5: Merengue de Limón

En el capítulo anterior vimos que Tom decidió ocupar unos minutos libres de su trabajo para darle una visita improvisada al guapo propietario de la futura pastelería. ¿Qué pasará en este encuentro? ¡A leer!

5: Merengue de Limón

Fic Twc/Toll escrito por MIZU. Traducido por MizukyChan

Capítulo 5: Merengue de Limón

Bill se levantó temprano y llegó al trabajo para fregar la cocina desde las seis AM, comenzando por el refrigerador. No quería que Tom Trumper viera nada que no estuviera brillante en la siguiente inspección. Había llamado a un técnico, para que reparara la puerta y otros electrodomésticos, al día siguiente. Luego, Bill iba a comprar unos galones de pintura blanca y brillante. Las paredes se habían vuelto de un amarillo enfermizo durante todos esos años de frituras. Pasó un dedo por la pared detrás de la cocina e hizo una mueca. Tendría que restregar bien eso antes o la pintura terminaría cayéndose a pedazos.

Bien, okey, era bastante trabajo. Pero no iba a dejar que eso lo deprimiera. Podría limpiar hasta que sus uñas se cayeran (Volverían a crecer, volverían a crecer, volverían a crecer lindas y podría volver a pintarlas. ¡Volverían a crecer!) Podría pintar cada centímetro cuadrado del edificio (lo cual le ayudaría a tonificar un poco, incluso tal vez, podría escaparse del gimnasio un par de semanas. Gracias a Dios. Los chicos del gimnasio se habían vuelto decepcionantemente idiotas. Él solo empezó a asistir porque Charlotte alegó que allí conocería a alguien, ya que había escuchado que los gimnasios estaban llenos de chicos gay. Continuó asistiendo porque uno: todavía tenía la estúpida esperanza de encontrar material decente para una buena cita y dos: porque disfrutaba la nueva definición que habían adquirido sus brazos de espagueti).

Poniendo más fuerte la radio, cantó sin aliento mientras retomaba su trabajo, fregando.

Pasaron horas. Bill arrojó cubeta, tras cubeta de agua casi negra, por el fregadero. El refrigerador estaba listo, cada rincón había retomado casi una nueva condición. Se metió detrás del monstruo y casi vomitó al ver otro ratón muerto y varias cucarachas de múltiples patas.

El horno estaba casi listo. Bill estaba cansado, sudado y mugriento. Parado derecho, apoyó la espalda en la pared con un gruñido y se quitó los guantes amarillos de goma.

Ohhh, Dios mío. —Se quitó el pañuelo blanco que su hermana le prestó para el cabello, lo dejó bajó el agua fresca que corría por el fregadero, lo estrujó y se lo volvió a poner—. Nona, espero que esto valga la pena —murmuró, mirando por la pequeña ventana hacia el deprimente estacionamiento de la parte de atrás—. De verdad te extraño.

Después de un suspiro de dolor, tomó un gran trago de agua de la botella que había llevado y la bajó con un golpe.

Más vale que Tom Trumper quede impresionado —demandó a nadie, dando una mirada a la habitación. Había un avance impresionante desde hace un par de días atrás—. Espero que lo esté —susurró, pasando la mano por un mueble impecable—. Espero que quede tan impresionado, que me invite a salir.

Bill había pasado toda la mañana soñando despierto con Tom Trumper. Esas horas para fregar, probaron ser el ambiente perfecto para meditar sobre ese bello y raro extraño. Extraño, pero atractivo. Atractivo. Sexy. Sabroso.

Mhm, sí, fue muy sabroso. —Bill volvió  a ponerse los guantes y agarró otra cubeta, poniéndola en la pila, para llenarla de agua fresca. Y pensó en el inspector.

La última cita de Bill había sido seis meses atrás, con un chico del gimnasio. Supo antes de que siquiera empezara, que no iban a llegar a ninguna parte. Bill solo había dicho que sí, porque se sentía solo y desesperado y, bueno… ¿necesitaba más razón que esa? El último chico con el que salió que en verdad le gustaba había sido…

Marc. —Metió un paño en la cubeta, que sacó de la pila con un gruñido y se dirigió hasta la despensa. Marc de febrero del 2012. Marc, quien parecía perfecto, maravilloso. Marc, quien parecía hecho a mano, por lo guapo. Marc, quien hacía sentir venerado a Bill.

