Doctor Kaulitz

Notas de MizukyChan: Este fic fue escrito originalmente en ruso, luego traducido al inglés y luego pasado al español, por mí. Karina recibirá sus comentarios, así que no se contengan y dejen muchos reviews.

Fic de Karina 2402. Traducido por MizukyChan

«Doctor Kaulitz»

¡Tú, bastardo estúpido! ¡¿De verdad crees que puedes pedirme perdón?! —Trumper apretó el celular entre el hombro y su oído, para dar un brusco giró por la carretera—. ¡Tú, hijo de puta! Más vale que te mudes a otro país si no quieres sentir mi venganza. ¡Te lo advierto! —El chico volvió a sujetar el móvil con la mano, tocando la bocina frenéticamente al Volvo que bajaba la velocidad frente a él y maldijo—. ¿Cómo que, qué Tom? No digas mi nombre y cierra la puta boca. Es por tu culpa que me he pasado este tiempo en hospitales y tragando toneladas de pastillas. ¡¿Qué quieres decir con que “no es tu culpa”?! ¿Quién fue el borracho idiota al que se le ocurrió la gloriosa idea de nadar en noviembre? ¡Bien, quizás fue el jodido Santa Claus el que me causó esta maldita infección a la próstata! ¡No, no es tu puta culpa que me estén llenando de drogas y que me estén torturando con estos jodidos “tratamientos de calor”! ¡Sin mencionar todos los enemas que me he tenido que hacer! —Tom condujo hasta una avenida, le mostró el dedo a un anciano que manejaba un viejo Volkswagen y que lo estaba adelantando, pasando por mucho el límite de velocidad— ¡No, no he terminado! ¡No todavía! ¡Lo mejor ni siquiera ha empezado! Ese doctor viejo, el muy cretino, me ordenó tomar diez sesiones de masajes a la próstata, como guinda de la torta. ¡¿Tienes la más jodida idea de lo que es eso?! ¡Es un maldito infierno, hijo de puta! ¡Una tonta enfermera que parece vaca pondrá sus gruesos y feos dedos directo en mi culo! ¡Cada puto día, jodido idiota! ¿Y todo lo que me dices es que lo sientes? ¡Vete a la mierda!

Tom colgó la llamada y arrojó el teléfono al asiento del lado. Golpeó el volante con las palmas y buscó un lugar para estacionar en el hospital. Era su octava visita a ese lugar. Había intentado imaginar qué clase de tortura sufriría en unos minutos. Se imaginó a una enorme enfermera, con bigote y con manos gigantescas que metería hasta los codos en su culito virgen. El dolor por sus brutales embestidas, destruiría su cuerpo… Sus puños lo penetrarían hasta el estómago. Las imágenes en su cabeza eran tan vívidas que Tom hizo una mueca, gruñendo—. Dios, por favor, ayúdame.

Al final, se pudo componer y salió del auto con sus piernas todavía temblando.

&

¿Puedo entrar?

Trumper tocó tímidamente la puerta, abriendo levemente y, al no recibir respuesta, entró a la consulta, iluminada y esterilizada. Sus ojos llegaron a la camilla y al instrumental médico preparado con motivos desconocidos para él. Desde el comienzo se sintió mareado y con nauseas, imaginándose en el sillón con todos esos instrumentos usados en él. Usados en su pobre trasero. Tom se sujetó del respaldo de una silla, tomó una respiración profunda, tratando de mantener la cabeza en su lugar, intentando superar esa repentina debilidad y así, volver a concentrarse.

Toma asiento —dijo una agradable voz masculina. Vino tan inesperadamente que Tom dio un respingo y dejó caer el reporte médico que llevaba en las manos.

Un chico alto, con un cuerpo esbelto, entró en la habitación desde la parte de atrás. Usaba un uniforme azul, con una placa con el nombre de “Bill Kaulitz” en ella. El chico se secó las manos con una toalla y luego la dejó a un lado. Se sentó en su lugar y le dio una mirada al paciente, obviamente asustado.

¿Y dónde está… la mujer? —Balbuceó Tom, cuando comenzó a comprender la situación. ¡Su trasero sería tocado por un hombre! ¡Un hombre joven! ¡Un hombre guapo, maldita sea!

