3: BillaNieves y Tompunzel

OK, este es uno de mis capítulos preferidos, es muy divertido ver como salen los corazones y los destellos rosa, cuando BillaNieves y Tompunzel se encuentran. Pero obviamente lo más divertido, es que el pobre Gustav, tiene que lidiar con ellos y su “magia del amor” jajajaja. Los invito a leer este capítulo. Y no olviden comentar.

3: BillaNieves y Tompunzel

Fic de zeph317. Traducido por MizukyChan

Capítulo 3: BillaNieves y Tompunzel

La noche fue larga, pero el día siguiente fue incluso más largo, ya que Bill no parecía tener mucha motivación o deseo de caminar y siempre se lo pasaba preguntándole a Gustav qué iban a hacer cuando llegaran allí. Y si ya habían llegado, aunque Gustav le había dicho repetidas veces que ni siquiera sabía hacia dónde iban.

Así que el día después de ese, Gustav se puso feliz de ver humo elevándose más arriba de los árboles, señalando que había moradores de alguna clase. Pensó que era la oportunidad perfecta de deshacerse de Bill —o más bien, permitir que Bill tuviera la oportunidad de quedarse con alguien que quisiera cuidarlo—. No, la verdad es que estaba ansioso de deshacerse de Bill.

No había ruidos procedentes del claro y, tan pronto como Gustav se asomó entre los árboles, supo que algo andaba mal. Pudo ser el persistente olor a humo en el aire, o el silencio, en lugar del típico gorjeo de los pájaros y el canto de los grillos, pero probablemente fue por la forma en que toda la cabaña estaba hecha de pan de jengibre, glaseado y dulces.

—¡Dulces! —Chilló Bill y salió corriendo para allá. Gustav lo sujetó por la cintura y lo sostuvo con firmeza.

—¡No, Bill! ¿No te das cuenta que hay algo raro? —Gustav lo movió hasta ponerlo detrás de un árbol.

—¡Puedo ver que es la cosa más bella del mundo! —Bill prácticamente lloró mientras luchaba—. ¡Tengo mucha hambre, Gustav!

Gustav lo sacudió para quitarle la histeria, luego lo volvió a sacudir sólo porque se sintió bien. La cabeza de Bill se sacudió, pero dejó de quejarse—. No existen los dulces gratis, Bill. Hay algo realmente sospechoso aquí.

—No podemos sólo tomar…

—¡No! Ni una simple gomita. Nos vamos ahora. —Gustav suspiró cuando escuchó un grito desde la cabaña. Bill gimoteó y el rubio dijo—. Está bien. Iré a revisar. No toques nada. Quédate aquí y mantente fuera de la vista. —Bill bufó, pero se quedó ahí, mientras Gustav se acercaba a la cabaña.

La puerta de la cabaña estaba abierta de par en par y, al acercarse, el aroma de dulce derretido era abrumadoramente dulzón. La nariz de Gustav dio un respingo, no era fácil ignorar esas cosas pegajosas estando así de hambriento.

—Hola —llamó dentro de la oscura cabaña.

—¡Hola! ¡Hey! —Dos voces brillantes y jóvenes gritaron de vuelta. Un niñito y una niñita —con el cabello completamente rubio, ojos azules y mejillas redondas—, le estaban sonriendo.

—Uh, hola —respondió Gustav, tratando de mirar detrás de ellos—. ¿Está todo bien por aquí? Escuché un grito.

—Sip, claro —dijo el niño—. Esa fue mi hermana. Se cayó.

—Okey —respondió Gustav—. ¿Están sus padres en casa?

—Nop, están en el bosque, trabajando —respondió la niña—, pero deberían regresar pronto. ¿Por qué no pasa y los espera? Se ve muy fuerte y grande con esos músculos.

Gustav evitó estremecerse por la forma en que los niños lo miraban de arriba abajo—. No creo que los espere. Tengo que preguntar, ¿por qué su casa está hecha de pan de jengibre y dulces?

Los niños se alzaron de hombros y sus sonrisas se volvieron malignas—. Porque mamá siempre dice que puedes cazar más moscas con dulce que con vinagre —respondió el niño, mientras su hermana agregaba—. Y tú te ves muy bien. Como para comerte.

Se escuchó un sonido débil desde dentro de la cabaña, seguido de unos golpeteos. Gustav pasó por el lado de los niños, directo hacia el closet, que tenía una mecedora puesta en el frente y una escoba debajo de la manija. Los niños gritaron cuando la abrió y una mujer vieja cayó.

