
Fic Twc/Toll escrito por MIZU. Traducido por MizukyChan
Capítulo 7: Relleno de Frambuesa
Tom tomó el camino largo hasta su casa. El camino más, más, más largo a casa. Dos horas y tres cuartos del tanque de gasolina más tarde, se estacionó en el edificio de su departamento y letárgicamente entró.
—¡Ya era hora que llegaras a casa!
La antipática, hostil y, francamente, molesta voz de Tricie, le dio la bienvenida tan pronto cerró la puerta.
—¡Tenemos cosas que hacer, Tom! ¡La boda es en una semana y tú te vas a DIVERTIR! —Ella prácticamente chilló.
Tom murmuró algo incoherente y se dirigió al baño.
—¿Estás borracho? ¿Bebiste y manejaste? ¡Qué clase de idiotez es esa! —Ella lo siguió, aparentemente determinada a hacerlo sentir más miserable de lo que ya estaba.
Miserable, pero de una forma extrañamente jubilosa.
Pero, no. Él se había corrido sobre otro HOMBRE. Casi CON otro hombre.
Tom le cerró la puerta en la cara a Tricie y cerró con llave, la cabeza le zumbaba tan fuerte con sus propios pensamientos alborotados, que casi no pudo oír sus palabras venenosas.
Soltando una respiración profunda, apoyó las manos en el lavado y se miró a sí mismo en el espejo.
La frase “tenía una mirada encantadora”, saltó en su mente. Sacudió la cabeza y comenzó a desvestirse, tratando de ignorar el hecho de que sus bóxer estaban cubiertos de semen seco.
Se había corrido sobre otro hombre.
¿Podía obligarse a creer eso? Porque no ambos tuvieron orgasmos. ¿O diría que solo se había portado como un tonto caliente que se frotó en algo, cualquier cosa, para satisfacerse?
¿O la parte lógica de su cerebro se negaría a dejarle pensar otra cosa que no fuera que se había portado como un idiota por lo que había hecho?
—Soy un idiota —susurró, entrando en la ducha, accionando el agua, obligándose a aguantar el agua fría como castigo. Tampoco era que el clima estuviera tan frío — no era como si hubiera nieve en el suelo. Había habido más de 30 grados toda la semana.
De hecho, el agua tibia era bastante agradable.
—¡Mierda!
Golpeó un azulejo. Pero tampoco tan fuerte como para causar daño. Tenía que encontrar una forma de castigarse a sí mismo, pero ¿cómo?
—¡Más vale que te apures allí! —Gritó Tricie, golpeando la puerta—. Estoy harta de esto, Tom. ¡Tenemos cosas que terminar!
Sonriendo malhumoradamente a sí mismo, Tom cogió el jabón y empezó a limpiarse. Un par de horas siendo reprendido por su prometida, ella poco a poco se volvía menos hermosa a sus ojos, mientras más chillaba, más parecía una tortura.
Sería la forma perfecta de soportar el resto de la tarde, así mantendría sus pensamientos lejos de Bill Kaulitz y los actos homosexuales lejos de su cabeza.
&
Pero a la mañana siguiente, Bill era todo en lo que podía pensar.
Al principio, Tom había despertado con un terrible dolor de cabeza, luego pasó una hora o más, convenciéndose de que no era gay. Se sentía enfermo, enojado y frustrado con toda su existencia.
Luego, recordó los cupcakes y sonrió.
Después de eso, todo lo que pensó fue en lo lindo que era Bill. Lo dulce a que sabía. Lo perfecto que sentía debajo de él.
Tom no le gritó a los otros conductores, no reprobó ningún restaurante y Tom no pensó dos veces en darle al propietario una nueva visita.
Él no era gay. No era gay y no importaba. Ir allí se sentía bien, así que no iba a resistirse.
Después de salir del auto, fue hasta la ventana, levantó una mano hacia el cristal y dio una mirada adentro. El frente del establecimiento estaba vacío, así que caminó hacia atrás. La puerta estaba abierta y se podía oler el olor a pintura fresca.
Tom entró.
—¿Hola?
Hubo un estruendo y Bill salió de la oficina. Estaba vistiendo una playera negra y jeans desgastados y rotos.
Y eso era todo lo que la polla de Tom necesitaba saber. Se endureció en sus pantalones, haciendo que Tom deseara llevar sus papeles como escudo. Él amaba su sujetapapeles.
—Hola —dijo Bill, sonriéndole.