¿Qué? —El doctor sonrió. Luciendo sorprendido, arqueó una de sus cejas, mostrando que tenía un piercing en ella.

Bueno, yo pensé… que el doctor iba a ser… una mujer. —Trumper se sintió muy avergonzado. Recogió del suelo, el reporte médico que llevaba y lo dejó en la mesa.

La señora Mendes está de vacaciones en estos momentos. Si quiere que lo trate la doctora, tendrá que regresar en un mes. —El chico, de cabello corto y rubio, le regresó el reporte al paciente.

Oh, no, está bien. Estoy bien con usted. ¡Acabemos con esto! —Tom volvió a mover el reporte hacia el doctor y apretó las manos, notando que toda esta situación lo estaba poniendo bastante nervioso.

El doctor era absolutamente de su gusto. Era un chico guapo, cabello rubio, cara perfecta, con algunos piercings y tatuajes en los brazos, que se asomaban de las mangas dobladas de su uniforme. Tom calculaba que debía tener unos 26 años. El doctor tenía un cuerpo alto y esbelto, sin ningún exceso de grasa corporal y con ojos astutos, labios llenos y un lunar justo debajo de su labio inferior. Él irradiaba una clase de poder erótico inmenso y extraordinario, incluso a la distancia. Aun en esos instantes, en que estudiaba el reporte médico de Tom con una expresión seria y concentrada en el rostro, se veía absolutamente precioso. La mirada de Tom cayó en los largos y delicados dedos del doctor, que giraban las páginas del documento y jadeó, al recordar por qué estaba ahí y dónde estarían esos dedos en unos minutos. Ante ese pensamiento, una ola de calor atravesó todo su cuerpo y las palmas de sus manos empezaron a sudar. Tom no podía decidir si era por pánico o emoción. Sus instintos primarios le ordenaban huir, mientras que las otras partes de su cuerpo, le gritaban que se quedara.

Bueno, comencemos. —El doctor se puso de pie de su lugar y con un gesto, señaló a Tom la camilla, poniéndose los guantes esterilizados—. Quítate los pantalones y la ropa interior, levanta tu camisa y ponte en una posición de rodillas y codos.

El tono mandón del doctor y toda esa extraña situación, avergonzaron a Tom y un escalofrío recorrió su cuerpo. Comenzó a desabrochar su cinturón a velocidad de caracol, tratando de dilatar el inevitable procedimiento.

¿Espero que te hayan informado sobre la preparación?

Sí…. Usé un limpiador. —Los grandes jeans de Tom cayeron hasta sus pies cuando los desabotonó—. Y no he orinado antes del procedimiento.

Genial. Bien, entonces ¿por qué estás parado ahí como una roca? —El doctor sonrió y se alejó para tomar una botella de gel lubricante de la bandeja de metal y puso un poco de la substancia transparente en su dedo del medio—. El gel tiene un poco de anestesia en él, así que suavizará el dolor. Y no te preocupes, no es tan malo como parece a simple vista.

El doctor le sonrió a Tom, dándole ánimo, mientras que el castaño cerraba los ojos apretadamente, se quitaba el bóxer y subía a la camilla, enterrando la cara entre sus manos. Bueno, aunque él era gay, y aunque tuviera un poco de experiencia sexual, nadie había tocado su trasero de esa forma. ¡Especialmente de esa forma!

Trumper exhaló pesadamente, mordiéndose por dentro su propia mejilla y casi gritó cuando sintió la cálida mano del doctor en su cintura.

Sshh, no necesitas ponerte tan nervioso. Todavía no he hecho nada. Cálmate y trata de relajarte.

Bill hizo círculos en el apretado anillo de músculos con la yema de su dedo, presionando delicadamente el esfínter hasta ingresar su primera falange. Tom se sorprendió, luego soltó un quejido ante la sensación poco familiar. Su cuerpo se tensó, apretando y tratando de sacar el objeto intruso.

No aprietes los músculos así. Hasta el momento solo he ingresado una falange, eso no es nada. Relájate y te sentirás mejor.

