Hoy sabremos un poco más de la vida de Tom y por qué sufre esos ataques de ira en la carretera XD Además de un nuevo cupcake creado por Bill. Ñami, ñami
Fic Twc/Toll escrito por MIZU. Traducido por MizukyChan
Capítulo 4: Coco Tostado
Bill estaba exhausto para cuando llegó a casa. Se sentía sucio por dentro y por fuera. En la ducha, se las arregló para quitarse la mugre de afuera, incluso sacó algo de la interna.
Después de quince minutos de refregarse, tratando de olvidarse de todos los bichos muertos que había barrido esa mañana y tratando de recordar todos los pequeños detalles del rostro de Tom Trumper, terminó excitado.
Okey, así que básicamente se había vendido. Pero había sido un tanto sexy. Okey, la mamada había sido descuidada y él había estado de rodillas en el suelo sucio. Eso también había sido un tanto sexy, pensó mientras se acariciaba a sí mismo. Okey, y justo después de eso, Tom Trumper prácticamente había salido corriendo del edificio.
Eso… no fue tan sexy.
Tom Trumper… había actuado tan extraño. Pero la forma en que puso sus manos alrededor del cuello de Bill, fue confiado, pero también maravillosamente gentil. Y ese pequeño cariño con su dedo gordo en la mejilla, después del acto, había sido tan extrañamente emotivo.
Se había sentido agradable. Agitando el puño alrededor de su miembro medio erecto, Bill pensó en cómo el hombre lo miraba, pero no dijo nada hasta que se marchó. ¿Acaso era una forma leve del Síndrome de Asperger?
Dejó salir un largo suspiro junto a un gemido ronco. La polla de Bill se había endurecido un poco más. A él no le importaría que Tom tuviera algo así. No era como ser un completo retardado, o algo por el estilo. Sino más bien, algo que explicaría su ineptitud social.
Tom Trumper era sexy. Raro, patoso, incómodo. Y jodidamente sexy.
—Oh, sí. Sexy… ngh. —Bill se imaginó a sí mismo sobre sus rodillas, con ese precioso pene en la boca. Dejó a un lado las partes torpes de la mamada y agregó más momentos de cariños con el pulgar y un poco de susurros de Tom Trumper—. Jesús, Bill, eres tan hermoso.
Bill era un poco romántico.
—Oh, oh, oh, mierda. —Presionó una mano contra la pared de la ducha, mientras que la otra aceleraba los movimientos. Se preguntó si le gustaba a Tom Trumper. ¿O… o pensaría que era un promiscuo?
Después de todo, se había puesto de rodillas y había abierto la boca para sobornar al hombre, todo por una extensión de la inspección de salud.
—Ungh, toda una puta… soy tan puta… tan bueno.
Pero en realidad no lo era. Para ser exactos, era bastante virgen.
De hecho, él era parte del lado dulce e ingenuo. Había tenido citas con un par de chicos y siempre había esperado a que sus sentimientos pasaran de gustar a estar enamorado, esperaba que la pasión creciera de la chispa a la flama, antes de hacer todo. Como no pasaba, rompía con ellos. No era que él estuviera esperando al Único Amor Verdadero, pero tampoco iba a tener sexo con un chico que le fuera indiferente. Quería estar con alguien que lo hiciera sentir de cierta forma; no estaba seguro cuál era esa forma, pero sabía que lo sabría cuando pasara. Mientras, esperaría.
Pero, de vuelta al asunto entre manos—. Oh, oh, Jesús. —Caía agua por la cabeza de Bill hacia el frente y a su espalda. Lamiendo sus labios, Bill recordó el sabor del semen de Tom Trumper, como su polla se sentía en su boca. Abrió los labios, imaginando que lo volvía a tener allí. Succionando, chupando y probando a Tom Trumper, masajeó su miembros mientras se imaginaba sentado, desnudo en el suelo frente a él, con su propia polla orgullosamente erecta y goteando.
—Ohhhh, oh —la imagen fue tan pornográfica para él que jadeó. Y comenzó a correrse, abrió los ojos para mirar—. Mmhh, oh sí. —Cerró los ojos apretadamente y esperó a sacar hasta la última gota—. Mhm, eso fue bueno —murmuró para sí mismo—. Tan sucio. —Linda vainilla, de hecho, pero Bill no sabía eso.
