5: Esta no es la Bella Durmiente de Ann Rice

Y llegamos al final de la traducción, justo para celebrar el día del amor *-* ¡A leer!

5: Esta no es la Bella Durmiente de Ann Rice

Fic de zeph317. Traducido por MizukyChan

Capítulo 5: Esta no es la Bella Durmiente de Ann Rice

Por eso Gustav estaba tan aliviado cuando una bulliciosa villa apareció ante ellos dos días después. Era una oportunidad para, finalmente, deshacerse de Bill y Tom y decidir dónde ir para tomar su camino y empezar una nueva vida. Bill y Tom nunca dejaron de tomarse de las manos mientras Gustav los guiaba hacia el pueblo, directamente por las puertas de la taberna más cercana, pese a que todavía era de mañana.

El lugar estaba lleno de viajeros, granjeros y ciudadanos que se mezclaban para comer y beber algo que según Gustav, olía maravillosamente. Bill y Tom tomaron una mesa, mientras él iba hasta la barra y ordenaba tres especiales y tres jarras de cerveza y una extra para él mismo. Bill y Tom ya estaban susurrándose el uno al otro, Bill se acurrucaba cerca de Tom cuando Gustav tomó su lugar.

Bloqueó sus murmullos y miró alrededor a la multitud de hombres que los rodeaba. Seguramente alguno de ellos podría indicarle una buena dirección para que pudiera instalarse, conseguir un trabajo estable y empezar una nueva vida…

—¿Escucharon las últimas noticias del norte?

—¿Qué, te refieres al pueblo más allá del río?

—Sí, ese mismo. ¿Sabían que tenían una plaga de ratas? Bueno, escuché que un hombre vino al pueblo, tocó una flauta mágica ¡y sacó a todas las ratas de la ciudad!

—¡No te creo! ¡Eso es imposible!

—Eso fue lo que nos contó el gitano. El tipo tocaba la flauta y las ratas lo seguían como por arte de magia. Y luego —el hombre bajó la voz—, se llevó a los niños del pueblo como pago por sus servicios.

Se oyó un fuerte coro de “¡No!” de todos los que estaban escuchando la conversación de los hombres.

La mano de Gustav se aferró con fuerza a su jarra de cerveza, tan pronto el barman se la entregó. Las historias continuaron.

—Yo he estado escuchando historias sobre un príncipe misterioso que salió de aventuras por el bosque. Los hijos del herrero del pueblo siguiente hablaban de un príncipe que los salvó de una vieja bruja que quería cocinarlos en un honro ¡y comérselos!

La multitud rió ante eso y luego hicieron más exclamaciones como “Ooohh” y “Aahh”

—¿Por qué algún príncipe querría venir por aquí y salir en una misión? —Preguntó un hombre viejo.

—Ni idea —respondió otro hombre y todos los demás rieron.

Un hombre joven, vestido con ropas más finas agregó—. Hey, ¿conocen a los enanos de la mina de la montaña? Han estado contando historias sobre su bello príncipe, diciendo que fue asesinado por una vieja bruja celosa y que luego volvió a la vida cuando fue besado por un héroe.

—¿Qué? —Exclamó divertido uno hombre—. ¿Quién ha escuchado de dos príncipes que se besen?

La mesera que pasaba y tenía margaritas en las mejillas dijo—. Oh, creo que eso suena encantador.

Bill se ahogó con su cerveza y Tom le dio palmaditas en la espalda. Gustav los miró y se dio cuenta que ellos también estaban escuchando las historias.

—¿Y qué hay de la hermosa doncella atrapada en la torre del valle? Escuché que ella finalmente escapó, ¡usando sólo su cabello y el eh, eh, eh, del príncipe!

Una bulliciosa risa cubrió el bufido de Tom y la palmada lastimosa que le dio Bill en la espalda.

—¿Cómo es que esto se volvió tan retorcido? Eso no tiene nada que ver con lo que sucedió —dijo Gustav, lo suficientemente fuerte para que Bill y Tom lo escucharan, y aparentemente la mesera, que justo dejaba los platos con estofado, también lo oyó.

—Oh, cariño, así es como pasa por estos lugares. La gente está buscando buenas historias, un cuento emocionante, no las mismas cosas aburridas que pasan en la vida real —dijo ella—, mientras sea divertida y nadie salga herido, nos encanta la entretención.

Gustav pensó en ello un momento y luego ella le tocó el brazo—. O tal vez estás un poco celoso de que un príncipe presumido ande por ahí teniendo todas estas grandes aventuras. Tal vez te gustaría tener tu propia aventura.