Tom respiró profundamente y trató de relajarse, pero tan pronto el doctor trató de ingresar, sus músculos se comprimieron y se apretaron en torno al dedo del doctor.

Y ahora, ¿qué debo hacer contigo? —Kaulitz dio palmaditas en la espalda de su paciente, sin tener idea—. ¿Debería ponerte una inyección para que te relajes?

Trumper negó con la cabeza, murmurando algo que nadie pudo entender y movió las caderas hacia atrás, buscando una posición más cómoda.

Los delicados dedos del doctor volvieron a ingresar y Bill se sintió aliviado cuando las suaves paredes, finalmente, lo dejaron entrar, aun cuando todavía algo de oposición.

¿De dónde salió la idea de salir a nadar en noviembre? ¿Querías congelarte o qué? —El doctor presionó el dedo más profundamente, sintiendo la próstata, y comenzó a examinarla, tratando de estimar el tamaño, la forma y la simetría.

Un amigo idiota me empujó al agua. ¡Ohh!

De repente el doctor tocó un punto desconocido dentro de él y Tom se estremeció. Soltando una sensación inesperada al tocar ese centro nervioso, una ola de placer inimaginable lo recorrió, robándole el aliento y haciéndole olvidar instantáneamente por qué estaba ahí. El dedo se deslizó por ese punto sensible, una y otra vez, sin intensión de parar y el cuerpo de Tom estaba a punto de explotar con cada nuevo toque.

¡Parece ser un tipo agradable, tu amigo! —Kaulitz frotó los suaves bordes de la próstata, notando que el tamaño y la forma coincidía con la norma y que tocándola, no causaba ningún dolor en el paciente. Por el contrario, parecía gustarle. Bill se inclinó hacia adelante y sonrió al ver a Tom medio duro.

¡Es un completo idiota!

Tom apretó la mandíbula y casi se mordió un dedo, al notar que el creciente placer provocado por las caricias del doctor se estaba volviendo una erección completa. Una vez que el dedo del doctor salió, sintió su pasaje extrañamente vacío. Bill se acercó a Tom por un costado, sujetó su miembro y, con su mano enguantada, sacó unas gotas del fluido de Tom y lo puso en un frasco.

Hemos terminado por hoy. —El doctor se alejó y fue hasta su mesa de laboratorio. Tom giró hacia el doctor y le dio una mirada de sorpresa.

¿Qué quiere decir con que ya hemos terminado?

La sorpresa en la voz de Tom le causó gracia a Bill. Lentamente, el doctor se aproximó hacia el chico apuesto, que todavía estaba de rodillas en la camilla, completamente excitado y con un brillo en el rostro, y dio unas palmaditas en sus nalgas.

Tendremos un efecto más fuerte si te acostumbras al procedimiento, poco a poco —la voz susurrante del doctor, sonó tan íntima que Tom se sonrojó por completo y se alejó, dándose cuenta que todavía estaba de rodillas frente a la cara de Bill.

Yo solo… yo pensé… —El chico recogió sus jeans del suelo y rápidamente trató de ponérselos—. Pensé que el procedimiento duraría mucho más. Y que sería mucho más doloroso… Me parece que lo hicimos en unos treinta segundos… ¿o tal vez menos?

Todavía no te he hecho un masaje. —Bill se alejó hacia la mesa, escondiendo una brillante sonrisa, se quitó los guantes y se limpió las manos con una toalla húmeda—. Solo te examiné y tomé secreción de tu próstata para mayores análisis. Tan pronto tenga los resultados, seré capaz de decidir el número de sesiones que necesitaremos y haré un horario para los dos. Y para responder a tu pregunta, esta clase de masajes toma de uno a dos minutos.

¿Tan poco? —Susurró Tom, un poco perplejo y desilusionado, causando una nueva sonrisa en el bello rostro del doctor.

¿Preferirías uno más largo?

¿Yo? ¡No! Bueno… ya te dije lo que pensaba. —Trumper sonrió nerviosamente y levantó los jeans, para tratar de ocultar su erección del doctor.

