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Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan
«Demon» 27
Las luces de xenón de pronto parpadearon. Inmediatamente todos se congelaron. No había un alma en la recámara que no estuviera mirando el sello.
—Más vale que me suelten —advirtió Tom con una sonrisa malvada. Los cazadores lo soltaron en el acto y retrocedieron.
Uno por uno, los cables alrededor de la trampa comenzaron a sisear y a soltar chispas y luego se apagaron, como si hubiesen sido arrancados por una fuerza invisible.
Los ojos del demonio centellaban de rojo y su rostro se transformó de furia. Rayos rojos emergieron de los bordes del sello. La gruesa aleación de metal comenzó a romperse y los rayos rojos aparecieron por cada fisura.
—¡No, no! —Jadeó el General.
—¡Sí! —Dijo Tom.
El sonido fue casi ensordecedor cuando el sello finalmente se rompió en pedazos. Nadie dio la orden, pero varios de los cazadores, incluso los Maestros comenzaron a retroceder, huyendo de los calabozos.
Tom sonrió y se dirigió hacia el demonio.
—Sabía que podías hacerlo —dijo. William estaba sacudiendo sus ropas del polvo.
—Tal como yo sabía que vendrías por mí —miró a Tom y sonrió.
—¡¿Qué?! —Exclamó Tom. William le sacó la lengua—. ¡Por el amor de Dios, William! ¿Qué estás tratando de hacer?
—¡Te dije que no podía regresar a mi mundo! ¡Esto era lo único que podía hacer para hacerte feliz!
—¡No estaba feliz! —Bufó Tom—. De hecho, me sentía terrible —suspiró, calmándose—. Estoy feliz de que no regresaras.
—¿De verdad? —William sonrió. Tom asintió.
—Sí. Había una razón por la que insistí, algo que no te dije, porque pensé… —Tom arrugó el ceño cuando William se tambaleó y cayó hacia adelante. Lo alcanzó justo a tiempo—. ¿Qué pasa?
—Estoy débil —respondió William—. No podía cambiar. Me vi obligado a quedarme como yo mismo en ese sarcófago todo el tiempo. Creo que fue demasiado para mi salir. No sé si pueda quedarme despierto por mucho tiempo.
—¡Oh, mierda! —Jadeó Tom. Miró a la entrada de la recámara, notando a un par de soldados curiosos que quedaban junto a Georg y Gustav—. Umm… ¿puedes esperar hasta que salgamos de aquí? —Susurró.
William trató de enderezarse y se tambaleó, teniendo que buscar apoyo en Tom—. Ni siquiera me puedo mantener en pie —soltó una risita. Tom palideció. Inmediatamente miró a los soldados, cuyas caras ya estaban cambiando a unas de sospecha.
Uno de los soldados sacó su comunicador—. Señor, el demonio…
—¡Dame eso! —Gruñó Georg, quitándole el comunicador de la mano al soldado y luego le hizo una llave, doblando su brazo en la espalda.
El otro soldado intentó huir de la recámara, sin duda para alertar a los otros, pero Gustav, rápidamente se cruzó en su camino y lo noqueó de un golpe.
—¡Vamos! —Dijo Tom, tirando de William hacia la puerta—. ¡Plan B! —Anunció con seriedad a sus amigos.
—Maldición —gruñó Georg, decepcionado, probablemente porque había contado demasiado con la ayuda del demonio para que los sacara de allí.
Georg soltó al soldado una vez que todos salieron y encerró a los dos soldados dentro de la recámara—. Más vale que cierren la boca si saben lo que es bueno para ustedes —les dijo, antes de seguir a Gustav y Tom fuera de los calabozos.
El apoyo de William sobre Tom era más notorio a medida que avanzaban y, su dificultad para seguir con el paso de los demás, los estaba deteniendo.
—¡Tenemos que ir más rápido! —Murmuró Georg, mirando hacia atrás por el corredor, preocupado. Tom se detuvo para cargar a William en sus brazos y con facilidad retomó la velocidad para correr. William sonrió de lado y rápidamente abrazó a Tom.
—Mi héroe —suspiró—. Es una pena que no pueda volar contigo justo ahora —susurró sugerentemente en el oído de Tom—, y mostrarte mi aprecio. —Tom gruñó, teniendo dificultades para concentrarse en hacer los giros correctos en el laberinto de pasillos, con las seductoras palabras de William acariciando sus oídos. William lamió el lóbulo de la oreja de Tom y este jadeó.
—Detente —siseó. William soltó una risita.
Tom dio una última vuelta en un pasillo y los tres cazadores hicieron una parada abrupta. Todo el equipo de cazadores Amon, estaba bloqueando la salida. Tom los miró sorprendido, sin saber qué hacer.
—¡Salgan del camino! —Mandó Georg—. Lo lamentarán si no lo hacen. —Tom abrió los ojos muy grandes al ver la osadía de Georg.
—¡Ja! Sabemos que estás mintiendo —dijo uno de los soldados—. ¡Míralo! ¡Ni siquiera se puede mantener en pie!
Tom tragó nerviosamente. Sintió como William se tensaba.
—¿Tom?
Tom se tensó. Miró al demonio y luego de vuelta a los soldados y sus ojos se achinaron. Dejó al demonio de pie—. Sshh, está bien. No tengas miedo, ellos creen que eres él, que eres poderoso —susurró—. Rápido, pon una cara furiosa.
