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Fic de blame_my_dirty_mind. Traducido por MizukyChan
«Demon» 19
Tom hizo lo que le mandaron sin pensarlo dos veces e inmediatamente buscó a William, aunque no tenía intenciones de seguir las órdenes del General. Tal vez el General había tenido éxito en ganarse la confianza del demonio a costa de Tom, pero ciertamente, no anticipó que la cercanía entre Tom y el demonio evolucionara tanto, lo suficiente para desafiar sus órdenes. Por primera vez, la idea de que pudiera perder al demonio para siempre, lo golpeó fuerte, como una lanza que atravesó su pecho, porque ahí es donde dolía. Ahora Tom nunca le daría el demonio a la Orden, sin importar las consecuencias.
Y, aunque creyera que William era invencible y que el sello no funcionaría, no pensaba esperar y ver lo contrario, especialmente por la seguridad de Bill. Tenía que advertir a William, convencerlo de mantener a Bill lejos de los cazadores.
Tom llamó a la puerta de William. Como siempre, uno de los padres demonio abrió.
—No está aquí —dijo la madre demonio antes que Tom siquiera preguntara. Su maquillaje era el peor que Tom hubiera visto en la vida, estaba tan recargado y brillante que parecía un payaso, pero por lo menos ofrecía una distracción de sus facciones demacradas.
—¿Dónde está?
—¿Cómo podría saber? —Ella rodó los ojos—. Desde que apareciste tú, apenas pasa tiempo en casa. ¿Por qué no te lo llevas a vivir contigo ahora? —Se quejó—. Es como una maldición, tener que estar todo el tiempo aquí, hasta que él regrese.
—Que mal —respondió Tom, sin estar para nada afectado—. Entonces iré a buscarlo… entre tanto, manténganse adentro. —La madre demonio hizo una mueca y cerró la puerta.
Tom no tenía idea dónde encontrar a Bill un domingo, así que buscó por todas partes del pueblo, incluyendo las calles de los cafés, que ellos ya habían frecuentado. Miró alrededor, en todas direcciones tan cautelosamente, que la gente en las veredas comenzó a preocuparse, pensando que Tom estaba cazando un demonio, lo cual en cierto modo era verdad, pero no exactamente.
Se detuvo un momento, cansado y frustrado. Escuchó un silbido y se volteó, notando a un grupo de jóvenes reunidos en una esquina, susurrando sobre algo que había llamado su atención. Era fácil suponer de qué estaban hablando, porque el mismo Tom actuaba de esa manera, bromeando con sus amigos, cuando se trataba de una chica. Se movieron en dirección de Tom, mientras el objeto de su atención avanzaba. Tom ya estaba curioso, así que esperó para dar un vistazo.
La “chica” en cuestión apareció en el campo visual. Tom contuvo el aliento. William se detuvo con los ojos muy abiertos. Rápidamente escondió las bolsas de compras que cargaba detrás de él. Tom se apresuró hasta él. Cuando pasó por el grupo de chicos que miraban a William, les envió una mirada amenazante.
—¡Jódanse! —Exclamó furioso. Los jóvenes dudaron. Tom se movió como si fuera a sacar su arma y los tipos corrieron.
—¡He estado buscándote todo el día! —Regañó a William—. ¡¿Qué rayos estás vistiendo?! —Observó el atuendo de William como si fuera una especie de disfraz, demasiado inadecuado para usarlo en público y demasiado ajustado para su gusto. No había necesidad de decir que enseñaba demasiada piel y que su delgada silueta estaba haciendo que su mente se volviera un remolino de pensamientos carnales. Sacudió la cabeza, antes de dejarse llevar. Miró las bolsas de William—. ¿Te robaste todo eso? —Señaló las bolsas. William le hizo un desprecio y siguió caminando—. ¡Regrésalas, William!
—No.
—No necesitas esa ropa, por el amor de Dios. ¿Para qué las quieres?
—Me gustan —respondió el pelinegro con simpleza. Tom suspiró. Si William había encontrado una nueva forma de entretenerse, entonces no podría hacer nada al respecto y, de todas formas, no iba a discutir sobre algo que ahora no importaba.
—William, necesito decirte algo importante. —El pelinegro se detuvo y lo miró.
—¿Sí? —Preguntó con una sonrisa expectante. Tom gruñó, tal vez debió expresarlo de una forma diferente. Sonó como si estuviera a punto de confesar una declaración de amor y, sin duda, William captó esa idea.
—Me gustaría que te fueras lejos…
—¡¿Qué?! —El grito de William hizo que varios transeúntes giraran la cabeza. Tom sonrió, pidiendo disculpas. Trató de calmar a William, luego tomó su brazo y lo guió hacia un lugar con menos gente.
—Escucha, vengo recién de la Orden y ellos están planeando encerrarte en esta… trampa que han construido y sellarte dentro. No sé cómo funciona, pero está hecha para mantenerte allí permanentemente.
William arrugó el ceño—. ¿Como una jaula?
—Parece más un sarcófago —señaló Tom.
—Ya veo —contestó el pelinegro—. ¿Y por qué debería irme lejos?