No te estreses. Toma tu tiempo, Tom. Necesitas orinar antes de irte. El baño está por ahí. —Bill señaló una puerta en la parte de atrás. Y le dio una última mirada a la dureza de Tom, mientras se dirigía a la mesa del laboratorio.

Tom suspiró pesadamente y se sintió un poco cabreado al darse cuenta que tendría que encargarse de su erección en el mismo baño, a solo unos metros y una puerta, del sexy doctor.

&

¿Bill, qué pasó? ¿Murió alguien? —Amistosamente, Tom saludó con la mano a Bill y fue hasta la camilla, mientras se desvestía.

En las últimas dos semanas de las visitas de Tom, se había vuelto bastante buen amigo del apuesto doctor. Ahora, ambos se sentían cómodos el uno con el otro y, poco a poco, habían empezado a compartir cosas personales. Mientras Bill solía contarle historias de médicos, de su trabajo en el hospital, Tom, continuamente, se quejaba de su mala suerte en su vida personal. Y en esas historias resultó que a Bill también le gustaban los chicos, pero a diferencia de Tom, tenía una pareja, un novio.

Sin embargo, Bill siempre trató de evitar este tema y lucía preocupado cada vez que parecía pensar en ello. Tom no podía quitarse la sensación de que había problemas en la relación sentimental del doctor. Sus suposiciones fueron confirmadas una vez, cuando, accidentalmente, fue testigo de sus “problemas familiares”. Un chico guapo y bajito, de unos diecinueve años se metió a una de sus sesiones de masajes y comenzó a gritarle a Bill, llamándolo idiota despreocupado. El chico no podía entender cómo Bill se había olvidado de su aniversario. Tom, en esos mismos momentos, estaba de rodillas, en una pose muy comprometedora, con los dedos del doctor en su punto íntimo, y estaba tan en shock por la aparición del tipo que no pudo ni siquiera hablar. Solo miró con la boca abierta a la criatura histérica, por el espacio entre las cortinas. Era la primera vez que Tom veía enfurecido al simpático doctor. Bill rugió como un animal y le dio al tipo una mirada asesina y éste, inmediatamente, cerró la boca y retrocedió hacia la puerta. Kaulitz saltó sobre su novio, lo cogió por el cuello de la camisa y lo sacó de la consulta y luego, cerró con llave.

¿Y por qué demonios vivo con ese idiota?

Tom estuvo de acuerdo con el doctor, pero no dijo nada en voz alta y fingió ser cortés.

Su propia compasión por el sexy doctor había crecido exponencialmente. Los masajes ya no eran solo un procedimiento médico, sino que se habían convertido en un juego preliminar para las fantasías con las que se masturbaba en el baño del doctor. Cada vez que se masturbaba, soñaba que sus fantasías algún día se harían realidad. Hubo un tiempo en que la idea de una camilla en una habitación con olor a medicina lo aterraba, ahora, lo volvía loco. Y esperaba cada sesión, como si se tratara de una cita, emocionado y con mariposas en el estómago.

Todo está bien, gracias a Dios. —Bill le sonrió cálidamente a Tom. Se puso los guantes y puso lubricante en un dedo—. Últimamente todo está bien. No hay casos graves, así que me puedo relajar. Y tú deberías hacer lo mismo. —Juguetonamente, Bill le dio una nalgada al firme trasero de Tom y, gentilmente, ingresó un dedo—. Relájate o de otra forma, será doloroso.

La voz del doctor sonaba tan íntima y provocadora, que Tom se estremeció y gimió. Curvó la espalda un poco más fuerte, dándole al doctor mejor acceso a su cuerpo. Tom tenía que admitir que los toques íntimos del doctor y sus propias fantasías sexuales, lo provocaban mucho más que un montón de sexo aburrido de las salas de algunos clubs. Entre tanto, un dedo ya no era suficiente, y su cuerpo anhelaba más. Trumper le habría pedido más a Bill, pero el rubio ya estaba tomado. La familiar sensación exploratoria apareció, por estimular la zona nerviosa. Tom abrió las piernas un poco más y gimió de éxtasis sin restringirse a sí mismo.