—¡Pequeños demonios! —Gritó ella a los niños, que salieron corriendo por la escalera hacia la buhardilla, chillando durante todo el camino. Gustav ayudó a la mujer a sentarse en la silla, para que recuperara el aliento—. ¡Esta es la última vez que vuelvo a cuidar a esos mocosos!  Le he dicho a Nanny una y otra vez que sus nietos son “semilla del diablo”, pero ella piensa que sus pequeñas bromas son adorables. ¡Veamos si vuelvo a hornear dulces para ustedes, pequeños mocosos de mierda!

Un fuerte sonido de pedos se escuchó desde la buhardilla y luego las risas de los niños.

—¿Está usted bien? —Preguntó lentamente Gustav.

La mujer asintió y movió la mecedora—. Sí, estaré bien cuando Nanny regrese de su búsqueda de hongos y vuelva a controlar a esos dos.

—Pero ellos la encerraron en el closet y amenazaron con comerme —dijo Gustav.

—¿Pero quién no querría hacerlo? Un hombre joven y bien bueno como usted —respondió ella y Gustav de verdad, por primera vez en su aventura, estaba horrorizado, pero luego, ella estalló en risotadas—. Es que han comido demasiados pedazos de la casa este día. Una vez que el azúcar se extinga de su sistema, tomarán una siesta y Nanny estará aquí para quitármelos de encima. Siento todo este problema.

—No es problema, señora —dijo Gustav y decidió que era tiempo de dirigirse a la puerta.

—¿No quieres una recompensa por salvar a esta pobre viejita? —Preguntó fuerte.

—No señora, no podría —contestó. Y con un último gesto grosero de los sonrientes niños, que asomaban la cabeza desde la buhardilla, Gustav se fue.

Ni siquiera había volteado hacia el bosque, cuando se dio cuenta que Bill estaba parado junto a una de las ventanas. Tenía las manos llenas de trozos de chocolate y sus mejillas abultadas se movían masticando una línea de gusanos de gomita.

—¡Pensé que te dije que te quedaras en el bosque! ¡No te comas la casa de la viejita! —Siseó Gustav, mientras sujetaba el brazo de Bill, para sacarlo de ahí.

Los murmullos de Bill no se aclararon hasta que tragó la gran cantidad de dulces de su boca—. ¡Pero está tan rico! ¡Y tengo tanta hambre! Tienes que alimentarme, Gustav.

El rubio hizo lo mejor que pudo por ignorar los quejidos de Bill, mientras el pelinegro terminaba de comerse los materiales robados de la casa mientras caminaban. Fue otra noche larga en el campamento, porque Bill se quejaba de dolor de estómago por tanto dulce y Gustav le dio el último trozo de pan con queso para tratar de calmarlo.

Estaba más feliz que nunca al escuchar música a la mañana siguiente. Por fin podría deshacerse de —darle a Bill la clase de hogar que merece. Gustav rogaba que el pobre tipo que se quedara con Bill, realmente lo mereciera.

—¿De dónde viene esa música? —Bill puso una mano para proteger sus ojos, mientras miraba desde el borde de la colina.

—Creo que probablemente viene de esa torra de allí. —El rubio la señaló.

La torre, en medio del pequeño valle, era la única cosa hecha por el hombre, que podía ver Gustav. Se elevaba austera y amenazante, justo al salir del corazón del bosque. Hasta Bill estaba silencioso mientras se acercaban a investigar. Luego, la música con un instrumento de cuerda comenzó otra vez, hechizando el valle con su propia clase de magia. Gustav no pudo evitar mover la cabeza junto con el ritmo de la canción y escuchó que Bill empezó a tararear una melodía junto a él. Continuaron hasta que estuvieron justo en la base de la torre de piedra, directamente debajo de la única ventana. La música se detuvo con un rasgueo de cuerdas.

—¡Oh, por favor, no pares! ¡Eso fue encantador! —Gritó Bill hacia la ventana.

Después de un largo momento, una voz gritó de vuelta—. ¿En verdad lo crees?

—¡Sí! ¡Eres un excelente músico! —Bill respondió gritando.

—¿En serio? La escribí yo mismo, recién. —Una cabeza se asomó por la ventana y los miró contento. Gustav pudo ver pelo negro, ojos oscuros, una linda nariz, bonitos pómulos y una agradable sonrisa. Luego miró hacia Bill.

