6: Decorado de Caramelo

Y hoy, Tom Trumper, inspector de salud, probará los cupcakes de Bill. ¿Le gustarán? ¿Será lo único que pruebe de Bill? (Se sonroja)  ¡A leer!

Fic Twc/Toll escrito por MIZU. Traducido por MizukyChan

Capítulo 6: Decorado de Caramelo

Una hora más tarde, la pequeña cocina de Bill era oficialmente una zona de desastre. Pero olía de forma celestial. Había hecho tres diferentes tipos de masas y ahora estaba trabajando en el segundo intento para el primer glaseado.

Música clásica sonaba fuerte en su radio. Se supone que lo ayudaría a relajarse y a darle ideas mientras trabajaba. Sin embargo, Rachmaninoff, le estaba dando un dolor de cabeza.

¿Por qué no está tomando consistencia? ¡Arhg! —Puso la batidora en el bol y giró para apretar los botones de su radio, sus dedos pegajosos dejaron huellas en el plástico blanco— ¿Dónde está el otro…?

Sonidos más relajantes de Pachelbel sonaron por los parlantes. Bill tomó una respiración profunda y subió el volumen. 

Okey, probablemente tiene demasiado jugo… —Tomó el azúcar granulado y comenzó a agregar más al bol.

Después de otra hora, los pasteles estaban listos y enfriándose. Los tres glaseados estaban completos, la cocina estaba lista, Bill era un desastre cubiertos de azúcar y harina y tenía el tiempo justo para arreglarse. Salió de la ducha y se quedó congelado frente a su closet.

Hubo un golpeteo en la puerta y se abrió con un sonido de campanas de viento que Bill había colgado en el pomo.

¿Yam?

Aquí.

Hey… —Su hermana entró a la pequeña habitación—. ¿Tienes una cita o algo así? —Preguntó ella, sentándose en la cama.

Sí. ¿Qué me voy a poner? —Ya tenía puestos los bóxer negros, así que los pantalones debían ser oscuros. Miró sobre el hombro a su hermana—. ¿Crees que jeans negros y una playera negra, es demasiado negro?

¡Yam, qué clase de oración racista es esa!

Bill rodó los ojos—. Vamos, Char. ¡Ayúdame!

Oh, por el amor de Dios, Yam. —Ella se puso de pie y fue hasta el closet y comenzó a mirar entre sus playeras—. Más vale que me guardes un poco de lo que sea que has estado cocinando aquí. Huele increíble. —Ella sacó una camisa azul y la volvió a guardar—. Y Gussie, estoy seguro que él lo apreciaría también.

Él no me está ayudando aquí. No, esa camisa no, es la de mala suerte.

Ella volvió a guardar la camisa roja sin preguntar—. ¿Qué tal esta?

Ambos estudiaron la camisa azul marino de manga larga—. ¿Tú crees? —Preguntó Bill—. ¿Con los jeans negros?

No, usa los jeans azul. Y sí, definitivamente esta camisa.

Okey. Gracias, Char. —Le dio un beso en la mejilla y sacó un par de jeans de color azul.

¿Quién es el chico? —Preguntó ella, volviéndose a sentar en la cama.

Tom Trumper, inspector de salud del condado —murmuró, poniéndose la camisa.

Oooh, suena como el inicio de una verdadera novela romántica. Mamá estaría tan orgullosa.

Sí, okey. Da igual. ¿Char? —Se sentó junto a ella en la cama—. ¿Crees que está bien salir con alguien que tiene una discapacidad mental?

Ella miró a su hermano un momento—. Claro, no creo que eso lo detenga. Quiero decir, tú estás bastante cerca de ser normal.

Achinando los ojos, él le dio una palmada en el brazo—. ¡No habrá cupcakes para ti! Y ahora, hablando en serio, ¿lo crees?

¿Estás hablando en serio? ¿Qué tiene de malo el chico, Yam? —Preguntó Char, con curiosidad, pateando sus sandalias para subir las rodillas y envolviéndolas con sus brazos.