Sintiéndose fresco, relajado y optimista por su futuro (ah, el poder de un buen orgasmo), terminó la ducha y fue a experimentar en una nueva idea para cupcake que llegó a su mente cuando se estaba masturbando.
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—Oh, Dios mío. Oh… mmm. Mierda.
Bill y Charlotte estaban sentados al frente de Gustav en la mesa del comedor, mirándolo fijamente mientras tomaba otro cupcake. Era el cuarto, quitó el envoltorio y se llevó la mitad a la boca.
—¿Qué dijiste que eran estos? —Susurró Charlotte, sin quitar los ojos de la escena casi obscena que su esposo estaba exhibiendo.
—Lo llamo, “El Andalucía” —susurró Bill en respuesta, con los ojos en la expresión eufórica de Gustav—. Pastel de extra chocolate negro con una pizca de café con leche. El glaseado es de…
—¡Diomio!
—… una infusión de crema de mantequilla de chocolate blanco con naranja roja, cubierta de coco tostado, espolvoreado con azúcar rubia.
—Oohh. —Charlotte comenzó a estirar la mano para coger el último del plato, cuando la mano de Gustav bajó como una guillotina. La miró feo, como si fuera un lobo.
—Um, ja, ja. —Charlotte sonrió nerviosamente, quitando la mano lentamente, mientras Gustav quitaba el envoltorio del último y lo metía en su boca, todavía mirándola feo, como si ella se fuera a atrever a quitárselo de entre los dientes.
—Tengo más en la casa —susurró Bill.
Migas cayeron de su cara, Gustav se movió hacia atrás en su silla, sobando su estómago como el genio de la botella, haciendo sonidos de satisfacción.
—Mm…Uhngh….whoah…. —Tomó una respiración profunda y soltó un gran eructo. Luego suspiró y sonrió.
—Eso… —volvió a frotar su vientre—, fue un orgasmo para la boca. No, eso fue… cientos de orgasmos para la boca.
Bill y su hermana se miraron el uno al otro con sonrisas tentativas.
—Fue… me atrevo a decir… sexxxxyyy —dijo Gustav pensativamente.
Bill sonrió, sin estar para nada sorprendido. Había tenido esa idea, mientras tenía un orgasmo pensando en Tom Trumper.
—Los sabores son complejos y con capas múltiples, pero nada sobrepasa a la otra.
—¿Qué fue lo que saboreaste? —Preguntó emocionado.
Gus le envió una mirada enojada, porque había roto la concentración de su ensimismamiento—. ¡Ya voy a llegar a eso! —Espetó. Luego llevó la cabeza hacia atrás, mirando al techo, hurgando de nuevo en sus reflexiones.
—Lo siento —exhaló Bill.
Gus chasqueó los labios un par de veces—. El coco parecía levemente dulce. —Llevó los ojos a Bill—. ¿Azúcar rubia?
Bill asintió con entusiasmo—. Caramelizada y luego cernida levemente sobre el coco tostado.
—Mm, buen toque. —Miró al cielo—. Funciona bien, aunque el coco sea lo suficientemente dulce. De hecho estoy sorprendido de que no estuviera extremadamente dulce con el chocolate blanco. Pero el cítrico… —bajó la mirada al plato, tomó uno de los envoltorios y lamió los restos de glaseado que se pegó ahí—. Naranja… pero hay algo más. —Volvió a mirar a Bill y alzó las cejas.
—Naranja roja.
—Ah… buena referencia con Andalucía. —Se echó hacia atrás, reflexionando—. El pastel es el más húmedo que has hecho, lo que es decir mucho, considerando que es uno de tus talentos naturales —reconoció—. ¿Chocolate negro de buena calidad?
—El mejor que tengo. —Se había metido en sus reservas de productos caros, sin escatimar en gastos para este nuevo experimento.
—Muy bien. Y ese suave sabor a café que tenía, fue perfecto —agitó la mano en el aire—, suave, pero que no le quitó el sabor a las papilas gustativas. Eso es muy difícil de hacer con el café.
