2: Crema Batida

Fic Twc/Toll escrito por MIZU. Traducido por MizukyChan

Capítulo 2: Crema Batida

A la mañana siguiente, Bill tenía incluso más dudas. Se había levantado a las cinco, se había puesto las ropas más andrajosas, alimentó al conejo y cogió lo que esperaba fuera un arsenal de suministros de limpieza, pero sabía que era más como planear limpiar una alcantarilla con una simple toalla de papel. Con todo eso, llenó su carro y salió. Puso la radio en la mejor estación pop, cantó junto a la música horrible pero animosa y, para cuando se detuvo, la triste y débil chispa de esperanza que tenía, sorprendentemente se había vuelto más brillante.

Todo lo que tomó empaparla como una cubeta de agua fría fue dar un paso en la cocina.

Oh, Dios, oh, Dios… —Estaba de pie en medio de la pequeña habitación, girando lentamente, queriendo llorar y vomitar. La noche que había pasado lejos de ese lugar, había suavizado su memoria, se había hablado a sí mismo, hasta creer que no era tan malo.

Probablemente hay una plaga de gérmenes aquí —murmuró para sí mismo, recogiendo… algo… de los mostradores, pinchándolo con los dedos. ¿Un paño viejo? ¿Un trozo de comida?

Cuando una gigantesca cucaracha de alcantarilla se arrastró por los pliegues de la cosa que había tomado, para decirle buenos días, con una antena de una pulgada de largo, Bill chilló y la arrojó, bailando hacia atrás, observando con repulsión, como el gordo monstruo negro se escabullía bajo el horno.

Se puso unos guantes amarillos de goma, antes de dar un paso más hacia el interior, pero se dio cuenta rápidamente de que virtualmente era una defensa inútil. Pero tomando una respiración profunda (cosa que lamentó de inmediato), salió, tomó cinco respiraciones más, y fue hacia su auto.

El auto de Bill (que heredó de su mami cuando ella se fue a Inglaterra), era un Hyundai sedan rojo. Tenía un par de años. Como diez. Pero con la clase de cosas que tenía en él, no era como si nunca hubiera deseado tener un BMW, o algo así. Necesitaba que sus ruedas estuvieran funcionando, no que fuera brillante ni rápido.

Abrió la cajuela y comenzó a escarbar.

No era que estuviera sucio —era más que nada un capricho—, porque a Bill le gustaba tener las cosas a mano. Su casa de invitados, de quinientos pies cuadrados, no estaba abarrotada. Su closet de ropa, por pequeño que fuera, estaba ordenado. En realidad no había nada abarrotado en ninguna parte de su casa chiquita.

Le gustaba pensar que su auto era su “caja de chatarras”. Lleno de cosas útiles que simplemente no se necesitaban todo el tiempo, pero cuando las necesitabas, tío, se NECESITABAN.

Después de un par de minutos escarbando (en realidad había una pequeña organización dentro de todo ese caos), salió gateando y se puso de pie triunfante. En el maletero encontró un par nuevo de guantes de goma y se los puso sobre los primeros. Luego se dio cuenta que la cosa más importante del mundo, su pelo, necesitaba mejor protección. Fue hacia la parte del frente del auto, quitándose los guantes.

Bandana, bandana, bandana. ¡Oh! —Volvió a hacer su cola de caballo, ató una pañoleta sobre su cabeza, volvió a ponerse los guantes, volvió hacia el maletero y sacó cinta adhesiva.

Malditas cucarachas elefantes… —Sacó un trozo de cinta y la adhirió en la parte superior de un guante—. Malditos arrendatarios… —Pegó el otro guante y revisó si quedaban huecos. Satisfecho, flexionó los dedos y puso la cinta adhesiva de vuelta en el asiento trasero, debajo de una caja con dos paraguas, un botiquín y bolsas reciclables.

Poniéndose de pie, giró para enfrentar al edificio con su nueva armadura.

