Demon 24 (P.1)

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Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan

«Demon» 24

Fue como si Tom pudiera percibir la vorágine de pensamientos que pasaba por la mente de Bill solo viendo su rostro. Bill no hizo preguntas, pero aun así estaba mareado por la invasión espontánea de respuestas que siempre buscó, pero que constantemente negaba. La comprensión le pegó fuerte, notó Tom. Ni siquiera podía imaginar cómo debía sentirse al enfrentar tan terrible verdad. Bill estaba tan impactado que se apoyó en la pared.

Bill, no. Lo entendiste mal —mintió Tom en un intento de solucionarlo.

Bill estaba teniendo un ataque, estaba sin aliento, su voz se volvió de débil—. Oh, Dios. Oh, Dios.

Georg y Gustav permanecieron como estatuas todo el tiempo, incapaces de decir nada, aunque lo quisieran.

Bill hizo una mueca y se dobló, apretando su estómago.

¡Bill! —Dijo Tom—. ¿Qué…? —Bill se irguió bruscamente y se volvió a Tom.

Ahora de verdad lo has arruinado —murmuró William. Georg y Gustav se sorprendieron cuando presenciaron el cambio en su tono de voz y en sus ojos.

Santa mierda. Este es el malo —Georg contuvo el aliento. Rápidamente, Gustav le dio un codazo para que se callara.

¡No fue mi culpa! —Protestó Tom—. ¿Por qué rayos no evitaste que escuchara?

Te dije que lo dejaría estar a cargo todo el tiempo, ¿no es así? —William bufó—. Nunca pensé que ocurriría algo como esto.

¿Y qué pasa ahora? —Preguntó Tom, angustiado.

No lo sé —respondió el pelinegro.

¿Por qué estaba adolorido?

Algunas veces le dan calambres, cuando mi cuerpo demanda azúcar.

Tom se volvió a sus amigos—. Tráiganme la soda más dulce de la máquina dispensadora. ¡Rápido!

¡Sí, señor! —Sus amigos saltaron.

¿Ayudará? —Preguntó Tom a William. El pelinegro simplemente se alzó de hombros. Tom estaba irritado de ver que William estaba tan relajado al respecto, mientras que él era un manojo de nervios.

Tendremos que esperar y ver si él permanece ciego —murmuró William.

¿Y si eso no pasa? —Preguntó Tom.

William movió una ceja—. Podría complicarme las cosas si estoy consciente del agobio de tu dimensión, aun cuando él está a cargo.

Oh —murmuró Tom con culpa. Trató de analizar el rostro sereno de William—. Entonces… ¿de verdad lo decías en serio? —Preguntó—. ¿Dejarás que Bill esté a cargo todo el tiempo?

¿No era eso lo que querías?

Tom parpadeó. ¿Entonces de verdad William estaba hablando en serio? ¿Y si esa era la respuesta? Si William era Bill todo el tiempo, entonces sus poderes también se mantendrían en control, no habría fin del mundo. Vio la sonrisita de lado de William y su burbuja se rompió instantáneamente. Achinó los ojos. Debería haber aprendido a no dejarse engañar por él.

Solo estás jodiéndome —resopló Tom.

No te pongas atarantado —respondió William—. Dejemos que el tiempo juzgue eso.

Tom gruñó, sin estar completamente convencido. Simplemente sabía que William estaba planeando algo.

Georg y Gustav llegaron con la soda. William la abrió y se la bebió rápidamente antes de arrojarla—. Bien, entonces, aquí vamos —mencionó. La oscuridad alrededor de los ojos de William desapareció. Tom, Georg y Gustav lo miraron con impaciencia. Bill parpadeó.

¿Bill? —Llamó Tom dócilmente. Bill hizo una mueca y se tocó el pecho. Tom estaba empezando a decepcionarse, cuando de pronto Bill soltó un fuerte eructo.

Todos se quedaron congelados.

Oh, Dios mío. Discúlpenme. —Bill jadeó y se cubrió la boca.

Whoa —dijo Georg.

Creo que ese venció tu record, Listing —comentó Gustav, sorprendido.

¡Cállense los dos! —Los regañó Tom—. ¿Estás bien, Bill?

Sí, eso creo. Lo siento, eso salió de la nada —dijo el pelinegro, honestamente avergonzado.

Está bien —respondió Tom—. ¿Entonces, te sientes bien?

Bill lo miró—. ¿Hmm? Sí, ¿por qué?

Tom respiró aliviado—. Nada, no importa.

