Demon 26 (P.1)

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Notas de MizukyChan: Muchas gracias a todos por sus lecturas y comentarios. Y un abrazote gigante para dirtymind, por escribir esta fantástica historia y por revisar la traducción. OMG, no queda casi nada para el final, así que disfruten de este capítulo.

Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan

«Demon» 26

Una parte de él había muerto; la parte que importaba. Por lo menos así se sentía. Sabía que había sido la única opción, la decisión correcta. Había salvado al mundo, pero parecía que el mundo había terminado para él.

Tom agitó su Rajadora y cortó la cabeza de una sanguijuela con toda su fuerza. Se balanceó, mientras avanzaba hacia las otras que había atrapado. Incluso estando embriagado, sus habilidades y reflejos cazadores permanecían extraordinariamente alertas. Las horrorizadas sanguijuelas solo podían observar al aterrador cazador mientras retrocedían.

Tom le dio un trago a su botella y la estrelló contra el suelo. Se limpió los ojos inflamados, que habían estado derramando lágrimas todo el día, sintiendo no querer estar para el día siguiente. Todo lo que sabía era que necesitaba descargarse como nunca antes.

Agarró otra sanguijuela. La criatura gritó cuando Tom tocó su cuello con el filo de su navaja.

¿Puedes sentirlo? —Preguntó Tom. La sanguijuela tragó pesado.

No.

Tom agitó la espada. La, ahora decapitada, sanguijuela cayó al suelo. Las otras sanguijuelas se mantenían unidas, sin atreverse a huir y morir con un disparo de las agonizantes armas del cazador. Tom sacó a otra de las sanguijuelas del grupo y la arrojó al suelo.

¡¿Lo sientes?!

¿Qué? —Dudó la sanguijuela. Tom hizo una mueca.

¡¿Puedes sentir la presencia del Demonio Superior?!

La sanguijuela exhaló, negando con la cabeza.

Las otras sanguijuelas dieron un respingo ante el sonido de la espada. Tom se volvió al grupo. Las criaturas instantáneamente dieron un paso atrás. La mirada de Tom cayó en una sanguijuela en particular. La criatura contuvo el aliento, miró atrás a las otras, notando que era la única que había quedado al frente, como si hubiese dado un paso al frente y se ofreciera de voluntaria. Tom la agarró rápidamente y forzó a ponerse de rodillas. Puso la espada en su cuello.

¿Puedes sentir al Demonio Superior? —Preguntó. La sanguijuela estaba temblando.

No lo sé.

Tom hizo un movimiento con la espada, pero se detuvo cuando su cerebro captó lo que dijo la sanguijuela—. ¿No lo sabes? —Achinó los ojos. Picó el pecho de la sanguijuela con la punta de su espada—. ¿Y ahora?

Sí —chilló la sanguijuela.

Tom puso una sonrisita irónica—. ¿Crees que esa respuesta te salvará? Igual te mataré por mentir.

Los ojos de la sanguijuela se abrieron mucho—. No… sí… no…

¡Decídete!

¡No puedo! —Contestó la sanguijuela—. Lo siento, pero no lo siento.

Sabes que está de vuelta en tu dimensión demoniaca, ¿no es así? —Murmuró Tom.

Entonces dejó una parte de él aquí. ¡No lo sé!

Tom se sintió débil. La trágica noción de esa afirmación finalmente lo golpeó. La jodida sanguijuela tenía razón. Él era la parte que el demonio había dejado atrás. No podía soportar el dolor de perderlo. No podía soportar no ser capaz de verlo, de no volverlo a abrazar.

Miró a la sanguijuela un momento y luego levantó su Rajadora. La sanguijuela cerró los ojos muy fuerte. Tom hundió la espada en el suelo. La criatura se sorprendió y retrocedió, y luego arrugó el ceño cuando Tom se quitó la chaqueta y se puso de rodillas. Tom cerró los ojos y estiró el cuello.

La sanguijuela se quedó muda de la sorpresa. Miró hacia atrás a las otras, quienes seguían dándose miradas perplejas entre ellas. Tom abrió un ojo; vio que la sanguijuela lo miraba con cautela.