Tom resistió la terrible urgencia de dar un paso al frente y tomar al hombre en sus brazos y besarlo como nunca antes lo habían besado (bueno, como no lo habían besado desde la noche anterior. Ese había sido un beso extraordinario… para un chico del que Tom no se sentía ni remotamente atraído). Pero él no era gay, no tenía sentimientos románticos por la belleza en frente de él y su polla solo estaba… de buen humor.
—Hola… uh… Solo quería pasar por aquí y agradecerte por los cupcakes. Supongo que me olvidé de um… —Tom se rascó la cabeza y se apoyó de un pie al otro, recordando que había sido un completo tarado el día anterior—. Olvidé decirte lo um… estupendo que estaban.
—Gracias —respondió Bill. Había hecho una pequeña investigación sobre el Síndrome de Asperger después de que Tom salió corriendo la noche previa. Ahora entendía un poco mejor el comportamiento de Tom Trumper, aprendió que las emociones podían ser extremadamente sobrecogedoras para él, al igual que las situaciones nuevas y los estímulos físicos. El pobre hombre se había expuesto a los tres juntos, con razón había salido corriendo de la casa de esa forma.
—De… de nada. ¿Estás pintando? —Dah, que pregunta tan estúpida. Bill sostenía un rodillo y tenía manchas blancas en su playera y brazos y una muy pequeña en la mejilla, que estaba a punto de volver loco a Tom. A su polla le gustaba, sip. Dio una sacudida, se estiró y vibró, habría saltado como una colegiala saltando la cuerda, si hubiera podido.
—Sí, estoy pintando la oficina. —Sabía que la comunicación podría ser el mayor problema con gente como Tom. Ellos podían tener relaciones saludables, solo necesitaban un poco de ayuda extra. En realidad no era tan diferente de salir con alguien que hablaba otro idioma—. ¿Quieres ver?
—Claro. —Él quería ver, él quería ver a Bill desnudo, quería ver el rostro de Bill mientras se corría. Lindo. Probablemente lucía muy, muy lindo cuando se corría. Pero eso solo era curiosidad. Lo que Tom realmente disfrutaba era como Tricie lucía las pocas veces que lograba hacer que tuviera un clímax.
Bill entró en la pequeña habitación con un puñado de ventanas pequeñas en lo alto de una de las paredes. Girando, le sonrió gentilmente a Tom Trumper, quien se quedó parado en el umbral y lo miraba desde allí.
Tom estaba seguro que su cerebro se estaba derritiendo. O podría ser que su cerebro estuviera funcionando un poquito mejor. No podía quitar los ojos de Bill y todo en la mente, cuerpo y espíritu de Tom, estaba gritando “¡DESEO!”, y eso congeló cada una de las tuercas funcionales de su centro de proceso de pensamiento.
—Yo, um… —El vientre de Bill se agitó, se movió y dio giros bajo esa mirada. Había más intensidad desbordando de aquel hombre al otro lado de la habitación, de lo que nunca había visto en su vida—. Ya terminé el techo y um… dos paredes más… —Se dobló y bajó el rodillo y dio unos pasos más cerca de Tom Trumper.
—¿Estás bien? —Preguntó Bill, estiró una mano y acunó la temerosa y pálida mejilla.
—¡Creo que te amo!
Salió de la nada. Al principio, Tom ni siquiera estaba consciente de que lo dijo. Entonces, sus ojos se abrieron mucho. Giró abruptamente y cruzó el pasillo hasta el baño, cerrando de un portazo detrás de él. Apenas alcanzó a acertar dentro del baño, al empezar a vomitar todo lo que había comido, todo lo que estaba dentro de él. ¿Qué demonios le estaba pasando?
Paseando de un lado para otro por el pequeño corredor, Bill escuchó como el hombre vomitaba. Estaba en shock por la repentina declaración de ¿amor? ¿Tom Trumper lo amaba? Parte de él quería, saltar, aplaudir, reír, agarrar al hombre y besarlo mil veces. La otra parte quería… saltar, aplaudir y reír, agarrar al hombre y besarlo un millón de veces.
—Oh, va a necesitar agua —se dio cuenta Bill, al escuchar como accionaba el agua del baño. Corrió hasta su auto y sacó una botella del cooler que había llevado y corrió de vuelta, deslizándose por una esquina, justo cuando la puerta del baño se abrió—. ¡Toma! —Le pasó la botella, sonriendo como tonto—. Quiero decir, aquí tienes —dijo con más suavidad, recordando el asunto del Asperger—, te traje un poco de agua.
—Gracias —con la mano temblorosa, Tom tomó la botella y la abrió. Por primera vez, evitó el contacto visual con Bill, mostrando una expresión avergonzada y arrepentida, antes de llevar la botella hacia atrás y beber casi todo el contenido de una sola vez.