—Porque no quiero verte encerrado en esa cosa —dijo Tom—. Tienes que irte de aquí por un tiempo, por lo menos hasta que descubra cómo destruirla.
—Pero no quiero irme.
—Por favor —pidió Tom—. Ellos me ordenaron llevarte hasta allá, pero por supuesto no lo haré, sin embargo no podré evitar que ellos traten de hacerlo por sí mismos.
—¿Y por qué debería preocuparme? —William bufó irónicamente, como si el intentar capturarlo fuera ridículo.
—Bueno…uh… —Tom balbuceó, esperando que William no se burlara cuando le dijera—. Tú eres… ya sabes… un poco inútil como Bill, así que pensé que ellos intentarán algo cuando…
—¡Ah! Entonces es eso. Estás preocupado por Bill, no por mí.
—¡Estoy preocupado por los dos! —Exclamó Tom rápidamente. William bufó incrédulo.
—No voy a ir a ninguna parte —afirmó.
—Por favor —insistió Tom—. Temo que ellos vengan por ti, pero también temo que tú vuelvas a perder el control. Sin importar lo molestos que sean, no deberías matarlos.
William desvió la mirada, contrariado—. ¿Entonces cuál es el punto de irme lejos? Ustedes, los cazadores, pueden encontrar demonios en todas partes, ¿no es así? Además, no hay lugar en este mundo donde me pueda ocultar.
Tom bajó la cabeza, pensando. William tenía razón. No había punto en ocultarse. Los cazadores tenían gremios alrededor de todo el mundo y algunos de ellos con sistemas de cribado más avanzados que los de la Orden, capaces de detectar espíritus de demonios en los pueblos cercanos incluso desde sus mismas instalaciones, ahorrándoles las tareas tediosas de patrullaje. Sabía que el espíritu de la flama de William era muy sobresaliente, así que encontrarlo no sería tan difícil. A Tom le dolía el solo hecho de sugerir la única opción posible.
—Entonces… quizás… podrías regresar a tu mundo…
William se quedó totalmente mudo. Miró fijamente a Tom—. ¿Quieres que vuelva a la dimensión demoniaca? —Preguntó con la voz apenas audible.
—Si vas a estar a salvo, entonces sí.
—No puedo regresar —murmuró William.
—Eres poderoso, tal vez no sepas cómo hacerlo.
—No puedo.
—William…
—¡No quiero volver! —Soltó el pelinegro—. Quiero quedarme aquí. Contigo.
—¡Yo también estoy luchando con esto! —Declaró el cazador—. Créeme, mi vida antes de conocerte no tenía significado. ¡Nunca será la misma! Pero no puedo soportarlo, William. No puedo soportar pensar que te perseguirán constantemente, o peor, que te sellen para siempre. Si esa cosa funciona, será como ser testigo de tu muerte y prefiero pensar en ti estando a salvo y vivo, aunque eso signifique que estés lejos de mí.
—No, no quiero. —William negó con la cabeza testarudamente—. Incluso si pudiera, ahora no hay forma en que regrese.
—¡Maldita sea, William! —Tom estaba furioso y lo sacudió por los brazos, como si tratara de hacerlo entrar en razón. El pelinegro achinó los ojos.
—Ya tuve suficiente de esta charla —dijo, y la sombra alrededor de sus ojos desapareció. Tom jadeó y soltó sus brazos. Maldijo para sí mismo cuando Bill apareció. Típico.
—¿Tom? ¿Qué…? —Bill arrugó el ceño y Tom se alzó de hombros. Bill miró alrededor, notando el lugar y luego miró sus manos y las bolsas que cargaba. Jadeó cuando notó que su cintura estaba expuesta y que lo único que llevaba arriba era un chaleco negro. Giró y se movió, su boca dibujó una gran “O” al darle una mirada parcial a su provocativo atuendo. Soltó las bolsas, llevando las manos a su cuerpo—. ¡Oh, Dios mío! —Sus mejillas se sonrojaron y corrió a esconderse detrás de Tom. El cazador suspiró y se quitó la chaqueta. Bill prácticamente se la arrancó y se la puso de inmediato.
—¿Qué le pasó a mi ropa? —Murmuró—. ¿Por qué estoy vistiendo esto?
—Porque el demonio decidió salir de compras —contestó Tom. Bill gimoteó.
—No puedo quedarme así —dijo—, me voy a casa.
—Está bien —dijo Tom—, pero antes tenemos que regresar esa ropa.
—Sí, por supuesto —agregó el pelinegro con seriedad.
Apenas habían regresado a la calle de las tiendas cuando Tom se tensó. El cazador no tuvo tiempo de reaccionar. Bill fue arrojado hacia un costado y él fue directo al suelo de un fuerte golpe.
Los peatones comenzaron a gritar y a escapar de la escena. Bill intentó luchar contra la sanguijuela. La criatura lo sostuvo firmemente, haciendo crujir sus huesos. Su grito fue silenciado cuando la sanguijuela pegó su boca y comenzó a succionar.
