The spirit of Love 1

Notas de MizukyChan: Amé este fic, porque empieza como una comedia, pero a medida que avanza se vuelve romántico y tierno. Muchas gracias por acompañarme en esta aventura para el maratón de San Valentín. Besos a todos.

The spirit of Love 1

«The Spirit of Love»

Capítulo 1

Tom gritó de pura frustración cuando sonó la alarma de incendio en el pasillo del departamento… otra vez. Había salido de la ducha, después de las 11 pm y, de verdad, quería irse a dormir.

En cambio, se secó muy rápido, se puso un pantalón, una playera, calcetines y zapatillas. Esta vez recordó tomar las llaves y abrió la puerta para correr a la de María, la dueña del apartamento del frente, cuyo esposo trabajaba por las noches. Estaba cargando a un adormilado bebé, mientras trataba de tomar la mano de una pequeña de cuatro años que lloraba, para ponerle a ambos los abrigos.

Hey, déjame cargarla —dijo Tom y se arrodilló frente a la niña—. Hey, princesa, ¿tienes sueño?

La pequeña Jennifer, que usualmente le daba una sonrisa tímida a Tom y le saludaba con la manito, lo miró antes de enterrar su rostro en el vientre de su madre llorando más fuerte. Tom descansó su mano sobre la cabecita desordenada un momento y habló suavemente aún con el sonido de las alarmas.

Hey, Jenny, está bien. No tengas miedo. Tu mamá, Bryce y yo vamos a salir fuera un rato y vamos a ver los sorprendentes camiones de bomberos, igual como hicimos la otra noche y la semana pasada. ¿Te acuerdas cuando vinieron los bomberos con sus abrigos y cascos divertidos?

La niñita miró de lado y aguantó las lágrimas—. ¿Está bien si te levanto y te llevo afuera, para que tu mamá pueda cargar a Bryce?

Jenny sorbió los mocos y no fue con Tom, pero tampoco se puso en contra. Él tomó el abrigo de manos de María y lo puso sobre los hombros de la pequeña, antes de tomarla en brazos. Jenny enterró la cara y la escondió en su cuello.

María le dio a Tom una sonrisa y puso el otro abrigo sobre su hijo y siguió a Tom por las escaleras hasta el pequeño lobby del edificio. El resto de los habitantes se estaba reuniendo alrededor. Algunos se quejaban fuertemente de que no saldrían fuera, hacia el área de evacuación.

Es otra maldita falsa alarma —alegaba el señor Miller con su esposa y otra señora del segundo piso—. Es la quinta este mes. Ya estoy harto de esta mierda. Alguien tiene que hacer algo.

Tom rodó los ojos al escuchar el mismo argumento de la noche anterior. Claro que todas habían sido falsas alarmas y todas habían pasado entre las 11 pm y la 1 am, pero aun así debían obedecer las reglas. Solo porque las últimas cuatro habían sido falsas, no significaba que la siguiente no fuera real. Aunque era agotador y frustrante encontrarse con el resto de los vecinos y evacuar hacia el área de estacionamiento al otro lado de la calle.

Pero, aunque el invierno al sur de Florida había sido extrañamente cálido, las noches de principio de febrero todavía estaban un poco frías como para disfrutar las salidas. Tom iba siguiendo a María, listos para salir del edificio cuando el encargado del edificio lo llamó.

Hey, mejor esperen en el lobby, esta noche. Ya sabemos que es otra falsa alarma. ¡No hay fuego, no hay fuego! —Gritó un poco más fuerte a una pareja de ancianos que se dirigía a la puerta.

Tom se alzó de hombros y miró a María, quien sonrió ante la idea de no sacar a sus niños afuera. En lugar de eso, ella y Tom encontraron un lugar en un rincón del lobby y él pidió una silla para ella al señor Miller, que estaba con un grupo de personas, especulando molestamente sobre las causas de las alarmas.

Jennifer se ubicó mejor en su cuello y volvió a suspirar. Tom trató de balancear el peso de la niña en una mejor posición, mientras ella aminoraba su respiración. Se arriesgó a moverla un poco para ver su cara y encontró sus ojitos cerrados. Le dio una mirada a María, quien sonreía ante la imagen que ellos dos mostraban.

Tom devolvió la sonrisa y volvió a acomodar la cabeza de la niña cuando las puertas del lobby se abrieron y entraron los bomberos.

¿Qué rayos está haciendo esta gente todavía aquí? —Demandó uno de los bomberos. El encargado del edificio se aproximó hasta él—. Evacúelos a todos ahora.