¡No me derrotarás! —Susurró—. ¡Ganaré esta batalla! —Dio pasos determinados hacia la amenazante puerta—. ¡Oh, espera!

Corrió de vuelta al auto, escarbó hasta que encontró una mascarilla que se puso de inmediato.

Escarbó un poco más y encontró un par de lentes antiparras.

Ahora… miró feo al pequeño edificio… estaba listo para la guerra.

&

Cinco horas después, estaba casi listo para admitir su derrota.

¡No puedo hacerlo, Charlotte! —Se quejó al teléfono—. He matado tantas cucarachas, que empiezo a sentirme como un asesino. ¡Ellas te MIRAN! ¡Ellas SABEN!

Escuchó sus palabras tranquilizadoras y de ánimo. Ella no tenía idea. Ninguna.

¿Crees que Nona, secretamente, me odiaba? —Preguntó. Nunca había dudado del amor de su abuela, ni una vez, ni por un micro segundo de su vida. Pero después de esa mañana, sentía que estaba siendo castigado por haber cometido algún crimen atroz, como ser violento en las carreteras, o casarse con alguien a quien no amaba.

Bill había crecido en un pequeño y aislado mundo decente. En su mente, ser rudo, o ir contra tu corazón eran los crímenes más serios que la gente normal cometía.

¡Pero Charrrrrr! —Se quejó—. ¡El inspector viene mañanaaaaaa! —Dio un pisotón. Miró enojado, al edificio, por sobre su hombro, sintiendo su pesada y amenazante mala energía.

Charlotte sacó su “voz de mando”, diciéndole a Bill que él era más fuerte que eso, que había trabajado muy duro para perfeccionar sus habilidades de repostería y que sabía cómo obtener lo que quería, así que se pusiera sus zapatillas de niña grande y que pusiera a trabajar su flacucho trasero.

La pequeña charla motivacional ayudó.

Okey, Char, voy a volver a entrar. Si no he llegado para la cena, las cucarachas me atraparon. Manda a un equipo de rescate a las alcantarillas… uh… hah… okey… a ti también. —Colgó y puso el celular en su bolsillo.

Está bien, mugre, cucarachas, arañas y ratones muertos. —Aguantó una arcada de vómito—. Voy a entrar.

Tres horas más tarde, cerró por el día. La primera capa de mugre se había ido. Apenas hizo la diferencia, porque básicamente eran varios montículos de basura y el fango estancado en el fregadero. Pero dejó cinco bombas mata-bichos antes de irse. Esas cucarachas no iban a derrotarlo.

&

Después de una ducha de cuarenta minutos, alimentó a Aquiles, lo dejó jugar en el patio y fue a casa de Char para cenar. El troll, ya estaba en la mesa.

¿Ya te diste por vencido? —Preguntó Gus, dando una gran mordida a un tuto de pollo.

Bill hizo una mueca. Después de un par de años viendo a su cuñado comer carne como una hiena hambrienta y sarnosa, estaba considerando seriamente convertirse en vegetariano.

No, no me he dado por vencido. Y a propósito, eso es muy asqueroso —dijo, alejándose de la grasosa, trituradora y chupadora de huesos boca de Gus.

Después de haber estado ahí, verme comer tendría que ser como ver un jardín de flores.

Bill se estremeció y tragó pesadamente, imaginándose ahora todas las cosas nada bonitas de un jardín, como las babosas y las arañas. Giró su plato y se enfocó en su puré de papas, completamente desinteresado en la pechuga de pollo.

¿Ya has inventado algún nombre para el lugar? —Preguntó Charlotte.

¿Dónde Los Sueños Van a Morir? —Sugirió Gus.

Bill lo ignoró—. No todavía, pero tengo un par de ideas.

¿Qué clase de cupcakes trajiste? Parecen pequeños pasteles de cerezas —Preguntó su hermana, viendo el plato en el mueble de la cocina. Bill le dio una sonrisa emocionada.