Un fuerte “NO” fue la respuesta de los tres chicos, pero la mesera sólo rió—. Si quisieras, puedo contarte sobre alguien que necesita ser salvado, un hermoso bello durmiente —dijo ella en voz baja. Tom y Bill soltaron risitas, pero Gustav sólo alzó una ceja.

—No estoy interesado.

—¿No? ¿Ni siquiera si te digo que él ha estado durmiendo desde siempre, sólo esperando ahí a que aparezca su Único Amor Verdadero y lo despierte? —Bill y Tom se acercaron más para escuchar su historia, pero Gustav sólo volvió a beber—. Sólo voy a decir que si alguien está interesado en salvar al bello durmiente esta tarde, debería ir a la casa que está en el extremo más alejado del pueblo, debajo del sauce más grande y ahí encontrará a esa belleza que espera la llamada mágica para despertar.

—¿Qué clase de llamada mágica? —Preguntó Bill.

La mesera le guiñó un ojo—. Ya sabes. Un beso de amor verdadero. Un beso de su ideal. Y el bello durmiente despertará y será sólo suyo.

Bill y Tom volvieron a reír y la mesera comenzó a alejarse de su mesa—. Y sólo les cuento que dice la leyenda que prefiere a los rubios. —Y con una risa final, ella se fue a atender otra mesa. Bill y Tom giraron hacia Gustav al mismo tiempo.

—Ya la escuchaste, Gustav…

—Tienes que hacerlo, hombre.

—Él te está esperando.

—Mentira —dijo Gustav—. Ahora déjenme tranquilo mientras como.

Bill y Tom obedecieron por primera vez y permanecieron en silencio la mayor parte del tiempo mientras comían, escuchando las conversaciones e historias que contaban alrededor de ellos. Toda esa situación tenía a Gustav cada vez más inquieto, preguntándose cómo se habían mezclado tanto las cosas y se habían vuelto tan confusas. Ver a Tom partir un trozo de pan y alimentar a Bill con él, lo hizo sentirse más confuso. Además, las dos jarras extra de cerveza tampoco lo ayudaron.

La luz del atardecer se fue oscureciendo cuando Bill y Tom ayudaron a Gustav a salir de la taberna. La posada estaba llena esa noche, pero la mesera le dio la dirección de otra posada que ella conocía personalmente. Ella también le dio a Gustav un beso en la mejilla cuando se fueron y le deseó buena suerte, aunque él no tenía idea por qué. Todo era un torbellino en su mente mientras se tambaleaba a través del pueblo, sin darse cuenta que sus pies lo llevaban a los extremos de la villa. Todo cobró sentido e hizo clic cuando vio un sauce gigante, inclinado sobre una pequeña cabaña de madera.

—Oh, no, no, no. No voy a hacer esto —dijo el rubio y trató de volver. Pero Bill le tomó un brazo y Tom el otro y marcharon con él hacia la casa.

—Sí lo harás —afirmó Bill—, y te vamos a ayudar.

Tom pateó algunas piedras fuera del sendero mientras caminaban—. El lugar no se ve tan abandonado como pensé. Ya saben, si el joven ha estado dormido desde hace tanto…

—Bueno, en realidad ella no dijo por cuánto tiempo ha estado dormido. O tal vez, el pueblo tiene un jardinero que cuida del lugar —respondió Bill. Gustav sólo gruñó y los dejó arrastrarlo un poco más, aunque prácticamente lo estaban cargando hacia la puerta.

Bill la abrió, sin antes tocar, y empujó a Gustav adentro—. Parece que también necesita contratar un ama de llaves —agregó Tom.

Gustav no miró alrededor, a los muebles desparramados, algunos de los cuales estaban cubiertos de ropa sucia, ni a los platos sucios apilados en la cocina. Estaba completamente enfocado en lo que vio que estaba sobre la cama, bajo la ventana. El chico era hermoso, con el cabello largo enredado sobre la almohada, un cuerpo musculoso, escondido artísticamente por una sábana blanca, que cubría sólo de la cintura para abajo. Los últimos rayos dorados del atardecer, calentaban su pecho desnudo y lanzaban reflejos rojos en el largo cabello. Los ojos de Gustav se enfocaron en los labios llenos que estaban levemente abiertos, mientras esa belleza dormía.

