Ten un poco de fe 7

Fic de Shibuyainn. Traducido por Elle R

Capítulo 7

Tom finalmente había caminado a su casa a medianoche a pesar que no tenía que haberse molestado en regresar hasta la tarde siguiente.

Se despertó por un par de golpes furiosos en su pared y casi se cae de la cama. Su padre, obviamente, se había olvidado de que era sábado. Sin embargo, no tenía ganas de merodear alrededor de su padre todos los días, de todos modos.

— ¡Ya voy, Jesús! —gritó a la pared, y malhumorado salió de la cama.

Se puso un par de pantalones vaqueros holgados y una camiseta antes de atar su pelo en su habitual cola de caballo. Decidió que no necesitaba la gorra.

Al abrir la puerta, se escabulló por el pasillo, haciendo una breve parada en la cocina para tomar un plátano para el desayuno. Su padre ya estaba sentando en la mesa, con los ojos caídos y enrojecidos, su pelo calvo estaba parado en su cabeza. Llevaba la bata entreabierta, dejando al descubierto sus bóxers y la ligera barriga cervecera. Ni si quiera levantó la vista cuando Tom entró.

Tom se movió alrededor de la cocina, mirando con disgusto los plátanos dañados y buscó un poco de pan en su lugar. Metió un trozo en la tostadora.

Su padre finalmente tomó un trago de cerveza, drenando las últimas gotas y volvió la vista hacia su hijo. Su mirada sostuvo el fastidio y la indiferencia.

— ¿Cerveza para el desayuno, papá? Realmente sano…

—Que te jodan, voy a beber lo que yo quiera, pequeña mierda. ¿Por qué todavía no estás en la escuela?

—Es sábado, papá.

—Y una mierda que lo es. Sólo estás faltando de nuevo, mocoso desagradecido. ¿Llegas a casa maloliente a marihuana todos los días y esperas que te crea? Tú vida se va por el desagüe, al igual que tu viejo padre…

Tom no quería tener una discusión por algo tan tonto como el día de la semana, especialmente cuando el olor a borracho se filtraba por los poros de su agresivo padre. Se encogió de hombros y salió de la cocina, en dirección a la puerta, decidiendo que no valía la pena pasar un par de minutos en la misma habitación que el hombre sólo por un pedazo de tostada quemada.

—Está bien, sólo vete. Estoy mejor aquí sin ti de todos modos. Jodida pérdida de espacio…

Podía oír a su padre maldiciendo en la cocina. Cuando Tom pasó por la habitación de su padre, pudo ver a una mujer desnuda enredada en las sabanas de su cama, durmiendo con una botella de cerveza escondida en sus brazos como un osito de peluche. Casi se atragantó con el olor que se filtraba a través de la puerta.

Se aseguró de golpear la puerta con fuerza a su salida.

&

Tom había pasado la tarde en compañía de Bill.

Habían vagado por la ciudad, hablando y disfrutando del buen tiempo. Con mucho tacto, Tom evitó cuidadosamente pasar por el parque donde normalmente se juntaba con Derek y el resto de sus amigos.

Bill también había insistido en llevar el frasco de la oruga con ellos, ésta última notablemente más gorda. No ha visto nada en un rato, necesita salir. Bill justificó. Bill se había vuelto muy unido a la pequeña criatura, poco antes de dejar que duerma en su cama por la noche. Era algo lindo…

Por último, quedándose sin lugares a los que ir, volvieron al mismo campo desierto donde habían encontrado por primera vez a su pequeño amigo. No obstante, este lugar ahora mantenía una misteriosa tranquilidad sobre ello; era también el lugar donde Tom verdaderamente había conocido a Bill por primera vez.

Podía ver el árbol dónde había arrancado elementos para añadir a la acogedora casa de la oruga y una poderosa ola de nostalgia le golpeó.

Era casi surrealista pensar que en sólo tres semanas el tiempo con Bill había cambiado tan radicalmente ante sus ojos. Hace tres semanas, si alguien le hubiera dicho que estaría dispuesto a volver aquí con Bill Kaulitz, se habría reído y pegado al chico, y sin embargo allí estaba, y se sentía… enormemente contento.

De repente, Bill desapareció en los largos tallos de césped, agachándose.

— ¿Qué estás haciendo? 

Bill estaba estudiando algo en el suelo, casi igual que hace tres semanas atrás, cuando excavaba en la tierra en busca de su futuro proyecto.

—Mira —dijo él, sosteniendo algo.

Tenía una sosa muñeca en la mano. Estaba sucia y remendada y aún distinguible. Bill estaba sonriendo como si hubiera encontrado un tesoro.

—Ew, Bill, eso es desagradable. No la toques. Probablemente tiene herpes.