¡Vamos, estúpida sanguijuela! —Gruñó—. Te estoy dando la oportunidad de deshacerte de mí. Quiero que sea rápido, así que olvídate de chuparme el alma. ¡Ahora, coge la jodida espada!

La sanguijuela, rápidamente se puso de pie y agarró la espada, levantándola en alto. Tom suspiró, cerrando los ojos y dejándose ir. Escuchó sonidos de disparos, la espada cayó y luego hubo un estallido. Su cara y labios, fueron empapados de restos de demonio. Hizo una mueca y escupió con asco.

¡¿Qué mierda?! —Espetó y se limpió la cara.

¡Capitán! —Gritó Gustav. Tom giró y vio a sus mejores amigos que corrían hasta él. Gustav comenzó a matar al resto de las sanguijuelas con su Asesina. Georg fue por Tom.

¡¿Qué rayos crees que estás haciendo?! —Lo regañó Georg, levantando a Tom por el cuello de su ropa—. ¿Por qué ibas a dejar que esa sanguijuela te matara?

¡Déjame! —Espetó Tom. Georg se encogió, llevó una mano a su nariz.

¡Dios! ¡Apestas a alcohol!

¿Qué? ¿El capitán está borracho? —Preguntó Gustav.

¡Es un desastre! —Dijo Georg desconcertado. No estaba acostumbrado a ver al capitán del equipo Legión en ese estado.

Tom bufó y empujó a Georg—. ¿Cómo mierda me encontraron?

Puse un sensor de rastreo en la vaina de tu Rajadora —admitió Gustav—. Lo siento, pero estaba preocupado y pensé que lo necesitarías. Ahora estoy feliz de haberlo hecho. Parece que vinimos a buscarte justo a tiempo.

¡No, no lo hicieron! —Dijo Tom con los ojos anegados—. ¡Llegaron demasiado pronto!

¿Estás loco? —Georg hizo una mueca—. ¿Por qué querías morir?

¡Porque él se fue! —Gritó Tom—. ¡Mi demonio se ha ido!

Gustav agarró a Tom por los hombros—. Capitán —dijo con urgencia—, necesita calmarse antes de que podamos llevarlo de vuelta a la Orden.

¡Nunca voy a volver ahí! —Soltó enojado Tom, alejándose.

Pero, ¿no quieres salvarlo? —Preguntó Georg. Tom lo miró.

Salvar a quien.

A tu demonio, duh. Me pregunto qué pasó entre ustedes dos esta vez.

Tom parpadeó—. ¿De qué estás hablando? Él ha vuelto a su mundo.

Georg arrugó el ceño—. Uh, no… no lo hizo.

¿Qué? ¿Qué quieres decir con “no”?

¿Quieres decir que no lo sabes? —Preguntó Georg. Le dio una mirada a Gustav—. Él no lo sabe.

¡¿Qué?! —Preguntó Tom, desesperado.

Capitán, el demonio se entregó a sí mismo —respondió Gustav con tristeza—. Los Maestros lo han encerrado en la trampa y lo han sellado.

Tom se quedó petrificado en su lugar—. Oh, Dios —comenzó a mover negativamente la cabeza—. No, no… no lo hizo.

Me temo que sí. —Gustav suspiró—. Por esa razón vinimos a buscarte. Tienes que regresar a la Orden.

Oh, no. ¡¿Qué has hecho, William?! —Gritó Tom ansiosamente. Con un repentino arranque de sobriedad, se apresuró a recoger su Rajadora y la puso en su vaina, luego recogió su chaqueta y se la volvió a poner.

¿William? —Preguntó Georg.

Creo que él se refiere al malo —dijo Gustav.

¡Oh! Entiendo —respondió el castaño—. Dos nombres diferentes que significan lo mismo, porque ya sabes, ambos son el mismo y…

Puedes dilucidar más tarde, Listing. Vámonos —intervino Tom. Georg bufó.

