Demon 4 (P.1)

Notas de MizukyChan: Muchas gracias a todos los siguen leyendo y los que se integran a esta gran aventura. Agradecimientos especiales a blame_my_dirty_mind por escribir el fic original y por hacer el beteo de esta traducción. Besos y a leer.

Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan

«Demon» 4

Tom ya había sido ignorado antes por el demonio, pero ahora no esperaba recibir la ley del hielo, especialmente después de haberlo ayudado con el dardo y de haberlo llevado de regreso a su casa. Estaba seguro que ahora el demonio se abriría y le hablaría, pero el pelinegro solo lo había mirado con resentimiento, creyendo que Tom había intentado asesinarlo.

—¡Tú mismo te apuñalaste! —Bufó Tom por enésima vez. El demonio continuó rodando los ojos ante la explicación de Tom.

—Tú crees que soy un demonio y por tanto me quieres muerto —devolvió el pelinegro.

—¿Alguna vez escuchas? —Gruñó el otro. El demonio le hizo un desprecio y cogió sus libros para la siguiente clase. Tom suspiró frustrado.

El demonio ya no se quejó de que Tom se pegara a él como chicle en la escuela. Por algunos días continuó con su rutina y fingió que no le importaba. Tom estaba inquieto, porque su táctica de “moléstalo hasta que te hable”, no estaba dando resultado.

Mientras el demonio continuaba ignorando al cazador, este empezó a desesperarse. Cerró los ojos y se frotó las sienes. Ya no se le ocurría nada más para que el demonio hablara y tampoco podría sacarle las respuestas a la fuerza. Luchar con él era inútil, hasta fatal, incluso si amenazaba con exponerlo frente a todos y rompía ese hechizo que, obviamente había puesto sobre toda la escuela, también sobre el director, logrando que todos quedaran ciegos ante su presencia sobrenatural, crearía caos y pánico otra vez, y simplemente no podía permitirse hacer nada que lo fuera a dejar fuera de la escuela permanentemente. Gruñó otra vez, irritado. El demonio no solo era un cabeza dura, sino que también estaba jodido de la cabeza. ¿Cómo podía creer que él lo había hecho? Esa vez ni siquiera lo estaba cazando a él. El demonio dijo que no sabía cómo había llegado ahí, ¿no era esa acaso, prueba suficiente de que él mismo se había buscado eso?

Los ojos de Tom se abrieron. Prueba. Eso era. Tenía que mostrarle al demonio una prueba de lo que había pasado.

&

Tom encontró al demonio junto a su casillero. El pelinegro suspiró cansadamente.

—Por un momento pensé que habías dejado de molestarme —dijo.

—Ven conmigo, quiero mostrarte algo —respondió Tom. El demonio bufó—. Si vienes, dejaré de molestarte. —El pelinegro levantó una ceja. Cerró su casillero y se cruzó de brazos.

—¿A dónde?

Tom lo guió hasta la sala de audiovisuales. Indicó al demonio que se sentara y puso un disco en el aparato de video.

—¿Qué es eso? —Preguntó el demonio.

—Un video que saqué de las cámaras de seguridad del mercado.

El demonio arrugó el ceño y miró la pantalla. Ante sus ojos se desplegaron los eventos de esa horrible noche; se vio a sí mismo detrás del cazador, vio a Tom preparar la Sanguinaria y luego vio, en completo shock, cómo se movía desde detrás de Tom, en una ráfaga que fue más rápida que el dardo, tiró a todos los otros demonios y se dejó apuñalar el pecho. Tom se fijó en la cara sorprendida del demonio mientras veía el video.

—¿Quieres verlo de nuevo? —Preguntó, retrocediendo el video para ponerlo en cámara lenta y así el demonio viera cuadro por cuadro como saltó frente al arma y su cuerpo se dobló al recibir el impacto. El demonio desvió la vista de la pantalla y se llevó una mano al pecho.

—Yo no pude… —dijo en apenas un susurro.

—Quieres decir que no te acuerdas… por conveniencia —murmuró Tom con ironía.

—No… —dijo el demonio—. No haría eso. No soy consciente, quiero decir… no funciono, yo… no hago… cosas.