—Creo que voy a quedármela —respondió Bill, que pareció no escuchar a Tom y se levantó, con la muñeca aferrada en su mano.

—Oh, Bill, qué sensible… Nunca me di cuenta que te gustaba jugar con muñecas.

—Cállate —Bill se rió, golpeando a Tom con el juguete—, no voy a quedármela para jugar.

—Claro. ¿Qué, sólo vas a mirarla fijamente durante todo el día? —preguntó Tom, rodando los ojos.

—Bueno… nunca se sabe, ¿alguna vez has querido probar suerte?

—Probar… ¿Y ahora qué? ¿Cómo vamos a adquirir suerte de una muñeca?

—Tal vez esta muñeca podría cambiar el mundo —dijo Bill, sosteniendo la muñeca hasta triunfalmente.

Tom miró a Bill, con una ceja arqueada y la boca medio abierta en una mueca de incomprensión, medio sonriendo divertido. Espero que Bill le dijera que sólo le estaba tomando el pelo, pero Bill se echó a reír al ver su expresión.

— ¿Es por eso que siempre haces cosas raras? ¿Como recoger la basura y hacer aves con la envoltura del sándwich y dejar los zapatos en todas partes? ¿Para probar suerte?

—Sip —respondió Bill orgulloso.

¿Por qué podía sentirse orgulloso sobre algo tan inverosímil? Tom sólo podía intentar comprenderlo.

—No lo entiendo —respondió Tom, como era de esperar.

—Bueno, ¿no has oído la expresión: hay una razón para todo? Por lo tanto, hago cosas que pueden parecer sin sentido sólo para ver si hay una razón. ¡Lo he intentado, Tom, y siempre funciona! Dejo cosas en lugares que no deberían estar o recojo cosas, y luego ves que suceden cosas, ¡y te hace ver que el destino realmente existe! Las cosas acaban cayendo en su sitio.

Tom se quedó momentáneamente sin habla. Cuando por fin recuperó su capacidad para hablar, lo único que pudo reunir fue: ¿Es jodidamente en serio?

Bill se limitó a encogerse de hombros.

—El destino no existe, Bill. No sé lo que te estás fumando, pero en realidad, las cosas no siempre salen bien. De hecho, es una mierda la mayor parte del tiempo.

—Sólo tienes que tener un poco de fe, Tom.

—La fe nunca hizo nada por mí. 

—Eso es porque nunca has intentado…

— ¡No! ¡A la mierda la fe! ¡A la mierda la vida, este mundo no tiene nada para mí! ¡Nada!

Tom se detuvo, estaba jadeando profundamente, se sintió cerca de sacar sus emociones y entonces estaba completamente cómodo con ello. Bill no sabía nada de la vida…

— ¡Puedo probártelo!

— ¿Qué? —preguntó Tom monótonamente.

—Te lo puedo mostrar. Aquí, ven conmigo.

Bill le tendió la mano, y un poco reacio a tomarse de la mano con otro chico, Bill estaba por encima de todas las cosas. Tom la tomó, después de mirar a sus alrededores disimuladamente. Estaban en un campo desierto donde nadie podía verlos y se supone que Bill no era como los demás chicos, así que estaba bien.

Bill lo arrastró por el campo, escudriñando la tierra, en busca de algo. Las cejas de Tom se elevaron en lo alto de su frente, la anticipación crecía dentro de él. ¿Había realmente Bill descubierto los secretos de la vida, aquí en este campo?

Finalmente, Bill se detuvo y señaló a suelo de tierra con orgullo.

Tom miró hacia abajo.

Y vio un zapato.

Era el mismo zapato que Bill se había quitado hace semanas y su estado se había deteriorado grandiosamente. Ahora estaba cubierto casi en su totalidad de tierra y había pequeños insectos que se arrastraban dentro y fuera de los agujeros del cordón. Estaba disgustado. ¿Eso era todo lo que Bill tenía para mostrar?

— ¿Eso es todo? Eso es asqueroso, Bill, hay toneladas de cosas viviendo allí.

—Es hermoso —suspiró Bill, soltando la mano de Tom y agachándose al zapato. La mano de Tom se sintió sorprendentemente vacía sin la presión corporal de la otra palma.

— ¡Mira, Tom, les di un hogar! Sólo por darles un zapato, le di probablemente a un millón de vidas un nuevo lugar para vivir. ¿No es hermoso?

—Bill, son bichos, habrían sobrevivido…

— ¿Tiene importancia? Tal vez habrían sido menos felices. Por lo menos ahora lo son.

Tom se agachó y observó a las pequeñas hormigas por dentro y por fuera del zapato casi irreconocible. Ahora que miraba más de cerca, pudo ver los sinuosos túneles sin fin y los intrincados patrones tejidos por los pequeños insectos ocupantes, toda una comunidad que trabajaba incansablemente en el interior del material. Se parecía a una pequeña metrópoli.