&

No había necesidad de decir que no estaba feliz de ver las instalaciones de la Orden, no pensó que alguna vez odiaría caminar por esos corredores y pasillos. Sus soldados lo saludaban mientras caminaba, sorprendidos de verlo de vuelta en la Orden.

Capitán Kaulitz, ha regresado —mencionó feliz uno de los soldados. Tom lo ignoró.

Felicidades, capitán —dijo otro soldado—. ¡Gracias a usted, hemos conquistado al peligroso demonio inmortal!

Tom se lanzó hacia él, furioso. El soldado se sorprendió. Gustav y Georg sostuvieron a su capitán.

¿Dónde está? ¿Dónde está el demonio? —Tom gruñó al soldado.

En la… recámara —tartamudeó el soldado—, la que está junto a los calabozos.

Tom se soltó del agarre de Georg y Gustav y comenzó a correr hacia los calabozos.

Cuando llegaron, notó que la llamada recámara, era una nueva habitación construida solo para contener la trampa del sello. Lo único que había dentro era una puerta sólida de acero que tenía una pequeña abertura con barras, semejante a una puerta de prisión.

Tom dio una mirada por entre las barras. Justo en el centro de la espaciosa habitación estaba la trampa del sello. De verdad lucía como un sarcófago hecho de algún metal muy grueso, la única diferencia es que estaba de pie, en lugar de estar recostado. Tenía una gran cantidad de cables por todos los costados y una pequeña hendidura de cristal en la parte superior, que permitía una clara visión del rostro del demonio.

Tom se cubrió la boca, sintiendo que su corazón se rompía en su pecho. El demonio lucía sobrenaturalmente hermoso y sereno, como si solamente estuviera durmiendo. Tom pensó que había sido su culpa, con sus constantes rechazos y con su injusta última declaración, que había llevado a William finalmente a hacer esto. Tom buscó furiosamente una cerradura, pero no tenía ninguna. Golpeó la puerta, el eco del golpe resonó por todas las mazmorras.

¡Bill! —Gritó—. ¡William!

Georg y Gustav, que llegaron poco después de él, rápidamente lo agarraron. Tom gruñó, tratando de liberarse.

Deténgase, capitán. Solo vas a alertar a los Maestros —dijo Gustav.

Molestar, sería más acorde —se quejó una voz. Todos se volvieron a ver a dos Maestros y a una armada de cazadores observándolos—. Tiene que presentarse ante el General en este mismo momento, capitán Kaulitz —anunció seriamente uno de los Maestros.

Tom observó a los cazadores junto a los Maestros, listos para hacer lo que les fuera mandado, y comprendió que no tenía más opción que hacer lo que le pedían.

&

La mirada del General sobre él era severa, incluso más de lo usual. Se quedó así, mirando a Tom, como si esperara que Tom hablara solo con la presión que ejercía. Tom no dijo nada, solo desvió la vista.

Nunca pensé que tú me decepcionarías —afirmó el General Agnus. Tom rodó los ojos, como si le importara un pimiento—, pero supongo que debí verlo venir. Después de todo, has estado contra nosotros desde el principio. —Tom arrugó el ceño, atreviéndose a mirar al General—. No me mires como si no supieras de lo que estoy hablando. Sé que mantuviste información oculta de nosotros. Ninguna vez, en todos sus reportes, mencionaste los deseos que tenía el demonio de destruirse a sí mismo.

Tom estaba pasmado—. ¿Cómo… cómo sabe sobre eso?

Él me lo dijo —respondió el General con simpleza. Tom tenía los ojos muy abiertos—. Justo cuando estaba a punto de sellarlo, le pregunté por qué estaba dispuesto, dijo que era lo único que le tocaba intentar, porque lo había intentado todo y había fallado.

Tom cerró los ojos porque la culpa lo consumía.

Pero pese a tu deslealtad y a todas las adversidades encontradas, las cosas terminaron justo en la forma en que debían —continuó el General—, el demonio inmortal está donde debería y nuestra raza y el mundo permanecerán.

Tom bufó, irradiando desprecio.