—Estás balbuceando —dijo Tom.

—Yo sufro de ataques —confesó el demonio con un suspiro, frotándose la frente—, donde me pierdo por cortos períodos de tiempo, pero aun cuando no estoy consciente, no hago cosas; solo vago por ahí, como un sonámbulo.

—Eso para mí, no se ve como sonambulismo —dijo Tom—. De hecho, te ves bastante despierto. Y aun así, no explicaría tu fuerza sobrenatural, sin mencionar tu inmortalidad.

—Pero… pero… no lo entiendo —dijo el demonio, totalmente sorprendido—. Esto no puede ser. —Se volvió hacia Tom—. Ese video probablemente es falso —murmuró—, sí, tú tienes que haberlo alterado —bufó indignado.

—¡Oh, por la misma mierda! —Gruñó Tom—. Me tienes que estar jodiendo. ¿Cómo puedes negarlo todavía? ¡Viste la prueba con tus propios ojos!

—Vi lo que tú querías que viera —respondió el demonio—. Me niego a creerlo. Aquí no hay una prueba real, los videos se pueden editar con facilidad. —Se dirigió hacia la puerta.

—¡Estás totalmente loco! —Soltó Tom—. ¿Por qué rayos me molestaría en probarte esto, mucho menos en editarlo?

—¡Por la misma razón por la que me sigues molestando todo el tiempo! —Se enfureció el demonio—. Lo cual es completamente inútil, así que ¡por qué no te vas a la mierda! —El demonio dejó el lugar. Tom pateó las sillas y tiró todos los objetos que encontró a mano por la habitación.

El demonio caminó a casa una vez más, después que las clases terminaron. Tom había dicho que no lo seguiría, pero no lo prometió, ¿verdad? El resultado de su plan no había salido como él quería y todavía necesitaba conseguir respuestas. Él es tan jodidamente irritable, pensó Tom. Le mostró un video perfectamente claro, ¿qué rayos necesitaba, ese demonio cabeza de chorlito, para entenderlo?

El demonio se detuvo en su camino cuando un cachorrito, que parecía perdido, salió corriendo de la calle directo a él. El demonio se arrodilló y acarició su cabeza.

—¿Estás perdido? —Preguntó—. ¿Quién es tu dueño? —Al no ver un collar en su cuello, lo alzó en sus brazos—. No te preocupes, te encontraremos un hogar.

Tom había estado tan concentrado, meditando las múltiples cosas bizarras que había presenciado, que no se dio cuenta de los demonios que merodeaban cerca de ahí. Cuando notó su presencia, casi no alcanzó a presionar su sensor. Derribaron su arma y quedó aturdido por el golpe. Pero se recuperó rápidamente, sacó su daga y apuñaló al demonio que lo atacaba. La criatura aulló y miró su pecho sangrante. Tom se agachó y se deslizó, cogió su arma y le disparó a demonio. Se levantó e hizo disparos hasta que casi se quedó sin municiones, matando a todos los otros demonios que pretendían atraparlo.

Miró al demonio pelinegro, ahora en manos de uno de los atacantes, quejándose mientras le extraían el extraño brillo rojo. Tom apuntó su arma. Había demasiado movimiento y dudó, porque también podría darle al demonio pelinegro. Podría hacerlo, después de todo, el demonio pelinegro se recuperaría.

Georg y Gustav se hicieron presentes, respondiendo a la señal de Tom. Se pararon junto a él, observando desconcertados, como el extraño demonio se rendía ante su atacante.

—¿Vas a disparar o no? —Preguntó Gustav, notando que Tom apuntaba, pero no disparaba. La mirada de Tom permaneció fija, su dedo en el gatillo, pero con reticencia.

De pronto, cansado por los ladridos del perro, el demonio atacante lo arrancó de los brazos del pelinegro y lo arrojó lejos. El perro gimoteó de dolor cuando cayó. El demonio pelinegro se libró con un rugido. Llevó una mano hacia atrás y embistió con el puño al atacante. El puño lo atravesó, desparramando los fluidos oscuros del demonio por su espina dorsal. El demonio atacante se quedó boquiabierto y luego cayó muerto al piso.

