Demon 27 (P.2)

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Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan

«Demon» 27

Bill, no hay tiempo para pensar en eso. Somos nosotros o ellos —dijo Tom.

¡¿Qué?! ¡Oh, Dios! No quiero lastimarlos…

¡Oh, por el amor de Dios! —Espetó William, cabreado—. ¡Yo lo haré! —Apuntó y disparó directo a las puertas. Por supuesto, una vez que los guardias notaron el proyectil aproximándose, se quitaron del camino. Las puertas estallaron en pedazos.

Bill jadeó cuando vio los restos de las puertas y todos los guardias en el suelo. Todo pasó literalmente en un parpadeo—. Um… supongo que él

Sí, el demonio lo hizo —terminó Tom.

Oh… espero que ninguno haya resultado herido.

No te preocupes, estarán bien —le aseguró Tom. Bill arrojó el lanzador y volvió a aferrarse de Tom por la cintura.

Ahora que estaban saliendo rápidamente de la Orden, Tom hizo giros más pronunciados y maniobró la moto lejos de sus perseguidores, manejando entre los coches y entrando a lugares impenetrables para vehículos más anchos, como callejones angostos entre edificios.

¿Los ves, Bill? —Preguntó Tom. El pelinegro volteó.

No, creo que finalmente los perdimos —contestó volviéndose. Sus ojos se abrieron mucho cuando vio un vehículo deteniéndose justo delante de ellos, bloqueando su camino. Tom hizo chillar la moto al parar—. ¡Oh, no, Tom, no te detengas!

No, espera, creo que está bien —dijo Tom. Vio que el conductor les urgía a que entraran al vehículo—. Es el cura Hanes —lo reconoció con alivio—. ¡Vamos!

Dejaron velozmente la motocicleta y se apresuraron al coche del sacerdote. El cura pisó el acelerador apenas los chicos entraron en el asiento trasero.

Me comentaron lo que pasó en la Orden. ¿Están los dos bien? —Preguntó el sacerdote.

Sí, muchas gracias —respondió Tom—. Tuvimos suerte de que llegara. Estoy seguro de que ahora los perderemos para siempre.

Bueno, no podemos cantar victoria todavía —dijo el cura, mirando a Tom por el espejo retrovisor—. Los llevaré a un lugar que nunca pensarán en buscar.

Excelente —comentó Tom y exhaló. Miró a Bill, quien parecía inmerso en sus pensamientos—. ¿Qué pasa, Bill?

El pelinegro parpadeó—. Oh, yo solo… tuve un pensamiento, por un instante.

¿Qué?

La última vez que hablamos, no sé, tuve el presentimiento de que no te vería más.

Tom bajó la mirada. Él también había pensado que no volvería a ver a Bill. El mero recuerdo de ese momento hacía picar sus ojos.

Pero ahora puedes ver que no fue verdad —dijo, tratando de sonreír, pese a que el temor de que ocurriera no se hubiera ido del todo.

Pero aun así, mis ataques son más largos ahora y más frecuentes —dijo Bill—, siento como que me estoy desvaneciendo.

No, no lo estás —dijo Tom rápidamente.

Está bien —dijo Bill—. No tengo miedo de eso, por lo menos ya no. Pero tengo miedo de que eso signifique que ya no te veré más. —Tom tragó un nudo en su garganta. La punzada en sus ojos se intensificó. Ese pensamiento también le aterraba. Bill miró a los ojos de Tom—. Tengo mucho miedo… porque creo… que te amo, Tom.

El corazón de Tom se saltó un latido. Miró a Bill con los ojos muy abiertos. ¿Podría ser? ¿Quería decir que lo amaba en la misma forma en que Tom lo amaba a él? Tom suspiró, sin profundizar más en el tema. En realidad no importaba lo que quería decir, pero se sentía tan bien escucharlo, que quería disfrutar del momento. Su corazón se agitó de alegría al abrazar a Bill con todas sus fuerzas, sin importar que el cura Hanes los mirara atentamente por el espejo retrovisor.

El sacerdote bajó la velocidad y detuvo el auto. Tom y Bill miraron hacia afuera por la ventana—. Hemos llegado —dijo el viejo y bajó del coche. Donde quiera que fuera, lucía abandonado, por lo que Tom vio. Él y Bill bajaron del auto.

¿Es seguro aquí? —Preguntó Tom, mirando los terrenos desolados.

Depende de qué forma lo veas —respondió el sacerdote.

¿Qué quieres dec…? —Tom jadeó cuando vio que el cura le apuntaba con un arma—. ¿Qué está haciendo?

Bill se aferró a Tom con miedo.

Lo siento, Tom. Esto es algo para lo que me he estado preparando. Es la voluntad de Dios y yo, su más leal sirviente, debo impedir que cualquiera interfiera. El destino es inevitable después de todo.

¡¿De qué está hablando?!