No estás aliviado de oír esto, ¿verdad? —supuso el General. Tom escogió no responder, no queriendo complacer al General al pensar que su sermón estaba haciendo alguna diferencia—. Una vez pensé que tú me recordabas a mí mismo, pero ahora veo que estaba equivocado. Tú me recuerdas al ex General Hanes. Ahora veo que son sus pasos los que has empezado a seguir.

Mejor seguir los de él que los suyos, pensó Tom con amargura.

Esta es la razón por la que el conocimiento secreto debe permanecer en secreto —agregó el General—. Es por personas como tú, cuyas mentes son incapaces de razonar, de discernir entre el bien y el mal, que están erróneamente convencidas de su juicio y que quieren tomar las cosas en sus propias manos.

Tom se mantuvo en silencio, indiferente a las palabras del General. El General suspiró.

¿Sabes por qué te convertimos en capitán? —Comenzó en un tono más suave—. Eres muy joven y aun así, uno de los mejores cazadores que he conocido; todos aquí saben que tus habilidades no tienen comparación, pero esa no es la razón por la que te convertimos en capitán. Es por tu resistencia. El grado más alto expresado en el gen de sagacidad. Cuando nos dimos cuenta de esto, supe que significaba algo. Supuse que probablemente eras tú a quien se refería la profecía.

Tom se quedó con la boca abierta—. ¿Usted también sabía de mí y la profecía? —Ahora estaba absolutamente furioso—. ¡¿Y se atreve a menospreciarme por ocultarle información?!

Sí, pero ahora tengo que pensar, ¿habrían sido diferentes las cosas si tú o yo, hubiésemos revelado algo? —murmuró el General. Tom arrugó el ceño. El General bajó la mirada—. Una vez te dije que nuestros ancestros habían escogido mantener sólo una parte de la antigua revelación de la sanguijuela mientras que descartaron el resto como sandeces, y quizás la mataron demasiado pronto, cuando había mucho más que revelar. Antes de convertirme en General, nadie se había estresado por el conocimiento secreto, o había demostrado interés en conocer las antiguas escrituras en detalle. Una vez que no tuve más dudas sobre la presencia del Demonio Superior en nuestro mundo, me vi obligado a leerlas cuidadosamente. Desde entonces he notado que mientras pasaban los años, los ancestros añadían pequeñas notas de vez en cuando, impresiones y sospechas recogidas de las predicciones de los psíquicos, sobre el fin del mundo. Solo en algunas ocasiones, estas predicciones que tenían más congruencia con la profecía, mostraban la participación y, a veces guía, de un cazador. —El General volvió a mirar a Tom y le dio una sonrisa sarcástica—. Por supuesto, que solo podía asumir que se trataría de nuestro salvador. ¿Ves lo que estoy diciendo ahora? Tenía tanta fe en ti. Te hice capitán porque poseías esa gran resistencia contra los demonios; confié en que también serías capaz de resistir a este nuevo demonio más poderoso —admitió el General—. Obviamente, fue un gran error de mi parte.

Tom exhaló, evidentemente fatigado, como si finalmente se rindiera al sermón del General.

Parecía, que al contrario de lo que creía, tú has sido el más influenciado por él, aunque no puedo culparte, porque aquella notable belleza que posee, logró superar tu resistencia —mencionó el General. En este punto, Tom no pudo evitar sonrojarse. El General se aclaró la garganta—. Deberías saber que, aparte de tu renuencia a matarlo, por tu presunta asociación con el demonio, me vi obligado a dar orden de aprehenderte, pero ahora he decidido desistir de esa orden. Sinceramente espero que ahora que todo se ha resuelto, tu mente se tranquilice y podamos tener de vuelta tus servicios, al igual que tu lealtad. Sin embargo, por ahora, voy a quitarte tu rango, hasta que puedas probar que otra vez eres digno de él. No tengo duda que harás que nos sintamos orgullosos. —El General miró a Tom, obviamente probándolo. Tom asintió, su rostro firme, falsamente arrepentido, pero fue suficiente para engañar al General. El General sonrió—. Entonces, eso sería todo. Puedes retirarte, soldado.

Señor —respondió Tom, giró sobre sus talones y dejó la oficina.

Continúa…

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