Demon 3 (P.2)

Notas de MizukyChan: Gracias a todos los lectores y muchas más gracias a quienes dejan comentarios. Recuerden que la autora dirtymind, pasa por aquí y los lee, así la hacen feliz también. Y no solo eso, ella ha accedido a ser la beta oficial de esta traducción, así que el mérito es doble, porque no solo comparte su fic, sino que me ayuda para que llegue perfectamente a sus ojos *-* Muak. Besotes para todos.

Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan

«Demon» 3

Por primera vez en su vida, Tom llegó razonablemente temprano a la escuela. Se sentó en su escritorio y esperó a que el resto de los estudiantes llenara el salón. No sabía si el demonio iba a regresar a la escuela, pero se sentía optimista. Se quedó mirando a la entrada, esperando. Faltaban solo cinco minutos para que sonara la campana cuando llegó el demonio. Sus ojos se encontraron. Tom estaba preparado para verlo, pero aun así cuando lo vio, lo sintió inesperado y se movió nervioso en su asiento.

El demonio rápidamente desvió la mirada y se apresuró a su escritorio, llevándolo hasta el otro lado de la sala, sin duda para estar lo más lejos posible que pudiera de Tom. El demonio se sentó en su escritorio y exhaló. Tom cogió su mochila y se dirigió hacia un grupo de alumnos que estaban conversando junto a la ventana. Ellos lo miraron con cautela.

—Si cambias de asiento conmigo, te compraré el almuerzo el resto del curso —dijo Tom a uno de ellos en particular. El rostro del chico se iluminó. El profesor entró al salón y los alumnos se dirigieron a sus escritorios. Tom se sentó en su nuevo lugar.

El demonio jadeó y soltó su lápiz, sobresaltado. Tom se agachó y lo recogió—. Toma —dijo. El demonio se quedó congelado, sus ojos estaban muy abiertos mientras miraba a Tom. No se movió para tomar el lápiz. Tom se alzó de hombros y fingió que se lo quedaría. El demonio achinó los ojos y de un agarrón, recuperó su lápiz.

—¿Por qué estás sentado aquí? ¡Ese no es tu escritorio! —Bufó.

—Lo es ahora —respondió Tom como si nada, mirando de vuelta al frente.

—Le diré al director que me estás molestando —amenazó el demonio, altaneramente.

—Y yo te dispararé aquí, justo en frente de todos —contestó el otro con facilidad, aún mirando al frente. El demonio jadeó y miró a Tom. Por supuesto, después del roce con el director, Tom supuso que nadie más sabía sobre su “enfermedad” y por tanto supo que el demonio no se arriesgaría a ser expuesto si quería continuar con su acto de ser humano. El demonio chilló de indignación y se volteó, sin decir nada.

—¿Todos estudiaron los capítulos asignados para hoy? —Preguntó el profesor.

—Sí —respondió Tom, armoniosamente en coro con el resto de los estudiantes. El demonio se puso furioso, obviamente picado por la presencia de Tom junto a él y por no ser capaz de hacer nada al respecto. Tom abrió su libro, sonriendo, actuando como si todo fuera perfectamente normal. Si el demonio estaba enojado, pues era su problema. El demonio le hizo un desprecio y abrió su libro.

El día en la escuela siguió su curso y el demonio se enojaba cada vez más. Pensó que se había deshecho de Tom una vez que cambiaron de salas, pero descubrió que Tom haría lo que fuera para sentarse en el escritorio junto a él. En una ocasión, el demonio escogió un lugar diferente, justo al final y en una esquina, pero Tom igual se sentó junto a él, a propósito, aun cuando ni siquiera hablaba con el demonio.

El receso del almuerzo no le brindó ningún alivio, porque Tom le dio algo de espacio, pero todavía lo tenía dentro de su campo de visión. El demonio trató de perderlo varias veces, entrando a salones al azar, o apurando el paso mientras iba por los pasillos. Pero Tom reaparecía en cada ocasión, fingiendo ocuparse de sus propios asuntos, mientras el demonio hacía sus cosas, pero siempre haciéndole ver que estaba consciente de su presencia.

Otro cambio de salón y el demonio ya no pudo soportarlo más.

—¡Tienes que dejar de hacer esto! —Le dijo a Tom, quien fingió que no lo escuchó y siguió escribiendo en su cuaderno—. ¿Qué quieres? —Preguntó el demonio al final, por pura frustración.

—Soy un cazador de demonios. Adivina.

El demonio se mostró espantado. Dio una mirada precaria a los estudiantes de la clase. Apretó los puños.

—¡No soy un demonio! —dijo en un susurro molesto.

—¿Entonces, qué eres? —Preguntó Tom, volteándose a verlo. El demonio lo miró de vuelta, sus cejas temblaban. Y, nuevamente, se quedó sin palabras. A Tom le dio la impresión de que no sabía lo que era. El demonio gruñó.

—¡Solo déjame tranquilo! ¡Por favor!

—No lo haré hasta que tenga respuestas —respondió Tom.

