Dos Condiciones 10

& Capítulo 10 &

La clase estaba casi vacía cuando Luke entró en el salón. Había dos chicas y un joven, sentados en las mesas, charlando.

Hey. —Los saludó Luke.

Hola. —La chica frente a él sonrió—. ¿Ya conseguiste que Bill te follara?

¿Y por qué querría eso? —respondió el rubio, sintiéndose ofendido.

Oh, vamos Luke, ¡le ofreciste una mamada! —Uno del grupo se rió—. Aunque llegaste muy tarde, supongo.

Sabes que estaba bromeando, ¿verdad?

Que bueno… porque no creo que puedas ganarle a Tom.

¿Quién le va a ganar a Tom? —preguntó Bill, entrando con un leve cojeo.

Ya sabe la respuesta a eso —murmuró Luke más para sí mismo.

Sí, tal vez lo sepa… ¿Por qué los murmullos, Luke? ¿Finalmente desististe de tus jueguitos?

El chico le dio una mirada retadora al profesor. No necesitaba que lo humillaran frente a sus compañeros—. ¿Qué juegos, Señor Kaulitz?

Ya sabes, ese de “tratemos que Tom deje a su esposo”… porque para tu información, como toda la clase sabe… A propósito, no vayan a pararse en la propiedad de Tom. Los descubrimos ayer… ¿Dónde estaba? ¡Oh, sí! Tenemos mucha pasión, como para dejarnos.

Las chicas de la clase soltaron risitas. Y una se puso a susurrar a la otra—. Por eso está cojeando.

Por otra parte, Luke sintió ganas de vomitar. Estaba siendo ridiculizado en frente de la clase y también se estaba enamorando de su hermano. Y, aunque Andreas se estaba portando extraño últimamente… todavía tenía miedo.

Y para todos ustedes, que fueron a dar una mirada al programa privado… por favor, no regresen. No necesitan verme… así…

Se oyeron algunos gruñidos y el chico que se quedó en el jardín hasta que Tom lo corrió declaró, que él verdaderamente sí necesitaba verlo así.

Bill se rió—. Sí, y también querías ver sangre y gusanos.

¡Eewww! —Una chica cercana a él puso cara de asco y se alejó un poco, mientras que el resto de la clase se rió. El profesor también rió ligeramente.

Bueno, ¿y hubo sangre y gusanos? —preguntó Luke, después de permanecer en silencio un rato.

Sangre, no gusanos… me gusta mantenerlos afuera. Gracias.

¿Por qué sangre? ¿Tom te lastimó? —preguntó el chico, con la voz bajita.

Digamos que… No importa cuántas veces tengas sexo anal, no creas que estás listo sin haber sido correctamente preparado o lubricado. —El profesor sonrió, pensando que debería dar lecciones de sexo.

¡Nunca dejaré nada cerca de mi trasero! —Declaró un chico pelinegro.

Bill rió—. ¿Saben qué pensaba yo cuando era más chico? Nunca te metas nada en el trasero, que no quepa en tu boca… Y una vez un chico de la clase, se metió una tostada en el trasero… ¡fue divertido!

¿Una tostada caliente? —preguntó el chico que disfrutaba el gore, llamado Steve.

El profesor solo se rió.

¿Por qué no intentas eso, Luke? —Sugirió Steve, con un tono totalmente provocador.

El rubio solo bajó la mirada. Hoy no se sentía bien. Estaba preocupado de lo que Andreas le podría hacer si no conseguía enamorar a Bill. Y ahora, la gente lo molestaba.

¡No sean malos! —Gritó Bill.

Wow, Luke, él es tu caballero en brillante armadura. Dos veces seguidas… tal vez estamos equivocados y de verdad, le gustas un poco —dijo el mismo chico con tono orgulloso.

Muy gracioso… Él sigue siendo un ser humano y no merece que le hagan preguntas sobre su sexualidad y que con eso se burlen de él, ¿okey?

¿Podemos comenzar la lección? —Pidió Luke muy quedamente. Coquetearía con Bill más tarde… cuando estuvieran a solas.

Claro. —Y el profesor inició la lección, enfocándose en eso por todo el resto de la hora. Odiaba enseñar en las mañanas.