—Creo que Gustav ya cayó rendido —el susurro de Bill lo sacó de su trance y le dio a Bill una mirada fea que ni siquiera lo alteró—. Vamos, Gustav, despiértalo.

Tom empezó a repetir en voz baja—. ¡Bésalo! ¡Bésalo! —Y Bill se le unió.

Gustav se dejó arrastrar a sí mismo hacia la cama por el encanto del hombre que descansaba ahí y también por la certeza de que él era el único que podría salvarlo. Él lo despertaría, aunque estuviera un poco nervioso por el asunto del consentimiento, pensando si besar a alguien en su sueño se podría considerar asalto indecente. Finalmente, su libido ganó y se inclinó sobre el bello durmiente, movió un mechón de cabello de su mejilla y lo besó en los labios.

Por un largo y perfecto momento, Gustav sintió los labios afelpados bajo los suyos, abriéndose un poco y sus alientos se mezclaron levemente. Entonces, el hombre resopló y se alejó—. ¡¿Qué demonios?! ¿Quién eres tú y qué está pasando? —Preguntó, agitando la cabeza y sacándose el sueño de los ojos.

Gustav retrocedió y Bill y Tom se abrazaron.

—¿Quién eres tú? —Repitió el hombre de la cama, ahora luchando por subir la sábana y cubrir su pecho—. ¿Qué estás haciendo?

—Uh, tú estabas durmiendo —fue lo único que Gustav pudo decir.

—Sí, no me digas, estaba durmiendo. La gente hace eso.

—Pensamos que eras el bello durmiente —agregó Bill. El hombre levantó sus ojos nublados hacia el chico.

—¿De qué estás hablando?

—La mesera de la taberna nos dijo que aquí había un bello durmiente y que necesitaba ser despertado —repitió Bill.

El hombre volvió a resoplar, se rascó y luego bostezó—. Me lo imaginaba. Esa es mi prima, Greta. Ella sabe que siempre duermo todo el día cuando paso la noche en la taberna y como estuve allí jugando a los dados hasta el amanecer —volvió a bostezar—, supongo que pensó que sería divertido enviarlos a ustedes a despertarme.

Tom rió y Bill se unió—. Es bastante divertido —dijo Tom.

Pero Gustav no estaba riendo. Él bajó la mirada a sus manos, estaba más avergonzado de lo que había estado en toda su vida. No podía creer que de verdad había caído en la trampa de un estúpido cuento de hadas. Empujó a Bill y a Tom y salió corriendo de la cabaña. Encontró una pila de leña amontonada en la parte trasera y se sentó ahí, sujetando su cabeza, sintiendo como se ponía sobrio. Ese había sido el momento más mortificante que había experimentado y no quería más que desaparecer. Esperó un par de minutos, hasta que el pulso dejó de latir en su cabeza y luego se dio cuenta que había alguien aclarándose la garganta.

El bello durmiente estaba frente a él, todavía lucía arrugado y somnoliento, pero al menos tenía ropa. Estiró una mano y dijo—. Hola, soy Georg. Siento no haberte conocido apropiadamente la primera vez.

Gustav ladeó la cabeza y sintió sus mejillas arder—. De verdad siento mucho eso. No sé qué me pasó. Soy Gustav. —Se dieron las manos y Gustav no pudo evitar notar la fuerza en el agarre de Georg y los callos que se frotaron con sus dedos.

—Tus manos —balbuceó el rubio—, son muy fuertes.

Georg sonrió—. Tienen que serlo. Soy un leñador. Tienen que estar en buena forma.

—Ah —respondió Gustav—, eso suena a trabajo pesado.

—Lo es, pero me gusta bastante. Solía soñar con tocar el laúd y viajar a las cortes reales a tocar, pero todavía no llego tan lejos.

Gustav sonrió—. Yo también tenía ese sueño. Pero a mí me gustan los tambores.

—Ah, genial. —Georg correspondió su sonrisa y Gustav se dio cuenta que lo estaba mirando fijamente.

—De verdad lamento lo del beso allá adentro. Estoy un poco borracho y mis amigos, bueno, ellos se aprovecharon de mí. Además, tu prima fue muy buena contándonos la historia —dijo Gustav.

Georg rió y se sentó junto a él, en la pila de leña—. Está bien. Ciertamente, no fue la peor forma en la que he sido despertado. De hecho fue bastante agradable —dijo con la voz mucho más suave, logrando que Gustav lo mirara.

—Oh, bueno —dijo Gustav—. Um, creo que mejor me voy y te dejo con tu… tus cosas.