—Igual puedo hacer que me dan clases en casa —murmuró fríamente el demonio. Tom soltó una risita.

—Oh, apuesto a que a tus padres les encantará la idea —dijo. El demonio arrugó el ceño profundamente. El profesor llamó su atención y les pidió que dejaran de hablar en clases. Rápidamente volvieron a ordenarse en sus lugares, poniendo atención al frente.

Cuando la escuela terminó, Tom siguió al demonio por su cuenta, mientras Georg y Gustav hicieron como les mandaron, permaneciendo a distancia y en alerta, en caso que Tom los necesitara. Esta vez, el pelinegro no esperó a que sus padres lo recogieran, sino que comenzó a caminar a su casa.

—¡Aléjate! —Gritó el pelinegro al aire, sabiendo que Tom estaba detrás de él.

—Solo dame lo que quiero y me iré —respondió el otro. El demonio gruñó exasperado—. Puedes arrojarme contra la pared otra vez si quieres, romperme más costillas, pero no cambiará nada. —El demonio se detuvo y giró.

—¿Qué?

—Aun así no pararé —dijo Tom.

—¿Que te arrojé contra la pared? —El demonio arrugó el ceño.

—Y pateaste polvo en mi cara. Ese fue un toque agradable.

—¡Estás loco! ¡Yo no he hecho esas cosas!

Tom se rió—. ¿Y ahora qué? ¿Te preocupa que te demande?

El demonio parpadeó—. Yo no lo hice —repitió.

—¿También sufres de amnesia?

El rostro del demonio se tornó sombrío. Desvió la mirada, se volteó y continuó caminando.

—Como quieras —dijo Tom y lo siguió.

Caminaron un par de cuadras más y luego el demonio se detuvo frente a su casa y entró. Giró y miró feamente a Tom—. Esta es propiedad privada, si das un paso más, estarás rompiendo la ley.

—Tienes razón —respondió Tom—, excepto si es por causas técnicas, por ejemplo “cazar un demonio”. —El pelinegro se enojó y abrió la puerta.

—¡Solo quédate afuera! —dijo, cerrando la puerta de golpe. Tom soltó una risita. Permaneció fuera, pero se quedó cerca de la ventana, espiando. Apenas hubo interacción entre el demonio y sus padres falsos, aunque él les alegó, diciendo que estaba siendo acosado por un cazador. Cuando los padres demoniacos, no mostraron de inmediato ninguna ofensa, ni enojo, ni lástima, haciéndole ver que estaba sobreactuando, o inventándolo, el demonio se fue furioso a las escaleras y a su habitación.

Tom llevaba en la casa del demonio solo unos minutos, cuando recibió una llamada de los Maestros. Cuando llegó a la Orden, recibió la instrucción de reunir a su equipo y marchar hacia el distrito de mercados, una zona sobrepoblada, ya que unos civiles habían informado que había sido recientemente atacada.

Poco después de que llegaran, el equipo se separó buscando a las sanguijuelas, así como también cadáveres humanos. Todas las calles y tiendas del distrito fueron evacuadas. Tom buscó en cada esquina con sus lentes de visión nocturna, y alertó sus oídos para captar cualquier movimiento. Su Asesina, el arma suprema, estaba lista en todo momento.

Se escondió detrás de una muralla cuando vio a una sanguijuela. La sanguijuela caminó directamente hacia una zona abierta, volviéndola un blanco seguro. El arma le dio directo en el medio y la sanguijuela de pronto se volvió pedazos de carne desgarrada. Estaba a punto de salir de su escondite, cuando otra sanguijuela se presentó abiertamente y luego caminó hasta los restos de la sanguijuela muerta. Tom arrugó el ceño, confundido ante esta escena inusual. Las sanguijuelas eran seres cautelosos, siempre se desvanecían apenas sentían el peligro. La sanguijuela continuó su camino, sin verse afectada. Tom achinó los ojos y la siguió con decisión.

Cuando giró por una esquina y llegó a ver detrás de las paredes, vio al demonio pelinegro, atrapado por otra sanguijuela. Tom se quitó los lentes, queriendo ver con su vista normal. Sí, definitivamente era el demonio pelinegro. Levantó su arma y dio dos disparos consecutivos. La sanguijuela a la que seguía ni siquiera alcanzó a acercarse al pelinegro y la que lo sostenía, explotó antes de tener la oportunidad de besarlo.

El demonio pelinegro se estaba cubriendo los ojos, temblando.

—Esto se está volviendo un hábito. ¿Por qué no te quedaste en casa?

El demonio alzó la vista, vio que era Tom y, por un momento, cerró los ojos de alivio. Una ramita crujió en algún lugar y el demonio dio un salto, asustado. Corrió hasta Tom y se ocultó detrás de él. Tom alzó las cejas sorprendido, y se sintió altamente perplejo al ver lo rápido que el demonio asumió que él lo protegería. Miró por sobre su hombro.

—¿De verdad me estás usando como escudo?

—Sshh —susurró el demonio—. Te escucharán.