—Toma, tengo goma de mascar. —Bill sonrió cuando Tom la tomó, esperando que aquella declaración significara que pronto habría besos. A Bill le gustaban los besos dramáticos, raros y un poco torpes de Tom.
—Gracias. —Partió en pedazos el chicle y lo masticó un momento, tomó otro trago de agua y luego un gran respiro. Bill simplemente se quedó ahí, mirándolo, sonriendo dulcemente.
¿En verdad lo había dicho? ¿Qué estaba pasando con él? Él era un hombre hétero. Okey, tal vez de vez en cuando podría apreciar a un hombre guapo… estudió la expresión paciente y expectante de Bill, sus hermosos ojos llenos de emoción y dejó que esta pelea interna sobre su orientación sexual quedara de lado por ahora.
—Yo… um… lo siento, no quise que… no estoy seguro por qué dije eso —Tom balbuceó, sin estar seguro de qué decir después de ese comentario que, definitivamente no era cierto.
—Mm… okey. —Había una calma en los ojos de Tom Trumper que Bill no había visto antes. Tom Trumper estaba enamorado de él. Podría tener Síndrome de Asperger, así que podría actuar de forma extraña algunas veces y probablemente era perfectamente normal, no saber qué hacer después. Así que Bill fue quien dio el siguiente paso. Literalmente, se acercó, nuevamente acunando su mejilla, que ya estaba recuperando el color, y se inclinó, presionando sus labios, muy gentilmente.
Toda la piel de Tom se puso de chinita ante la presión de los delicados labios de Bill. Un escalofrío recorrió sus hombros y bajó por su espalda, y él solo… respiró.
Tratando de no espantarlo, Bill se separó solo un poco, se movió lentamente hasta que sus pechos se tocaron y lo besó otra vez, emocionándose cuando un brazo enrolló su cintura. Dejando que sus labios se separaran, cuidadosamente, pasó la lengua por sobre los de Tom, sonriendo un poco al obtener un sonidito. Pasó una palma bajo las rastas del hombre, la dejó en la parte de atrás de su cuello y, lentamente, profundizó el beso.
La mano se sentía fría contra la piel de Tom, suave y relajante. Se sentía… linda. La lengua deslizándose, sabía a menta y algo de café. Tenía el nivel perfecto de humedad, el tamaño perfecto, el sabor perfecto. Se encontró a sí mismo disfrutando el no tener que encorvarse para corresponder el beso. Y de pronto se dio cuenta que no le gustaba mucho la forma en que la lengua de Tricie que entraba y salía en un movimiento repetitivo y rápido, como si tuviera un horario exacto.
Bill se inclinó sobre él, exhalando suavemente en la boca de Tom.
Era el beso más suave, lindo y sorprendente que Tom hubiera recibido nunca. Era… hermoso. Cuando Bill se fue hacia atrás, Tom estiró los labios, deseando más. Escuchó una rápida risita y la boca de Bill estaba de vuelta donde la quería.
El momento fue infinito. Hicieron pequeños ajustes; brazos rodeando al otro, sus miembros se buscaban secretamente, sus manos acariciaban y exploraban en detalle. Cada cosa dentro de Tom se rindió ante eso.
El fuerte sonido de un celular, reventó su linda burbuja y todo, decayó. Bill retrocedió y ambos parpadearon cuando volvieron a sus sentidos, pero desilusionados.
—¿Tienes que atender eso? —Preguntó Bill.
Tom negó con la cabeza—. No, es solo mi pro… mi jefe. Le hablaré después. —Lentamente, Bill extendió su sonrisa, que parecía iluminar a Tom con un rayo de sol. Ignorando el zumbido en su bolsillo, que le decía que Tricie había dejado un mensaje, él sonrió de vuelta.
—Eres muy, muy guapo —murmuró Bill, pasando los dedos por la, realmente linda mejilla de Tom Trumper. Soltó una risita cuando ese trozo de piel se sonrojó—. ¿Nunca nadie te lo había dicho antes?
Nadie que importara. Nadie que en realidad lograra que lo creyera. No es que Tom pensara que era feo, él sabía que era atractivo, pero nunca le importó lo que las otras personas pensaran sobre su apariencia. Hasta ahora.
—Sí, supongo. —Sus ojos bajaron hasta los labios de Bill, sus propios labios estaban hambrientos por reconectarse—. Pero nunca antes me importó.
—¿Y ahora? —Preguntó Bill con una sonrisita de lado, cerrando lentamente la pequeña distancia entre ellos.