—Lo hice como café con leche al principio.
—Aahh, sí. También debe haber agregado humedad extra. ¡Bien! —Golpeó las manos en sus muslos—. Uno de tus mejores inventos, ¿Char? —Se levantó y ofreció la mano a su esposa—. Es hora de una película y mimos. —Ella tomó su mano y él la tiró a sus brazos, mirándola con adoración.
—Buenas noches, Yam —le dijo Charlotte a Bill, pasando sus dedos por el rostros de Gustav.
—Ustedes son tan raros —murmuró Bill, levantándose—. Está bien, de todas formas, me tengo que levantar temprano mañana. No me quería quedar a ver una película tonta —murmuró, dejando el comedor—. Tengo que arreglar todo para Tom Trumper —continuó, caminando por la cocina—. Lo voy a ver en un par de días. No necesito una película ni nada por el estilo. —Con un puchero, dejó la puerta trasera y cruzó el patio hasta su pequeña cabaña.
Un arbusto cercano se movió y un conejo enorme saltó por debajo, corriendo directamente a Bill.
—Oh, hola Aquiles, ven aquí. —Se agachó y pasó los brazos alrededor de la bestia, levantándolo con un gruñido—. Supongo que tú me harás compañía esta noche. Pero nada de cagarse en la cama o te sacaré.
Pondría una de sus propias películas. Una vez en la cama, se acurrucó con Aquiles, quien se acomodó en el estómago de Bill, puso su lista de Netflix y escogió una antigua comedia romántica que hace tiempo había querido ver. La boda de mi mejor amigo.
Ciento cinco minutos después, se quedó dormido con un montón de pañuelos desechables arrugados, acurrucado a su conejo de doce kilos y medio, que aunque era dulce como un cupcake, no era sustituto de la compañía humana.
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—¡Wow, te ves fantástica! —Exclamó Tom después de entrar al departamento que él Tricie habían compartido los últimos dos años y medio. Le dio un rodeo a su prometida y envolvió su metro y medio y sus 54 kilos en un abrazo heterosexual, enterrando su cara en su cabello rubio recién lavado y secado, que olía a chica.
—¡Corta eso! —Tricie le dio un golpe en el brazo—. Apúrate y arréglate. Vamos a llegar tarde. —Andaba en calzones y sostenes, el maquillaje a la mitad y se removió en su agarre—. Suéltame.
—No, hasta que primero me des un beso. Vamos, lo necesito, he tenido un día duro. —Muy duro.
—Está bieeeennn.
Cruzó los brazos por su cuello. Tom se inclinó… mucho, se dio cuenta. Casi le dolía la espalda ahora que pensaba en ello. Cerrando los ojos mientras la besaba, su terrible y fuera de control cerebro, comenzó a imaginar inmediatamente cómo sería besar a Bill, el nuevo propietario de la pastelería que probablemente nunca abriría.
—¡Mmph! —Beatriz trató de exclamar cuando Tom la besó más fuerte, pegándola contra su cuerpo.
Lindo y blandito trasero… pechos, buena vagina ahí, en alguna parte. Tom podría traer de vuelta su cerebro al camino angosto y estrecho.
Estrecho… cuerpo estrecho… largo, piernas delgadas… pequeño y apretado trasero, brazos largos y tonificados ensuciados de mugre.
—¡Mhp! ¡Ow! —Tricie lo empujó para separarse—. ¡Eso duele, joder! —Ella se frotó el trasero, de donde Tom se había agarrado demasiado fuerte.
—Lo siento, bebé, lo siento. Ven aquí, te daré un besito para que no duela.
—¡No! Vete a la ducha. —Ella se deslizó de su agarre, dándole una mirada obvia a su prominente erección. Bufó y se alejó—. ¡Y no te masturbes estando ahí! ¡Es como si me engañaras!
—Sí, sí. —Tom suspiró, pateando los zapatos y arrastrando los pies hasta el baño. Igual se iba a hacer una paja. Ella no era su jefe. Mayormente. Solo no le gustaba que se masturbara si no estaba segura que estaba pensando en ella, así que se aseguraba de estar cerca si él iba a hacer ese sucio acto. Pero esta vez, él solo quería deshacerse del asunto.