—¿Y qué hay de tus amigos?

—Oh, ellos. Te los puedes quedar —respondió el rubio y Georg rió, hasta que notó que Gustav hablaba en serio.

—¡No los quiero! —Respondió Georg y fue el turno de Gustav de reír—. Se ven bastante pegados el uno al otro.

—Sí, todo ese asunto del Único Amor Verdadero y el destino y blah, blah, blah. —Gustav sacudió la cabeza—. Qué manera de vivir.

—Entonces, ¿tú no crees en eso? ¿En la magia y esas cosas?

Gustav desvió la mirada hacia las moribundas luces del atardecer que repartían luces y sombras sobre la tierra. La pregunta lo hizo pensar en su madre. Cuando respondió, habló de corazón.

—Creo que todos hacemos nuestro propio camino y tomamos nuestras propias decisiones y tenemos que lidiar con las consecuencias de ellas. Creo que sería falso y un poco cobarde depender de algo como la magia o las hadas madrinas, para que determinen nuestro futuro y nuestra felicidad. Prefiero trabajar y conseguirla yo mismo.

Georg lo estaba observando cuidadosamente—. Personalmente, prefiero conocer a alguien y amarlo por lo que en realidad es, en lugar de ser emparejado por el conjuro de alguna hada madrina o un beso mágico —dijo.

—Exacto. —Gustav accedió.

—Bien, y como somos dos de los pocos que piensan así, ¿qué opinas de quedarte por aquí un tiempo? —Gustav alzó la vista, sorprendido ante la oferta de Georg—. Tus amigos dijeron que estás buscando trabajo y siempre necesito ayuda cortando leña en el bosque. Además, creo que esos dos están bastante encariñados contigo y, en buena, no puedo dejar que te encargues tú solo de ellos.

Gustav dibujó una sonrisa antes de poder evitarlo—. ¿Me estás ofreciendo un trabajo real y honesto? ¿Y un lugar para quedarme?

Georg puso una mano en su propio pecho—. Habrá un periodo de prueba, pero sí. ¿Quieres intentarlo?

Antes de que Gustav pudiera responder, Bill salió volando por una esquina de la cabaña—. ¡Georg, Tom acaba de encontrar tu laúd! ¡Es maravilloso! ¿Tú tocas?

—Sí, si toco, Bill —respondió Georg y Bill dio un aplauso rapidito con sus manos.

—¡Es maravilloso! Tom y tú tocan el laúd, Gustav puede tocar el tambor y yo canto —dijo—. ¡Deberíamos empezar una banda! Podemos empezar con cosas pequeñas, tocando en la taberna donde trabaja tu prima y luego, tal vez, podríamos hacer un pequeño tour a las otras villas, o unirnos a algunos juglares errantes. Después de eso, podemos hacer una carrera hasta… —La voz de Bill continuó mientras se dirigía rápidamente de vuelta a la casa para compartir su plan con Tom.

—Suena como si ya lo tuviera todo planeado —comentó Georg.

—Él tiene la tendencia de hacer eso —respondió el rubio y respiró profundamente—. Pero, si estás seguro… quiero decir, si tú quieres intentarlo, entonces sí. Me gustaría quedarme aquí y ser un leñador. Y tal vez un baterista, si eso está bien contigo.

Georg se movió un poco más cerca y, gentilmente, pasó sus dedos por la mejilla del rubio—. ¿Y si quieres intentar algo más?

—¿Más? —Gustav exhaló y se acercó más.

—Puede ser muy difícil despertarme en las mañanas. Puede que tengas que recurrir… a medidas drásticas. O quizás sólo intentarlo cuando esté despierto —dijo Georg, antes de cerrar las distancias y besar a Gustav.

—Okey —murmuró el rubio contra sus labios y correspondió el beso.

Y así, todos empezaron su “para siempre”. No había promesas, ni garantías de que siempre fuera “feliz”, pero eso era algo que ellos tratarían de realizar por sí mismos, sin trucos, ni magia, ni destino. Sólo ellos cuatro, juntos.

&   FIN   &

Notas de la autora: Muchas gracias a todos aquellos que se quedaron hasta el final de mi loca imaginación y de mi —todavía más loca— forma de escribir. Los amo con todo mi corazón. Gracias por leer esto y especialmente, muchas gracias, por todas las lindas palabras de sus comentarios.

Notas de MizukyChan: ¿Y les gustó la traducción? Terminamos justo a tiempo para celebrar el San Valentín. Besos para todos.

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