Tom asintió, mientras retomaba el mejor beso en el universo conocido. Ahora le importaba mucho.
Solo fue una llamada de su verdadero jefe lo que hizo que Tom se detuviera, de lo contrario, habría terminado ese beso una vez muerto de hambre. Renuente, se alejó y miró a los hermosos ojos de Bill.
—Tengo que atender esto —dijo con la voz rasposa.
—Está bien —Bill metió los dedos en el cinturón del pantalón de Tom y cuando él le dio una sonrisita coqueta, todo, desde la polla de Bill hasta su garganta dieron saltitos.
—Hola, habla Tom… —Estiró una mano y acarició el sonriente labio inferior de Bill con su pulgar—. Tal lindo… —susurró—. A ja… sí, lo siento—. Yo, uh, tengo un llanta pinchada. La estoy terminando de arreglar. Los llamaré y les diré que voy en camino… okey… nos vemos.
—¿Estás en problemas? —Preguntó Bill, moviendo sus labios hacia el pulgar.
Tom negó con la cabeza—. Nah, mi jefe es relajado, solo estoy un poco atrasado. —Se inclinó, quitándose su pulgar, y le dio a Bill un beso hambriento, el ronroneo que hizo Bill, casi prendió la polla de Tom en llamas. Dio pasos al frente, caminó hasta que la espalda de Bill tocó la pared más cercana y comenzó a frotarse contra él. Ambos soltaron un gemido.
Tom apoyó una mano en la pared, por balance, planeando follar a Bill en seco hasta que se corriera, o hasta que decidieran hacer algo al respecto como una mamada. Las mamadas eran buenas. Todo su cuerpo estaba vibrando, su corazón se estaba expandiendo al punto de sentir que iba a explotar. Las manos de Bill se aferraron a su trasero, pegándolo más a él. Él quería que… lo deseaba, lo ama…
La mano de Tom bajó y se resbaló hacia un lado. Bill chilló de dolor y trató de llevar una mano a su cara, pero le pegó a Tom cuando la subía. Retrocediendo, para tratar de recuperar el balance, Tom vio que su palma estaba toda cubierta de pintura blanca. Dio otro paso hacia la izquierda y su pie aterrizó en la bandeja de pintura, volteándola y dejando caer pintura en su zapato.
Saltando en otra dirección, se resbaló. Sus brazos hicieron remolinos hacia atrás mientras trataba de sostenerse, pero cayó de culo con un golpe seco.
Bill, que tenía una mano en la boca, donde los dientes de Tom habían mordido su labio, observó cómo se desencadenó el desastre. Cuando Tom, finalmente lazó la vista hacia él, no pudo evitarlo más — rompió en carcajadas.
Tom miró a Bill, sin saber si debía sentirse humillado o enojado porque se estaba riendo de él. Pero revisando toda la escena, concluyó que había sido jodidamente hilarante de presenciar. Se puso de pie cuidadosamente, revisando si había algún daño serio, arrugó un poco el ceño mientras se acercaba al hombre que se reía de él.
—¿Gracioso? —Preguntó con una sonrisa de lado, dándose cuenta lo lindo que se veía Bill cuando reía de verdad.
Bill bajó sus manos y asintió—. Mucho. —Puso una mano en el hombro de Tom y luego, de vuelta detrás de su cuello. Ese se iba a volver su lugar favorito para los cariños—. ¿Estás bien?
—Solo avergonzado y cubierto de pintura. —Bajó la mirada a la sonrisa de Bill y frunció el ceño—. ¡Estás herido! —Alzó la mano y tocó el labio sangrante.
—Ow. —Bill estiró los labios—. Tus dientes me atraparon cuando caíste. —Sonrió y comenzó a reír otra vez. Luego empezó a reír tan fuerte, que se tuvo que inclinar para recuperar el aliento—. Oh, Dios mío, oh, Dios… eso fue tan gracioso.
Tom soltó una risita, dejando de preocuparse por el labio herido de Bill y pasó una mano por el pecho del otro.
Enderezándose, Bill miró hacia abajo, a la franja de pintura blanca en su playera—. ¡Hey! ¡Esta es mi mejor playera! —Miró a Tom—. Si no tuvieras que ir a trabajar, definitivamente tomaría esto como una declaración de guerra de pintura.
—¿Sí? Bueno… tal vez podría regresar más tarde y podríamos terminar esto —murmuró, inclinándose sobre los labios de Bill, dejando un beso sanador.
—¿En serio?
—En serio. Pero ahora tengo que limpiarme.
