Dos Condiciones 13

& Capítulo 13 &

Bill… —susurró Tom, sin ser capaz de seguir fingiendo que dormía, mientras su marido lo masajeaba.

¿Sí, Tomi? —El pelinegro sonrió, sabía que el otro estaba despierto, o al menos lo estaba desde el apretón.

Estoy duro. —Afirmó, aunque era bastante obvio.

Lo sé, lo estoy tocando. —Bill rió.

Bueno, haz algo al respecto. —Tom hizo un puchero. Había estado caliente desde sus jueguitos en el auto, cuando fueron interrumpidos por ese chiquillo. Y ahora ya no lo podía soportar.

Bill se acercó y le dio un par de lamidas para provocarlo, antes de tomarlo por completo en su boca y succionarlo como si no hubiera mañana. Bill estaba caliente y lo deseaba más que cualquier cosa.

Oh, Bill… más suave, o no podré ser silencioso. —Siseó el trenzado.

El pelinegro lo soltó un poco, succionando con un poco más de suavidad, de verdad no necesitaba que su madre oyera todo eso.

Tom se mordió el labio de gusto, levantó un poco las caderas, aunque intentaba mantenerlas abajo.

Bill bajó las caderas del otro—. Tranquilo tigre.

Déjame follarte —susurró el trenzado, su voz sonó más como un gemido.

¡Oh, Dios, sí!

Móntame.

Bill se subió sobre su marido—. Ah… ¿lubricante?

No traje. Usa tu loción humectante. —Sugirió el otro.

Eso servirá. —Bill cogió la crema y la aplicó sobre la polla de Tom, antes de esparcir un poco sobre su propio trasero.

Mierda… —Siseó el menor por lo frío del líquido y el placer que le daba la mano de Bill. La pasión que sentían el uno por el otro nunca se acabaría.

Bill procedió a ubicarse—. Ohh… —Gimió, mientras se empalmaba.

Mierda… debería haberte preparado. —Maldijo el trenzado al ver estrellitas.

Nghn. Tan rico. —Gimió bajando—. Tan grande.

Tan apretado —respondió Tom. La pareja se puso a gemir, olvidando dónde estaban—. Oh, Bill…

El pelinegro comenzó a moverse más rápido, casi saltando sobre la polla de su esposo.

&

Karen despertó al oír unos golpes. Al principio estaba desorientada por el sueño y creyó que podría ser un ladrón. Pero cuando su cerebro empezó a funcionar, se dio cuenta que los golpes provenían de la habitación de su hijo… y que estaban acompañados de gemidos. Y para probar su punto, se escuchó un gemido particularmente fuerte de Tom.

Sonrojándose, la mujer subió las escaleras y golpeó la puerta.

Aahh, Tomi. —Gruñó el pelinegro justo antes de oír la puerta—. Mierda.

Bill, sal un momento. —La voz de la mujer era suave, pero autoritaria.

El pelinegro gruñó y se puso los bóxers y un par de pantalones.

¿Bill, quieres que vaya contigo? —Preguntó Tom con la voz muy bajita, un tanto preocupado por el bienestar de su marido.

No, estoy bien. Pero si escuchas un grito… Sálvame. —Se puso la playera gigante de Tom y salió del cuarto—. ¿Sí, mamá?

¿Tú y tu esposo? ¿En mi casa? ¿En serio, Bill? —Preguntó la mujer, todavía no estaba adaptada al hecho de que su hijo fuera gay.

Mamá… ambos somos jóvenes… y bueno… dejarse llevar es más fácil de lo que crees.

Aun así, ¿no podrían mantener los sonidos más bajos?

No quisimos ser tan bulliciosos.

¡Pero lo fueron! ¿Y cómo es que siquiera lo disfrutas…? Espera, no quiero saber.

No. Vamos, pregúntame. —Presionó el pelinegro.

Bueno, cuando lo tienes metido allí… Debe doler —dijo la mujer, mortificada y luego murmuró para sí misma—. Ni siquiera es natural.

Preparación. —Bill se alzó de hombros.

Ew, pero no es higiénico y… en mi casa. Oh, Dios. —La mujer dio una mirada alrededor, sabiendo qué quería, pero comprendiendo muy bien que no podría obtenerlo.

Oh, estaba limpio… usamos casi toda mi loción humectante. —Hizo un puchero.

¡Bill! —La mujer no estaba segura si quería saber más sobre esto.

Tú preguntaste. Por supuesto que estoy limpio.

No me refiero a esa clase de limpieza.

Sí. Sé que la caca sale por mi trasero… pero Tom también lo sabe… —Se detuvo a sí mismo, antes de decir algo estúpido.

La boca de la mujer estaba abierta hasta el suelo.

Bill se mordió el labio.

Finalmente, la mujer cerró la boca y alzó la cabeza, suspirando—. Yo… necesito una taza de té o algo así. Y un cigarrillo.