No lo sé. Creo que tiene una forma muy leve de Síndrome de Asperger. Él es muy, muy, muy raro socialmente.

Ella se puso a reír—. Tal vez es solo el efecto que tú tienes sobre él. —Ella estiró la mano y acarició sus cabellos—. Eres bastante lindo, ¿lo sabías?

Él alejó su mano de un manotazo, riéndose—. ¡Córtala! Y sí, sé que soy bastante lindo. ¿Pero si de verdad tiene Asperger o algo así? —Pasó sus manos por su cabello mojado y dio una mirada al reloj en la mesita junto a la cama—. No importa. Tienes que irte. —Saltando, sacó a su hermana de la cama y le dio un empujón—. Alimenta a Aquiles por mí, ¿por favor?

¡Yam! —Se quejó ella—. Vamos, déjame ayudarte con el maquillaje. Necesito algo de tiempo de hermanos.

No oh, no me venderás ese cuento —continuó empujándola hasta la puerta—. Solo quieres saber más sobre Tom Trumper. Ve y alimenta al conejo.

Uuuhhhggg. No quiero. ¡Cuéntame sobre el insperctorrrrrrr! —Ella se agarró del marco de la puerta, resistiendo los empujones de su hermano.

¡No sé nada más! ¡Nosotros… ohhh… solo nos conocimos! —Él dobló sus dedos, aflojando su agarre y la empujó. Char aterrizó sobre su trasero en la entrada y Aquiles, dando botes, saltó sobre ella—. ¡Aliméntalo! —Mandó Bill, cerrando la puerta de un golpe.

¡Yam! Maldito conejo gordo… —Los reclamos de Char se oyeron por la ventana abierta.

Maquillaje. —Girando, Bill corrió ocho pasos hasta el baño y se miró a sí mismo en el espejo—. ¿Suave o dramático? —Ladeo la cabeza—. Tal vez dramático será demasiado para él… pero… —sonrió a su reflejo—, quizás le guste.

&

 No, Tricie, ya te dije, no llegaré tarde. Georg solo quiere comer algo… No. ¡NO me voy a emborrachar! ¡Quítate del camino cara de poto!

Tom lanzó maldiciones al conductor incompetente que había usado su señalizador, pero que siguió de frente, a una distancia prudente. Aun así, era el carril de TOM. Apenas aguantó las ganas de mostrarle el dedo y acercar su auto un poco más amenazante. Pero sí lo miró bien feo.

Inútil pedazo de… Sí, estoy escuchando… A ja. Lo sé. Mira, Georg sabe que no me dejarás tener una despedida de soltero, así que él… No. ¡NO te estoy culpando! Tú eres la que me dijo que… No. ¡Estás equivocada!…….. Tricie, escucha, yo… —Tom exhaló un suspiro molesto. Su hermosa prometida lo estaba sacando de sus casillas—. Dios. ¡Maldita luz roja! —Gritó—. Lo siento, lo siento… ¡dije que lo siento!…. ¡No estoy tratando de dejarte sorda!…… Yo…..  voy a…. Tricie…… podrías….. ¡Aaahhh!…… No llegaré a  casa después de las ocho. Te veo entonces. Adiós.

Colgando, arrojó el teléfono en el asiento del pasajero—. ¡Maldita sean las jodidas prometidas! —Le dio golpes al volante. Dándose cuenta que le estaba empezando un horrible dolor de cabeza, encendió el aire acondicionado, subió el volumen de la música “New Age” y trató de calmarse.

No podía estar en ese estado en una ci… en la reunión con Bill. Bill Kaulitz. Inmediatamente, imágenes del rubio alto y hermoso, llenaron la mente de Tom y sonrió. Bajó la velocidad. Se detuvo en una luz amarilla. Su ritmo cardiaco se calmó a un agradable y profundo latido. Sus dedos se relajaron, sus brazos se relajaron, los músculos de su cuello se soltaron y Tom, gentilmente, pisó el acelerador cuando la luz volvió a ser verde. Dejó que otro conductor se pusiera antes que él.