—Eres un desastre. —Ambos miraron al zapato cubierto de pintura de Tom y Bill rompió a reír otra vez. Tomó la muñeca de Tom, lo sacó de la muralla y lo guió hasta el baño.
—No soy el único —respondió Tom, mirando la linda espalda y el perfecto trasero de Bill, también cubiertos de pintura—. Oh, mierda, está es tu cabello.
Parando abruptamente, Bill llevó una mano hacia atrás y apenas tocó su cabeza, hizo una mueca al sentir la pintura en sus yemas—. Maldición —se alzó de hombros y continuó—. Oh, bueno, ya saldrá. Vamos a dejarte presentable.
Tom observó como Bill lo limpiaba, incapaz y sin tener ganas de despegar su mirada de él ni por un segundo. Él era tan…
Pero en realidad Tom no era gay. Esto solo era un… enamoramiento de un chico hétero. Esos ocurren, ¿cierto?
—¿Quién dijiste que te dejó este lugar? —Preguntó, sus ojos vagaron por los largos y fibrosos brazos, que llegaban hasta unos bellos y bronceados hombros, que llegaban hasta el cuello largo y hermoso y que a su vez, llegaban a la linda cara que hacía que el estómago de Tom se sacudiera.
—Mi Nona. La mamá de mi mami. Ella fue la que me enseñó a cocinar.
—Oh. —Bill tomó su brazo y comenzó a limpiar su palma con un paño limpio. Tom lamió sus labios, repentinamente secos, observando como esas esbeltas manos cuidaban de él. Era tan espontáneamente íntimo, que sentía que todo el cuerpo le picaba, de una forma que decía “tú siempre quisiste esto”. Se levantó abruptamente, evitando, nuevamente, la mirada perpleja de Bill.
—Yo, um… más vale que me vaya. Gracias por todo. —Comenzó a girar, pero una mano en su hombro lo detuvo. Y los labios de Bill, una vez más, estaban tocando los suyos, eran tan suaves como el beso de una mariposa, o de un rayo del sol, o de alguien a quien amas.
Este hombre se espantaba tan fácilmente. La táctica de Bill para calmarlo un poco parecía estar funcionando, pero decidió no presionar, y se retiró con una sonrisa. Estiró una mano y le dio una rápida caricia a la mejilla de Tom.
—Okey, ¿Te veré más tarde?
—Sí —tartamudeó Tom, luchando con la urgencia de gritar a todo pulmón—. Yo… um…
—¿Quieres venir a mi casa a cenar? —Preguntó Bill, utilizando un lenguaje simple y una voz suave. Se iba a convertir en un encantador de Tom Trumper. Iba a domar a este caballo salvaje, aunque fuese una imagen tan cliché como una novela romántica. Se mordió el labio inferior para evitar reír, soltándolo inmediatamente por el dolor. Los dientes de Tom le habían dejado una buena raspadura.
—Sí. —Tom miró a los labios de Bill, deseándolos tanto que todos sus músculos dolían como si hubiera corrido una maratón.
—Okey. ¿A las cinco?
—Sí —susurró Tom, acercándose más.
Viendo lo enfocado que estaba Tom en sus labios, Bill sonrió y le dio un piquito, soltando un sorpresivo—. ¡Eep! —cuando un par de brazos lo rodeó con firmeza. Chocando sus dientes, la boca de Tom empujó los labios de Bill hasta abrirlos, deslizó su lengua dentro y lo apretó contra su cuerpo. El corazón de Bill golpeó en su pecho ante el beso torpe y un poco brusco, pero muy apasionado.
Tom quería arrastrar al bello Bill hasta el suelo y frotarse contra él, besándolo hasta que ambos estuvieran jadeando por aire y corriéndose el uno con el otro.
Pero tenía que volver a trabajar. Y además, él era hétero.
Obligándose a separarse de la boca de Bill, dio un paso atrás, secando sus manos húmedas en sus pantalones—. Mejor me voy. —Rogó que su erección no fuera muy evidente. Porque el hecho de que tuviera una no significaba que… los ojos de Bill eran tan hermosos.
—Okey. Tom Trumper, nos vemos a las cinco.
Asintiendo, Tom giró y fue hasta la puerta.
Durante todo el camino hasta su siguiente asignación del trabajo, se negó a pensar en su prometida, su boda inminente, el dilema con su orientación sexual, o cualquier cosa que lo estresara. En lugar de eso, cantó junto a la estación de rock clásico y pensó en Bill.
& Continuará &
Ah, pobre Tom, ¿no te das cuenta que en verdad te enamoraste el futuro propietario? ¿Quién quiere seguir leyendo? Ya nos queda muy poco. Besos y gracias por venir.