El pelinegro sacó su cajetilla—. ¿Quieres uno?

Por favor.

Bill extendió la mano para ofrecerle y soltó un bostezo.

La mujer cogió un cigarrillo y el encendedor, lo prendió con las manos temblorosas—. ¿Podemos ir a hablar a la cocina? ¿Una conversación privada entre madre e hijo?

El joven asintió y la siguió.

Oh… —dijo Karen una vez que llegaron a la cocina—. Esto es bastante duro para mí.

Bill se sentó ahí, sonrojado, después de todo, ella era su madre.

No sé nada sobre cosas de gays, así que ¿por favor, me informarías? —La mujer estaba sonrojándose furiosamente y fumaba como si no hubiera mañana.

Bueno… es parecido a la forma normal, supongo… besarse, tocarse. Pero bueno… la verdad es que un hombre no tiene una vagina… así que tenemos que usar nuestros traseros. —Ahora estaba completamente rojo.

La mujer se dio con la palma en la frente y luego la bajó, arrastrándola por toda su cara—. Sí, sí, no soy tan ingenua. Supongo que ahora necesito un poco de terapia de shock. ¿Cómo es que no duele?

Preparación, es simple. Te dilata un poco…

¿Y es limpio? Quiero decir… bueno, tú me entiendes.

Bueno, supongo que los hombres gays tienden a limpiarse el trasero más cuidadosamente.

Karen suspiró. Era difícil poder asimilar esto y quería algo de licor para poder hacer todo más fácil, pero sabía que no debía, no podía.

¿Estás feliz, Bill? ¿Él te hace feliz? —Ella trató de enfocarse solo en el aspecto positivo.

Sí, mamá. Él me hace muy feliz.

¿Y es bueno en la cama? —Ella le guiñó un ojo.

Ah, bueno… sí, es muy bueno.

Que bien. Mira, siento haberme espantado. Solo… traten de no ser tan bulliciosos, o esperen a que no esté en la casa. Y Bill… solo una pregunta más.

El pelinegro asintió para que su madre continuara.

¿Planean adoptar? Porque yo… a mí me gustaría ser abuela. —Ahora la mujer le sonreía cálidamente, la mayor parte de la tensión se desvaneció.

Quiero un bebé. Pero Tom todavía es muy joven.

Pero no tiene que ser ahora. Ya sabes, solo piénsenlo.

Siento decepcionarte.

¿Decepcionarme? —Preguntó la mujer confusa.

Siempre has querido nietos… y resulta que tu único hijo es gay.

Pero eso no es tu culpa. Y tú eres mucho más importante que esos bebés que todavía no nacen.

Bill sonrió—. Gracias, mamá.

Ahora, vete. Tom te está esperando.

Bill sonrió, salió corriendo por las escaleras y luego saltó sobre su amante.

¡Ay! ¿Quieres dejar de golpearme?

Lo-lo siento —tartamudeó el pelinegro.

Está bien. ¿Qué pasó? —Preguntó Tom con la voz suave.

Ella solo me hizo algunas preguntas.

¿Qué clase de preguntas? —Tom lo provocó, pues sabía muy bien la clase de preguntas que le habría hecho.

La mayoría relacionadas con la limpieza dentro del sexo gay.

¿Y qué más? —Cuestionó el trenzado.

Ella quiere nietos.

Oh… —Tom suspiró. Eso era algo que no podría hacer por sí mismo—. ¿Y tú quieres? Me refiero a los bebés.

Sí quiero. Pero ya sabes que quiero esperar a que salgas de la Universidad.

Tom se mordió el labio. No estaba seguro de estar listo para ser padre todavía… no por un tiempo—. ¿Bill…?

¿Sí, Tomi? —El pelinegro miró a su marido, tenía una idea de lo que estaba pensando.

Yo… no estoy seguro sobre eso. —Tom bajó la mirada, no quería fallarle a su esposo, pero si hacía algo sin quererlo realmente, podría matar su relación.

¿Tú… no quieres un bebé?

Ahora no. No estoy seguro si podría lidiar con uno. Todavía estoy muy joven.

Es por eso que dije que esperaríamos hasta que fueras mayor, Tom. Pero si no… quieres uno… entonces, entenderé.

Cuando sea mayor… veremos, ¿está bien? Creo que me gustaría, pero en el futuro. —Tom miró a su pelinegro, dándole una pequeña sonrisa.

Bill correspondió la sonrisa y lo abrazó fuerte—. Te amo, baby.

La sonrisa del trenzado creció—. Yo también te amo.

Entonces, ¿qué quieres para hoy? —Sonrió tiernamente, dejando un beso en la mandíbula de su esposo.

A ti.

¿Y qué tienes para mí? —Gimió, deslizándose por el cuerpo del otro.

A mí.