Y justo cuando estaba a punto de cerrar la puerta con llave, Tricie le dio un empujón y entró.
—No te laves las rastas, no tenemos tiempo. —Ella fue hasta el lavado y continuó con su maquillaje—. Desearía que te cortaras esas horribles cosas feas —murmuró.
—Eso no va a pasar. —Se quitó la ropa y se metió en la ducha, activando el agua—. ¿Por qué no vienes aquí y presionas tus pechos contra el cristal? —Pidió, frotando su propio pecho.
Pecho plano… deseaba tanto poner su mano sobre él. Había un piercing de pezón, había visto el contorno… alto, él era tan alto.
—Ven aquí, me voy a tocar —declaró Tom. Probando que no eran solo palabras, comenzó a masajearse.
—¡Tom! ¡Uh! ¡No hay tiempo! —Se quejó Tricie, pero comenzó a quitarse el sostén—. Está bien, apúrate. —Dio un paso al frente y presionó sus pechos contra el cristal.
—Oh, sí —gruñó Tom—. Lindas.
—¿Solo lindas? —Preguntó ella con dulzura, saltando un poquito para hacer que rebotaran.
—Jo… jodidamente hermoso —aceleró sus movimientos—. Trasero.
—Trasero. ¿Qué?
—Déjame verlo. Por favor —jadeó.
—Eres un niño al que le gustan los culos —lo molestó ella.
—¡No lo soy! —Ladró Tom y su brazo se detuvo por un momento. Vio como Tricie alzaba las cejas y tosió—. Quiero decir, sí, TU trasero. Es tan delicioso —y comenzó a masajear de nuevo su polla.
—Eres un idiota. —Tricie se rió y giró, bajándose los calzones y presionando su culo contra el cristal de la ducha.
—Mhm, sí, amo tu trasero. Lo amo. Quiero, quiero agarrarlo…
Ella soltó una risita y se contorneó de adelante hacia atrás.
—Mhm, sí… jodidamente sexy. Quiero lamerlo.
Ella miró por sobre su hombro y arrugó la nariz—. Ew…
—Tom soltó una risa baja—. Na ha, lamerte desde adelante hacia atrás.
Lamer una polla bien larga y saborear el líquido de la punta.
—Oh, Dios, ¡mierda!
—¿Te gusta mi trasero, cariño?
—Oh, mierda —abrió los ojos, cambiando la visión de lo que pensó que había sido la polla de Bill al culo plano de Tricie contra el cristal—. Sí, quiero, quiero ponerlo ahí… quiero poner mi polla ahí.
No pudo obligarse a mantener los ojos abiertos. El segundo en que los cerró, estaba follando a Bill por detrás, fuerte, mientras el bello… y hermoso hombre, gritaba su nombre. Los propios gritos de Tom hicieron eco en las paredes de la ducha.
—¡Oh! ¡Nuh! ¡Mierda! —Se bombeó a sí mismo hasta que su semilla golpeó la puerta de la ducha—. Oh… maldición.
Después de un momento, recuperó su aliento, abrió los ojos y sus labios se curvaron en una sonrisa. Sí, se había masturbado con el perfecto trasero de su prometida.
Las pocas imágenes de un chico que salieron de repente en su mente, no contaban.
Al levantar la vista, su relajada sonrisa, se desvaneció—. ¿Qué? ¿Qué pasa? —Tricie le estaba dando una mirada mortal de rayos-x
—¿Querías poner la polla en él? —Ella estaba enojada, con los brazos cruzados, cabreada—. ¿Qué clase de mierda gay es esa?
—Yo no soy… no es lo que… ¡Qué! ¡Qué rayos! ¡No vuelvas a mencionar esa mierda!
Tricie giró y salió enojada.
—¡A la gente hétero TAMBIÉN LE GUSTA ANAL! —Gritó después de ella. Golpeó su cabeza en la puerta de la ducha, haciendo un ruido—. A la gente hétero también le gusta —murmuró—. No soy gay.