Comenzó a enviar órdenes a sus hombres, mientras corrían por las escaleras. Tom los observó desde su rincón seguro, con la pequeña familia y escuchó sin vergüenza.

No es necesario que evacuemos a nadie esta vez. —Trató de explicar el encargado por sobre las órdenes del capitán—. Dije que ya sabemos quien fue esta vez.

Quiere decir que sabe que es otra falsa alarma.

El encargado asintió con la cabeza frenéticamente—. Sí, lo sé. ¡Estoy seguro de tener al culpable esta vez! ¡Está por aquí!

Los ojos de Tom y el capitán siguieron el dedo del arrendatario que apuntaba a otro rincón del lobby, hasta una planta falsa. Una figura delgada que vestía una capucha negra, estaba de pie en las sombras.

El capitán de bomberos rodó los ojos y se acercó, seguido por el encargado. Tom ladeó un poco la cabeza para tratar de escuchar qué estaba pasando, pero lo mejor que logró fue escuchar algunas palabras entre el bombero y el encargado gritando cuando la figura dio un paso al frente.

¡¿Incienso?! Por toda la mie… —dijo el capitán fuertemente. La figura asintió con la capucha y pareció encogerse un poco. El encargado todavía estaba enojado y gesticulando contra la figura encapuchada.

¿Cuántas veces… —Gritó el capitán, antes de recordar que debía moderar su voz.

Tienes que parar esto, o te sacaré de aquí. ¡Debería dejarte en la calle ahora mismo! —Al encargado no le importó que todos escucharan su amenaza. Tom observó como el señor Miller y los viejitos asentían con la cabeza y uno de ellos dijo “sí, sí”.

La figura encapuchada se encogió todavía más cuando el encargado del edificio gritó—. ¡Y quítate esa endemoniada capucha cuando te hablo!

Una mano delgada y pálida se dirigió hacia arriba y tiró hacia atrás la capucha, revelando una de las caras más bellas que Tom hubiera visto. No pudo evitar quedarse mirando al hombre guapísimo al otro lado de la habitación ‒hombre guapísimo que no dejaba de apretarse las manos, mientras el encargado seguía regañándolo.

Tom vio que el joven abrió la boca varias veces para aparentemente hablar a los dos hombres iracundos, pero no parecía ganar el argumento.

¡Solo una oportunidad más! Te daré solo una oportunidad, ¿me oíste? Si prendes una vela más, o un palito de incienso más, incluso si prendes un fósforo, saldrás de aquí, ¿me entendiste? —Continuó gritando el encargado.

El joven asintió rápidamente y continuó con la mirada baja cuando el capitán de los bomberos de acercó a él y le dijo cosas, mientras el encargado asentía frenéticamente.

Tom suspiró. Pensó que la persona más sexy del departamento era, aparentemente… candente. O pirómano o algo así. Jennifer se movió contra él, una de sus manos se aferró a una trenza y tiró. Tom gentilmente la levantó, sobre su cadera y con su mano libre trató de liberar la trenza. María soltó una risita suave.

Agáchate un poco y yo me encargo de eso —ofreció ella. Tom obedeció y con cuidado, ella sacó la mano de su hija, para soltar la trenza.

Gracias —dijo.

Ella volvió a reír—. Ya me puedo encargar de ella, Tom. Estoy sentada y tú te vas a cansar con ella en brazos.

El negó con la cabeza y sonrió—. Está bien. Tú todavía tienes las manos ocupadas. Estoy bien y ella es un excelente ejercicio para los brazos.

María le agradeció y volvió a mirar a su hijo. Tom sacó algo de cabello de las mejillas de Jennifer y dio una mirada por la habitación. El capitán de bomberos se había alejado y hablaba a sus hombres por la radio. El encargado todavía discutía con el joven, quien miraba al otro del lobby directamente a Tom. Tom se congeló un momento y por acto reflejo comenzó a sonreír al extraño, pero el joven volvió a bajar la mirada mientras escuchaba el regaño.

Tom suspiró y Jennifer también lo hizo. Cuando el capitán de bomberos finalmente apagó las alarmas y les dio el okey, Tom estuvo más que listo de llevar a Jennifer al departamento de María y dejarla justo en su cama. María le agradeció una y otra vez, y él solo sonrió. En su camino hacia el frente, movió los hombros un par de veces y estiró una mano para frotar el izquierdo. Cargar a una pequeña era definitivamente más entrenamiento del que había pensado.

Tom había fijado un ojo en el chico vestido de negro, pero desapareció tan pronto como el encargado le dio la espalda, así que todavía no tenía idea de dónde vivía. Era un asunto muy extraño, pero no pudo evitar preguntarse por qué seguía haciendo sonar las alarmas de humo.

