Dos Condiciones 12

& Capítulo 12 &

Luke gritó de dolor, su rostro se puso blanco como un fantasma y cayó al suelo en una posición extraña, gritando.

Andreas oyó el grito de su hermano y se volteó, apresurándose a su lado—. ¿Luke? ¿Luke, qué? ¿Dónde te duele?

Luke estaba sollozando—. ¡Mi, mi brazo! —Lloró. El brazo en el que estaba apoyado, estaba doblado de forma extraña.

Oh, Dios… Luke. Luke cálmate. Traeré un poco de hielo y te llevaré al hospital. —Dejó un pequeño beso en la húmeda mejilla del menor—. ¿Está bien?

¡Apúrate! —Gritó.

Andreas hizo como dijo y corrió hasta la cocina, llevando hasta la habitación de Luke, un pack de hielo—. Ok, pon esto en tu brazo. Voy a buscarte un abrigo y nos vamos.

El menor trató de moverse, pero falló, le dolía mucho—. ¡Andi!

¿Qué? —El mayor corrió hasta el lado de su hermano, con un abrigo en las manos.

¡No me puedo mover! —Lloró.

Ok, uh… —Andreas puso el abrigo, por sobre los hombros de Luke y luego levantó su propia playera manga larga, la rompió. Entonces puso el pack de hielo sobre el brazo de su hermano, sosteniéndolo allí con la tela rasgada—. Esto servirá —dijo tiritando, porque ahora solo tenía puesta una camiseta—. Vamos. —Levantó a su hermano y lo apoyó contra su cuerpo.

Luke se apoyó en él, porque necesitaba esa ayuda—. Me duele.

Lo sé. Lo siento. Nunca pensé que te caerías —dijo el mayor, sintiéndose verdaderamente culpable. Los celos que había sentido le hicieron empujar a su hermano y ahora se sentía peor.

Luke gruñó muy fuerte—. Siento mucho ser tan mal hermano…

No eres malo, eres genial. —Andreas abrió la puerta principal y guió a su hermano menor fuera de la casa.

Luke siseó ante la luz del sol.

¡Mierda! —Andreas comenzó a tiritar más, hacía mucho frío. Sin embargo, los llevó hasta el vehículo y abrió la puerta para Luke.

El menor se deslizó en el asiento, con lágrimas cayendo rápidamente.

Sshh, cálmate. —Andreas dio una mirada alrededor y le dio un beso en la orilla del labio. Luego cerró la puerta y se apresuró a su lugar frente al volante.

El dolor se había vuelto muy intenso y pronto lo adormeció. El mayor dio un suspiro de alivio, al notar que Luke ya no lloraba tan fuerte.

Mira. Yo… lo siento mucho. No solo por esto. He sido un mal hermano, tú… no tienes que hacer nada más con Bill. Olvida todo eso, ¿está bien? —dijo al encender el motor. No sabía por qué estaba rechazando la única ayuda que podía recibir, pero lo estaba haciendo y no se sentía tan mal como creyó antes.

No, no. Lo haré por ti. —Luke sorbió la nariz, él solo quería hacer feliz a Andi y si Bill lo hacía feliz… entonces, él se iría y le dejaría su lugar a Bill.

Andreas detuvo el auto y volteó a su hermano—. No tienes que hacerlo, ¿ok? —Y se encontró de pronto, besándolo.

Luke correspondió el beso, suavemente, pero no por completo, con lágrimas cayendo de sus ojos—. Pero te hace feliz. —Sollozó.

Me hace más feliz verte sonreír —respondió, volviendo a encender al coche y dirigiéndose al hospital.

¡Pero tú quieres a Bill! —Soltó el menor.

¿Acaso no dejé claro a quien quería? —respondió Andreas.

¿Y por qué me querrías a mí? —Luke alzó la vista, mirando entre su cabello rubio. Sus ojos mostraban que estaba adolorido y despedazado.

No lo sé. Y no sé si quiero saber… pero… ¿Y qué hay de ti? —Andreas estaba muy nervioso mientras manejaba al hospital. Podrían pensar que maltrataba a su hermano y alejarlo de él y necesitaba saber que sentía, antes de que eso pasara. No sabía por qué y estaba muy confuso, pero no había forma de volver a atrás.

Luke alzó la vista y lo miró de frente—. Me gustas tú —susurró antes de desmayare.

&

¿Bebé? —Llamó Georg desde la cocina, donde estaba preparando unos sándwiches para ellos. Era un sábado muy agradable y ambos irían de picnic.