—Si tienes tanto miedo, ¿por qué mierda viniste hasta aquí? —Preguntó Tom con sarcasmo.

—No sé cómo llegué aquí —respondió el pelinegro.

—¿No lo sabes? —murmuró Tom, con dudas.

—Quiero decir que no recuerdo cómo llegué aquí —contestó el demonio.

—¿Entonces, te perdiste?

—No —bufó el otro—. Solo recuerdo que estaba en casa, en mi cama y de pronto, estaba aquí, acosado por esas horribles criaturas.

—Te rodeaban como buitres —mencionó Tom—. ¿Te importa decirme por qué?

El demonio tartamudeó—. No lo…

—Sabes… —Terminó Tom con un bufido—, claro.

El demonio suspiró—. Solo ayúdame a volver a casa, por favor —dijo suavemente, luego miró a Tom a los ojos, con una mirada suplicante.

Tom lo miró sospechosamente—. ¿Es así como engañas a todos? ¿Con una voz dulce y unos ojos irresistibles? —El demonio retrocedió, ofendido.

—No sé de qué hablas —dijo.

—Claro que no —bufó Tom—. Apuesto a que no sabes cómo… —Hubo ruido de piedritas siendo pisadas. Tom giró velozmente, apuntando con su arma. El demonio saltó otra vez detrás de Tom. Miró por sobre el hombro del cazador, luego jadeó y volvió a ocultarse detrás de él.

Cinco sanguijuelas habían aparecido, sus bocas babeaban y sus ojos brillaban como gatos. Avanzaron a paso firme, caminando una detrás de otra, formando una línea. Tom se enfureció, porque sabía lo que estaban haciendo. Su arma solo podría darle a una y el resto se escondería detrás. Llegarían a él antes de que pudiera derribarlas a todas.

Tom enfundó su Asesina, luego abrió un compartimento de su uniforme y sacó una barra con forma de arco, giró unas perillas y se convirtió en una ballesta. De la tela que estaba pegada a su muslo, sacó un dardo, largo y brillante.

—¿Qué es eso? —Preguntó el demonio, aferrándose a sus hombros.

—La Sanguinaria —respondió Tom. El demonio hizo un sonido de asco—. Puede derribar a varias sanguijuelas de un solo tiro. —Tom puso el dardo en la barra y apuntó hacia la fila de demonios—. Pensé que sería inútil, puesto que nunca puedes ver que se reúnan en grupos. —Tom disparó.

Ya le habían dicho lo que podía hacer, había presenciado las pruebas realizadas en demonios capturados, pero estaba fascinado de, por fin, verla en acción. Su mandíbula cayó al suelo por la sorpresa, cuando el demonio pelinegro embistió la línea de demonios, lanzándolos por el aire, fuera del camino y luego se ubicó a sí mismo al frente para recibir el dardo. El dardo le traspasó el pecho y lo mandó a volar por los aires, hasta estrellarse contra una pared de ladrillos. Tom mató a las sanguijuelas una por una con su arma y se apresuró hasta donde estaba el pelinegro.

El demonio estaba tirado allí, con el pecho destrozado. Excepto por el agujero, el dardo de la Sanguinaria no tuvo efecto en él. El demonio alzó la mirada y tenía una expresión agonizante. De su boca salía sangre negra de demonio. Miró a Tom y de sus ojos brotaron lágrimas.

—¿Por qué? —Se quejó—. ¿Por qué me apuñalaste?

Tom se quedó boquiabierto—. ¡No lo hice! —Protestó—. ¡Saltaste justo al frente del disparo!

El demonio empezó a llorar. Se movió y gimoteó—. Duele —sollozó. —Tom sostuvo el tornillo y trató de sacarlo. El pelinegro jadeó, tenía la cara mojada de lágrimas—. ¡Sácalo, por favor!

—¡Estoy tratando! —respondió Tom, su voz temblaba. Sus manos hicieron movimientos torpes, intentando sacar el dardo—. No puedo sacarlo. —El demonio sollozó miserablemente—. Tendré que darle un tirón —anunció. —El pelinegro se quejó. Hizo una mueca cuando Tom lo sujetó por los hombros.

—Espera, espera —se quejó—. No lo tires. No.

—Es la única forma —dijo Tom y el pelinegro lo miró con ansiedad—. Lo haré rápido. —El demonio cerró los ojos y empezó a respirar, inhalando y exhalando, y luego asintió.

Tom tiró fuerte; tendría que sacarlo del demonio con un solo tirón. El pelinegro gritó. Su rostro se deformó por el dolor insoportable que padeció mientras el dardo salía de su cuerpo. Finalmente liberado, cayó inconsciente en los brazos de Tom.

& Continuará &

Pobechito Bill. ¿Por qué hará cosas tan locas como dejarse atacar por otros demonios? ¿O por qué se lanzó al frente del arma de Tom, acusándolo luego de haberlo apuñalado? Lo sabremos poco a poco, así que los invito a continuar con la traducción de este inquietante fic de blame_my_dirty_mind.

1 comentario en “Demon 3 (P.2)”

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