Del fin del mundo. Ya sabes, lo que él ha venido a hacer aquí —el sacerdote miró a Bill.

¿Qué? —Bill jadeó.

El rostro de Tom estaba espantado, pensando que el cura se había vuelto loco y su mente, de inmediato, se vio acosada con muchas de las palabras del General sobre el cura Hanes. Ahora entendía lo que el General quería decir, a lo que él siempre se refería a cuando hablaba de los cuestionables motivos del ex General Hanes para dejar su posición y la Orden. El sacerdote Hanes era el ejemplo perfecto de cómo alguien pierde el sentido común al descubrir el conocimiento secreto. ¿Por qué no tomó las palabras del General como pistas? Pero tal vez el General sabía que por la consideración y el cariño que Tom tenía hacia el cura, no pensaría mal de él.

¿Quieres saber por qué él no es como los otros? —Continuó el cura—. Y no me refiero a que él es un Demonio Superior. Él es más que eso, pero en realidad él no sabe lo que es, ¿verdad? O, por lo menos, no todavía.

¿Y qué cree que es él? —Preguntó Tom.

Un ángel —respondió fácilmente el cura—. El Ángel del Destino para ser precisos.

¿Qué? Está bromeando —gruñó Tom. Los ángeles solo eran criaturas míticas de Dios, pero su existencia era tan ficticia como la idea de los demonios que poseen humanos—. Él tiene un espíritu rojo —soltó con amargura—, el espíritu de un demonio.

¿En serio? —Preguntó el cura—. Los artefactos de cribado solo pueden hacer la diferencia entre el espíritu humano del que no lo es. En ese respecto, él es un demonio por exclusión. —El rostro de Tom se transformó—. Pero entiendo si tienes dudas. No dejes que la palabra “ángel” te confunda, es un término que se usa dependiendo de la perspectiva. En muchos mitos, los ángeles y demonios son idénticos, arquetipos intercambiables. Es solo un asunto de polaridad, mira; el ángel guardián que conquista a tu enemigo en la batalla es percibido por tu enemigo como un demonio destructor. Para el General Agnus, el Demonio Superior, puede ser el Demonio de la destrucción. Para mí, es el Ángel del Destino.

¡¿Cómo puede ser un ángel para ti, si viene a destruirnos a todos?! —Gritó Tom. Bill soltó a Tom y bajó la mirada.

Sin importar lo que yo diga, sé que no puedo hacer que veas las cosas de la forma en que yo las veo. ¿Quién está equivocado y quién tiene la razón aquí? Y, nuevamente, depende de cómo se mire. Es solo una débil membrana que separa lo que es bueno de lo que es malo y lo que lo controla, son las circunstancias. El fin está, tal vez, buscando solamente el balance perfecto. Por eso, yo solo veo que el bien viene después del fin de todas las cosas.

Y hablando del bien y el mal, Tom podía ver como los roles cambiaban en frente de sus propios ojos. El chico bueno, resultaba ser el villano—. ¿Oh, usted ve el bien al matarme? —Murmuró cínicamente.

Honestamente, admito que es una lástima, pero si es la razón para que él despierte y complete su destino, entonces que así sea —respondió el sacerdote.

¿Cómo? ¿Cómo sabe que yo soy la razón?

Las antiguas escrituras siempre hablaron de un punto decisivo y solo unos pocos pudieron discernir que lo gatillaba un motivo oculto. Solo tuve que presenciar que tú te has convertido en ese motivo.

Tom hizo una mueca, completamente asqueado. Él era la clave, ¿no es así? Por definición, un elemento crucial, un medio para alcanzar un fin deseado. El cura Hanes, siempre había estado consciente de la relación entre Tom y el demonio, incluso cuando no encontró extraño que estuviera contra ella, fue suficientemente extraño que la alentara desde el comienzo. Todo el tiempo que el sacerdote lo “ayudó” cuando buscó consejo y orientación, tenía un propósito malvado en mente—. ¡No puedo creer que confié en usted!

Si alguna vez nos encontramos en algún lugar diferente a este, te pediré perdón —dijo el sacerdote. Elevó el arma y disparó. La bala fue directo al pecho de Tom.

¡No! —Gritó Bill. Cayó al piso, junto al cuerpo de Tom y observó como la luz se iba de sus ojos.

Continúa…

¡Nooo! ¡No te mueras Tom! ¿Cómo nos haces esto dirtymind, justo al final de la historia? Nooooo, me siento como cuando leí el último libro de Divergente. ¡No mates al protagonista al final de la historia! Queda solo un capi, ¿qué creen que suceda? Tendrán que leerlo para averiguarlo, pero están todos cordialmente invitados.

1 comentario en “Demon 27 (P.2)”

  1. La mala espina que me dió cuando el cura los interceptó me esta a advirtiendo de algo! No puedo creerloooooooooo voy a llorar 😭

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