Tom parpadeó, todavía confundido. Sacó su Asesina. Una segunda sanguijuela saltó delante de él, pateando la Asesina de su mano y pateándolo a él en la cara. Tom escupió sangre al rodar por la vereda. Se detuvo cerca de donde había caído su Asesina y, rápidamente la agarró. Escuchó un chasquido y un quejido y, con esfuerzo, se volvió a mirar a Bill, solo para verlo romper la espalda de la sanguijuela contra su rodilla. La otra sanguijuela quiso correr, pero el disparo de la Asesina de Tom lo alcanzó primero.
William fue junto a Tom y lo ayudó a levantarse—. Se han puesto atrevidas, ¿cierto? —Mencionó—. Atacando en pleno día, en medio de una multitud de humanos.
Tom escupió sangre y se limpió la boca—. ¿Estás diciendo que tú no lo planeaste?
—No. Mi estilo es llevarlas a las áreas destruidas de la ciudad. Vinieron aquí por Bill, por su propia voluntad.
—¿Por qué? ¿Por qué han cambiado? —Preguntó Tom desconcertado—. ¿Por qué se han vuelto tan atrevidas?
—No lo sé —respondió William—. Desean mi poder, sin duda, aunque ahora es más seguro decir que no les caigo bien. O no les cae bien Bill, que es lo mismo. —Sonrió—. Podrían hacerlo por envidia, ahora que pienso en ello. Después de todo, la envidia es la fuente del odio, pero no puedo evitar que me tengan envidia.
Tom rodó los ojos—. Snob —sacudió la tierra de su uniforme. Miró a William con los ojos achinados y lo apuntó—. ¡No te atrevas a cambiar! Necesito que me escuches. —William hizo una mueca.
—Ahórratelo. Me voy a quedar aquí. —Recogió las bolsas y comenzó a caminar muy rápido, hasta volverse una mancha borrosa.
—¡Espera! —Tom empezó a correr tras él—. ¡Maldición!
William se fue directo a su casa. Tom llegó, jadeando y no tocó la puerta, se dirigió a las escaleras y a la habitación de Bill. Abrió la puerta. William estaba sentado en la cama. Se giró y le dio la espalda a Tom, cruzando los brazos, indignado.
—A ti no te gusta este mundo —afirmó Tom enojado, cerrando la puerta detrás de él—Tú me odiabas. ¿Qué pasó?
—¡No lo sé! Solo sucedió —bufó William—. Me sentí atraído por ti. Vi que no solo me divertía tu presencia, me encantaba. —Se suavizó y volvió a mirar a Tom—. No sabía lo que era, pero me empezó a gustar este sentimiento. Y luego me di cuenta que era amor y que tú habías hecho que pasara.
Tom alzó las cejas. Entendía, no, más bien podía simpatizar con lo que William estaba diciendo, porque se sentía de la misma forma, se había sentido atraído por él prácticamente a primera vista. Y el sentimiento del que William hablaba, el que él mismo no quería comprender al principio y del que William se burlaba, lo conocía muy bien y sabía lo que significaba; que rompería su corazón si ellos se separaban.
—Ni siquiera sabía que podía sentir amor, pero creo que es consecuencia de mi presencia en el mundo humano y si es por eso, no quiero regresar para ser indiferente —agregó William con seriedad
—Pero… ¿qué hay de eso de que no podrás sentir nada, como al tocar a alguien?
—Puedo aceptarlo, como acepté a Bill por la sola razón de que él me permite vivir aquí. De hecho, estoy agradecido de que él me permita estar contigo. Aunque no me cambiaría por él. Ahora creo que me tocó la mejor parte. —William se levantó de la cama, cerró los ojos seductoramente, mientras se aproximaba a Tom. Tom empezó a retroceder—. Y me complace complacerte. —William acarició el rostro del otro. Tom bufó y trató de moverse, pero William lo estrelló contra la pared, atrapándolo allí.
—Oh, no, no lo harás —soltó Tom—. Estoy tratando de razonar contigo aquí, no creas que vas a poder escaparte de esto así como así. —William movió su rodilla contra el miembro de Tom. El cazador chilló y tragó pesado.
—¿Estás seguro?
Tom se quedó mirándolo. Nuevamente, se sintió débil. Su cuerpo sucumbía fácilmente ante tal invitación. Esta vez, no ofreció resistencia. Besó a William rudamente en los labios. Poco después, William se separó, caminando hacia la cama y recostándose en ella.
—¿Y qué piensas de mi ropa nueva? —Levantó el pecho para que el chaleco se abriera, permitiendo una visión clara de sus perfectos pezones rosados. Sonrió ante la cara aturdida de Tom. Se volvió lentamente, para mostrar su trasero. Sus pantalones eran tan apretados, que cada curva y marca era evidente—. ¿Todavía quieres que las devuelva?
—No —respondió Tom. Caminó hasta William y lo tomó por la cintura, tirando el borde de los pantalones—. ¡Quiero que te los quites!
Continúa…
Muchas gracias por seguir leyendo esta traducción del maravilloso fic de dirtymind, y muchas gracias a ella, por betear estos capítulos en español. Nos vemos pronto.