Se preguntó por los cupcakes de Bill Kaulitz. Podría haber pensado también, un poco en los labios de Bill, pero no de forma gay. El hombre tenía una boca linda y para Tom estaba bien pensar de esa forma.

Tom no sabía cuánto tiempo había pasado y no estaba muy preocupado por eso. Cuando le dio una mirada al reloj del panel del coche, vio que estaba justo a tiempo mientras se estacionaba frente a una linda casa con estilo de cabaña. Cogió la botella de vino que había comprado (no era una botella de vino de “cita”, era una botella de vino de “gracias por haberme invitado”. No había nada gay en ser educado, ¿o sí? Bueno, Tom no se iba a preocupar de eso ahora. Estaba demasiado emocionado por ver a Bill), salió del auto y caminó por la pequeña vereda que daba a un costado de la casa.

¿Hola? —Llamó, abriendo la reja de madera blanca—. Supongo que es en la parte de atrás… —cerró la puerta detrás de él y caminó hacia el patio. Sus ojos captaron algo y miró a la ventana de la casa principal, donde una mujer lo miraba. Ella sonrió y desapareció detrás de la cortina—. Ah…

Justo cuando vio la casa de invitados, vio a un perro de mediana estatura que venía hacia él.

Hola amiguito… ¡oh, mierda! —Tom retrocedió varios pasos, lejos de la criatura—. ¡Qué demonios es eso!

Eso” se detuvo en frente de él, se sentó en sus patas traseras y olfateó el aire a un par de pies de distancia.

¡Jesucristo!

¡Aquiles, ven aquí!

Tom quitó los ojos del monstruo y miró al otro lado del patio, donde Bill estaba de pie, con las manos en las caderas y las cejas apretadas sobre los ojos.

¿Aqu… Aquiles? Lindo, uh… ¿lindo…?

Conejo, lo siento. —Acercándose, Bill se agachó y el animal dio saltos hasta él—. Aquí tienes. —Le dio al conejo una gran zanahoria y una palmada en el trasero antes de levantarse—. No muerde. La mayoría de las veces.

A ja. —Tom lo quedó mirando—. ¿Es un conejo? ¿De verdad?

Es un Gigante Flandes.

Jesús y ¿cuánto… él…?

 —Veintiséis libras, la última vez que lo pesé. —Bill le estaba sonriendo a Tom, quien todavía estaba pegado con el enorme conejo café-anaranjado.

¿Aquiles? —Preguntó Tom, finalmente mirando a Bill. Su corazón había saltado en trampolín hasta su garganta. Bill estaba usando maquillaje. Tragándose de nuevo el órgano hasta su verdadero lugar, Tom lamió sus labios, repentinamente secos. Él era hermoso. Muy, muy hermoso.

Sí, como el “talón de Aquiles”. Tengo debilidad por las cosas lindas, como los cachorros de conejo o… —Los Tom Trumper—. Vamos, los cupcakes están listos. —Girando, antes que su invitado notara sus mejillas sonrojadas, Bill lo guió hasta la puerta.

Tom sí notó sus cachetes, los observó balancearse, admirando la curva bajo la apretada tela. Se dijo a sí mismo que le gustaba el corte del pantalón. ¿Era demasiado gay apreciar los cortes de ropa?

Esta es mi casa —dijo Bill, entrando en el living. Sonrió una vez más, mirando como Tom se paseaba lentamente de un lado a otro—. ¿Trajiste vino? —Como en una cita, una verdadera cita. La sonrisa de Bill se amplió.

Oh, um… —Tom dejó sus brazos rígidos a sus costados, y trató de no mirar al hombre hermoso. ¿Acaso tener una erección por mirar a otro hombre lo volvía…?