Bill, quien estaba de pie detrás de él, de pronto se detuvo y pausó su dedo. Aun así, en ese preciso instante, la gentil mano de Bill se deslizó por su espalda, acariciando los músculos bajo la piel bronceada. Tom llevó la cabeza hacia atrás, cerró los ojos y con un hondo jadeo, movió las caderas hacia el dedo del doctor, tomándolo dentro de su cuerpo tan profundo como pudo, hasta la raíz. Por primera vez llegó tan profundo. Por primera vez tan fieramente. Por primera vez con tanta intensidad.

Repentinamente, las manos que lo acariciaban se habían ido y su esfínter se sintió tirante. Sorprendido por el súbito vacío, Tom supuso que Bill había vuelto a sus sentidos y que ahora le pediría que abandonara la habitación, pero una nueva sensación lo hizo estremecer de emoción y sus ojos se abrieron mucho. Bill se había quitado los guantes y ahora untaba el anillo punzante de músculos con más lubricante. Acarició gentilmente el bultito y comenzó a masajear su apretada entrada, tratando de ingresar ahora dos dedos. Tom chilló y acercó su trasero hacia el doctor, cayendo sobre su pecho. Nunca antes había sentido algo como esto. La presión de los dedos del doctor en su recto no era dolorosa, sino que llenaba su cuerpo de un placer incomparable. Bill entró más profundamente, sintió la próstata y comenzó a masajear por ambos lados. En el mismo instante en que Bill comenzó a presionar su punto nervioso, su pulgar tocó su entrada por fuera, haciendo que Tom, instantáneamente, gritara fuerte

Trumper no sabía qué hacer consigo mismo, por un momento pensó que iba a morir por la intensidad de esta nueva sensación. ¿Si quiera había pensado alguna vez que un chico podría llegar a ese estado de eufórico placer sin tocarse a sí mismo? ¡Nunca, jamás! Dos dedos se volvieron tres y los movimientos se volvieron más rápidos y más fuertes. Ahora, definitivamente, era mucho más que un masaje.

Bill penetraba ese tan deseado cuerpo, excitándose por completo con solo mirar como sus dedos se hundían en el punzante y ardiente canal cada vez que los introducía dentro de Tom. El doctor tenía una erección, pero no estaba seguro si debería dar el último paso, y salirse de su relación doctor-paciente.

Dios mío, Bill, voy a… voy a… a… ¡Oohh!

Tom se sacudió y embistió hacia atrás tan fuerte como pudo, empalándose en los dedos de Bill. Gruñó y lanzó un chorro, humedeciendo la fina tela con sus transparentes fluidos corporales. Se quedó sin aliento, su cabeza flotaba, sus interiores punzaban y un dulce placer cálido se esparció por cada esquina de su cuerpo sudoroso. Jadeante, apretó los dedos de Bill, todavía enterrados dentro de él y miró su semen, notando que su pene todavía estaba duro.

¿Qué es esto? ¿Cómo es posible? Acabo de correrme… ¿pero todavía quiero? ¿Y por qué mi esperma luce tan rara?

No es tu esperma, es la secreción de tu próstata. Acabas de tener un orgasmo anal, por eso todavía estás duro —susurró Bill y su voz tembló.

El sonido de la voz de Bill y su cálido aliento en la piel, instantáneamente hizo estremecer a Tom.

Bill… yo… tú, maldición.

Tom se movió, soltándose de las caricias de los dedos del doctor y, sosteniendo sus jeans con una mano, se apresuró hasta el baño. Deseaba locamente hacer todo con Bill, tener sexo real, pero todavía había un hombre entre ellos, que interfería en sus planes con Bill. ¿O tal vez era el mismo Tom quien estaba interfiriendo en los planes de Bill?

El chico se lavó la cara con agua fría. Se apoyó en el lavado, mirando como caían las gotitas. Su cuerpo todavía demandaba liberarse, aun cuando todavía se hallaba inmerso en el frenesí de su reciente orgasmo. Tom no tenía idea cómo funcionaba, pero era claro que se trataba de un orgasmo.

De pronto, cálidas palmas rodearon su cintura, un cuerpo caliente se presionó contra su espalda y suaves labios tocaron su cuello.

¿Me deseas?

Tómame.