Finalmente la clase terminó y Luke preguntó—. ¿Cuándo empiezan las clases de guitarra?

La próxima semana.

Entonces sonó el timbre y todos los chicos dejaron el salón muy rápidamente. Todos menos uno. Luke estaba sentado en su escritorio, esperando a que la sala se desocupara.

Bill suspiró, sabiendo lo que vendría.

Gracias por defenderme —dijo el rubio cuando estuvieron solos.

Supongo que sé cómo te sentiste. Que la gente se burle de ti por tu sexualidad no es agradable.

Me gustas, Bill. —El joven se acercó más, pero no lo suficiente para poner a Bill a la defensiva.

Luke, yo tengo a Tom… y no quiero a nadie más.

Eso no lo sabes. Te podría gustar más otra persona y ese alguien podría ser yo. No me voy a rendir.

No me gustas, Luke. Yo amo a Tom.

Aun así, no me rendiré. Tenga eso en mente. —Advirtió y se marchó.

Bill suspiró. Ese chico lo cansaba.

&

Era viernes y Bill estaba listo para marcharse—. ¡Vamos, Tom, tenemos que irnos!

Los gatitos. ¿Qué haremos con ellos? —Tom había tomado una gran maleta, mientras sostenía en el hombro su mochila. «Apuesto a que Bill se llevó todo el closet, solo por un fin de semana» Pensó el chico.

Los podemos dejar en la casa de tu mamá. —El pelinegro sonrió.

Está bien.

El mayor volvió a sonreír—. Te amo, bebé.

¿Y a qué viene eso? —preguntó el trenzado, mientras dejaba la pesada maleta en el auto. Definitivamente Bill le debía una por eso.

Por quedarte conmigo, aunque tuvieras dudas.

No tengo dudas, ¿okey? Deja de decir eso. —Tom se sentía lastimado cuando su esposo decía esas cosas, porque por un tiempo, fue verdad. Y aun así, no quería admitirlo.

Lo siento, bebé. —El pelinegro se inclinó hacia adelante para besarlo.

Tom se lamió los labios cuando el otro se alejó y sonrió como un bobo—. Todavía me emociona que me quieras… que me ames —dijo el trenzado, cogiendo a los gatitos, que corrían alrededor de ellos, frotándose contra sus piernas.

Ellos te aman, tú los salvaste. —Bill sonrió, besando a Tomi2 en la cabeza.

Sip —respondió su marido de modo infantil, frotando su nariz en el pelaje de los animales.

No creo que me amen a mí. —El pelinegro se rió, besando a Tom en la mejilla.

Oh, vamos. Sí te aman. Es que derramé comida en mis pantalones, ¿te acuerdas? No tuve tiempo de cambiarme.

Bill se puso a reír—. Más les vale no tocar tu polla… porque es mía. —Otra vez rió y acunó el miembro de su esposo.

¡Bill! —Gritó el trenzado, no quería ponerse duro si iban a ir a la casa de su mamá.

Mi bebé. —El mayor soltó unas risitas. Y luego terminó de caminar hasta el coche y se subió—. Sube a los bebés y vámonos.

Tom solo sonrió y se agachó para recoger a Billa y Tomi Jr., asegurándose de que su esposo viera su trasero respingado.

Bill gruñó, quería estar dentro de ese agujero apretado.

El trenzado puso una sonrisa traviesa al oír el gruñido de su marido. Tomó a los gatitos y los acomodó en el auto—. ¿Qué, Bill? ¿No tuviste suficiente?

¿Honestamente, podrías decir que no me quieres dentro ahora mismo… embistiendo con mi polla en tu apretado trasero?

Ah, no… no puedo. Pero no vamos a hacerlo. —Tom era un provocador, pero lo adoraba por eso. Con esa sonrisa coqueta, siguió acariciando a los gatitos.

Billa Jr estaba rascando el vientre de Tom, hasta que cayó a sus pantalones.

¡Wow! ¡Los dos Bills son iguales! —dijo el trenzado, soltando una risita, mientras sacaba al gato de sus gigantescos pantalones.

Oh, él quería mantenerse caliente y encontró un juguete para rasguñar. —Bill se rió.

¡Cállate!