Gracias, lo pondré en el refrigerador para que se enfríe. —Que Tom Trumper fuera patoso lo hacía más lindo, pero sería agradable si se pudiera relajar un poco. Quizás el vino ayudaría. Lo pondría en el congelador, para que se enfriara más rápido—. ¿Te quieres sentar? —Señaló a  los pisos que estaban junto a la barra de su cocina.

Gracias. —Solo le tomó cinco pasos. El lugar era pequeño, pero estaba limpio, ordenado y agradablemente decorado—. Me gusta tu casa. ¿Quién vive en la casa principal?

En el fregadero, Bill le dio una rápida lavada a sus manos, luego giró, secándoselas. Se inclinó en el otro lado de la mesa—. Gracias. Mi hermana, Charlotte, y su esposo, Gus, el troll enojón, viven allí. Mi mamá es la dueña de la propiedad, pero ahora está viviendo en Inglaterra con su marido.

¿El troll enojón?

A ja. —Se enderezó. Bill se agachó y sacó un plato con cupcakes de otro de los muebles y lo puso en frente—. Le va a tomar un  par de minutos al vino enfriarse. ¿Quieres un poco de té helado?

Claro, té está bien. —Tom se las arregló para quitar los ojos del hermoso Bill y estudió los cupcakes—. Lucen realmente sofisticados. ¿Fuiste a la escuela para aprender?

Sip. Ni siquiera hubiera intentado poner un negocio, si no supiera como cocinar profesionalmente. Eso habría sido un suicidio financiero, ¿no es así? —Puso un vaso alto de té sin azúcar frente a Tom, observando como miraba los dulces.

No tienes idea cuántas personas lo intentan —dijo Tom, topándose con los ojos avellana de Bill otra vez—. Eres tan lin… —Oh, oh—. Entonces, uh, creo que has empezado bien —agregó rápidamente.

Las mejillas de Tom Trumper se pusieron rojas. Era increíblemente lindo y Bill suspiró feliz.

Eso espero, veamos qué piensas después de probar estos. —Él tomó el primero, lo puso en un platito y lo deslizó hacia Tom.

Los ojos de Tom pasaron de Bill al cupcake y de vuelta a Bill. Luego lo tomó y quitó el envoltorio.

Huele bien —dijo suavemente, antes de abrirlo más y darle una mordida.

Bill suspiró y sonrió, esperando. Hubo una pausa y luego los sonidos de apreciación se dejaron sentir.

¡Mm… mmmm! —Tom dio otra mordida—. ¡Mhm! ¡Maigaaa! ¡Mmmm! —Tragó y miró a Bill con los ojos muy abiertos—. ¿Qué es esto? —Logró preguntar antes de dar otro bocado.

Es uno liviano, por el verano. Limonada rosada con glaseado de sandía. Lentamente dio una vuelta a la mesa y se acercó a Tom, viendo como sus párpados se cerraban de gusto al dar otra mordida.

Mmm… mm sorprendente. —Lamió el final del glaseado—. Sandía… mmm. —Puso el último trozo de pastel en su boca y dejó que se derritiera en su lengua, con los ojos cerrados—. Mmm, tan húmedo…

Bill observó como las facciones de Tom se deslizaban de una expresión de euforia a otra. Él era muy atractivo, Bill deseaba montarlo justo aquí y ahora. Por besos. Aunque la imagen de montarlo desnudo también se le ocurrió. ¿Sería este el hombre con el que perdería la virginidad? ¿Duraría lo suficiente este capricho como para llegar a ese nivel de intimidad? Viendo como Tom lamía los restos de glaseado de las orillas de su boca, Bill esperaba que sí. Como deseaba que lo lamiera de esa manera.

Toma.

Parpadeando hasta abrir los ojos, Tom vio que sostenía el vaso de té frente a él y lo tomó— Gracias. —Sin azúcar y con sabor a limón, era el balance perfecto para la dulzura del postre.

Ahora prueba este. —Bill puso un segundo cupcake en el plato y dio unas palmaditas, nervioso por la anticipación.