Había pasado toda la vida, desde antes de alcanzar la pubertad, construyendo su fachada de “hétero”, como una pared impenetrable. Convenciéndose a sí mismo que realmente era hétero, súper hétero, y que los deseos ocasionales que sentía por los chicos eran pura casualidad. Algo así como, “ups, echémosle la culpa al libido”, o cualquier otra excusa que pudiera inventar. Y no iba a dejar que los eventos recientes derribaran esa barrera.
—Jodida Tricie. —Con un suspiro, tomó el jabón—. Ella de verdad tiene un trasero grandioso.
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La tarde fue miserable. El papá de Tricie, Steve, siempre molestaba a Tom para que trabajara para él en su empresa de transportes. La mamá de Tricie, Loni, siempre los molestaba para que formaran una familia. El perro de la familia, Waldo, se lo pasaba frotándose contra su pierna y oliendo su entrepierna. La hermanita chica de Tricie, Denzie, hablaba sin parar, fuerte e irritantemente sobre los chicos.
La bisabuela de Tricie, “abue”, se tiraba pedos, se reía y decía que le iba a soplar “besos” a Tom.
Quería vomitar ante todo el panorama. Quería morirse. Prefería estar en cualquier otro lugar del mundo. Incluso, prefería estar en ese sucio edificio en el que estuvo por la tarde.
Especialmente en ese sucio y pequeño edificio.
Con el lindo propietario, con su hermosa sonrisa, con sus largas piernas y su lindo y apretado trasero.
—¿En qué estás pensando?
—¿Ah? —Tom volteó y miró a Tricie, mientras manejaba de vuelta a casa.
—Pareces estar ausente. —Ella puso una mano en su muslo y le dio un apretón.
—Oh, solo pienso en el trabajo.
—¿No en la boda? —Ella apretó.
Tom sintió un mareo nauseabundo—. Uh, no… me pone, uh… nervioso, ya sabes. Ja, ja.
—Mm, yo estoy emocionada. Está a la vuelta de la esquina.
—A ja. —Doce días más. Sus palmas comenzaron a sudar—. ¡Idiota! ¡Sal de mi camino! —Gritó a un auto que en realidad no había hecho nada.
—¡Tom, para eso! —Lo regañó.
Tom gruñó.
—Desearía que nos pudiéramos ir de luna de miel ahora. —Ella suspiró con melancolía, hundiéndose más en su asiento.
—Lo sé, bebé, pero ya sabes el plan. —Él la había convencido de que esperaran hasta que pudieran tomar un viaje de ski. Ella odiaba la nieve, pero él había sido inflexible. Y como solo podían costear un viaje de vacaciones al año, ella finalmente se había dado por vencida, aunque se quejó de que pasarían todo el tiempo separados.
Él de verdad no había pensado en ese bono extra, al menos no conscientemente.
—Sí, sí. Hey. —Ella pasó la mano más arriba por su pierna—. ¿Te acuerdas de lo que pasó antes de que nos fuéramos a casa de mamá y papá?, ¿cuando estabas en la ducha?
—Rayos, sí me acuerdo. —Cogió su mano y le dio un apretón.
—Bueno… um, bebé, ¿te acuerdas que dijiste que querías… ponerlo… um… en mi…?
La mano de Tom se puso completamente fría y le dio una mirada mortal—. ¿En tu TRASERO? —Él regresó la mano al volante y re-dirigió la mirada al auto que estaba delante de ellos—. ¿Quieres hacer esto AHORA?, ¿dos semanas antes de nuestra BODA? ¡Sal del camino, lame culos! —Se inclinó y tocó la bocina.
Tricie hizo una mueca—. Córtala. Sabes que no puedes volver a tener arranques de ira en la carretera, te van a quitar la licencia. Luego te van a despedir, y tendrás que trabajar para mi papi.
Hizo una mueca, pero se mantuvo callado, apretando el volante.
—¿Entonces? ¿Por qué dijiste eso?
—¿Decir, qué? —Respondió Tom en un siseo. Los músculos de su mandíbula sobresalían, por apretar tanto los dientes.
—¡Dijiste que lo querías meter en mi… trasero, Tom! —Ella se inclinó hacia adelante y lo miró con el ceño apretado—. ¿Tú todavía… quieres?