Bill no lo dudó e hizo lo que le pidió. Los soldados se sobresaltaron y abrieron la boca.
—¿Eh? Pensé que habían dicho que…
—¿Qué rayos…?
—Espera… hay algo extraño aquí…
Tom maldijo, pensando que habían notado la falta de la línea oscura en los ojos de Bill.
—Solo haz algo —susurró con urgencia Georg a Bill.
—¿Qué? No tengo poderes —murmuró Bill, haciendo un esfuerzo por lucir enojado y no jodidamente asustado. Se cruzó de brazos para ocultar que estaba temblando.
—¡Solo atrapen al demonio! —Gritó el capitán del equipo Amon.
—No, no se acerquen más —advirtió de inmediato Tom. Los soldados dudaron.
—¡Están mintiendo! ¡Vamos! —Dijo el capitán de Amon.
Las sienes de Tom transpiraron, apretó los puños, preparándose para luchar con ellos.
Un sonoro rugido proveniente de Bill hizo eco en el pasillo. Los soldados se congelaron y sus rostros palidecieron.
—¡Oh, mierda! ¡Va a atacar!
—¡Retrocedan! —Todo el equipo saltó, soltando sus armas y empujándose unos a otros para que salieran del camino, huyendo por sus vidas.
Tom miró a Bill, quien respiró aliviado y luego se sujetó el estómago.
—Lo siento, no pude evitarlo —dijo, perturbado por el rugido estruendoso de su vientre—. Últimamente tengo hambre todo el tiempo.
—¡Bueno, eso sí lo hizo! —Georg se rió. Tom miró a Bill, quien estaba haciendo una mueca como de dolor.
—¿Está bien? —Preguntó Gustav a Tom.
—Necesita azúcar —respondió Tom—. Tenemos que encontrar algo rápido tan pronto salgamos de aquí.
—Oh… mmm… bueno… sucede que tengo una barra de dulce —mencionó Gustav dócilmente, sacándola de su bolsillo. Georg alzó las cejas.
—Oh, excelente, gracias —dijo Tom. Tomó la barra y se la entregó a Bill, quien no perdió tiempo en devorarla.
—¡A ja! ¡Sabía que estabas haciendo trampas con tu dieta! —Exclamó Georg—. Dios, que mentiroso.
—Sí, ¿y qué? —contestó Gustav—, yo también necesito mi dosis de azúcar.
Nuevamente hubo ruidos levantándose en el corredor, detrás de ellos.
—Vamos —mandó Tom y los guió afuera. Había un largo camino antes de que llegaran a las puertas, pero Tom sabía que no lo lograrían corriendo.
—¿Dónde está? —Preguntó Gustav.
—En el cobertizo del almacén, a las dos en punto —respondió Gustav. Un sonido de motores comenzó a aproximarse. Gustav jadeó—. ¡Ve por él! —Tom asintió.
—Gracias y no se preocupen, volveré y también los rescataré.
—Más te vale —dijo Georg con una sonrisa burlesca—. Prefiero que me pongan a probar las armas con el equipo Paimon que enfrentar a los Maestros. —Tom soltó una risita y comenzó a correr con Bill hacia el pequeño almacén en medio de los terrenos de la Orden.
Bill volteó cuando oyó el rugido de motores de vehículos. Tres jeeps se manifestaron por detrás del edificio principal.
—Oh, no —dijo el pelinegro—. ¿Tom, cómo vamos a…? —Dejó de preguntar cuando Tom abrió el almacén y comenzó a sacar una motocicleta—. Oh…
Tom rápidamente se deslizó sobre el pedal para encenderla—. Súbete, Bill.
El pelinegro parpadeó y tragó ansiosamente, mientras se montaba detrás de Tom.
—¡Aaahhh! —Gritó cuando Tom aceleró, sosteniéndose de él como si de ello dependiera su vida.
Los jeeps se estaban acercando más y más y Tom tuvo que maniobrar, para esquivar sus intentos de cortarle el camino. Se las arregló para ganarles terreno, pero no lo suficiente. La situación empeoró cuando aparecieron más jeeps que se dirigían directamente a él. Tom miró a la mochila de la moto.
—Bill, necesito que abras esa mochila y saques el lanzador.
—Uh… —dijo Bill, mirando la mochila y la abrió—. ¡Oh, Dios mío, es una pistola enorme!
—Sí, necesito que la pongas sobre tu hombro y dispares a las puertas.
—Um, está bien —respondió el pelinegro. Cogió el arma y la ubicó sobre su hombro.
—Tienes que usar las dos manos para apuntar —dijo Tom.
—¡Whoa! —Exclamó Bill, casi perdiendo el balance al tratar de apuntar.
—Lo siento. Mantendré la moto estable. Inténtalo de nuevo.
Bill tragó. Una vez que se sintió seguro, vio por la mira y apuntó a las puertas. Por la imagen magnificada, vio a varios guardias apostados en las puertas. Dudó.
—¡Vamos, Bill, dispara!
—Pero… ¿y si le doy a uno de esos guardias?
—Se moverán. Tienes que disparar ahora, Bill. —Tom podía ver los jeeps por los espejos de los costados, a punto de alcanzarlos.
—¿Estás seguro de que se moverán?
—Bill, no hay tiempo para pensar en eso. Somos nosotros o ellos —dijo Tom.
Continúa…
OMG…