Marc, quien aparentemente hacía sentir a muchos chicos y chicas de la misma forma. Marc, quien se sintió perturbado cuando Bill se negó a tener sexo anal. Pero aun cuando estaban en su tercera semana, Bill tenía esta molestia en un rincón de su mente que le decía que había algo raro con el señor perfecto. Con el señor Hermoso/Divertido/Dulce Y Perfecto.

Señor lame culos. —Parado en un piso pequeño, Bill limpió los muebles altos. Completamente acostumbrado a los bichos muertos, ahora—. Señor, vamos Bill, es solo sexo. Señor, en verdad me gustas, deja de ser tan mojigato. —Nona le había dicho que el tipo era un “picado de la araña”. Bill sabía que debió haberla escuchado. Pero Marc… había sido tan… guapo.

Antes del señor lame culos, había tenido un novio un par de meses. Sean. Le gustaba Sean. Y Sean lo quería. Pero Sean era Caporal Sean McMahon y el ejército lo había reclamado.

Estúpido ejército. —Dos estantes limpios, faltaban tres. La despensa era enorme, lo cual era un alivio. Una cocina pequeña se podría haber arreglado, pero no podía tener problemas con el almacenaje.

Se preguntó, cuando llegó al último estante, si Tom Trumper estaba saliendo con alguien.

¿O… sería un chico o una chica? —Se preguntó, dándose cuenta por primera vez, que el inspector podría ser bi. Esperaba que no. Los bisexuales, en su opinión, eran más propensos a engañar y siempre tenían una preferencia por uno o el otro. Así que si Tom Trumper era bi, probablemente le gustaban más las mujeres. Y si él y Bill comenzaban a salir, probablemente, Tom Trumper lo engañaría en el segundo año. Quizás antes.

La fantasía que Bill había pasado toda la mañana creando en su mente  —la primera cita, el primer beso, conocerse el uno al otro, más citas, enamorarse, mudarse juntos, ser felices—, se derrumbó.

Los hombres son unos idiotas —tarareó junto a una canción de los Red Hot Chili Peppers—. Jodidos idiotas. —Terminó con la despensa, tiró la cubeta de agua, imaginando que sus deseos románticos se iban dando vuelta por el desagüe como aquella agua negra.

Por sus ilusiones, ahora aburridas y depresivas, le tomó un momento darse cuenta que había alguien tocando la puerta del frente.

Oh, mierda… ¡Ya voy! —Cerró el agua y corrió fuera de la cocina. Se detuvo de golpe. Era Tom Trumper, el hombre que probablemente iba a romper su corazón.

Bill no pudo evitar la enorme sonrisa que se dibujó en su boca, aun si se hubiera engrapado un ceño fruncido. Llegó hasta la puerta y la abrió.

¡Hola! —Exhaló. Dio un paso a un lado, para dejar pasar al inspector. El inspector — más guapo — de lo que recordaba.

El inspector que se suponía le había dado cinco días más para arreglar el lugar. Bill arrugó el ceño—. ¿Por qué estás aquí?

Tom arrastró los pies, con las manos en los bolsillos, no estaba acostumbrado a estar sin su escudo—. Yo, uh… estaba en el área. Pensé que podría ver cómo… cómo van las cosas. —Le dio a Bill un par de miradas incómodas. El propietario era un desastre sucio y sudoroso. La polla de Tom dio un bote. Un sucio, sudoroso, sexy y hermoso desastre. Tragó y miró el suelo.

Oh, um… bastante bien, de hecho. —Bill dejó que la puerta se cerrara mirando la hermosa cara de Tom Trumper. ¿Se estaba sonrojando? El inspector era la persona más socialmente extraña que había conocido. Decidió investigar un poco sobre el Síndrome de Asperger esa noche—. ¿Te gustaría ver?

Tom asintió, dándole a Bill una mirada de costado.

Okey… mm. —Bill soltó una risita incontrolable—. La cocina está por aquí. —Tomando la delantera, se dirigió hacia la parte de atrás, dando definitivamente un vaivén a sus caderas. Tal vez esa era la clase de movimiento en el que la gente con Síndrome de Asperger se fijaba. Dio una mirada por sobre su hombro. Sí, los ojos de Tom Trumper estaban pegados en su trasero.

Va a venir un chico mañana a reparar el refrigerador —dijo, empujando la puerta giratoria y sosteniéndola para el inspector—. Y alguien revisará el horno.

Tom entró a la cocina y dio una mirada alrededor. Y otra más. Fue hasta el centro de la habitación y giró lentamente, notando el refrigerador impecable y la cocina brillante. Doblándose, dio una rápida revisión a los muebles y al fregadero. Se enderezó y miró a Bill, cuya linda cara esperaba ansiosa su veredicto. Tan lindo. El corazón de Tom dio unos fuertes latidos contra su caja torácica.