No te he follado en mucho tiempo. —Bill besó el bajo vientre de su esposo, dejando que su erección se rozara con su cuello.

No demasiado. Cuando lo hicimos… —respondió Tom, gimiendo bajo.

Lo sé. Pero normalmente tú me follas a mí. Ahora, yo voy a cogerte. —Bill se agachó y recogió el cinturón de su pantalón y el de Tom, que usaron el día anterior.

Por favor…

Bill tomó las manos de su trenzado y las ató a la cabecera de la cama y luego se separó del otro para admirar su trabajo.

Tom aún estaba desnudo por el momento anterior y su miembro estaba duro como roca, dolorosamente duro—. Por favor, fóllame, Bill.

Mhm, no todavía. —El pelinegro pasó las manos por su propio cuerpo, arqueándose y serpenteando, quitando cada prenda de ropa.

¡Te estoy suplicando! —dijo Tom, tirando de sus amarres.

Bill gimió, cogiendo su propia erección—. Mhmh, Tomi.

El aludido cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás, frustrado. Esta debía ser la tortura más dulce del mundo—. Está explotando, Bill.

Pero ni siquiera te he tocado. —El pelinegro habló con la voz más dulce e infantil que pudo.

Por eso.

El moreno se lamió los labios seductoramente—. Mi carne de Tomi.

El trenzado gruñó—. Fóllame ya o no habrá sexo para ti en toda una semana.

Bill se puso sobre Tom, llevó las piernas de su esposo hasta sus hombros y preguntó—. ¿Estás listo, mi delicioso pedazo de carne? —Estaba lubricando su polla y la entrada del otro.

Sí —respondió el trenzado con la voz ronca.

Bill empujó lentamente. Gimiendo, cogió la polla de Tom y la bombeó, a la velocidad con la que entraba.

Oh, mierda. —Gimió Tom, en algún punto entre el placer extremo y el dolor. Había estado caliente por bastante tiempo y no había alcanzado a terminar cuando la madre del pelinegro los interrumpió, por tanto ahora estaba sumamente cerca—. Más adentro, Bill.

El pelinegro golpeó certeramente, esperando tocar el punto nervioso de una sola vez.

La espina de Tom se arqueó de gusto, mientras gemía. Sus brazos tiraron de las correas, ansiando tocar a Bill.

El pelinegro gimió fuerte, entrando y saliendo, una y otra vez. Trabajó con la polla de Tom más fuerte, tratando de darle más placer.

Oh, Bill… —dijo Tom en una exhalación. La tensión sexual entre ellos ocasionaba que esto fuera todavía más placentero—. Bill, déjame tocarte.

No… —Bill se arqueó, embistiendo más fuerte—. Mierda, Tomi. Jodeeeeeer.

¡Por favor! Te necesito ah… en mis brazos. —Tom estaba respirando entrecortadamente, mientras su agujero dilatado era penetrado fuertemente y su punto, apenas rozado. Trató de mantener sus gemidos acallados, pero resultó ser muy difícil.

Bill se estiró hacia adelante, para desatarlo—. Está bien. —Pero continuó embistiendo—. Ahg.

Tan pronto estuvieron libres, los brazos de Tom se deslizaron en torno al cuerpo del pelinegro, trayéndolo más cerca, las piernas bajaron de sus hombros, para ubicarse en la cintura del otro, aferrándose a él de una forma muy posesiva.

Te amo. —Gimió. Ya estaba tan cerca.

Yo también te amo. —Bill se arqueó y siguió golpeando dentro de su amante, esparciendo su semilla dentro.

¡Mierda! —Maldijo el trenzado, al sentir como el líquido cálido llenaba en su interior, llevándolo al límite y logrando que él también se corriera, derramando todo en su estómago y en la mano de su esposo.

Bill se lamió la mano—. El sabor de Tom es casi tan rico como la carne de Tom.

Mhm. —El trenzado estuvo de acuerdo. Tenía sueño.

El pelinegro soltó una risita y lamió el miembro de Tom.

Ugh, Bill, durmamos. —El menor se giró hacia un lado, con los párpados caídos.

Te estoy limpiando. —Rió—. Además, ya es de mañana.

No. Es hora de dormir.

Pero quiero limpiarte. —Le dio una lamida al pecho de Tom.

Muy temprano —dijo Tom bostezando. Solo quería acurrucarse al cuerpo cálido de su esposo y dormir.

Bill asintió y se acomodó al lado de Tom.

El trenzado soltó un suspiro de gusto y pronto cayeron en un sueño despreocupado.

& Continuará &

Notas finales de las traductoras:

Aahh, esta pareja de recién casados no aguanta ni un fin de semana sin sexo. Gracias por sus visitas y por el apoyo a la traducción. No olviden que los comentarios nos animan a continuar con esto. Besitos para todos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Contenido protegido
Scroll al inicio