—¡A mí NO me gustan los tíos! ¡Mierda, Tricie! ¡No estaba coqueteando con él!
—¡Sí lo estabas! ¡Yo te vi!
—Maldita sea, eso fue hace más de un año. ¡Y estabas equivocada!
—¡Él estaba encima de ti! —Gritó la mujer, con la cara roja de rabia.
—¡Él no podía escucharme por la música! ¡Él estaba de pie, cerca de mí! ¡Mierda! —Tom dio un golpe con el puño y aceleró.
—Okey, okey. ESTÁ BIEN. Yo estaba EQUIVOCADA. —Ella se echó hacia atrás, resoplando y cruzó los brazos a la defensiva—. Solo quería saber por qué querías ponerlo en mi trasero —murmuró hoscamente—. Idiota.
Tom soltó una risa—. ¡Es un HOYO, Tricie! A las pollas le gustan los agujeros. Especialmente si me pasas diciendo que está fuera de mi alcance.
Él no era GAY. No estaba para nada interesado en el trasero de Bill ni en el nadie más—. ¡Me gusta tu trasero, Tricie! Me encanta, joder. No solo porque sea un culo, sino porque el tuyo es hermoso. —Estiró una mano y la puso sobre la pierna de ella—. Vamos, córtala con ese tema.
—¿Lo dices en serio? ¿Solo deseas mi trasero? —Preguntó suavemente.
Tom soltó una risita, pero lloraba por dentro—. Oh, sí. Ya sabes que quiero ponerlo allí, quiero ver como se desliza al entrar… quiero jugar con tu trasero redondito.
—Córtala —dijo Tricie riendo—. Eso no va a pasar.
No, por supuesto que no. Eso era demasiado “gay” para su prometida “súper-hétero”.
¿Esa era la razón por la que Tom lo deseaba tanto? No era porque fuera gay, por supuesto, sino porque ella era muy reticente a intentarlo.
Eso tenía que ser.
—¡Sal del camino, jodido idiota marica!
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La mañana siguiente, después de cuarenta minutos en la máquina corredora, un bolo de cereal de granola, tres tazas de café y una ducha caliente, Tom se fue a trabajar. Todavía se sentía molesto por las ridículas acusaciones de Tricie y su camino, mientras cruzaba la ciudad, fue cualquier cosa, menos relajante.
Reprobó dos restaurantes que habían estado al límite; no por su mal humor o algo parecido, sino porque algunos lugares que estaban al límite pasaban y otros reprobaban, él tenía que mantener el balance.
Iba a necesitar una zona de equilibrio, si iba a pasar a cierta pastelería nueva más adelante en la semana.
No admitía conscientemente que estaba ansioso por ver al rubio alto y delgado, con ojos dulces, sonrisa dulce, labios dulces y su boca…
—¡Maldita sea! —Gritó al Prius rojo en frente de él—. ¡Bajaste la velocidad en una luz roja! ¡Está en VERDE! —Gritó—. ¡Tú, jodido mono retardado! ¡Aahh! —Golpeó el volante, mientras el otro auto cruzaba con la luz, apenas, pero Tom tuvo que parar.
Furioso, tomó una respiración profunda—. Me voy a retractar de eso. Estoy seguro que no todos los monos son retardados, idiota de mierda.
Otra respiración lenta y profunda. Para cuando la luz volvió a ser verde (cuatro jodidos minutos después) se sintió bien otra vez.
Qué hacer con una hora y media…
—Maldita sea, madre que abraza al panda que patea… —La bronca murió en su garganta porque repentinamente tuvo una idea. Como tenía tiempo extra, podría pasar por ese pequeño lugar. Tal vez ayudar al nuevo propietario con algunos consejos.
El chico era joven (lindo) y era su primera negocio. No había ninguna razón para que Tom no lo ayudara. Ayudar a alguien no era gay ni nada por el estilo. Era algo bueno.
Puso la radio en una estación de rock clásico y cantó junto a Queen el resto del camino.
& Continuará &
¿Qué hará Bill ante la repentina visita del inspector? ¿Qué hará Tom cuando vea de nuevo al bello rubio de la futura pastelería? ¿Le pedirá otro soborno?