Wow —dijo suavemente—. Tú, uh… —giró levemente, volvió a mirar alrededor—, en verdad le has puesto mucho trabajo a esto. Es como un lugar completamente diferente. —Lentamente, la sonrisa que se ampliaba en el rostro del propietario, provocó cosas extrañas en el cuerpo de Tom, enviándole una onda de excitación por todas partes.

¿Acaso le gustaba a Tom Trumper? El hombre se vio completamente boquiabierto por un segundo. La sonrisa de Bill creció todavía más. O tal vez solo estaba en shock por lo limpio que estaba el lugar. Pero aquellos ojos café se quedaron pegados en la boca de Bill. ¿Acaso estaba pensando en esa mamada?

Bill soltó una risita nerviosa. Okey, ahora él estaba pensando en la mamada. Junto las manos frente a su entrepierna, antes que su polla pudiera hacer algo potencialmente vergonzoso.

Gracias, pero todavía queda mucho por hacer. Voy a comenzar a pintar, espero hacerlo pasado mañana. Creo que pasaré otro día fregando, luego le daré a todo una nueva mano de desinfectante, ¿y debería estar bien?

Esa boca se movía de forma tan linda, la sonrisa todavía curvaba las orillas mientras hablaba. Tom podía ver una chispa de emoción en los ojos del propietario. Y su cuello era tan largo. La playera que vestía estaba prácticamente colgando por uno de sus hombros. Un hombro muy pálido. Los ojos de Tom volvieron a subir hacia esa hermosa cara y se dio cuenta que el hombre estaba esperando una reacción.

Oh… —Le dio una pequeña sacudida a su cabeza, luego giró y caminó por la habitación, revisando un par de orillas para distraerse a sí mismo—. Sí, hiciste un gran trabajo. ¿Qué… de qué color vas a pintar? —Preguntó, notando el mohoso color beige con que las paredes estaban actualmente pintadas. O era grasa.

Blanco brillante. Muchas cosas serán diferentes, eventualmente. Quiero cortar esta pared. —Bill caminó hacia Tom, parándose justo en frente de él—. Por aquí —señaló—, y pondré un mueble a la vista, porque quiero poner una máquina de cappuccino-expreso.

A ja —Lindo, lindo, lindo, lindo, lindo—. Uh… ¿pensé que iba a ser una pastelería? —Labios, labios, labios, labios, labios.

Bill batió sus pestañas tímidamente al inspector—. Bueno, me di cuenta que quería un lugar como un café, donde la gente pueda venir y sentarse por horas, tal vez se volverán clientes habituales, esa clase de cosas. Pero una pastelería también.

Tom asintió, tratando de mantener la mirada en ese par de ojos avellana—. Eso es bueno. El único café en el área es el Starbucks.

Ambos hicieron una mueca.

¿Si digo que odio el Starbucks, eso me haría menos norteamericano? —Susurró Bill, ahora mirando los labios de Tom.

Eso creo. El gobierno podría ponerte en un campo de rehabilitación. Creo que no tenemos permitido odiar al Starbucks.

Su café es el peor.

A ja. Lo odio.

Ambos miraron la boca del otro, ambos estaban a una pulgada de besarse, cuando el celular de Tom chilló con un tema de AC/DC, “Balls to the Wall”.

Tricie.

Él lo ignoró, pero el momento se había roto. Bill había dado un paso atrás. Y Tom vio como esos bellos labios se alejaban, sintiendo una gran pérdida en medio del pecho.

Entonces… sí… —Tom pasó una mano por su pecho y la dejó caer—. Deberías pasar a mirar las regulaciones en la página web del condado. Como, ah, que debes tener la comida almacenada al menos a seis pulgadas del suelo. Eso está en el código tres guión, cinco punto once. Y nada de joyas mientras cocinas. Tres guión, tres cero cinco punto once B. Y no te olvides de poner nombres a los contenedores. Y tu calentador de agua debe estar a ciento treinta grados, lo cual es más alto de lo que probablemente usas en casa. —Cállate, cállate, cállate, cállate… Tom pegó sus labios, apretados.

Después de un incómodo silencio, Bill fue hasta un mostrador grande y apoyó una mano ahí. Asperger, definitivamente.

Gracias, ya lo sé. Este lugar estaba bastante horrible. Ahora, creo que hasta podría amasar aquí. —Estaba completamente consciente de que Tom Trumper no había aceptado esa llamada. ¿Serían capaces de retomar ese momento? Girando, le dio una sonrisa al hombre—. Deberías probar mis cupcakes alguna vez.