El rubio entró en la cocina—. ¿Sí, cariño?

¿Qué se te apetece?

¡A ti!

Pero no puedes hacer un sándwich conmigo —respondió divertido el castaño.

Oh, claro que puedo. ¿Quieres que te muestre? —Tomó dos trozos de pan y caminó directo hacia él.

¡Gus! ¡No juegues con la comida!

El rubio soltó una risita—. Jamón, por favor.

Okey. —Georg siguió preparando su comida y en secreto, escondió una botella de champagne. Hoy era un día muy importante y quería celebrar, si las cosas salían como tenía planeado—. ¿Tú vas a manejar?

Gustav asintió—. Claro… ¿estás listo?

Por supuesto.

El rubio esperó hasta que cargaron las cosas en el auto y luego condujo hasta un pequeño parque.

¿Cuánto tiempo hemos estado juntos, Gus? —preguntó de la nada el castaño.

Si la memoria no me falla… es nuestro aniversario de un año y medio.

Sí. ¿Y te acuerdas cómo nos conocimos? —Georg tenía una sonrisa ante aquellos lindos recuerdos.

Gustav se puso a reír—. Sí… iba a visitar la casa de Tom… y tú saliste corriendo.

¡Una jodida mujer me dio la cortada en un restaurant muy elegante! —dijo el otro—. Pero ahora me alegra que lo haya hecho.

Gus asintió—. De lo contrario, nunca te habría conocido.

¿Estás feliz de haberme conocido?

Por supuesto que lo estoy. No habría podido pedir un mejor compañero. —El rubio sonrió bonitamente.

Lo mismo digo —respondió Georg, mirando por la ventanilla. Allí estaba, el parque en el que se besaron por primera vez. Habían llegado.

Gus sonrió muy lindo y aparcó el coche. Sin dejar de sonreír dijo—. ¿Entonces?

Ya llegamos. Vamos a buscar un lugar agradable para comer.

El rubio asintió y caminó fuera del auto, para coger la mano de su pareja.

Gracias. —El castaño aceptó la mano, saliendo del vehículo.

El otro lo llevó casualmente, hasta la misma banca donde compartieron su primer beso, actuando como si no lo hubiera notado.

Gus pasó su mano por la mejilla del castaño—. Te amo.

Sí, yo también.

El rubio se inclinó hacia adelante y lo besó apasionadamente—. Georg…

Comamos. —Georg estaba muy nervioso y se notaba. Se mordía el labio y sus ojos nunca estaban quietos, se movían de aquí para allá.

El rubio volvió a inclinarse—. Georg… —Pasó sus manos por el largo cabello del otro.

¿Qué? Me muero de hambre.

Okey. Entonces comamos. —Se alejó.

Gus… Gus… yo… no importa. —El castaño comenzó a sacar la comida de la canasta, sintiendo que ya había arruinado todo, sin siquiera haber empezado.

El rubio comenzó a masticar un sándwich, sin importarle realmente que la gente los mirara como amantes.

Finalmente, Georg no soportó la tensión y dejó de comer—. Gustav. —Llamó.

El otro alzó la vista—. ¿Sí, Georg?

Te traje aquí por una razón. —El castaño tragó pesado.

¿Oh? —El rubio bajó su sándwich.

Sí, um, no sé si te acuerdas, pero este fue el lugar donde nos besamos por primera vez como novios. Y también quiero que sea el último —dijo el castaño, pero de inmediato abrió los ojos muy grandes, al darse cuenta de cómo había sonado eso.

¿E-Estás terminando conmigo? —Gus iba a romper a llorar.

¡No! —contestó rápidamente.

¿Entonces qué? —El rubio se estremeció.

No tontito, quiero que te cases conmigo.

La boca de Gustav se abrió hasta el suelo—. ¿Quieres que me case contigo? —Se sonrojó profundamente, todavía en shock.

Um, sí. Te lo había pedido en el matrimonio de Bill y Tom. ¿Te olvidaste de eso? —Ahora Georg había arrugado el ceño. Él se refería a Gustav como su prometido todo el tiempo ¿y él se había olvidado de ello?

Yo… yo te iba a preguntar. —Hizo un puchero.

¿Preguntarme qué?

Que bueno… ¿qué si nos casamos pronto? —El rubio seguía sonrojado.

El castaño sonrió como idiota—. Bueno… ¡por supuesto! Me muero por ser tu esposo y llevarte a una luna de miel inolvidable, y hacerte mío, y que me hagas tuyo, y… —Tomó una respiración profunda. Sus ojos brillaban de felicidad.