Este fue el último pensamiento que tuvo cuando se fue a la cama. La mañana llegó demasiado rápido, pero ya estaba listo y preparado para irse al trabajo a las 8 am. Aun con café y soda, estuvo bostezando todo el día y estaba listo para renunciar cuando se acabó su turno. Algunos de sus amigos lo invitaron a salir y Tom, a sus 25 años, se sintió viejo, al darse cuenta que prefería pasar una tarde tranquila y acostarse temprano porque estaba muy cansado.

La idea lo hizo tensarse, pero alejó ese pensamiento con una sonrisa cuando se lo mencionó su amigo, Georg.

Mierda, Tom, te podría haber dicho que estás hecho todo un anciano —bromeó—. ¿Y cuándo vas a encontrar a tu amor y sentar cabeza? Sabes que en un par de días será San Valentín y deberías estar buscando a alguien especial para compartirlo.

Sshh —dijo Tom—. Suenas peor que mi madre.

Es que él era un chico que salía en citas en serie, así que su madre siempre lo estaba molestando para que sentara cabeza y se estableciera. Pero tenía todo el tiempo del mundo para encontrar, lo que ella llamaba “el único”, pero entre tanto podría compartir con algunos más.

Por eso su mente vagó hacia el hermoso joven pelinegro que vio en el lobby la noche anterior. Pensó en él cuando llegó a su departamento, mientras doblaba la ropa limpia y preparaba la cena. Hasta cuando lavaba los platos se preguntó cómo es que nunca antes lo había visto. Tom ya había vivido en el departamento por dos años y, aunque no sabía los nombres de todos los otros vecinos, tenía bastante buena memoria para saber quién vivía y dónde y siempre sonreía y asentía a los otros cuando iba entrando o saliendo.

Después de limpiar, vio televisión un rato y tomó una ducha. Esperó un par de momentos para saber si las alarmas sonarían otra vez, pero parecía que por el momento estaría a salvo. Tal vez el chico sexy había parado lo que fuera que estaba haciendo y permitiría que los otros vecinos tuvieran una buena noche de sueño.

Tom se metió a la cama a las 10 pm, riéndose de sí mismo porque verdaderamente se estaba convirtiendo en un abuelo. Pero no pudo dormir. Se movió de un lado a otro, arregló la almohada, se puso sobre el estómago, fue por un vaso de agua, media hora más tarde se levantó a orinar. Eran cerca de las 11.30 pm y simplemente no podía dormir.

Su cuarto se sentía terriblemente caluroso y sofocante, así que abrió un poco la ventana. El invierno en la costa de Florida estaba extrañamente cálido y el frío aire de la noche era refrescante. Abrió más la ventana y apoyó los brazos en ella. No podía ver ninguna estrella, podía escuchar el ruido de la calle, pero ahí arriba era bastante pacífico. Podía respirar el aire revigorizante con el fino aroma del mar, aun a kilómetros de distancia. Descansó la cabeza en sus brazos doblados y se sentó en el suelo. Era una sensación agradable.

Una voz en una especie de mantra lo sacó de su estupor. Tom se enderezó y se preguntó por qué estaba sentado en el piso con los brazos todavía en la ventana y con la piel de gallina. Comenzó a frotarse los brazos fríos y se dio cuenta que los dos estaban entumecidos. Dio un respingo y maldijo creativamente, y entonces la voz se cortó.

Cuando regresó, se escuchaba con más fuerza y más fuerte, pese a la distancia—. ¡Oh, espíritu del más allá! ¡Te escucho y espero tu mensaje!

Tom se detuvo y miró alrededor, como si la voz viniera de alguna parte de su departamento.

¡Gran espíritu. Habla otra vez! ¡Soy tu sirviente! —Dijo nuevamente la voz.

Tom se levantó de sus rodillas y se asomó por la ventana. Había un gran cuadrado de luz que provenía del piso de abajo, indicando que la ventana estaba abierta. Achinó la nariz y olfateó algo que había notado en algunas tiendas por las que había pasado en el mall, una especie de falsa esencia aromatizada. Arrugó la nariz por el olor.

¡Espíritu! ¡Te escuché una vez, por favor regresa! —Suplicó la voz. Y finalmente Tom se dio cuenta que provenía del departamento de abajo, donde el vecino tenía la ventana abierta. Notó unas melodías acústicas y unos saltos en el callejón del frente. También escuchó a los repartidores que pasaban por la calle, gritándose el uno al otro desde los camiones. Por tanto el sonido debía prevenir directamente de la ventana que estaba debajo del departamento de Tom.