¿Esta noche?

Bill parpadeó. Tom solamente lo miraba, esperando una respuesta—. Claaaaaro… yo, uh, ¿podrías venir a mi casa?

Sip, eso funcionará. Debería tener la dirección en mis archivos. Estaré allí a las cinco.

Oh, okey, a las cinco estará bien. Es la casa de invitados de la parte de atrás, en la misma dirección. Yo, um… debería empezar a cocinar. —Bill se movió un poco incómodo, observando como Tom Trumper lo miraba fijamente. Era un poco desconcertante.

Está bien. A las cinco. Nos vemos ahí. —Girando, Tom salió de la habitación, del edificio y hacia su auto. Su corazón estaba latiendo como un tambor tribal, su cabeza se sentía como si se estuviera dividiendo, como el cierre de un hombre gordo y sus agujeros estaban llenos de sudor. Encendió el auto, prendió la radio y se alejó manejando, cantando.

&

Bill pasó otros torpes y emocionantes veinte minutos, arreglándoselas para limpiar parte de la oficina, antes de rendirse y dejar caer estrepitosamente la escoba y salir corriendo del edificio y cerrar con llave.

Mierda, mierda, mierda… tengo que parar en la tienda. ¿Qué le haré? Necesito vainilla… —habló mientras abría la puerta del auto y entraba—. Azúcar de panadero. ¿Se me acabó la harina? ¿Tendré tiempo de hacer un cupcake de “baclava”? En realidad llevo tiempo queriendo experimentar con eso. ¿Mazapán? ¿Será Tom Trumper alérgico a algo? Oh, mierda, mierda, mierda. Tengo que encontrar algo que ponerme. Tengo que bañarme. Tengo que maquillarme… ¡Él solo me ha visto luciendo como empleado!

Pisó el acelerador y cruzó justo con una luz amarilla, algo que nunca antes había hecho. Bill estaba muy orgulloso de ser conductor muy consciente y cumplidor de las leyes.

Pero tiempos desesperados…

Cinco minutos después, entraba corriendo a A.J., un pequeño y costoso local gourmet y tomó al asistente del manager del brazo.

¡Amy, Amy, necesito tu ayuda!

¡Hola, Bill! ¿Emergencia de cupcakes? —Ella le dio una sonrisa, mostrando los dientes.

Bill asintió—. ¡No sé de qué clase hacer! —Se frotó las manos ansiosamente—. Esto es importante. ¡Tiene que ser perfecto!

Okey, okey —tirando de su manga, lo guió hacia los mostradores—. ¿De cuántas clases estamos hablando?

Um… tres. —Quería que Tom Trumper viera lo que podía hacer. Pero con Asperger tres podía ser muy distractor—. ¿Sabes algo sobre el Síndrome de Asperger? —Preguntó, deteniéndose en medio de los pasillos.

Amy, quien se había acostumbrado al comportamiento idiosincrásico de Bill en los últimos años, giró y lo miró fijamente—. Oh, cariño, ¿finalmente te lo diagnosticaron? —Preguntó ella con suavidad. Estirando una mano y posándola sobre la mano de Bill en su brazo.

¿Qué?

Se miraron el uno al otro, la palabra “confusión” escrita en ambos rostros. Finalmente, Bill agitó la mano.

No importa. Tres tipos. ¡Ayuda!

Okey, bueno… los que haces con chocolate caliente mexicano, son estupendos —sugirió ella.

No, no… um… tal vez —¿Podría algo picante ser demasiado para Tom?

Amy suspiró, poniendo una mano en su cadera, mirando al techo un minuto, pensando.

Mira… está bastante caluroso, ¿qué tal una selección de verano, algo con frutos rojos, o limón?

Bill miró alrededor, al mostrador, los engranajes de su mente comenzaron a sonar, mientras las ideas volaban—. Limón, frutos rojos… sí. Creo… —Tiró sus brazos a ella, sofocándola en un abrazo—. ¡Eres mi salvavidas!

Amy observó como el joven daba vueltas por los alrededores y corría de vuelta al frente de la tienda, sacaba un carrito y volvía a entrar, pasando casi volando por su lado.

¡GraciasAmyEresLaMejor!

Negando con la cabeza, la mujer regresó a su trabajo.

&   Continuará  &

¿Le gustarán los cupcakes de Bill al inspector Tom? ¿Se dedicará solo a comer los cupcakes o se atreverá a pedirle otro soborno?

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