¿Entonces, no te acuerdas de nada? —Preguntó Georg. Tom se volteó y le dio una mirada fea. Gustav volvió a darle un codazo—. ¿Qué?

Bill arrugó el ceño—. Estaba buscando a Tom, supongo… para… ¡oh! —Los ojos de Bill se abrieron mucho. Tom y Gustav contuvieron el aliento.

Tom tragó nerviosamente antes de preguntar—. ¿Qué cosa, Bill?

El pelinegro se sonrojó—. Quería hablar contigo… sobre ayer —murmuró. Por segunda vez, Tom respiró de alivio. Parecía que el azúcar había anulado el poco favorable incidente de la memoria de Bill.

¿Y qué pasó ayer? —Preguntó Georg. Esta vez Gustav no le dio un codazo, sino que observó a Bill y Tom con curiosidad. Bill y Tom se pusieron rígidos, desviaron la mirada. La campana de la escuela sonó.

Oh, uh, ahora tenemos que irnos a clases —dijo Tom—. Vamos, Bill. —Ambos salieron rápidamente hacia el salón de clases. Gustav resopló.

Pensé que dijiste que tenías cosas más importantes de las que preocuparte —gritó Georg con cinismo.

&

Los alumnos todavía estaban inquietos y alborotados cuando llegaron y el maestro todavía no entraba.

¿Por qué no habías venido a la escuela? —Preguntó Bill cuando se dirigieron a sus asientos. Tom no pensó que Bill estuviera consciente de su desaparición, aunque tal vez lo estaba porque William le permitió continuar con sus actividades diarias.

Uh… para ser honesto, no me había sentido bien.

¿Por qué? ¿Qué tenías?

Algo como una migraña crónica —murmuró Tom.

Oh —respondió Bill—, creo que mis padres tienen unas pastillas para… —Jadeó al perder el balance y caer de cara al suelo. Tom vio como un chico puso un pie para hacerlo caer.

Ni siquiera puedes caminar bien sin zapatos de tacones, ¿eh? —Dijo el chico. Las risas irrumpieron en el salón.

¡Tú, basura de mierda! —Rugió Tom, levantando al chico por el cuello de su ropa. El chico se burló. Tom lo habría golpeado, pero desistió cuando vio que el profesor entraba en la sala. Soltó al chico, dándole un empujón para que cayera sobre su silla y ayudó a Bill a levantarse.

Bill gimoteó y tocó su cabeza.

Tom se quedó sin aire cuando vio la sangre y luego notó la punta del escritorio junto a Bill, que tenía una mancha oscura. Bill se había golpeado la cabeza con la punta del escritorio cuando cayó.

Bill miró la mano con la que había tocado su cabeza. Sacudió la cabeza y parpadeó. Tom vio la misma cara de aflicción manifestarse en sus facciones al darse cuenta de lo que pasa. Era como si su visión repentinamente se hubiera abierto a la verdad. La sangre en sus dedos no era roja, era de un gris oscuro.

¡Dios mío, eso se ve como sangre de demonio! —Chilló la chica que estaba sentada en el escritorio manchado de sangre. Toda la habitación quedó en un silencio sepulcral mientras todos, incluido el profesor, volteaban las cabezas. Bill levantó la vista, vio que todos lo observaban con expresión de shock en los rostros. Comenzó a temblar, alarmado, no solo temiendo, sino experimentando el momento de verse expuesto.

Tom arrancó a Bill de los ojos de todo el mundo más rápido de lo que pudieron reaccionar y lo llevó fuera de la sala de clases.

Bill no se movía, su expresión en blanco y la mirada vacía.

¿Bill? ¡Bill! —Tom lo sacudió por los hombros. Bill parpadeó.

Yo soy un…

¡No! ¡No lo eres! —Respondió rápidamente el cazador.

Un alter-ego —dijo, cuando Tom esperaba que dijera un demonio. Esto era mucho peor. Significaba que el despertar accidental de su verdadera identidad no se podría revertir. La influencia del azúcar en su memoria no era permanente y el bloqueo en su visión de la realidad, se había vuelto prácticamente nulo; cualquier evento extraño podría romperlo y hacerle ver claramente—. Yo soy la personalidad alterna… —La voz de Bill se rompió y sus ojos se llenaron de lágrimas. Tom lo abrazó fuertemente.

No Bill, no lo digas, por favor, no lo digas.

Bill arrojó a Tom, completamente enfurecido—. ¡No soy real! —Gritó. Rompió en llanto, su rostro se contorsionó de tormento. Corrió antes que Tom pudiera detenerlo.