—¡Mierda! —susurró Gustav. Tom bajó su arma. Todos apretaron el ceño cuando vieron que el demonio pelinegro empezó a temblar. El demonio miró su puño manchado y luego al agujero en el estómago del demonio. Comenzó a hiperventilar.

—¡Oh, Dios! —Gritó.

—¿Qué…? —dijo Georg—. ¿Un demonio que dice esa palabra?

—Probablemente en vano —murmuró Gustav.

El demonio se volvió a ellos porque los escuchó, con la expresión grandemente perturbada. Tom sonrió de lado. Si el demonio no creía que esa era prueba suficiente, se pegaría un tiro. El demonio escapó inmediatamente.

—¿Lo seguimos? —Preguntó Gustav.

—No —respondió Tom—, todavía tengo que hacer que hable.

—Bueno, es un alivio —dijo Georg—, no me gustaría acabar como tú. —Tom rodó los ojos—. ¿Viste lo que hizo? De verdad no lo entiendo, deja que otros lo ataquen y de repente, explota y lo mata en un parpadeo.

—Da miedo —afirmó Gustav.

—Sí —agregó Georg—. Tengo que decirlo, ese demonio de verdad me atemoriza, en todas las formas posibles.

&

Las cosas permanecieron igual al día siguiente en la escuela para molestia de Tom. Estaba sentado con sus amigos en la cafetería a la hora del almuerzo. Los tres miraron al demonio pelinegro que estaba en la mesa siguiente, comiendo su almuerzo.

—En verdad rompe todos los estándares de los demonios —murmuró Gustav—, solo míralo comer.

—Mira lo que come —murmuró Georg—. Eso tiene como cinco mil calorías de puros carbohidratos.

—Tal vez le gustan las cosas dulces —mencionó Gustav.

—Tal vez el azúcar lo calma —sugirió Tom, sacando la idea de lo que había visto en la casa del demonio.

—Bueno, eso lo explica —dijo Georg cínicamente—, ayer debió olvidar su dosis de azúcar. Te juro que lucía poseído. —Tom y Gustav soltaron unas risitas. El demonio se ahogó con su limonada. Se volteó y los miró enojado. Los cazadores se callaron. El pelinegro se levantó, llevó su bandeja, arrojó todo a la basura y se fue.

—Creo que te escuchó —dijo Gustav y Georg tragó pesado.

—Los veo después —dijo Tom a sus amigos. Puso las sobras en la basura, dejó la bandeja y se apresuró tras el demonio.

El demonio no regresó a casa esa tarde. Fue a la biblioteca y estudió por horas diferentes libros y tomó notas. ¿Pero qué rayos estaba estudiando? Se preguntó Tom. No tenían exámenes pronto. Observó al demonio durante todo ese tiempo, apoyando la cabeza en un codo. El demonio parecía tan inocente, algunas veces tan inútil, que casi engañó a Tom. Descubrió que ya no podía llamarlo sanguijuela, el insulto que los cazadores usaban, porque este demonio no se había alimentado ni una vez de los humanos y, excepto por los ataques de epilepsia o lo que quiera que fueran, la palabra demonio tampoco le quedaba. De hecho, su apariencia apuntaba a algo completamente diferente, personificaba algo que era bueno, algo que no se podía alcanzar. Su rostro pálido y sus ojos intensos, su cabello largo y lustroso, y su cuerpo delicado y esbelto… Simplemente lucía como un ángel. Tom suspiró. El demonio miró directamente a Tom y este se sorprendió, parpadeó por un momento. Volvió a componerse, aun cuando un ligero rosa adornó sus mejillas.

El pelinegro cogió algunos libros y caminó directamente hasta Tom. El cazador se enderezó en su silla, tratando de lucir indiferente, mientras tragaba nerviosamente el nudo en su garganta. El demonio dejó caer los libros frente a Tom.

—Creo que tengo tus respuestas —dijo. Tom alzó ambas cejas.

& Continuará &

¿Qué respuestas creen que haya obtenido el demonio pelinegro en la biblioteca? ¿Por qué Tom se puso nervioso por la proximidad del pelinegro? Los invito a seguir leyendo para averiguarlo.

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