Tom intentó asomar la cabeza por la ventana tanto como pudo y dijo—. ¿Hola?

¡Hola! ¡Sí! Hola espíritu. ¡Puedo escucharte! —Se escuchó la respuesta, seguida de un chillido de gusto.

Hola —repitió Tom, asomándose al cuadro de luz, preguntándose con quién estaba hablando y quien aparentemente pensaba que él era una especie de fantasma.

Oh, sabía que esto funcionaría. —Escuchó otro chillido de felicidad, seguido de unos saltitos—. Dime, gran espíritu, ¿cuál es tu nombre?

Tom.

Hubo un largo período de silencio—. ¿Tom?… ¿Solo Tom?

Sí —respondió el otro.

Es solo que estaba esperando algo un poco más… difícil de pronunciar, supongo. Algo realmente extraño, con un montón de sonidos raros o algo en verdad diabólico, ya sabes, desde el fondo del infierno.

Los ojos de Tom parpadearon—. Bueno, lamento decepcionarte, pero no soy del infierno.

¿No lo eres? Bueno entonces, ¿desde dónde te he llamado? Estoy seguro que el libro decía que era la mejor forma de llamar a un espíritu guía y, ya sabes, asumí que venías del infierno.

Tom abrió la boca para responder que en realidad venía de Toledo, pero creyó que no necesariamente haría que el otro chico cambiara de opinión—. Bueno, no soy exactamente del infierno. De todas formas, ¿para qué querías un espíritu guía?

Esto no va para nada de acuerdo con la fórmula —dijo la otra voz y luego se hizo más fuerte y preguntó—. Gran espíritu, imploro que te muestres en tu forma corporal. Ven y ponte delante de mí.

Corpórea —corrigió Tom—. Pero, no puedo, lo siento. No puedo hacer eso.

Hubo otro momento de silencio—. ¿Por qué no? —Preguntó la voz, sonando un poco molesto.

Yo, ah, no puedo aparecer tan fácilmente. —Tom rodó los ojos y se movió para acomodarse un poco más, estaba de rodillas con casi todo el torso colgando por la ventana—. Pero puedo hablar un rato contigo, si quieres.

Oh, está bien. Podemos hablar.

Tom se rompió la cabeza tratando de pensar quién vivía debajo de él, sonaba como un hombre joven. Había unas pocas familias en el edificio que tenían adolescentes mayores, la mayoría eran chicas. Mientras la voz le preguntaba sobre sus poderes sobrenaturales y de lo que era capaz de hacer, Tom pensó que podía seguirle la corriente.

Hey —interrumpió—. ¿Cuál es tu nombre?

Uh —tartamudeó la voz—. Disculpa por no haberme presentado. Soy Bill.

Bill. ¿Solo Bill? —Tom sonrió de lado y la voz hizo un sonido como un bufido.

No sabía que los espíritus fueran unos idiotas —dijo Bill y luego contuvo la respiración—. Oh, lo siento espíritu. No fue mi intensión ofenderte. ¡No debí decir eso! Fue irresponsable de mi parte. Por supuesto que eres un gran espíritu y puedes hablar a los simples mortales de la forma que te parezca.

Tom rodó los ojos otra vez—. Bill, detente —la voz del otro se detuvo.

Mira, solo cuéntame por qué estabas tratando de llamar a un espíritu guía. ¿Para qué quieres uno?

Bill se quedó en silencio lo suficiente, para que Tom creyera que el otro se había dado cuenta que estaba hablando con otro ser humano y que se había dado por vencido. Pero Bill finalmente contestó—. No tengo muchos amigos. En realidad, no tengo ningún amigo, desde que me mudé aquí. Y tengo tantas preguntas sobre la vida, que pensé en llamar a un espíritu guía para que me ayudara. O por lo menos, que me diera alguien con quien hablar.

Oh —fue lo único que pudo decir Tom ante tan honesta confesión.

Y pensé que si podías ver el futuro, me podrías dar consejos y guías para empezar mi carrera de cantante. O, ya sabes, podríamos hacer la tradicional “venta de alma”, para que me des riqueza y fama.

Tom se frotó la cara—. Oh, Bill, no puedo llevarme tu alma, o hacer ninguna de esas cosas. Eso es un poco…

Raro, lo sé… —El suspiro de Bill llegó hasta Tom, quien se sintió todavía peor por el chico.

No es tan raro, pero no creo que debas depender de algún espíritu para que haga esas cosas por ti.