Fue el turno de Tomi Jr. de subir a los pantalones del trenzado, acurrucándose contra las bolas de Tom—. Narcisista. —Bill se puso a reír.

¡Ah! —Gritó—. ¡Tiene garras! ¡Quítamelo!

Bill se movió, sacando al felino, dejando que su mano hiciera contacto con el miembro del otro.

Mhm. —Gimió el trenzado—. Bill… estás haciendo que me ponga duro.

Que bueno. —El pelinegro se volteó para encender el motor.

¡Bill! —Se quejó el otro.

El mayor volvió a apagar el motor—. Está bien. Echa tu asiento hacia atrás. —Se soltó de su cinturón de seguridad.

¿Ahora? ¿No perderemos el avión? —preguntó Tom, pero hizo como se le mandó y empezó a quitarse la ropa.

No, solo significa que no tendremos tiempo para tomar un té, en la casa de tu mamá… —Bill sonrió, subiéndose al regazo de Tom.

De pronto, un golpe en la ventana hizo saltar a la pareja—. ¿Qué demonios? —dijo Tom, mirando desagradablemente al chico fuera del coche.

Bill gruñó. No, otra vez él.

Grgg, malditos chiquillos. —Bill se sentó y bajó la ventana—. ¿Sí, Luke?

Tengo la tarea. Usted me dijo que la trajera, ¿se acuerda? —respondió el rubio, con un furioso sonrojo en sus mejillas, al darse cuenta de lo que había interrumpido.

Bill suspiró y bajó del auto—. No recuerdo haberte dado tarea.

Sí lo hiciste, Bill. —Era cierto. Probablemente el profesor no esperaba la confesión de amor escondida entre sus páginas.

Um, está bien. La revisaré cuando regrese. —Parpadeó varias veces por la luz brillante, antes de ponerse los lentes de sol.

Está bien… entonces nos vemos la próxima semana. —Luke le hizo un guiño y se fue.

¿Qué demonios fue eso? —preguntó Tom, habiendo presenciado todo.

Ese es el mismo condenado chiquillo que no me deja tranquilo. —Bill suspiró, volviendo a subirse sobre Tom—. Oh… veo que te diste cuenta por ti mismo.

Sí. Me quitó las ganas —respondió el otro con vergüenza—. Sé quién es. ¿Pero qué demonios? ¡Te guiñó y yo estaba aquí! —El trenzado quería estrangular al pendejo.

No dejes que te moleste, Tom. En verdad no me afecta… solo te amo a ti. —Bill hizo un puchero. ¿Acaso Tom estaba dudando otra vez de él?

Lo sé, lo sé. Pero, maldición. Es desesperante. —Tom estaba sonriendo. Por supuesto que Bill había pensado que había vuelto a dudar de él. Nuevamente tendría que ganarse la confianza de Bill.

Por supuesto que lo es… porque claramente planea algo, pobre chiquillo. —Bill volvió a su asiento y encendió el coche.

Pero no va a funcionar, tú eres mío. Nunca te voy a dejar ir, a menos que tú quieras.

Yo voy a querer siempre… y repito, siempre… solo al hombre con el que me casé.

Un par de horas después, la pareja llegó al aeropuerto; primero se detuvieron en la casa de la mamá de Tom para dejar a los gatitos; riéndose porque tanto Billa Jr. como Tom Jr. nuevamente se querían subir a los pantalones de Tom.

Aquí estamos. —Bill sonrió, mirando por la ventana—. Nos tomará dos horas llegar a Inglaterra.

Dos horas. Dos largas horas en esa pesada masa de hierro y acero, suspendida en el aire solo por… algo parecido a la magia. —El trenzado se estremeció.

Tom, no es tan malo… si quieres, te puedes dormir sobre mí… o podemos jugar un juego, o podemos asustar a la pobre alma que se sentará a nuestro lado, si nos besamos salvajemente.

La última opción suena bien.

& Continuará &

Notas finales de las traductoras:

Oh, como me gustaría ser esa pobre alma sentada junto a ellos, para ver esos besos salvajes y por qué no, algo de acción por ahí jijijiji.

Saludos de sus traductoras Crazy4Bill y MizukyChan.

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