Tom bajó el vaso medio vacío y tomó el nuevo dulce, quitando el envoltorio. Dio una mirada a la hermosa cara de Bill y tuvo las ganas de arrojar el cupcake por encima de su hombro y agarrar al hombre para darle el beso de su vida, pero se resistió y le dio una mordida al pastel.

Observar el rostro de Tom Trumper era lo mejor del mundo. Pero verlo enamorarse de sus cupcakes era todavía mejor. Los ojos del hombre rodaron hacia atrás, batió las pestañas y un largo y ronco gemido brotó de su pecho.

Bill esperó hasta que diera un par de mordidas y observó cómo trataba de adivinar qué sabores eran—. Es un pastel de miel de pera con glaseado de queso azul.

Oh, Dios mío —exclamó Tom, dando otra mordida—. Mhm es mm ssoooprendente. Buth thughn ah urmur muthud.

Gracias.

Este le hizo imposible concentrarse en nada más que en los sabores que explotaban en su boca. ¿Glaseado de queso azul? El tostado era… y la pera… la miel no era simplemente dulce, sino un honesto sabor a miel. Era tan bueno que la polla de Tom se puso más gruesa. Bajó la velocidad, queriendo saborear los últimos dos trozos, mirando decepcionado el papel vacío del envoltorio una vez que terminó.

Hay uno más. Toma, ya llené tu vaso. —La voz de Bill era tan suave, pero en realidad quería estar saltando por toda la habitación. Tom Trumper se iba a enamorar de sus cupcakes y luego, tal vez, ¡se iba a enamorar de él! Parecía el curso natural de acción.

Tom no estaba seguro de querer lavar el increíble sabor de su boca, pero lo hizo, y estuvo a punto de vaciar el vaso de un solo trago. Lo dejó abajo y aguardó por la siguiente experiencia. Bill deslizó el plato lentamente y Tom observó el último cupcake aproximarse, mientras su boca se llenó anticipadamente de saliva. Estaba listo.

Quitando el envoltorio con cuidado, Tom le dio una mordida, sintiéndose más sereno de lo que nunca se había sentido en la vida. Nuevamente, cerró los ojos. La experiencia con su último cupcake comenzó. Casi se cayó del asiento.

Este es un pastel con crema de leche de chocolate negro con relleno de crema de mora y glaseado de crema de leche de lavanda y mora —susurró Bill, dando un paso más cerca.

Era el cielo. Era sexo y hogar, emoción y alegría, y una increíble tranquilidad, todo en uno. Era amor. Tom bajó el centro del universo a la mesa y se puso de pie frente a su creador.

Bill arrugó el ceño—. ¿No te gustó?

Su pregunta fue interrumpida cuando un par de brazos lo rodeó y unos labios chocaron con los suyos—. ¡Mph! —Una lengua fisgoneó en la boca abierta de Bill, demandando acceso, comenzando el beso antes de que Bill estuviera listo. Levantando los brazos, los mantuvo así un segundo, antes de ponerlos en los hombros del otro un poco inseguro. Lo había pillado totalmente desprevenido y le tomó un par de segundos adaptarse al apasionado beso del hombre con sabor a chocolate.

Cuando los labios de Bill se abrieron y sus brazos estuvieron a su alrededor, Tom gruñó, luchando con la ola de vértigo que amenazaba con arrojarlo al suelo, así que apretó su agarre. Esos cupcakes le habían hecho algo, abrieron una puerta, desataron una fuerza que había mantenido oculta y encerrada en un calabozo. Tenían que ser los cupcakes.

Quejándose cuando los dientes de Tom volvieron a chocar con los suyos, Bill trató de retroceder un poco, para respirar, para calmar un poco las cosas. Su corazón latía tan fuerte que lo estaba poniendo nervioso. Pero la lengua de Tom Trumper se metió más profundo. No parecía tanto un beso apasionado, sino más bien un deseo desesperado. Bill se dio cuenta que era un poco triste y su corazón comenzó a calmarse.