Pero todos los libros que he tomado de la biblioteca decían…

Detente justo ahí. ¿Bill, crees en todo lo que dice el internet?

—… ¿no?

Bien, entonces tampoco deberías creer en todo lo que lees en los libros. —De pronto, Tom se sintió como un profesor o un mentor, algo que nunca creyó que podría disfrutar—. No necesitas un espíritu guía que te diga el futuro, o que te consiga amigos, o que te haga famoso. Puedes hacer todo eso por ti mismo.

Pero no puedo —respondió Bill tan suavemente que Tom apenas pudo oírlo.

Bueno, ¿por qué no empiezas más lento? Puedes ser mi amigo, ¿okey? —Sugirió Tom.

¿De verdad? —Tom pudo oír la felicidad en su voz, lo que le hizo poner una sonrisa también, aunque bostezó ampliamente, porque estaba muy cansado.

Claro. Podemos hablar cuando quieras —dijo Tom.

He estado tratando de contactarte por semanas a la medianoche y ya casi se me acabó el buen incienso. No sé cuándo podría comprar más porque es muy caro en eBay. Podría tratar de quemar algunas hierbas…

Tom hizo una mueca—. ¡No! De verdad no necesitas hacer eso, Bill.

¿Pero cómo me encontrarás desde el plano espiritual si no tengo las herramientas adecuadas para invocarte? He encendido trece velas todas las noches, pero sé dónde encontrar más de esas.

Y eso fue lo que encendió la ampolleta de Tom. El chico hermoso al que habían culpado por las falsas alarmas de incendio. ¿Acaso el encargado no había dicho algo sobre encender velas o incienso? ¿Podría ser este chico, llamado Bill, el mismo que había estado en los pensamientos de Tom todo el día? Intentó pensar rápidamente en una respuesta.

Oh, no, por favor, no prendas más velas. Um, ahora que ya he establecido contacto, yo podré encontrarte cada noche. ¡De verdad! Así que no quemes nada más, por favor.

Bueno, si de verdad crees que…

¡Sí lo creo! No tienes que encender ni prender nada. Puedo hablar contigo mañana en la noche, ¿si estás de acuerdo?

Tom no podía creer que finalmente había encontrado al chico que quería conocer. Era fantástico, poco convencional, pero una oportunidad de conocer a Bill antes de presentarse a sí mismo. Le daría una oportunidad de conocer como era Bill en realidad y ver si estaba interesado en los hombres, como Tom.

Además, Tom pensó que por fin tendría una noche de sueño relajante sin preocuparse de las alarmas, siempre y cuando mantuviera a Bill alejado de prender cosas.

Si estás seguro… —dijo Bill, sonando él mismo un tanto inseguro—. ¿Podríamos intentarlo a la medianoche de mañana?

Tom le dio una mirada a su reloj—. De hecho a las 10.30 sería mucho mejor para mí.

Esa no suena como una hora mística —comentó Bill.

Pero calza con mi horario, así que si quieres hablar…

Sí, okey, ¡no hay problema! —Fue la rápida respuesta—. ¿Entonces hablaré mañana en la noche contigo, Tom?

El trenzado sonrió—. Claro. Hablaremos mañana. Buenas noches, Bill.

Buenas noches, gran espíritu, Tom.

Tom rodó los ojos y se puso de pie, ahora sentía agujas y cosquillas en sus pies. Comenzó a cerrar la ventana antes de acordarse de algo—. ¡Bill!

¿Sí, espíritu?

No te olvides de apagar todas las velas y airear un poco tu departamento. No más alarmas de incendio para los vecinos.

¡Oh, wow, Tom! ¡En verdad lo sabes todo! —Bill sonaba impresionado.

No todo, solo algunas cosas. Apaga todo ahora, Bill.

Okey, entiendo. ¡Gracias, Tom!

Tom cerró la ventana y se metió en la cama. Bill parecía un chico un poco peculiar, pero dulce. Lo único que Tom podía hacer era hablar un poco más con él. Tal vez sacarlo un poco de la idea de hablar con espíritus, para que socializara con gente real. Tal vez podría resultar algo y Tom podría llevarlo a cenar. No sería sacrificio en absoluto pasar el rato hablando con Bill. Especialmente si eso detenía las jodidas alarmas.

& Continuará &

¿Qué les pareció el inicio? ¿No les causó risa que Bill creyera que Tom fuera un gran espíritu del más allá? XD Bueno, los invito a continuar con la lectura muy pronto y no olviden que sus comentarios no sólo me ponen feliz a mí, sino también a la autora verdadera. Besos.

2 comentarios en “The spirit of Love 1”

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