—¡Oh, hola! —Bill estaba prácticamente brillando mientras miraba a la cabeza y Gustav habría jurado que escuchó un coro de fondo y que destellos rosados flotaron en el aire—. Es un gusto conocerte. ¿Por casualidad no eres un príncipe perdido desde hace mucho?

El chico de la torre rió y Bill se vio incluso más brillante—. No, para nada. Sólo me tienen prisionero aquí, hasta que mi padrastro venga con el dinero del rescate. ¿Y ustedes?

—¡Nunca lo creerías! Una malvada vieja bruja me estuvo cazando sin compasión y me tuve que ir corriendo al bosque. Y ahí me encontré con un puñado de…

Mientras Bill relataba su historia, Gustav comenzó a explorar el área detrás de la torre. No era tan grande alrededor, sólo le tomó un par de minutos de caminata regresar a Bill, justo cuando estaba describiendo el horrible abuso que sufrió a manos de los enanos.

—¿Puedes creer que esperaban una comida fresca cada noche? Como si no tuviera demasiado tiempo en el día para lavar sus ropas enlodadas y cuidar mis uñas. Oh, Gustav ya has vuelto.

—Hola. —Agitó la mano al chico de la ventana, quien lo saludó de vuelta—. ¿Quién eres tú?

—Gustav —siseó Bill, pero el chico no pareció molestarse.

—Mi nombre es Tom. Mi mamá y mi padrastro tenían una gran escuela de música al otro lado del bosque. Luego, un día, mi mamá y mi papá pelearon porque papá quería pedirle una gran cantidad de dinero como préstamo. Mamá no le dio el dinero, así que él me tomó y me puso aquí hasta que ellos le den el dinero. —Tom se alzó de hombros, sólo el borde de sus hombros era visible desde el suelo—. Ha pasado mucho más tiempo del que yo esperaba.

—¿Cómo consigues comida? ¿Tienes suministros, allá arriba? —Preguntó Bill.

—Sí, mi papá viene una vez a la semana, más o menos. No es tan malo. He estado tocando mi laúd, escribiendo canciones, haciendo algunos dibujos. Es muy pacífico, sólo un poco aburrido. Y de verdad extraño a mi perro. —Suspiró.

—¡Oh, Gustav, tenemos que rescatarlo! —Bill tironeó el brazo de Gustav—. Tenemos que construir algo para bajarlo de la ventana. ¡Oh! Podemos regresar, encontrar a la bruja y hacer que haga un agujero mágico para entrar en la torre. ¡Tal vez deberíamos intentar eso primero!

—Bill, no tenemos que depender de la magia. —Gustav se agitó para liberarse y miró hacia arriba, a Tom, quien asomaba la cabeza y los hombros por la ventana—. ¿Quieres salir de allí?

—¡Sí! —Tom asintió tan fuerte, que un gran mechón de su brillante cabello negro, salió por la ventana.

—¡Tu pelo es hermoso! —Bill ni siquiera sonó celoso, lo cual le decía a Gustav que debía estar bastante coladito por este chico—. ¿Qué tan largo es?

Tom sonrió y sacó algunos mechones por sobre su hombro para que pudieran verlo—. Me llega más abajo de la cintura. Solía tener trenzas, pero desde que mi papá me trajo, no tengo a nadie que las haga. Así que ahora lo tengo todo suelto y libre.

—Apuesto a que sí. —Gustav escuchó que Bill murmuraba bajito y giró el rostro, justo para verlo lamer sus labios. Gustav se alejó rápido—. Oh, Tom, tal vez podamos usar tu pelo y algunas ramas para fabricar una escalera y luego podré escalar hacia arriba y…

—Eso es ridículo, Bill. Tu peso le arrancaría el pelo de raíz y lo dejaría con un enorme y sangrante pelón en la cabeza. O lo mataría. —Gustav ignoró el chillido indignado de Bill sobre su peso y la indignación de Tom sobre quedarse pelado—. Hay una mejor forma.

—Está bien, pero te digo, la bruja es la mejor alternativa. Tom, no creerías de qué tiene hecha la casa esa bruja. Era la más… —Gustav tomó la distracción de Bill como una oportunidad para volver a caminar hasta el otro lado de la torre. Regresó cargando una delgada y raquítica escalera detrás de él. Luego esperó a que Bill terminara con su historia y entonces los otros dos lo notaron. 

—Ya volviste —dijo Bill.

Y Tom preguntó—. ¿Qué es eso?

