marido.

Mira, Bill, iremos al hospital ahora mismo y ellos te revisarán. Luego me dirás quién te hizo esto e iremos a la policía —dijo Tom, tomando el control de la situación, aunque por dentro, se sentía muy pequeño. Solo continuó haciendo círculos en la espalda del pelinegro.

Pero Bill no podía decir, ¿o sí?—. Está bien.

¿Quién te hizo esto? Lo mataré.

Oh, por favor… no me hagas decirlo.

¿Por qué, Bill? ¿Los conozco? —Tom presionó un poco, aunque no iba a obligar a Bill a decir una palabra si no deseaba hacerlo.

Tomi —Se quejó.

Está bien, Bill, relájate. Iremos al doctor ahora mismo. Y hasta que ellos nos digan que estás limpio, usaremos condones… cuando te sientas listo… para hacer el amor. —Tom sabía que seguramente Bill no querría saber nada de sexo por un buen tiempo, pero no le importaba mientras se asegurara que estaba bien.

Bill asintió, pero escondió la cara en su abrigo, ni siquiera había salido a la calle después del incidente.

Tom se levantó, ofreciéndole la mano a su esposo—. Vamos, quiero asegurarme de que estás bien… físicamente. No necesitas contarles que fue una violación, si no te sientes cómodo con ello.

¿Qué debería decir? No puedo decir que un tipo que no era mi esposo decidió follarme para pasar un buen rato.

Bueno, podríamos ser una de esas parejas de mente abierta que follan por aquí y por allá. No es cierto, pero si te sientes mejor, está bien. —Se inclinó para besar a Bill. Ninguna enfermedad le impediría conseguir un beso, y si lo hacía, bueno… a la mierda la suerte.

Bill correspondió el beso, temblando.

Te amo, Bill. Nunca lo olvides. Sin importar lo que pase.

Yo también te amo, Tomi… por favor no me sueltes. —Él sabía que tan pronto Tom se enterara, Bill desaparecería.

Tom arrugó el ceño. ¿Por qué Bill se sentía culpable? Esto no era su culpa—. Bill, bebé, no fue tu culpa. ¿Deseas, deseas contarme qué pasó? —No estaba seguro si podría soportarlo, pero tendría que hacerlo por el bienestar de Bill.

El pelinegro bajó la cabeza—. Tengo miedo, Tom, eso es todo.

El menor abrazó a su esposo—. No tienes nada por lo que estar asustado. Estoy aquí y nadie más te va volver a lastimar, ¿ok?

Está bien. —Bill le sonrió, pero por dentro, su cabeza estaba gritando «¿Por cuánto tiempo, Tomi?»

&

Tom estacionó el coche, pero todavía no estaba listo para bajar. Venían de regreso del hospital y mierda, había sido muy duro. Bill había llorado y los doctores trataron de forzarle a decir quién lo había hecho, pero ahora, afortunadamente dormía a su lado.

Baby— Lo llamó suavemente, moviendo su brazo con cuidado.

El pelinegro despertó con lentitud—. Tomi, no dejes que me lleven… ¡no dejes que me obliguen a decir!

Sshh, bebé, estoy aquí. No tienes nada que temer. —su marido trató de calmarlo, sosteniéndolo en sus brazos. Estaba tan enojado y triste.

Bill alzó la vista para verlo—. ¿Te pasaron los resultados?

Tom suspiró—. No todavía, Bill. Nos llamarán cuando los tengan, será entre tres días a una semana.

El pelinegro se acurrucó en el regazó del trenzado—. Está bien.

Vamos a casa. Podrás dormir ahí o hacer cualquier cosa que desees…

Mientras Bill dormía en el coche, había parado en una tienda para comprar condones. Se sentía raro por usarlos, pero no había otra alternativa.

El mayor miró a su trenzado—. No quiero dormir.

Entonces ¿qué quieres hacer? —Preguntó Tom, ya saliendo del auto.

Hazme sentir limpio otra vez, Tomi.

Tom sonrió, abriendo la puerta de su marido—. ¿Una ducha? Puedo hacer eso. —Bromeó.

Si eso es lo que me quieres dar… —Se sonrojó furiosamente.

El trenzado suspiró—. Bill… ¿Estás seguro que estás listo para eso? No quiero presionarte.

Me siento sucio… No importa cuántas duchas me dé… Todavía lo huelo a él en mí… Me siento asqueado… Te quiero de vuelta.

Me puedes tener de vuelta. —Tom estaba listo para hacer que Bill se sintiera bien en cualquier momento—. ¿Vamos? Te mostraré que el sexo puede volver a significar amor.

El pelinegro asintió y siguió a su esposo a la casa. Aunque Tom lo hiciera sentir hermoso, Bill se sentía horrible.

Una vez en la casa, Tom cargó a su marido y lo llevó hasta la habitación—. Eres un sueño hecho realidad, Bill. No te sientas menos que eso.

Me siento como una pesadilla a punto de aparecer.

Tom se rió—. Bueno, puedes ser bastante aterrador cuando no te quitas el maquillaje antes de irte a dormir y cuando despiertas con todo eso en la cara, gritando que no tienes tiempo.

El pelinegro rió—. Bueno, eso es tu culpa.

Probablemente. —Tom mantuvo su sonrisa, no podía evitarlo al ver sonreír a Bill. Había extrañado esa sonrisa.

El pelinegro suspiró, tenía miedo de que a Tom ya no le gustara su cuerpo.

El trenzado depositó a su esposo sobre la cama y dijo—. Bill eres perfecto.

El aludido levantó la cara, lo miró y respondió—. Gracias.

No necesitas agradecerme por decir la verdad. —Tom acunó el rostro y el cuerpo de su pareja con mucho cariño.

Bill se inclinó un poco, buscando un beso—. ¿Tomi?

Tom le dio un piquito en los labios—. ¿Mhm?

¿Tienes… tienes condones? No quisiera contagiarte también.

& Continuará &

Notas finales de las traductoras:

Les juro que me muero de pena. Después de la puta violación, lo único que piensa Bill es no contagiar a su Tomi de una posible enfermedad. Y Tom, se mostró comprensivo ahora, pero cuánto le va a durar eso. Están invitados a seguir con la lectura. Gracias a todos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Contenido protegido
Scroll al inicio