Tom lo necesitaba.

Acariciando las rastas del chico, Bill se relajó en el abrazo, dejándolo tener un control total. Se sentía bien ser abrazado de esa forma, con los fuertes brazos de Tom Trumper alrededor, sosteniéndolo firme, con tanto anhelo. Bill pensó que podría llorar.

Estaba tan feliz.

Tom empezó a caminar a ciegas en dirección del sofá, sin dejar de besar aunque fuera un poquito. Bill era sabroso, era sabroso… y se sentía increíble en sus brazos. Tom ignoró el taburete del bar mientras caía al suelo, tras chocar con él. El cuerpo de Bill era tan delgado, tan alto y tan ideal. La mesita del café sonó cuando la pantorrilla de Bill chocó con ella. Hubo un sonido de cristal quebrándose, tal vez de una lámpara que cayó.

Pero Tom continuó. Necesitaba acostarse antes de caer bajo el peso de un paradigma de proporciones épicas. Al menos, Bill comenzó a sentarse, con los brazos todavía a su alrededor y con sus labios unidos. Tom lo siguió hasta que estuvieron abajo y Tom comenzó a frotarse contra él desesperada y descontroladamente.

Bill podía sentir la erección de Tom Trumper embistiendo contra su muslo. Esto era extraño, bastante repentino, un poco incómodo y lo más maravilloso que Bill hubiera sentido. Accidentalmente mordió la lengua de Tom y retrocedió un poco para disculparse, pero la demandante boca sobre la suya, no lo dejó escapar ni por un segundo. Aparentemente un poco de dolor y un poco de sangre no lo detendrían. Así que Bill se movió, des-contracturando su espalda y dejó que el hombre lo embistiera. La erección del mismo Bill pareció no importar.

Una mano estaba agarrando su cadera huesuda y con la otra mantenía pegado a Bill abajo. Tom retiró su lengua, pero mantuvo pegados sus labios, besando la suave boca de Bill, una y otra vez. Él amaba la boca de Bill; tenía la boca más hermosa y dulce del planeta y Tom la amaba. El cuerpo debajo de él era flexible y sus caderas subían para corresponder sus embestidas. Bill gemía. Bill se quejaba. Las uñas de Bill se enterraban en su piel.

Tom se corrió.

Los movimientos encima de él se detuvieron repentinamente, mientras Tom Trumper se ponía completamente rígido. Apenas hizo un sonido al eyacular y Bill se preguntó si toda la gente con Asperger tenía orgasmos silenciosos. El clímax de Bill estaba tan cerca, estaba justo ahí, justo… casi… todavía no… Tom comenzó a moverse y Bill trató de sujetarlo en ese lugar, abrazándolo, frotándose contra él, llegando al precipicio… y luego Tom no estaba.

Sus labios se sintieron entumecidos por la repentina separación. Sus brazos todavía estaban en alto, abrazando, pero no sostenían ningún cuerpo. Su polla todavía punzaba y dolía. Parpadeó hasta abrir sus ojos, miró hacia arriba, a Tom Trumper, quien lo miraba hacia abajo, en un completo shock.

Lo siento… —dijo Tom con la voz ronca.

Uh…

Y Tom corrió hacia la puerta. La abrió y salió corriendo. Bill se sentó, escuchando el sonido de pisadas contra el pasillo de ladrillos.

Ups, lo siento, conejo.

Perplejo, Bill escuchó el sonido de la reja abrirse y ser cuidadosamente cerrada. Luego el sonido de la puerta de un auto siendo azotada y el motor encendiendo. Y el sonido de las llantas, saliendo a toda velocidad.

Que. Demonios.

&   Continuará   &

Tom le echó la culpa a los cupcakes por su repentino ataque de calentura XDD ¿Pero qué pasará ahora? Solo hay una forma de averiguarlo y es continuar con la lectura. Están invitados. Muchas gracias por venir.

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