—Eso —el rubio señaló el objeto—, es una escalera.

—Se ve un poco insegura —comentó Bill.

—Bueno, afortunadamente para ti, no necesitarás usarla. Tom sólo necesita bajar por ella.

—Uh. —Tom se ocultó detrás del borde de la ventana de modo que sólo se veían su frente y sus ojos—. No creo que eso vaya a funcionar.

—Por supuesto que funcionará. Es la misma escalera que usa tu padre cada vez que viene a traerte comida —respondió Gustav.

La frente de Tom se movió de un lugar a otro—. Claro que no. Él sólo aparece mágicamente en la mañana cuando despierto.

Gustav suspiró—. ¿Nunca lo has visto subiendo a la torre? —Cuando la frente de Tom volvió a negar, el rubio agregó—. Tú pensabas que él sólo aparecía. —La frente asintió.

—¿Por qué vivo esta vida? —Gustav murmuró con los dientes apretados mientras se dirigía a ubicar la escalera en dos marcas muy convenientes, que estaban en el suelo, debajo de la ventana. Bill y Tom lo observaron con mucha atención. Cuando Gustav agitó la escalera y se sintió satisfecho, agitó la mano a Tom—. Okey, estás listo para bajar.

—No puedo —dijo Tom—. No me gustan las alturas.

—Por el amor de… has estado atrapado en esa torre por meses.

—Semanas, en realidad.

—Por semanas. Y quieres ser liberado. ¿Pero sólo ahora te das cuenta que le tienes miedo a las alturas?

—La escalera de verdad no se ve segura, Gustav —señaló Bill.

Gustav subió tres peldaños y saltó de arriba abajo en él—. ¿Ves? Es segura y ooofff —dijo el rubio cuando la madera crujió y cayó en el siguiente peldaño y luego en el siguiente. Miró hacia arriba y vio que la frente de Tom se ocultaba todavía más—. Estoy seguro que eso no volverá a pasar. Estarás bien.

—Además, tú eres más delgado que Gustav —agregó Bill—. ¿Por qué no lo intentas? Sería maravilloso si eres libre y pudieras viajar con nosotros.

Gustav apretó los dientes, pero no dijo una palabra. La cabeza de Tom volvió a asomarse por la ventana y miró conmovedoramente a Bill—. En verdad me encantaría estar contigo —respondió. Bill batió las pestañas. Tom suspiró. Y Gustav tuvo que reprimir las ganas de resoplar.

—Por favor inténtalo, Tom —suplicó Bill.

—Okey. Lo haré. —Tom se puso de pie.

Pero Gustav gritó rápidamente—. ¡Espera! Antes de que bajes, ¿puedes compartir algunas de tus provisiones con nosotros? Nos estamos quedando con muy poca comida y no sabemos dónde estará la villa más cercana.

—Claro —contestó Tom y desapareció de vista.

—¡Un par de mantas extra, también será genial! —Le gritó Gustav. Luego, el rubio esperó unos minutos hasta que vio un abultado paquete asomándose por la ventana—. ¡Cuidado Bill! ¿Bill? —Gustav miró alrededor para asegurarse de que Bill estuviera fuera del camino, pero fue rápidamente aplastado por las cosas que Tom arrojó envueltas en una manta. Mientras gruñía y trataba de quitarse las cosas de encima, vio que Tom asomaba la cabeza por la ventana.

—Cuidado abajo. Creo que ya lo saqué todo —anunció Tom.

—Auch —se quejó Gustav y se las arregló para sentarse. Moviendo las cosas hacia un lado.

—Ahora sólo falto yo —dijo Tom, todavía esperando en el borde de la ventana.

—Tú puedes hacerlo, Tom —lo animó Gustav, poniéndose de pie, balanceándose—. Estaré justo aquí para sostener la escalera y Bill… Bill hará lo quiera que hace.

Tom asintió, pero no se movía para salir de la ventana. Gustav contó silenciosamente hasta sesenta y dos antes que Tom volviera a asentir y respiró profundamente. Esta vez, colgó una pierna fuera de la ventana y cuidadosamente la puso en el peldaño de la escalera. Se detuvo para ajustar el laúd que tenía colgado en la espalda y luego, muy lentamente, bajó la otra pierna del borde y la apoyó en la escalera.

—Vas bien —Gustav lo elogió con voz tranquila—. Lo haces genial. —Tom bajó lentamente, pero con firmeza, apoyando cada paso con mucho cuidado, mientras la voz de Gustav lo guiaba—. Ya casi llegas, Tom. Sólo un poco más.