Con solo una palabra no hubo vuelta atrás. Sin barreras, sin fronteras. Solo eran ellos dos y sus ropas cayendo. Intensos besos húmedos. Gemidos roncos. Manos que buscaban. Y la primera penetración.

Había habido demasiada espera, demasiado deseo ardiendo, demasiado de una sensación inexplicable.

Tom estaba perdiendo la razón y no había forma de pararlo. Trató de mantener el último rastro de control, pero cada embestida salvaje, unida a los rítmicos gemidos, la sensación de la carne dura y caliente deslizándose hasta su punto dulce, la respiración errática en su oído, todo eso le hizo perder la batalla contra la realidad. Tom estaba cayendo, cayendo profundamente en el mar del placer, incapaz de resistirse, incapaz de detenerse. Sacrificándose a sí mismo, hasta la última partícula de su cuerpo y su mente.

Bill tiró del amarre del cabello castaño de su amante, sujetó el pelo en un puño y buscó los mordidos labios de Tom, tirando la cabeza de su amante para hacerlo. Se lanzó sobre Tom con un beso húmedo, incrementando el ritmo de las embestidas, luego agarró su cintura y obligó a su amante a montarlo, empujando su cuerpo contra su polla y llevándose a sí mismo hasta el frenesí.

A Bill le gustó este chico atractivo desde el primer momento en que se conocieron. Había estado deseando pedirle una cita desde entonces y este, inesperado giro de la Dama de la Fortuna, llegó en un muy buen momento.

Bill salió de su cuerpo y sujetó el brazo de su amante, llevándolo hasta la consulta y lo empujó al sofá. Puso las largas piernas de Tom sobre sus hombros, obligando al castaño a casi doblarse, rápidamente entró al pasaje abierto y de inmediato tomó un ritmo fuerte, embistiendo su cuerpo, ahora, en una superficie más suave.

Los gemidos de ambos hombres se mezclaron en un grito jadeante y los fuegos artificiales del orgasmo los cegaron, haciendo que sus cuerpos se arquearan de placer. Tom soltó su semilla blanca como la leche en el vientre de su amante y sintió la polla de Bill contraerse y explotar en sincronía, llenando su interior con el cálido fluido. Tom sintió un gran alivio después de sus dos orgasmos y su cuerpo cayó en un estado Nirvana, relajado y exhausto.

Bill, esta era nuestra última sesión, ¿verdad? —Tom abrió los ojos y vio la cresta rubia del cabello de Bill. Su cara estaba enterrada en su pecho.

Sí —murmuró Bill, sujetando a Tom y con un súbito movimiento, lo dejó arriba de él.

Eso significa… —empezó Tom, separando sus piernas y sentándose cerca del miembro de Bill—, que no te veré más…

Espero que no. Por lo menos no aquí. —Bill apretó los firmes cachetes de Tom, con un gemido de placer. Acarició su dulce agujero y metió dos dedos, sintiendo su propia esperma allí.

¿Qué significa eso? —Gruñó Tom, moviendo sus caderas, bajando por su carne tanto como pudo.

¿Te puedo pedir una cita?

¿Y qué hay de tu… novio?

A la mierda con él, lo dejaré hoy mismo. Aún no puedo entender cómo he estado con él por casi medio año. —Bill le dio a Tom una sonrisa encantadora, miró a sus hermosos ojos de chocolate y respiró en sus labios—. ¿Crees en el amor a primera vista?

Definitivamente no. —Tom buscó los hinchados labios del doctor y recordó la primera vez que vio a Bill. Su apariencia, sus gestos, sus… dedos. Sonrió ante sus pensamientos. Succionó el labio inferior de Bill con el sexy piercing y sonrió—. ¿Y tú? ¿Crees?

Yo… tampoco. —Bill jadeó, presionando el fuerte cuerpo de Tom contra su pecho y le dio un beso largo en esos labios suaves, sabiendo que ya estaba perdido.

F I N

¿Gustó? Apuesto a que sí. Ahora, beban un poco de agua fría, para que les baje el color de las mejillas. No olviden dejar sus reviews, porque Karina los verá. Besos a todos y gracias por venir.

2 comentarios en “Doctor Kaulitz”

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