Tom se encontró sin palabras por segunda vez, aunque esta vez asombrado.

—Sí, es muy guay —dijo él finalmente, mirando hacia arriba, a la derecha a los ojos de Bill. Bill lo estaba mirando, sus pupilas brillantes, nada más que pura alegría devolviéndole la sonrisa. Tom no pudo evitar sentir un poco de envidia de la persona que estaba sentada a su lado.

— ¿Me puedes contestar algo?

—Está bien —dijo Bill.

—Si hay una razón para todo, entonces, ¿por qué la vida es tan mierda? Siempre estás esperando lo mejor, pero tu vida apesta un poco… no te ofendas. ¿Dónde está la razón?

—Mi vida no es un asco —dijo Bill, mirándolo confundido.

—Te dan palizas todo el tiempo, la gente de clase siempre se burla de ti, ¿cómo eso no apesta?

— ¿Sabes a cuantos chicos les gustaría estar en mi lugar, incluso si ellos no lo saben? A veces hacer a otras personas miserables es la única manera para hacer que tu propia tristeza se sienta un poco mejor.

Tom tosió, tratando de no parecer demasiado culpable, aunque la mirada de Bill le estaba carcomiendo.

— ¿Cómo quién? —preguntó él, tratando de disimular su ligero titubeo.

—Dereck —respondió Bill encongiéndose de hombros.

— ¿Dereck? ¿Qué demonios? Ese chico es perfecto, tiene todo lo que necesita.

—Creo que te sorprenderías de cuantas personas pretenden que las cosas están bien cundo no lo están.

Tom no respondió. Centró su atención en las hormigas, siempre corriendo hacia algún lado.

—Sigo pensando que estás lleno de mierda —Tom habló después de un tiempo —, pero… supongo que es una buena clase de mierda.

— ¿Mierda de gato?

—Sí —dijo Tom, riendo. —Le dije a Dereck que iría a su casa esta noche.

—Entonces deberías ir.

—Estoy un poco… asustado. ¿Qué pasa si sabe sobre lo que… ya sabes…?

Bill se encogió de hombros. Metió la mano en su bolsillo y extrajo la muñeca, quitando un par de trozos de césped que se adherían a su pelo. Le tendió la muñeca a Tom y Tom la tomó con incertidumbre, sujetándola con cuidado y mirando a los ojos de botón negro.

—Sólo ten fe.

&

Tom apareció en el porche de Dereck a las nueve de la noche. Ahora llevaba la gorra y la bandana, como también un cambio de ropa. Nunca se había sentido tan nervioso por ver a Dereck antes, y tenía que limpiarse las manos a lo largo de los pantalones para eliminar el sudor.

Sólo actúa con normalidad… Sólo actúa con normalidad… Sólo actúa con normalidad…

Llamó vacilante.

La casa de Dereck se veía como cualquier otra, incluyendo la de Bill aunque Tom supuso que el diseño interior sería un poco más moderado.

Confirmó su predicción cuando la puerta se abrió con un chirrido y Dereck se quedó en el umbral, vestido con su habitual ropa holgada, así como una pequeña cadena de plata alrededor de su cuello. Tom sintió que sus rodillas tambaleaban, a segundos de convertirse en puré.

—H-hola —tartamudeó él. —Um, buena noche, ¿eh?

¿Estaba hablando sobre el clima? Demasiado para actuar con normalidad…

Dereck abrió más la puerta y dejó que Tom entrara.

—Llamé a las chicas y me dijeron que llegarían más tarde de lo previsto.

— ¿Ah, sí?

—Sí…

Tom siguió a Dereck dentro de la cocina.

Estaba relativamente limpio, con sólo un par de platos en el fregadero. Tom se sintió muy torpe e incómodo, ya no sabía qué hacer ni qué decir. No podía dejar de notar que Dereck parecía notar su tensión y estaba disfrutando de ella.

Oh, por favor, Dios, por favor, no dejes que arruine esto…

—Me gustaría tomar una cerveza, ¿quieres conseguir un par de vasos? —preguntó Dereck, sin hacer ningún movimiento hacia la nevera.

—Claro, no hay problema —dijo Tom amablemente, tratando de relajarse.

No podía dejar de sentir sus arácnidos sentidos: que le decían que algo estaba mal.

Le dio la espalda a Dereck y se dirigió a los armarios altos que su amigo había indicado. Eran bastante altos. Se apoyó en la encimera, abrió la puerta y estiró el brazo para agarrar un vaso.