Gus lo empujó, pegándolo contra su pecho y lo besó profundamente—. Sshh. —Rió.

¿Qué? Estoy emocionado. Es que no sabes lo mucho que te amo —dijo el castaño contra los labios del otro. Y luego lo besó con igual pasión. Estaba en su nube nueve.

Gus se rió y lo besó con más ternura. Georg suspiró y llevó sus manos a la parte trasera de la cabeza de su prometido, para acariciar su suave cabello.

El rubio se estiró, arqueándose un poco, mientras envolvía con sus brazos la espalda de Georg.

Finalmente, antes de que el beso se pusiera muy fogoso, el castaño se separó y dijo—. Comamos, me muero de hambre… y más tarde, te comeré a ti.

Gus se rió—. Suena como un buen plan.

&

Georg se levantó de la cama, haciendo una mueca al sentir su trasero adolorido, pero igual muy feliz. Tomó unas ropas de dormir y se las puso, mientras cogía el teléfono, fue hasta la sala, marcando el número de Bill en el proceso.

Bill estaba despierto, sentado allí, mirando a Tom cuando su celular sonó—. ¿Hola?

¿Bill?

¿Sí, Georg?

¿Adivina qué? —El castaño estaba prácticamente saltando en el sofá.

¿Descubriste que en verdad tienes una vagina? —Bromeó el otro.

¡No! ¡Es incluso más importante que eso!

Um, ¿descubriste que Gus está embarazado? Ups, se suponía que no debía decirte eso. —Estaba siendo sarcástico y se notaba en su tono de voz.

¡Jódete, Bill! ¡Me voy a casar con él! —Soltó un chillido.

¡Oh, Dios mío! —El otro también soltó un gritito y se cayó de la cama—. Oh, Dios mío, oh, Dios mío.

¡SÍ! ¡Lo sé! Se lo iba a pedir hoy, en caso de que se olvidara que ya se lo había pedido el día de tu boda, y él dijo que también me lo iba recordar.

Bill soltó unas risitas—. Tan tierno.

Y el sexo, Bill… oh, Dios, ¡el sexo de compromiso!

Déjame adivinar, ¿estás cojeando?

Nop, pero sentado en un trasero muy adolorido.

Genial… Tom y yo no podemos… bueno, ya sabes, todo el fin de semana… así que estoy sentado aquí, viéndolo dormir.

¿Por qué? —preguntó el castaño, demasiado emocionado como para recordar dónde estaba su amigo.

Porque estoy en la casa de mi mamá. —Bill se rió, decidiendo divertirse un poco, mientras Tom dormía.

¿Y qué importa? Háganlo en silencio. —Georg se alzó de hombros, aunque sabía que Bill no podía verlo.

No creo que sea posible… la forma en que se mueve en mí… ohm. —Gimió, considerando la idea.

Oh, bueno… entonces tú te lo pierdes.

No me lo recuerdes. —Se rió. Pasó una mano por el muslo de su marido.

El trenzado se estremeció un poco, tratando de no revelar que estaba despierto y muy duro.

Uhm, de hecho quería preguntarte, ¿te gustaría ser mi padrino? —dijo Georg, un poco más bajo esta vez.

Oh, Dios, sí. ¡Me encantaría! —Gritó Bill y apretó la polla de Tom que tenía en su mano.

¡Ow! —Gritó su esposo, no necesitaba que le matarán la erección, literalmente.

¿Bill? ¿Quién está gritando? —preguntó preocupado el castaño.

Estás hablando de Tom. —Bill acarició la erección, poniendo un dedo en los labios de Tom para silenciarlo.

¿Qué rayos le hiciste al pobre “bello durmiente”?

Apreté su polla. —El otro se rió y siguió masajeando el miembro de su marido, como si fuera un gatito.

Ay, tío… demasiado como para no tener sexo. Creo que mejor voy a colgar, para que hagas lo que tienes que hacer —dijo divertido el castaño. Divertido y cansado.

Buenas noches, Georg. —Bill rió y presionó un beso en la mejilla de Tom.

& Continuará &

Notas finales de las traductoras:

Parece que después de todo, Bill no aguantará pasar un fin de semana sin sexo. ¿Qué creen ustedes? ¿Los escucha la madre? ¿Tom se asusta y no hace nada? Bueno, lo que sí sabemos, es que continuaremos con la traducción. Nos vemos pronto, gracias por su visita.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Contenido protegido
Scroll al inicio