¡Bill! —Gritó Tom, sintiendo que su corazón dolía de pena por él. Corrió tras él, hasta que llegó a las puertas principales de la escuela, pero se detuvo en la entrada. Bill no había llegado al patio. Estaba dando pasos tambaleantes hacia atrás de las escaleras, impresionado por la horrible visión ante él.

Tom miró con los ojos muy abiertos. Un enorme escuadrón de sanguijuelas se aproximaba a los terrenos de la escuela y Tom vio que abarcaba toda su línea de visión. Las sanguijuelas se habían congregado de la misma forma en que hacen los soldados cuando se aprestaban a atacar en una guerra. Su instinto de supervivencia, finalmente, había sobrepasado su miedo y, al igual que los Maestros, no pretendían darle un minuto más en esta dimensión al Demonio Superior.

Tom presionó su censor y sacó su arma, apuntando a las sanguijuelas. Bill giró y corrió a los brazos de Tom. El cazador lo rodeó con un brazo y besó su cabeza.

No tengas miedo, Bill —lo tranquilizó—, yo te protegeré. —Bill escondió su cara en el hueco de su cuello.

Georg y Gustav se detuvieron de golpe en las puertas de la entrada.

¡¿Qué jodida mierda?! Exclamó Georg.

Llamaré a los otros soldados —anunció Gustav.

¡No! No los llames —dijo Tom—. Nosotros podemos manejarlo.

¿Qué? ¿Estás loco? —Dijo Georg—. No podemos matarlos a todos nosotros solos. Nos quedaremos sin municiones y no tenemos nuestras Rajadoras aquí.

Él tiene razón —dijo el rubio—. No hay forma en que podamos hacerlo. Tenemos que llamar a los otros.

¡No llamarán a nadie! —Espetó Tom. Georg y Gustav se sorprendieron. Podrían pensar que su capitán estaba actuando de forma irracional, pero Tom no iba a permitir que los cazadores se acercaran a Bill. De hecho, para él, las sanguijuelas eran mucho menos peligrosas. Volvió a enfrentar a las sanguijuelas. El escuadrón de sanguijuelas se quedó quieto, pero Tom no estaba seguro de poder impedir que atacaran en cualquier segundo. Cargó su arma—. Preparen sus armas —mandó a sus colegas. Georg y Gustav obedecieron y cargaron sus armas.

¡Señor Kaulitz! —Gritó la voz del director por detrás—. ¿Qué cree que está haciendo?

Me temo que estoy a punto de romper las reglas, otra vez —respondió Tom.

El director arrugó el ceño—. ¡No, no lo hará! Claramente le dije que dejara sus asuntos de cacería fuera de los terrenos de la escuela.

Me gustaría obedecer, señor, pero creo que ahora no lo puedo evitar —insistió Tom.

¡Será expulsado, le advierto! —Amenazó el director—. ¿Dónde rayos está el condenado demonio? ¡Yo mismo lo sacaré a patadas! —Se pavoneó con un aire de enojo y honor contra Tom y los otros.

Uh, señor, es mejor que no venga para acá —le advirtió Gustav. El director bufó, ignorándolo, mientras iba junto a Tom para ver hacia a donde estaba apuntando. Su mandíbula tocó el suelo.

Está bien, está bien, todo el mundo cálmese —dijo, mientras comenzaba a hiperventilar— Hagan lo que tengan que hacer, pero por favor, sean silenciosos. No se atrevan a dejar que los alumnos caigan en pánico.

Gustav caminó junto al director—. Señor, las sanguijuelas se están moviendo, más vale que… —El director chilló como un gato al que pisas. Gustav hizo una mueca porque destrozó sus tímpanos.

El sonido de los escritorios arrastrándose y hordas de alumnos murmurando se escuchó. Tom notó una multitud de rostros presionándose a las ventanas de los salones. Un grito colectivo se dejó oír. Las puertas de cada salón de clases se abrieron de golpe, mientras los estudiantes salieron en un histérico frenesí. La alarma de incendios sonó.

Las súplicas de los profesores para mantener el orden y la calma fueron inútiles, porque todos perdieron cada onza de razonamiento y sucumbieron al pánico, corriendo apresuradamente hacia las salidas de emergencias. El director se unió a la estampida, agitando los brazos, mientras dejaba a Tom y los otros por su cuenta.

Las sanguijuelas continuaron avanzando, pero no hicieron ningún intento de ir tras los estudiantes que estaban evacuando la escuela, sin duda porque todos iban por el mismo y único objetivo.

Georg tragó pesado—. Chicos, de verdad, de verdad creo que deberíamos llamar a los otros.

Continúa…

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