Antes de darse cuenta, Dereck estaba detrás de él, respirando en su cuello, increíblemente cerca. Tom jadeó y dejó caer el vaso. Cayó en el fregadero con un sonido metálico ruidoso, pero Tom apenas lo oyó más que el profundo latido de su corazón y la sangre corriendo a su cerebro. Dereck estaba presionando la espalda de Tom y Tom podía sentir algo… contra él…

Tom se dio la vuelta y se sorprendió al encontrar su nariz a pocos centímetros de distancia de la sonrisa lasciva de Dereck. Se sentía atrapado.

— ¿Qué… qué estás haciendo? —le preguntó Tom con voz ronca.

— ¿Qué crees? —dijo Dereck, sonriendo y apretando su cuerpo aún más contra Tom cuando su presa se retorció. — ¿No es esto lo que quieres?

—Sí–no. Yo… ¿Qué?

Dereck rio más o menos. — ¿Pensaste que me perdí que tu pequeño amiguito sobresalía en historia? Un poco difícil cuando se clavaba en mi muslo, tú pequeño calientapollas…

De pronto se inclinó hacia adelante y succionó la piel del cuello de Tom con avidez, haciendo que Tom gimiera suavemente ante la calidez.

—Espera… espera… —jadeó Tom, luchando.

—Sé que quieres esto —Dereck gruñó, atacando la piel debajo de sus labios, aun empujando su cuerpo hacia Tom.

— ¡No, no quiero… por favor sólo… para! —Tom le dio un empujón y salió del agarre de Dereck mientras que el otro chico se quedaba atónito momentáneamente. Escapó al otro lado de la cocina, mirando sin poder hacer nada a su amigo que seguía en pie, con las manos sobre la encimera, mirando ceñudo el espacio vacío frente a él. Ambos estaban respirando pesadamente, sus pechos palpitaban por aire en golpeteos rápidos.

— ¿No podemos simplemente… hablar de esto? —preguntó Tom valientemente, sonando sereno considerando que sus órganos estaban temblando de miedo, sacudiendo todo su cuerpo.

— ¿Hablar? —preguntó Dereck, con los ojos aun enfrentando el espacio vacío que había capturado su cuerpo. — ¿No me digas que intencionalmente me has puesto caliente como en historia para que pudiéramos hablar? No les dije a las chicas que vinieran más tarde para hablar, Tom…

— ¿Espera… les dijiste…?

— ¿Y ahora qué, Tom? —se rió Dereck con aspereza, finalmente levantando la mirada. Tom se estremeció antes las pupilas rojas brillantes que disparaban contra su mente haciéndolo retroceder diez pies. — ¿Hablamos?

Se mofó haciendo énfasis en la palabra, soltando la encimera y acercándose amenazadoramente, paso a paso.

—Vamos a hablar de la forma en que eres un puto calientapollas, atrayéndome, digiriéndome hasta aquí sólo para alejarme. Vamos a hablar de cómo te invité a mi círculo, te acepté sólo para ser rechazado en mi propia casa. ¿Quieres hablar sobre eso, Tom?

—Yo no te atraje… fue un accidente… nunca quise…

—Mientes —exhaló Dereck, situándose sólo a centímetros de distancia. —Me deseas.

El instinto se hizo cargo y Tom logró saltar fuera de su camino justo a tiempo antes de que Dereck se le abalanzara peligrosamente, perdiendo su presa por pulgadas.

—Tengo que irme… —murmuró Tom apresuradamente, corriendo de la habitación. No se detuvo para ver donde iría Dereck, ni si furia se fue apaciguando o multiplicando. Sólo corrió hacia la puerta, tirando para abrirla y corrió en la noche, cerrándola de golpe detrás de él. No dejó de correr hasta que había puesto una distancia de unos cinco bloques entre él y aquella casa.

Finalmente, exhausto, agarrando una punzada en su costado, Tom se desplomó sobre la acera, jadeando e intentando no llorar. ¿Qué demonios había pasado? Lo sabía, sabía que esto había sido una mala idea, posiblemente una de las peores que había tenido. El rechazo, podría haberlo manejado, pero eso… Su mente había estado lejos de estar preparada para hacer frente a las desastrosas consecuencias de eso…

Se sentó en la acera, con la cabeza entre las manos, agarrando sus rastas. Lágrimas maltrataron sus arrugados párpados, clamando por liberarse, aunque Tom se negó a dejarlas salir. Había derramado demasiadas lágrimas ya….

Bill le había dicho que todo saldría bien y que confiara en él. Casi le había creído por un segundo, las cosas efectivamente tejen su propia felicidad ellas mismas. ¡Qué estúpido había sido! No había suerte, no había un plan más grande. La vida era una perra cruel que arroja las malas situaciones a él sin descanso.

Bill era demasiado iluso para ver la realidad…

Tom por fin se levantó, sin molestarse en quitar el polvo de sus pantalones, antes de hacer solo su camino a su destrozado apartamento, y maldiciendo a su padre.

Continuará…

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