—¡Tom! —La voz de Bill cortó la tranquilidad del momento, mientras corría hacia la escalera.

El pie de Tom resbaló y Gustav vio, en cámara lenta, como caía de espalda y aterrizaba justo arriba de Bill, mandándolos a los dos al suelo. Gustav esperó un momento antes de mirarlos.

—¿Están bien, chicos?

Dos jadeos fueron su respuesta y él asintió—. Bien. Entonces, arreglaré tus cosas —dijo. Y recogió la escalera para llevarla de vuelta atrás de la torre.

Cuando volvió, los dos chicos estaban sentados y Bill le estaba pasando a Tom un montón de flores silvestres—. Estas son para ti, Tom —dijo mientras se las ofrecía.

Tom le sonrió y las recibió—. Gracias, Bill.

Gustav sintió una pequeña punzada al darse cuenta que estaba observando el “Único Amor Verdadero” de alguien más, pasando justo delante de sus ojos. Esperaba que bajaran pajaritos azules volando y que pusieran tiaras de flores sobre los dos, mientras se iban dando saltitos hacia su Felices Por Siempre.

Gustav se aclaró la garganta—. Bien. Felicidades a los dos. Les dejaré los suministros aquí para que puedan…

—Espera, ¿de qué estás hablando? —Bill se puso de pie.

—¿Quieres decir “nuestros suministros”? Pensé que íbamos a ir todos juntos. —Tom también se puso de pie, para enfrentar a Gustav.

—Bueno, sólo pensé que como ustedes dos se encontraron, querrían estar solos y así yo podría ir… —Gustav trató de terminar la idea bajo el ataque de un par de miradas gemelas de cachorrito—… ¿estar solo?

—Creo que todos deberíamos permanecer unidos —anunció Bill y Tom estuvo de acuerdo. Gustav tenía el presentimiento de que esto se estaba convirtiendo en un precedente peligroso que terminaría dejándolo como la “minoría”.

—Está bien —el rubio se rindió—, pero tenemos que hacer algo con su pelo. Va a ser un desastre cuando caminemos por el bosque.

Tom pasó los dedos por su pelo y se lo llevó al pecho, en un movimiento protector—. ¿Qué quieres decir?

—Necesitas un corte de pelo —dijo Gustav, sacando una navaja de bolsillo. Tom y Bill soltaron un chillido—. No los voy a lastimar, sólo voy a cortarlo un poco. —Gustav cruzó los dedos de la otra mano detrás de su espalda.

Tom todavía lo miraba feo cuando Bill le hizo cariño en el brazo—. No te preocupes por Gustav. Si él lo corta, yo igual puedo arreglarlo para ti. ¿Te gustaría volver a tener trenzas? ¿O tal vez, algunas lindas rastas?

—¿Rastas? —Repitió Tom.

Bill sonrió y le acarició el brazo una vez más—. Una vez vi un hermoso estilo de peinado en un chico que visitó la corte. Te quedaría muy bien, si quieres intentarlo.

—Bueno, tal vez. —Parecía que Tom no podía evitar sonreír, bajo la influencia de la sonrisa de Bill. Gustav estaba feliz de que los otros dos estuvieran lo suficientemente ocupados para cortar el cabello de Tom desde debajo de la cintura, hasta la mitad de su espalda y Bill prometió arreglarlo para él cuando acamparan esa noche. Él ayudó a Tom a recogerlo en una coleta alta por el momento y Tom la admiró, agitando la cabeza de adelante hacia atrás—. Gracias, Gustav. Ahora se siente mucho más ligero.

Entonces, el grupo de tres, caminó por el bosque y, aunque Gustav estaba contento de que ese día hubieran encontrado más provisiones, el viaje se había vuelto mucho más incómodo para él.  Bill y Tom caminaban muy juntitos, riendo ante las bromas del otro, ignorando al resto del mundo. Pero las noches en los campamentos eran mucho peor, cuando ellos se acurrucaban muy cerquita, sonriendo sólo el uno para el otro, con las estrellas del cielo reflejándose en sus ojos.

&    Continuará   &

Aaahhh, nuestro Gusti necesita también su “Único amor verdadero”. ¿Quién creen que será? ¿Y cómo lo encontrarán? Pues los invito a seguir leyendo esta traducción para averiguarlo. Y no olviden comentar. Besos a todos y gracias por su visita.

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