Cupcakes tipo pie de cereza con una capa de queso criollo adentro. Serán los cupcakes de julio, ¡el mes del próximo verano! —Su sonrisa decayó—. Si es que abro el negocio —agregó con tristeza.

Estará abierto, Yam —le aseguró Char, dando palmaditas en su brazo.

Bueno, estoy listo para probar uno —afirmó Gus, levantándose con su plato.

La única cosa que Bill podía tolerar del idiota, era que el tipo amaba sus cupcakes. Incluso en esos tiempos, cuando él y Charlotte estaban comprometidos, y Bill le había dado algunos con una fuerte de laxante, Gus había culpado a la cena, aun cuando hubiera sospechado de los cupcakes. Nada ni nadie, iba a hacer que dejara de comerlos.

Regresó con dos en cada mano.

Bill y Charlotte lo observaron mientras probaba el primero. Frente a sus ojos, los cuatro cupcakes desaparecieron en segundos, Gustav hacía sonidos eróticos, batiendo las pestañas de éxtasis, mientras prácticamente los tragaba completos.

Maldición, Gus —susurró Bill, casi sorprendido. Lo había visto antes, muchas, muchas veces, pero nunca dejaba de sorprenderlo. Su cuñado se echó hacia atrás, desabotonó su pantalón y dejó salir un sonoro eructo.

Nada mal.

Bill esperó. Lo único que podía tolerar de su cuñado eran sus comentarios sobre sus experimentos. El hombre en verdad le daba críticas constructivas bastante razonables.   

Gustav dio golpecitos a su boca repetidas veces, mirando al techo, pensando. Dio unos golpecitos más a su boca.

Usaste una variedad barata de cerezas.

Sí, pero usaré unas frescas para la pastelería. —Había tenido que usar cosas económicas para ahorrar dinero.

Gustav asintió—. El relleno de queso estaba un poco ácido, lo que hace un poco pesado para ser un cupcake de verano. Deberías hacerlo un poco más liviano o dejarlo para el otoño.

Bill asintió y esperó el veredicto final.

Lucen genial. La elección de la crema de queso criollo fue perfecta. Su acidez hace juego con la acidez de las cerezas. La crema de queso regular habría sido muy dulce. La parte del pastel estaba húmeda, hiciste un buen trabajo al hacer que la masa se pareciera al estilo de los cupcakes, pero creo que un capa de cereza en la punta más la cubierta, ocuparían mucho espacio. Creo que deberías hacer ambas capas más delgadas o hacer los cupcakes más altos. Pero eso no funcionaría muy bien, porque estás tratando de hacer cupcakes estilo pie. Quítale un poco de relleno: con cerezas de mejor calidad o con cerezas reales, no necesitarás demasiado.

¡Gracias, Gus! —Bill le sonrió. Gustav sonrió de vuelta. El momento duró cerca de treinta segundos y la tregua terminó.

Gustav arrugó el ceño—. Bueno, la cena terminó. Mi esposa y yo vamos a ver una película y a tener sexo. Vete a casa.

Bill rodó los ojos y tomó su plato—. Está bien, cara de poto. Char, gracias por la cena. —Se inclinó y le dio un beso a su hermana en la mejilla—. Te contaré cómo me va con la inspección mañana.

Después de poner su plato en el lavavajilla, salió por la puerta trasera y cruzó el patio hasta su casa, los nervios comenzaban a picarlo. Rogaba y esperaba que el inspector fuera una persona decente y que le diera una semana o dos extra, antes de hacer el reporte y trató de pensar en alguna historia triste que le consiguiera la extensión.

Aquiles dio un salto detrás de él y juntos, entraron en la pequeña cabaña.

&   Continuará   &

En el siguiente capítulo aparece el inspector Tom y no tienen idea de la personalidad que tiene en esta historia. ¡Lo van a adorar!  XDD

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